lunes, 31 de marzo de 2025

 

¿Qué te sugiere la palabra “progreso”?

Es curioso que la primera imagen que me ha venido a la cabeza es la de Trump, porque es la persona que está tratando de impedir el progreso y porque eso que tanto defendemos por indispensable, estamos viendo como la ultraderecha en España y Trump en USA se lo están cargando ante nuestras narices. Por lo tanto, lo que me sugiere la palabra progreso es su protección. Protección de todo lo que implica, la protección de todos los derechos conseguidos, protección para seguir defendiendo las ideas que consideremos justas, buscando desde el progreso un mundo más justo y mejor.

¿Qué cualidad valoras más en el ser humano?

Quizá la inteligencia, pero no me vale de nada si no va acompañada de muchas otras como solidaridad, empatía. No me vale de nada si no eres buena persona.

¿Cuál consideras que es su peor defecto?

Los seres humanos tenemos muchos defectos, no me gusta la soberbia, el egoísmo, la envidia…

Color favorito.

Azul.

Si tuvieses más tiempo, ¿en qué lo emplearías?

En viajar, leer, comer con amigas/os.

Animal preferido.

Rinoceronte.

Elige un paseo.

Parque de El Capricho (Madrid).

¿Cómo combates el miedo?

Hay muchas clases de miedo. El miedo físico cuando estoy sola en casa con un cerrojo, pero los otros miedos son más complejos.

¿Qué habilidad te gustaría tener?

Me gustaría saber tocar el cello.

¿Qué opinas de la IA (Inteligencia artificial)?

Me gusta y me divierte mucho la tecnología, pero siempre al servicio del ser humano, no para sustituirle.

¿Crees que ha cambiado la percepción del tiempo?

Absolutamente, ahora va todo 12 veces más rápido, se consume todo en un segundo y ya estás en la siguiente actividad, noticia, informe…

Autor literario preferido.

Uno solo es pedir mucho, me interesan muchos autores. Carmen Martín Gaite, Juan Pablo Villalobos, Roger Martin du Gard, John Banville, Elvira Sastre, Gabriela Mistral, María Teresa León...

Ciudad donde vivirías.

Vivir en Madrid está bien, pero no estaría mal hacerlo en París.

Elige una parte del día.

Por la mañana pronto.

¿Echas de menos el silencio?

No.

Contesta el cuestionario: Rosa León

Fecha: 24 marzo 2025

ROSA LEÓN

“Fui peregrina feliz de luz española y después, con muerte en el alma, ave que se desploma. Tanto amor, ¿quién me lo quita? Tanta dicha, ¿quién me roba?”.

¿Les suena? Me dirán ustedes que recuerdan a Rosa León, sobre todo, por su versión de Al alba o Las cuatro y diez, pero yo me quedo con su ¡Ay paloma! “Que bajaba a las Ramblas de Barcelona, con muerte en las alas, sola”. Verdaderamente parece que fue ayer… Con su melena, sus gafas redondas y su guitarra, haciéndonos mejores con su música y su voz.

Después de habernos cantado a —los entonces— jóvenes, grabó cuatro discos para niños e, incluso, hizo incursiones en programas infantiles para televisión, como Cuentopos o La cometa blanca. Pero es que también se dedicó a la producción, llevando carreras como la de María Dolores Pradera, o Consorcio, ¡ahí es nada! Presentó en TV el programa musical A media voz y más tarde, Sopa de gansos, éste último para el público infantil.

Pero no acaba aquí la cosa… Fue concejal por el PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, colaboró con el Ministerio de Cultura, dirigió El Cervantes en Casablanca y en Dublín. ¿Hay quien dé más?

En fin, lo que queda claro es que detrás de su semblante de no haber roto nunca un plato, hay una mujer fuerte y emprendedora, que supo reinventarse asumiendo riesgos y responsabilidades.

SUSI TRILLO

UNA VACA EN EL PRADO
ISABEL BANDRÉS

En la universidad, tuve un compañero cuyo ideal era convertirse en una vaca cántabra y señalaba las ventajas: “Abundante comida, paisaje espectacular y vida tranquila”. Ninguno de nosotros le prestaba mucha atención, nos parecía raro. ¿Y si tenía razón? ¿Y si su aspiración era la más certera? Los humanos hicimos nuestra entrada en el mundo hace unos dos o tres millones de años. Para entonces, la tierra llevaba 14.000 millones de años siendo un torbellino de vida: las bacterias unicelulares estaban alborotadas buscando fusiones para convertirse en multicelulares complejas, las plantas no paraban de crecer, los bichos evolucionaban a toda velocidad: una ameba, tras unos miles de millones de años, un suspiro en el cosmos, se convertía en una merluza o en una vaca. Ninguno de los animales complejos que fueron surgiendo saben qué son ni quiénes son. Ni se hacen preguntas: ¿Por qué soy una vaca y no un centollo? ¿Qué sentido tiene dar leche? ¿Qué propósito tiene mi vida en el prado? ¿Soy feliz? Pero, en la noche de los tiempos, que cursi es esta expresión, un mono se erigió sobre sus dos patas y, luego, desarrolló un cerebro que le llevó a tomar conciencia del mundo que le rodeaba, descubrió que existía la muerte, su muerte, y percibió su individualidad. Y aquí estamos: un revuelto de neuronas, un embrollo de sentimientos, una madeja de contradicciones, un deseo de completud, una aspiración al absoluto y la imposibilidad de conseguirlo porque no es esa nuestra esencia. ¿Somos una broma de la naturaleza, una anomalía?

Desde las guerras del Peloponeso, por poner una fecha, hasta hoy, no hemos dejado de matarnos. Los espartanos terminaron con la democracia ateniense y, desde entonces, incluso mucho antes, las guerras arrasan pueblos enteros y practicamos las torturas más aberrantes y sofisticadas. Y en contraposición, aparecerán Goethe, Chejov, Camus, Goya, Velázquez, Cervantes, se descubrirán las vacunas, los antibióticos y brotará en nuestro interior la compasión hacia el otro. En fin, la eterna y agotadora lucha entre la pulsión de vida y la de muerte.

Ahora, estamos en una época de crisis. Y, según los entendidos, no es una crisis de crecimiento, todo lo contrario. Tenemos una sensación de involución y un pesimismo galopante se extiende por el mundo. La geopolítica se está reorganizando, el uso de la IA nos inquieta y la utilización de la tecnología, como sustituto de las relaciones humanas, resulta perturbadora. Si algún remedio tiene el ser humano, nos avisan filósofos y pensadores, es amparar al otro. La filosofa Remedios Zafra nos indica: ”[…] no hay mejora en un planeta en declive si cada cual vive en su mundo virtual como cobayas encerradas entre paredes... Para mí, la utopía habita en la motivación colectiva por el cuidado mutuo y no por la guerra, en la primacía de una responsabilidad y una ética por el planeta y por la vida, en sobreponer política y ciudadanía al dominio del capital, recuperando el valor del conocimiento y la escucha, del reconocimiento de errores, de la pasión por un hacer con sentido, también social”. (Fin de la cita).

Ser una vaca en el prado no es una opción factible y nuestra vida como seres humanos, con un pie en la naturaleza y otro en la cultura, es dolorosa y requiere un gran esfuerzo. La elección de utilizar las pantallas como refugio aislante de todo dolor y de toda reflexión nos conduce a la pasividad, en dejarnos llevar por una “dulce” pulsión de muerte. La falta de derramamiento de sangre no la hace menos mortífera. Hemos anulado al amigo y al compañero. Será más cómodo, pero no más satisfactorio. ¿Desde cuándo el confort total proporciona un sentimiento de felicidad o plenitud? Y, sin embargo, no todo está perdido siempre que sepamos lo que somos: un parpadeo en la infinidad del tiempo, una cosita viva pretenciosa y minúscula entre millones de galaxias. A veces, tengo la sensación de escuchar una gran carcajada galáctica ante nuestros ridículos egos inflados: ¿Qué se han creído que son esos pobres y, a veces, miserables mortales?

¿Alguna solución para nuestros males? Dejar la megalomanía y el narcisismo aparcados y refugiarnos en la sencillez de lo cotidiano. Los filósofos nos aconsejan cuidarnos y cuidar a los demás. La vaca cántabra tiene la ventaja de que no tiene ínfulas, ni contradicciones, ni dudas, ni sabe qué son. Pero tampoco, experimentará nunca ese profundo bienestar que nos invade cuando, dejando fuera nuestra ridícula megalomanía, nos encontramos con gentes buenas, respetables y sencillas que nos hacen sentir, al fin, en casa. Solo por la profunda y sincera alegría de conocer a ciertas personas éticas, aunque no perfectas porque eso no existe, merece la pena pasar por la convulsa y doliente vida humana.

ISABEL BANDRÉS

EUROCENTRISMO
MARÍA LUISA MAILLARD

“La decadencia de Occidente es un fantasma que nos angustia desde hace tiempo. Sin embargo, ahora sucede algo nuevo: nos estamos autodestruyendo”.

Federico Rampini (2025). El suicidio occidental. El error de revisar nuestra historia y cancelar nuestros valores. 

Los valores de la cultura occidental, basados en fundamentos históricos, fruto de la razón y la revelación —la verdad, la libertad, la virtud, la palabra, el sujeto, la excelencia—, han sido denunciados como “eurocéntricos”, “logocéntricos y opresores” por el pensamiento occidental, desde hace ya más de un siglo. Digamos que esa crítica ha alcanzado a la sociedad, a través de las universidades americanas y se encuentra hoy en día diseminada en una serie de grupos activistas, convertidos en víctimas de dicha cultura —ecologistas, pacifistas, grupos LGTBIQ, grupos “racializados”, animalistas y un largo etc.—. Todos los males del planeta —la guerra, el hambre, la conquista, la marginación de las minorías, la desigualdad, la destrucción del planeta—, son exclusivamente fruto del poder y de la cultura, desarrollados por el hombre blanco occidental, asentado en Europa, que pretendió extenderlos al resto del mundo.

Así, hay que respetar las tradiciones de otros países que atentan contra los derechos humanos, reniegan de la democracia, marginan a la mujer y encarcelan y torturan a los homosexuales y disidentes. El mal no se encuentra fuera, sino en el interior de nuestras fronteras. ¿No es eso un paradójico y suicida eurocentrismo? ¿Monopolizar no el bien, sino el mal en el hombre blanco europeo, obviando la naturaleza humana? ¿No existe mayor desigualdad, marginación de la mujer y de las minorías, violencia extrema, hambre, opresión y guerra fuera de nuestro ámbito cultural?

¿No es eurocentrismo suicida pensar que sólo hay maldad en la tradición cultural europea que, entre otras cosas —no menores—, nos ha legado la democracia y los derechos humanos, amén de permitirnos vivir una larga época de libertad y prosperidad gracias, entre otras cosas, a los avances científicos? ¿Es mejor la alternativa? ¿Los gobiernos totalitarios y fundamentalistas, cuyo afán expansionista está llegando ya a nuestras fronteras? Quizá haya que recordar —especialmente en lo concerniente al pacifismo y a la defensa de la salud del planeta—, que Europa, demográfica, económica y militarmente comienza a tener una importancia secundaria en el contexto de la política internacional, en el que las democracias retroceden y los totalitarismos de todo signo se expanden.

¿Cuál es la situación real de la Unión Europea respecto al deterioro del planeta tierra? Demográficamente, cuenta con 447 millones de habitantes, frente a los 8,62 mil millones de la población mundial; es decir, la Unión Europa representa un 5,6% de la población mundial. Tan sólo China y la India cuentan en conjunto con casi 3.000 millones. Sin duda, ese dato afecta a nuestro rígido compromiso ecológico, que debilita sectores clave de la economía. ¿No es eurocentrismo —en cuanto prepotencia—, pensar que vamos a salvar solos al planeta con nuestra pequeña contribución? Ni China ni Rusia ni Canadá ni Estados Unidos ni Australia están ya en los Protocolos de Kioto, cuya finalidad es la reducción de la emisión de gases contaminantes. 

Hablemos de la guerra. La paz es, sin duda, lo opuesto a la guerra. Definido el término por la RAE como la “situación y relación mutua de quienes no están en guerra”, es un bien deseable para cualquier sociedad. Ya en El Apocalipsis de San Juan Bautista, la guerra es uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis: la conquista, la guerra, el hambre y la peste, los males del mundo. En época de paz, los países prosperan y los ciudadanos se ven libres del terror, la violencia, la destrucción y la muerte. ¿Quién no puede desear la paz? En los albores de la época contemporánea, en 1795, Immanuel Kant imaginó en su libro La paz perpetua un mundo sin guerras, basado en principios racionales, capaces de elaborar un Estatuto jurídico, en el que, uniendo la moral a la ley, se acordase un contrato entre los pueblos. Pero el pensamiento occidental dominante dictaminó que la razón no era válida para crear valores universales. Sólo quedaba el deseo.

¡Exijamos a nuestros gobiernos que sean pacifistas, que no alimenten la industria de los señores de la guerra!, llevan postulando amplios sectores de los ciudadanos europeos, entre los que los españoles ocupan un lugar preferente. Recordemos que España es uno de los países europeos que menor porcentaje del PIB dedica a la defensa —1,51—, y que hubo una seria resistencia a la entrada en la OTAN, organización que cuenta con una exigua contribución por nuestra parte.

Lo que olvidan los pacifistas europeos y españoles es que un deseo no es un argumento. El deseo olvida la realidad y no ve más allá de sí mismo, es el germen de la utopía, un mundo ilusorio, fruto de la esperanza humana. Quien se guía por el deseo no es capaz de reconocer que la paz no está sujeta, en todos los casos, a nuestra voluntad; a no ser que se confunda paz con rendición y se olvide que la rendición nunca ha traído una paz duradera. La mayoría de los episodios bélicos, que no son intestinos, dependen de que un país grande invada otro más pequeño o más débil, por motivos económicos o de nacionalismo expansivo —caso reciente de Ucrania—. El país invadido si quiere defender su independencia y su gobierno frente al invasor, hoy en día de orientación totalitaria, se ve obligado a combatir, es decir, a ir a la guerra.

En la Primera Guerra Mundial hubo un pacifismo que defendía la universalidad de la cultura europea, frente a intereses ideológicos, nacionalistas o económicos. Era un pacifismo que abogaba por la concordia de Europa frente a los tradicionales conflictos habidos en el pasado en su seno. Europa era, por aquel entonces, el centro del mundo. Después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, las cosas empezaron a cambiar. Surgieron otros centros de poder: Estados Unidos y la Unión Soviética. Liberada Europa del nazismo con la colaboración, no lo olvidemos, de la sangre de soldados americanos, se inició una larga época de paz y prosperidad en las fronteras establecidas tras el armisticio. Se logró la concordia, mediante la creación de organismos supranacionales y la tutela militar de Estados Unidos; lo que no evitó la guerra en las fronteras europeas: civil en Yugoeslavia y, ahora, la invasión de Ucrania.

El pacifismo europeo siguió mirando hacia otro lado, bajo la añoranza del eurocentrismo pasado. Imaginó que la paz lograda entre los principales países de la UE, le hacía inmune a la guerra. ¿O había otros intereses? En cualquier caso, un sector de la población sólo se miraba a sí mismo y a la pequeña parcela del mundo en la que vivía, al margen del resto del mundo. ¿No es eso eurocentrismo?

Ahora el denostado militarista americano ha abandonado la defensa de Europa y nos hemos visto obligados a poner los pies en el suelo. El aún gigante americano, defensor antaño de la libertad, une sus fuerzas a su enemigo histórico: el totalitarismo ruso encabezado por Putin, demostrando que hoy en día las antiguas ideologías están desgastadas —aunque el ancestral nacionalismo sigue más vigente que nunca—, y son simplemente una máscara para ocultar el afán de dominio y de poder. El dinero se une a estos objetivos. Europa se rearma. ¿Será ya demasiado tarde? ¿Ese rearme se extenderá a la defensa de nuestros valores?, ¿la libertad, la democracia y los derechos humanos?

MARÍA LUISA MAILLARD

 

IMÁGENES SOBRE LAS MUJERES Y LOS LIBROS
47. CON ANIMALES DE COMPAÑÍA
LEYENDO CON GATOS
INÉS ALBERDI

Se dice que los gatos son animales más autónomos que los perros y menos fieles. Aun así, hay muchas personas a las que les gusta tenerlos y son numerosos los retratos de mujeres en los que aparecen leyendo en su compañía.

Los primeros que hemos encontrado son obras de los Países Bajos en las que mujeres de avanzada edad leen, en el interior de su casa, rodeadas de sus muebles y objetos, mientras un gato juguetea por la habitación.

Hendriks retrata un interior acomodado y Van Strij una vivienda más sencilla.

Wybrand Hendriks, Holanda (1744-1831)
Retrato de la sra. Mobachius Quaet, 1801
Museo Teylers, Países Bajos


Abraham van Strij, Holanda (1753-1826)
Mujer leyendo cerca de la ventana, 1790
Museo Dordrechts, Países Bajos

En el XIX se mantiene la moda de leer junto a animales de compañía y, en algunos casos, el gato es el que más belleza añade al retrato; en este retrato de Crane, aparece como el broche final de una imagen que se pretende distinguida y elegante.

Walter Crane, Gran Bretaña (1845-1915)
En casa: un retrato, 1872
Leeds Museums and Galleries, Reino Unido

También encontramos dueñas de felinos que les tienen mucho cariño y los mantienen en el regazo mientras leen. Hay que reconocer que no es una situación fácil, ya que los gatos son enormemente independientes y solo si ellos lo aceptan es posible retenerlos cerca.

Patrick Allan-Fraser, Escocia (1830-1890)
Elizabeth Allan-Fraser sentada, leyendo con el gato, s/f
Hospitalfield Centre for Art y Culture, Reino Unido

Nikolai Yaroshenko, Ucrania (1846-1898)
Retrato de Elizavets de Platonovni Yaroshenko, 1880
Museo de Bellas Artes de Kaluga, Rusia

Marie Yvonne Laur, Francia (1879-1944)
Joven leyendo una carta, s/f
Colección privada

En otras ocasiones, vemos como el gato se acurruca cerca de la mujer que lee y aprovecha para echar una siestecita aprovechando la calma del momento.

Alice Squire, Gran Bretaña (1840-1936)
La institutriz, 1861
Colección privada

Por el contrario, en la siguiente obra, una mujer de edad está tan absorbida en su lectura que no advierte que el gato ha enredado en la cesta de costura y la ha desparramado.

Edward Lamson Henry, Estados Unidos (1841-1913)
Totalmente absorta, 1874
Colección privada

Con frecuencia, encontramos lectoras muy jóvenes que se acompañan con gatos. Ya sea en entornos elegantes o en hogares campesinos, las niñas se rodean de animales a la vez que de libros.

Charles Burton Barber, Gran Bretaña (1845-1894)
Rivales, s/f
Colección privada

Fritz von Udhe, Alemania (1848-1911)
Mujer en la cocina, 1885
Museo de arte de Winterthur, Suiza

Michael Peter Ancher, Dinamarca (1849-1927)
Domingo por la tarde, s/f
Colección privada

Algunas de ellas dejan que el gato se suba a su regazo, ofreciendo una imagen de enorme tranquilidad, como la que retrata Davis.

Edward Thompson Davis, Gran Bretaña (1833-1867)
Un momento tranquilo, s/f
Colección privada

Todo lo contrario parece ocurrir en la obra de Adelaida Claxton. Es otra de las obras que hemos encontrado, en la que la artista inglesa sitúa a una niña leyendo en una biblioteca lo que parece ser un libro de aventuras y retrata detrás de ella a su gato, que parece estar enormemente emocionado como si también fuera capaz de leer lo que el cuento relata.

Adelaide Claxton, Gran Bretaña (1841-1927)
Mundo maravilloso, s/f
Colección particular

Por último, vemos cómo el artista contemporáneo Arnautoff tiene un retrato intimista, tan alejado de sus habituales murales de carácter social, en el que retrata una joven leyendo mientras un gato juega a su lado.


Victor Arnautoff, Rusia (1896-1979)
Mujer leyendo, s/f
Colección particular

INÉS ALBERDI


MADRID, MADRID, MADRID
NATALIA VELASCO

Cada mañana me levanto rebosante. La primera media hora del día me llena de felicidad: impera la calma, el olor a café, el silencio, la no precipitación. Decía Manuel Vicent que la calidad de vida de las personas se medía en función del tiempo que podían perder en desayunar. Yo no dispongo de mucho, pero esos treinta minutos me bastan para respirar. Mi felicidad se prolonga un ratito más, cuando salgo a la plaza vacía de niños, de gente, de coches y de ruido y cuando una vez ya, sentada en el bus, contemplo los cielos rosas del Madrid del sur que me saludan quedamente, abriéndome sus brazos al horizonte. A veces el rosa se transforma en una franja dorada impulsada desde el infinito por un halo divino y, como a Adela en la Casa de Bernarda Alba, me estalla una granada en el pecho, no de amargura sino de felicidad.

“Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la España en que nací.” De los casi siete millones de habitantes que pueblan Madrid y sus municipios, pocos somos oriundos de esta tierra, pero nos encanta vivirla vibrante, multicultural y acogedora. Todavía es posible entablar briznas de conversación con la señora que espera el autobús, con el hombre que hace la compra, con el vecino que coge el ascensor o con la camarera que sale a la puerta del bar a fumar un cigarrillo en su pausa laboral. Todavía es posible ver en el metro a dos niños de tres años compartiendo un libro de animales y que mientras uno señala con su dedo el dibujo, el otro conteste: “delfín, cocodrilo, osito. Yo tengo un osito de navidad”. Todavía es posible, pero no sabemos por cuánto tiempo. Las obras inundan la capital en el Paseo de las Delicias, en el de Extremadura, en Acacias, en el tramo norte de la Castellana, en el puente de Ventas, en Atocha. Soterramientos y peatonalizaciones que quieren hacer de la ciudad un lugar menos hostil, más amigable y apto para el disfrute de los vecinos. ¿De verdad? De momento, los vecinos más que disfrutar, sufrimos el polvo, el ruido, las molestias, los atascos y esquivamos los socavones con miedo a hacernos un esguince en las venas abiertas de nuestras aceras. Nos cuesta confiar en que todo sea por y para nuestro bien porque, terminadas las obras, seremos más profundamente conscientes de que tanta mejora urbanística no redundará en nuestro beneficio sino en el de las arcas públicas que alimentan un turismo desenfrenado y ciego (nunca mejor dicho porque pasean y no ven) que inunda una ciudad donde entrar en un museo sin reserva previa es un milagro. ¡Arriba la globalización, muerte a la espontaneidad!

“Madrid, Madrid, Madrid, en Méjico se piensa mucho en ti” reza el chotis de Agustín Lara, recordando a los españoles emigrantes. Ahora dos millones de latinoamericanos están censados en la capital. Los pudientes en el barrio de Salamanca, apodado "La Miami española", y los más vulnerables sobreviviendo en habitaciones de pisos compartidos en los barrios de Orcasitas, Vallecas y Carabanchel. Los fondos buitre, los Airbnb, los inversionistas, hacen imposible para un sueldo medio alto, el acceso a una vivienda digna y los afortunados que la adquirimos cuando aún era posible, vemos cómo nuestros barrios son cada vez menos barrio y más gentrificación. Los versos de este chotis no pueden ser más reales: “Cuando vuelvas a Madrid chulona mía, voy a hacerte emperatriz de Lavapiés”. Un título nobiliario es necesario hoy para vivir en Lavapiés.

Y con todo y con eso, como decía mi abuela, y aún con las lluvias del último mes que han transformado el rosado cielo en polvoriento gris y colmado las cuencas del Jarama y el Manzanares, me quedo con Madrid, Madrid, Madrid.

NATALIA VELASCO

LAS EXCELENCIAS DEL ENSAYO
“ENSAYOS ELEMENTALES” DE ELIOT WEINBERGER
FELIPE VEGA

Pido de antemano perdón si me excedo en los elogios a este libro, pero es que me ha tomado totalmente por sorpresa, igual que un oso grizzly sorprendiendo a un trampero de Montana al surgir de una cueva. Conocía el nombre del autor, pero no había leído ninguno de sus libros. De modo que todos sus encantos y su personalidad me han dejado tan sorprendido como cuando leí, de pequeño, La isla del tesoro, por poner un ejemplo…

El ensayo contemporáneo vive, a mi juicio, un florecimiento que se ha estado fraguando en los últimos treinta o cuarenta años, y que, sin duda, ha logrado desbancar la preponderancia de la novela de ficción. No porque esta se haya desviado de su curso —que también—, sino porque, frívolamente, ha desperdiciado —y desperdicia todos los días—, su energía dedicándola a satisfacer el ansia monetaria de las editoriales del mundo entero.

Como estas han puesto su punto de mira en ese “nicho del negocio” (¡qué horror de palabro!) sus directivos han dejado de lado géneros literarios que, ya a principios del siglo veinte, comenzaban a demostrar que gozaban de una salud de hierro envidiable; eso en el caso en que nadie hubiera reparado en la obra de Michel de Montaigne…

La lista de autores es larga. El que su conocimiento sea corto no es su culpa. La cuestión más llamativa es que el ensayo vuela libre y la novela no; que el ensayo utiliza su arsenal recurriendo, hasta robando, los grandes beneficios que otorga la buena sintaxis es una realidad. Y este es, para mí, el contenido del libro de Weinberger: de su libro, o libros. Porque, para empezar, sería necesario aclarar que esta obra es más de una. No porque su índice responda a una recolección de textos, que lo hace, sino por su variedad temática, la versatilidad de su ingenio y una elocuente capacidad de análisis; aunque no este seguro de que estas sean las palabras adecuadas para describirlo.

El libro guarda entre sus 394 páginas poemas, citas, estudios de culturas poco o nada conocidas, y más sorpresas. Un capítulo puede comenzar con un largo poema sobre el viento, y derivar, suavemente, hacia una filosofía de la vida sumida en las bondades de las estaciones del año. “Las arañas trabajan más cuando se avecina el viento, saben que no pueden hacer su tela con viento/ Cuando el mar está en calma, el viento vendrá por donde vinieron los delfines/ A los cerdos les aterroriza el viento”.

Entre las ventajas del ensayo contemporáneo una de ellas destaca sobre las demás: el libre uso de la literatura que analiza y narra mejor que otros géneros; su capacidad de criticar sin verse sometido a un corsé determinado; su sorprendente dominio de la navegación en mares, tierras y épocas de la humanidad de las que apenas sabemos.

Weinberger realiza dos cosas al mismo tiempo: una contar y otra reflexionar sobre el mundo, partiendo de una belleza que se apropia del lector desde la primera página. Es un escritor que mira a las culturas orientales con una dulzura inédita y que nos interroga sobre nuestro cartesianismo sin ánimo de quebrarlo, pero provocando fisuras. Siempre me han interesado las cabezas occidentales que saben acercarse a culturas diferentes eliminando la palabra exotismo de su vocabulario. Por eso, aprecio enormemente que su prólogo finalice de este modo: ”La lectura no precisa de orden alguno. Se recomienda abrir el libro al azar”.

Y no, no estamos reseñando Rayuela ni Ulises. Estamos desplazándonos en unas coordenadas que nos capturan de inmediato, a no ser que el espíritu de Kant nos haya secado el cerebro de mala manera. En ese caso, mal asunto para el azar…

FELIPE VEGA

EL PARQUE
JAIME GARCÍA NAVAJO
 


Y siempre queda más agua en mi pozo
y si me asomo al borde
es más hondo y me asusta su negrura.
 
Siempre queda más agua
y no quiero beber
los cubos que he sacado.
Sólo quiero seguir en mi tarea
de verlos cómo suben
derramando agua viva una vez más.

(Fragmento del poema “Desembocadura” de Carmen Martín Gaite, incluido en Después de todo. Poesía a rachas, Ed. Hiperión). 

En Madrid, entre Torrespaña, complejo de telecomunicaciones popularmente conocido como “El Pirulí”, y Ventas, se encuentra el Barrio de Fuente del Berro. El barrio toma nombre de una fuente ubicada junto a una finca que se remonta a principios del siglo XVII.

La fuente tenía su origen en los denominados viajes del agua de Madrid. El Magerit musulmán se desarrolló alrededor de la Alcazaba (posterior Alcázar y, hoy, Palacio Real), ubicada en un altozano sobre el río Manzanares. La elevación sobre la que se asentó la Villa de Madrid dificultaba la traída de aguas del Manzanares; además, sus aguas no eran aptas para el consumo. Por todo ello, recuperando el sistema de qanats utilizado en época islámica, Madrid, desde finales del siglo XVI, se abastecía de agua potable mediante los viajes de agua: un sistema de captación y distribución de agua a través de una gran red de galerías subterráneas. La captación de agua se realizó en zonas elevadas de la Villa, entre los caminos de Fuencarral y el de Alcalá. El sistema funcionó hasta que, con la creación del Canal de Isabel II, a mediados del siglo XIX se inicia el suministro con aguas del río Lozoya.

El arroyo Abroñigal fue el que suministró a la Fuente del Berro, siendo su viaje de agua uno de los ejemplos más emblemáticos de patrimonio oculto en el subsuelo de Madrid. El agua provenía de una fuente, entre el camino de Alcalá y el arroyo Abroñigal (actual Puente de Ventas), utilizada para abastecer a viajeros y comerciantes, y para regar las numerosas huertas de la zona. Tenía fama de ser la mejor agua de Madrid, “agua gorda”, por estar muy mineralizada en comparación con la de la sierra. Se afirmaba que poseía propiedades curativas, por lo que cada día era llevada hasta palacio para su consumo por la Corte de los Austrias. A lo largo de los siglos XVIII y XIX el agua de la Fuente del Berro siguió siendo aprovechada por monarcas y cortesanos, por vecinos y aguadores.

Junto a la Fuente, existía una finca, bajo la denominación de Quinta de Miraflores, que fue adquirida a principios del siglo XVII por el entonces Condestable de Castilla, quien lo traspasa al rey Felipe IV. A partir de ese momento la finca pasó por las manos de varios propietarios. En los años 20 y 30 del pasado siglo, la Quinta del Berro pertenecía a un matrimonio holandés. Son momentos de esplendor para la posesión, que se encuentra bien mantenida y es escenario de fiestas de sociedad a las que llegan a asistir los reyes y la aristocracia de la época. En 1941 la propiedad fue declarada “jardín artístico" y en 1948 la adquirió el Ayuntamiento.

El barrio de la Fuente del Berro de Madrid tiene como uno de sus límites la calle del Doctor Esquerdo. A finales de 1953, Carmen Martín Gaite, recién casada con Rafael Sánchez Ferlosio, se instala en el número 43 de dicha calle.

La Quinta de la Fuente del Berro, a un paso de su domicilio, es frecuentada por la escritora. En Reflexiones en el parque, texto incluido en El cuento de nunca acabar, hace referencia a su experiencia de acudir al parque con su hija Marta:

“Le he preguntado a esos niños que si quieren jugar conmigo —me vino a contar un día mi hija muy consternada en el parque madrileño de La Quinta del Berro—, y me han dicho que no, porque no me conocen. Pues si no juegan conmigo —continuó con lógica implacable—, ¿cómo me van a conocer?”.

Martín Gaite utilizaría los accesos al parque desde la calle Peñascales, que desemboca en la propia fuente, o desde la entonces calle Eduardo Aunós, que acaba en la entrada principal al parque.

Eduardo Aunós fue un abogado y político que al estallar la Guerra Civil se puso a las órdenes del General Franco. Consejero nacional de FET y de las JONS en 1937, ministro de Justicia de 1943 a 1945 e impulsor de la Causa General, formó parte de la Comisión nombrada, el 22 de diciembre de 1938, para “demostrar plenamente la ilegitimidad de los poderes actuantes en la República española en 18 de julio de 1936”.

En 2017, en aplicación de la legislación de Memoria Histórica, por decisión del Ayuntamiento de Madrid, presidido por Manuela Carmena, la calle Eduardo Aunós pasa a denominarse Mercedes Formica.

Existe una foto del I Consejo Nacional del SEU, abril de 1935, en la que, en una reunión presidida por José Antonio Primo de Rivera y rodeada de hombres con camisa azul y correajes, aparece una mujer de semblante serio. Se llama Mercedes Formica, una de las personalidades más fascinantes y no lo suficientemente conocida de la España del siglo XX.

Mercedes Formica

Nacida en una familia acomodada, Mercedes Formica-Corsi Hezode (Cádiz, 1913-Málaga, 2002), fue una abogada y escritora. De su Cádiz natal pasó a vivir en Sevilla, Madrid y Málaga. Se casó en 1937 con Eduardo LLosent y Marañón (intelectual vinculado a los círculos sevillanos relacionados con la generación del 27 y que, tras la guerra, llegó a dirigir el Museo de Arte Moderno), del que se separó en 1960 y, tras conseguir del Tribunal Eclesiástico la declaración de nulidad del matrimonio, en 1962 contrajo nuevas nupcias con el Ingeniero Industrial y, brevemente, alcalde de Bilbao José María Careaga y Urquijo, quien fallecería en 1971. 

Entre el falangismo y su constante lucha por los derechos de la mujer, hizo equilibrios en un período de nuestra historia poco propicio para la mujer, siendo la impulsora de cambios decisivos en la legislación de entonces.

Joven admiradora de José Antonio Primo de Rivera, se afilió tempranamente a la Falange Española. En 1936, cuando residía en Málaga es nombrada delegada nacional del SEU. Una vez fusilado Primo de Rivera, fue muy crítica con el Movimiento al constatar la desviación del régimen franquista del pensamiento joseantoniano (“aquella amalgama monstruosa, aquel gigantesco albondigón —la unificación entre falange y carlismo—, que estranguló la ideología, y todo quedó en una especie de cristianismo obligado, como el impuesto en Roma por el Decreto de Constantino”) y lo poco que progresaban sus reivindicaciones feministas. Su entusiasmo inicial fue disminuyendo, centrándose en sus actividades de jurídicas y literarias.

En 1932 inició la carrera de Derecho en Sevilla (era la única mujer cursándola en la Universidad hispalense), pero el estallido de guerra interrumpe sus estudios. Obtuvo su licenciatura en 1948 (previamente se había doctorado en Filosofía y Letras) e intentó opositar en el Cuerpo Diplomático, la Abogacía del Estado o Notarías, pero, en todas, era requisito «ser varón». Trasladada a Madrid, decide ejercer como abogada, y se centra en asuntos relacionados con familia y derechos de la mujer. Este interés es fruto de su experiencia personal por la posición precaria en la que quedó junto a su madre y hermanas tras el divorcio de sus padres en 1933.

JAIME GARCÍA NAVAJO 

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¿VACACIONES?
LIDIA ANDINO TRIONE

En Semana Santa —como las que pasaremos dentro de unos pocos días—, una de las preguntas más frecuentes se refiere a la palabra “vacaciones”, definida por el diccionario de la Rae como suspensión del trabajo o del estudio durante algún tiempo, ocio, omisión total de la actividad, sin fruto y sin utilidad. Vacaciones las hay para todos los gustos, playa, campo, sofá, salidas imparables, más trabajo… cualquier excusa es válida para un tiempo libre y un ansiado descanso. Aunque, ¿es tan ansiado?

Llega el periodo estival y muchos no saben qué hacer. También solemos asociar esta época a felicidad, pero de forma paradojal. En estas fechas muchas veces sobreviene la confusión o el caos, pues parecería que no todos saben que existe un tiempo de trabajo y un tiempo de ocio. Conforme van transcurriendo esos días placenteros algunas personas no los disfrutan tanto como antes de comenzar y, aunque aprovechen el tiempo de manera diferente a lo habitual, acaban deseando volver al trabajo. Por ejemplo, es el caso de una amiga que tiene una empleada de hogar durante casi todo el año y, cuando sale de vacaciones, se encuentra más ocupada que de costumbre.

El ocio no siempre es sinónimo de libertad, también puede generar obligación; por ejemplo, la de divertirse. Sin embargo, ¿realmente saben divertirse, o se ajustan a las pautas de entretenimiento que organiza el Estado o a las modas del momento? Sin duda, la diversión suele ser diferente a los veinticinco años que a los cincuenta. Muchas veces nos parece extraño que, en esta época una persona mayor emprenda nuevas actividades o quien está en muy buena posición económica decida veranear en un pueblo remoto y poco conocido; también existen quienes utilizan el tiempo para dedicarse a actividades creativas o a desarrollar nuevos proyectos y regresan del descanso con entusiasmo y compromiso.

Lo que decidamos hacer o no hacer en esta época es una elección, “no consciente” y está claro que según lo que elijamos obtendremos resultados diferentes. Lo que les sucede a algunas personas es que llegan las vacaciones y, ¡vaya!, sufren un accidente o se enferman, como un modo de resolver un conflicto no resuelto.

Cada uno afronta la situación como puede, sentir nos pasa a todos y es inevitable; lo que nos diferencia es lo que hacemos con ese sentir que como todo sentimiento siempre es engañoso, mejor es ir al lenguaje en sí, palabra a palabra y letra a letra.

LIDIA ANDINO
Psicoanalista




AURORA VILLA OLMEDO (1913-2002)
MARÍA LUISA MAILLARD

Las mujeres españolas nunca podremos agradecer lo suficiente la labor educativa desarrollada por la Institución Libre de Enseñanza. Entre los organismos salidos de su seno, el Instituto Escuela, fue un centro educativo e innovador que practicó la coeducación y defendió la introducción de la enseñanza física en las aulas. Creado por Real Decreto de 10 de mayo de 1918, bajo la dirección de la Junta de Ampliación de Estudios, su finalidad era diseñar un plan de estudios, igual para hombres y mujeres, que tuviese en cuenta su formación integral en los aspectos físico, moral e intelectual.

En lo que respecta a la preparación física, el Instituto Escuela sustituía la clase rutinaria de gimnasia por la práctica del deporte, amén de excursiones semanales, que unían el ejercicio físico al mejor conocimiento de las ciudades y paisajes españoles, de sus monumentos y de sus hombres.

Que este tipo de enseñanza, con su preocupación por el desarrollo físico de las jóvenes, no era el habitual en la España de principios del siglo XX, da cuenta el hecho de que, en la primera Exposición de Atletismo celebrada en Madrid, como fase previa al primer Campeonato de Atletismo Femenino de 1931, tan sólo se presentaran cinco jóvenes, todas ellas alumnas del Instituto Escuela: Carola Ribed, Carmen Herrero, Aurora Villa, y las hermanas Moles, Margot y Lucinda, amigas de Aurora y reputadas atletas. Al año siguiente, nuestra protagonista lograría la mejor marca mundial en lanzamiento de martillo, que aún no era una disciplina oficial. De forma paralela, alcanzaría el rango de plusmarquista.

La Guerra Civil cegó trágicamente el horizonte de Aurora Villa; pero había sido alumna del Instituto Escuela y había recibido una enseñanza integral. Una vez finalizada la guerra, se reinventó y acabó por ser también una pionera femenina en la especialidad médica de oftalmología.

Aurora Villa había nacido en Madrid en 1913 en el seno de una familia de músicos. Su abuelo, Ricardo Villa había sido primer violinista del Teatro Real de Madrid. Su padre, Luis Villa González era maestro de violonchelo y su tío Ricardo, compositor y director del Teatro Real. Hija única, su padre le desaconsejó que siguiera la tradición familiar. Tal vez el instrumento que la niña había escogido, el arpa, le pareciese al padre un camino especialmente duro para una mujer o tal vez no viese en ella una vocación clara. En cualquier caso, don Luis tenía en la manga una opción mejor. Aurora, una niña vital, tenaz e inteligente entró de la mano de su padre en el Instituto Escuela con tan sólo 7 años y allí permaneció; primero, como alumna; y luego, como profesora de Deporte y Juegos hasta el inicio de la Guerra Civil en1936. Una época feliz en la que pudo desarrollar tanto su intelecto como sus capacidades deportivas en una España en la que, entre otras cosas, el cuerpo de las mujeres se debilitaba por falta de ejercicio.

Aurora Villa

Ya a los 13 años manifestó sus dotes físicas y destacó en la práctica de todos los deportes en los que participaba: esquí, piragüismo, natación, baloncesto... Cuando finalizó sus estudios a los 18 años, continuó la relación como profesora del Instituto y se dedicó a compaginar su afición y sus estudios de Medicina. El deporte de elite la llamaba y en 1930 participó en los primeros Campeonatos de Castilla de Natación, quedando en el tercer puesto, ya que los dos primeros fueron ocupados por las hermanas Moles. Tenía tan sólo 20 años; pero llenos de entusiasmo y, junto a las hermanas Moles, fundó en dicha fecha el mítico Club Canoe, dedicado a la práctica del canotaje y la natación. Club que aún sobrevive en su actual sede del Barrio de la Estrella. Unos años después participaría en la creación del Club Femenino de Deportes, a semejanza del ya existente Club Femení i d’Esports catalán.

Los días 24 y 25 de octubre de 1931, se realiza en Madrid el Primer Campeonato de Atletismo Femenino en España. Las cosas estaban empezando a cambiar. Aurora Villa compitió en las 9 pruebas, logró el récord de España en natación de los cincuenta libres, y el primer puesto en salto de altura y lanzamiento de jabalina. También consiguió la mejor marca mundial en lanzamiento de martillo, aunque todavía esa disciplina no estaba reconocida. Repitió en el siguiente campeonato de 1932, realizado en Barcelona, en el que participó en nueve de las diez pruebas, quedando en todas ellas entre las tres primeras y vencedora en salto de altura, lanzamiento de jabalina y en los 600m.

Estas jóvenes deportistas Aurora, y las hermanas Moles, también rompieron moldes en la pacata sociedad madrileña de la época, en la que no existía ropa específica para la mujer deportista. Según su hija Aurora, nuestra deportista cogió una tela y se hizo unos pantalones cortos y una camiseta sin mangas. Sus compañeras la emularon. Así salieron a competir, desafiando a una sociedad que consideraba esta vestimenta indecorosa e impropia de una mujer.

Lucinda Moles, Aurora Villa y Margot Moles

El estallido de la Guerra Civil española borró de un plumazo todo el pasado vivido y oscureció el futuro por vivir. Pasó la guerra en Madrid, junto a su familia, siempre con el temor de que el padre volviera a ser detenido, acusado de monárquico, ya que los meses de julio de los años anteriores a la contienda, había formado parte de la banda que cubría la estancia de los Reyes en San Sebastián. Nada más finalizar la guerra, los vencedores, a través de la recién creada Sección Femenina, dictaminaron que el atletismo no era una actividad propia de mujeres. Aurora no se declaró vencida y luchó por matricularse en una de las cuatro plazas disponibles en la Facultad de Medicina. En dos cursos superó los tres que le quedaban para finalizar la carrera, con 7 matrículas de las 18 asignaturas cursadas. Su promoción solo contó con cuatro mujeres en sus filas.

Tras presentarse a varias oposiciones, logró en 1942 una plaza de médico en Alcazarquivir, en Marruecos y de allí pasó a Tánger. Ella quería volver a España y en 1947 abrió una consulta de oftalmología en Pontevedra, probablemente porque allí ejercía de médico el que sería su marido, Jesús Rodríguez Mallada. El matrimonio tuvo dos hijos, una hija y un hijo. En 1951 Aurora, cuando su hija pequeña contaba con tan sólo un año, solicita y logra una beca para ir a especializarse en el Instituto de Oftalmología de Londres, dependiente de Oxford. Después de una permanencia en Londres de tres años, de1953 a 1956, regresa a Madrid e introduce en su consulta los nuevos tratamientos aprendidos para mejorar el estrabismo y la visión binocular.

En 1962 oposita y gana una plaza de médico especialista de Oftalmología en la Seguridad Social, puesto en el que permanece hasta su jubilación en 1975. Mantiene su consulta en el número 6 de la Colonia de Retiro, en Madrid, donde reside hasta su fallecimiento en el año 2002.

Aurora Villa tuvo una larga y fecunda vida, marcada por su tenacidad en llevar adelante, aún en circunstancias difíciles, las empresas en las que creía. Fue pionera del deporte femenino en España, pionera en la rama médica de Oftalmología en España y un gran ejemplo para todas las mujeres.

MARÍA LUISA MAILLARD

POR UN ESTADO LAICO, UNA CONQUISTA REPUBLICANA QUE NO DEBEMOS PERDER
ROSARIO HERRERA GUIDO
 


“A todo podrá renunciar el hombre,
menos a la sed de absoluto,
que sobrevivirá a la destrucción de todos los templos
y la desaparición de todas las religiones sobre la Tierra”.
Emule Cioran, Historia y utopía.

I

Estado es una voz latina que significa status, y desde el siglo XII designa a una Nación (natío-onis), nación, raza, asci (nacer), que a partir del siglo XV refiere al Territorio y a los habitantes de un país. El Estado, enseña la filosofía política clásica, nace para poder escapar de “la ley de espada”, que vemos blandir a diestra y siniestra en Romeo y Julieta de Shakespeare, donde sólo los expertos en esgrima sobreviven. Los griegos inventan la democracia, en tiempos de la esclavitud, cuando las mujeres son inferiores a los asnos. Pero la invención de la democracia, demos y kratos, el gobierno del pueblo, el diálogo sobre la polis, en el Ágora, la plaza pública, que les permite impedir el mando de uno sólo en la resolución de sus problemas, en bien de la Politeia o República.

Peter Sloterdijk, el filósofo alemán, en Normas para un parque humano (Siruela, 2000), luego recordar que para el poeta Jean Paul, los libros son cartas para los amigos, dice que el humanismo es una telecomunicación escrita, un llamado al amor, la amistad y el saber. Pero en el humanismo, recuerda Sloterdijk, que es un asunto de la cultura, los seres humanos se ven reclamados por dos grandes poderes: la inhibición y la desinhibición. Pues en el humanismo se libra la batalla por lo humano, entre las tendencias embrutecedoras y pacificadoras. Así, los romanos, creadores del derecho, son también los inventores de la crucifixión (llenan todos los caminos que van a dar a Roma de cruces), además de las peleas a muerte entre animales, al punto que cuando exterminan a los animales del norte de África, ponen a luchar a muerte a los gladiadores, en los espectáculos del Coliseo Romano, el más exitoso del mundo antiguo (medieval, moderno y contemporáneo), para distraer a las masas de los asuntos de la ciudad (la cité)  con pan y circo, hasta la actualidad, para disponer de los impuestos y el poder. Y el homo inhumanus ruge en los estadios y las plazas de todo el mundo mediterráneo, como una técnica imprescindible de gobernar. Pero el humanismo pervive como resistencia del libro frente al circo romano y todos los espectáculos cruentos, como una fuerza generadora de paz y sensatez, que los romanos cultos, escritores y lectores llamaron humanitas.

Georg Hegel, el filósofo alemán, en su Filosofía del derecho, expone el paradigma del Estado Moderno, el Estado de Derecho, Republicano aunque monárquico, donde el que rige al Estado es el representante del Espíritu del Pueblo o Espíritu Nacional, la conciencia social (Volksgeist), que cumple los fines objetivos del espíritu del pueblo. El Estado es el lugar donde el espíritu objetivo, resultado de la superación de la oposición entre la familia y la sociedad civil, llega a realizarse plenamente en Espíritu del Mundo (Weltgeist), la conciencia del mundo, que se despliega en la intuición de sí mismo como Arte, en la representación de sí mismo como Religión, en la conciencia de sí mismo como Filosofía y en la forma más acabada de la ética como Constitución: Estado. (Hegel, “El Estado”, Filosofía del derecho, Juan Pablos, 1980:210-113).

En el México militarizado por Felipe Calderón, después por Peña Nieto, más tarde por Obrador y ahora exacerbado por Claudia Sheinbaum, lo que debía haber prevalecido, era la aplicación del artículo 29 de la Carta Magna, que mandataba que en caso de invasión, perturbación grave de la paz pública o cualquier otro que ponga a la sociedad en peligro o conflicto, el Presidente de México, los Secretarios de Estado y la Procuraduría General de la República, con la aprobación del Congreso de la Unión, se pueden suspender en todo el país o en un lugar determinado las garantías individuales, para hacerle frente a la situación de emergencia por un tiempo limitado. Pero las disposiciones unilaterales y verticales, con la complicidad de las cámaras alta y baja, le abrieron la puerta al siniestro “Estado de excepción”.

Un Estado —como dice el filósofo italiano Giorgio Agamben—, que surge cuando los poderes de emergencia dictados por Bush, después de la paranoia colectiva provocada por los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York (11/09/2001), para suspender todos los derechos humanos como parte de la “guerra contra el terrorismo” (Agamben, Estado de Excepción, Pre-textos, 2004). Pero una excepción que refiere a un hecho oportuno para proclamar —según Walter Benjamin— desde la segunda mitad del siglo XX, el Estado de excepción como norma más que como excepción. Por ello Agamben concluye que los estados de excepción contemporáneos no tienen nada de constitucionales ni de republicanos, puesto que al suspender toda legalidad, abandonan a los ciudadanos a la “nuda vida”, a un “poder desnudo”, pornográfico, en manos del ejército o la guardia nacional y la marina.

En realidad, el Estado republicano y moderno no es compatible con la legalización de la militarización de la Patria, sino con el Estado de excepción, más cruento que en Roma, porque entonces se le permitía al senado, con la participación de cónsules y de tribunos de la Plebe, y todos los poderes del Estado, declarar estado de emergencia y nombrar, por un plazo de seis meses, a un dictador con plenas facultades para enfrentar semejante trance. Por ello, Giorgio Agamben indica que los estados contemporáneos, en lugar de seguir el esquema de los antiguos romanos, imitan a otro organismo romano, el iustitium, la suspensión de todo orden legal, que en lugar de instaurar la ley se constituye en un abismal vacío jurídico.

ROSARIO HERRERA GUIDO



“TODAS LAS MUJERES ESTÁN EN MÍ”

MUJERES PROGRESISTAS DE RETIRO, CON MOTIVO DEL 20 ANIVERSARIO DE LA NOCHE DE LOS LIBROS 2025, ORGANIZAN DIÁLOGOS DRAMATIZADOS A DOS VOCES Y LECTURA DE TEXTOS EXTRAÍDOS DE NUESTRA "COLECCIÓN DE BIOGRAFIAS DE MUJERES RELEVANTES”.

PATICIPARÁN SOCIAS Y ACTRICES DE DIVERSOS COLECTIVOS DE TEATRO Y DESDE SUS ASIENTOS, LAS ASOCIADAS, CON SUS LIBROS ROJOS, LEERÁN FRAGMENTOS DE VARIAS AUTORAS INCLUIDAS EN DICHAS BIOGRAFÍAS. 

ESTARÁN CON NOSOTRAS: CRISTINE DE PIZAN, MARIA ZAMBRANO, CONCEPCIÓN ARENAL, CARMEN MARTÍN GAITE, MARÍA MOLINER, SOLEDAD ORTEGA, CLARA CAMPOAMOR, MARÍA DE ZAYAS…

HABRÁ UNA REPRESENTACIÓN ESCÉNICA DE “EL ENCAJE ROTO”, DE EMILIA PARDO BAZÁN Y SE PRESENTARÁ LA BIOGRAFÍA DE ELENA FORTÚN, DE MARÍA LUISA MAILLARD.

SERÁ EL 

EN

BIBLIOTECA ELENA FORTÚN (Auditorio)
C/ del Doctor Esquerdo nº 189, MADRID




¡¡VIDA DE ROSALÍA DE CASTRO EN EDICIÓN!!

ESTÁ ESCRITA POR MARÍA LUISA MAILLARD Y HEMOS CONTADO CON EL APOYO DE LA REAL ACADEMIA GALEGA (RAG) Y DE LA FUNDACIÓN ROSALÍA DE CASTRO.

SE PRESENTARÁ A FINALES DE MAYO EN LA CASA DE GALICIA EN MADRID, LO QUE OS COMUNICAREMOS OPORTUNAMENTE.

SERÁ ÉSTE EL NÚMERO 45 DE NUESTRA COLECCIÓN DE BIOGRAFÍAS DE MUEJERES RELEVANTES Y EL COLOFÓN DE LA MISMA.


Daquelas que cantan as pombas i as frores,

todos din que teñen alma de muller.

Pois eu que n’as canto, Virxe da Paloma,

¡ai!, ¿de qué a teréi? 

De aquellas que cantan palomas y flores

todos dicen que tienen alma de mujer.

Pues yo, que no las canto, Virgen de la Paloma,

¡ay!, ¿de qué la tendré?


MÚSICA Y LITERATURA PARA EL DÍA DE LA MUJER 

ANDREA SANZVELA Y ASUNCIÓN VALDÉS REIVINDICAN EL TALENTO FEMENINO DE ARTISTAS OLVIDADAS

Nuestra colaboradora Asunción Valdés, tras presentar el 13 de marzo su biografía sobre Carmen de Burgos en la Biblioteca Municipal La Chata, de Carabanchel, nos envía sus impresiones del acto.

Con los ecos de la celebración del Día Internacional de la Mujer, la Biblioteca dedicada a S.A.R. la Infanta Isabel de Borbón, popularmente conocida en el siglo XIX como La Chata, organizó una velada músico-literaria para celebrar el talento femenino y, en especial, la gran aportación de la profesora, periodista y escritora Carmen de Burgos a la modernización de España.

Sin embargo, tras la Guerra Civil su obra fue censurada y su nombre fue borrado de la Historia por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, que incluso la persiguió después de muerta. Así lo revelo en mi biografía REVIVIR, La nueva Carmen de Burgos, presentada este mes en el madrileño barrio de Carabanchel.

Inspirada por la injusta desaparición de la autora nacida en Almería en 1867, la talentosa violinista Andrea Sanzvela abrió el acto con el primer movimiento del Concierto para violín en Mi menor Op.64 de Felix Mendelssohn-Bartholdy, en homenaje a su hermana mayor Fanny, notable compositora y pianista que, sin embargo, jamás actuó en público, solo en recitales familiares. Andrea, formada en Madrid, Berlín y Hungría, añadió que algunas de las obras de Fanny fueron firmadas por su hermano, para evitar lo que entonces se consideraba una rareza: obras artísticas con firma femenina.

El gran músico alemán del romanticismo pudo dedicarse a su vocación, formarse a fondo y alcanzar fama internacional, mientras la carrera de Fanny Mendelssohn —conocida tras su matrimonio como Fanny Hensel—, tuvo un perfil bajo, limitando sus estudios y su proyección pública, a pesar de su valiosa sensibilidad musical, inspiradora de Felix, cuatro años menor que ella. Investigaciones sobre su legado han calificado a Fanny Mendelssohn como la compositora “suprimida”, por el peso de la ideología de género. 

Andrea Sanzvela, Asunción Valdés y Ana Vela, durante el acto

DE MARZO A MARZO EN CARABANCHEL

Ana Vela, presentadora del acto y madre de la violista, nos recordó que era la segunda vez que servidora acudía a Carabanchel a hablar sobre Carmen de Burgos, célebre en el primer tercio del siglo XX, como Colombine, su popular seudónimo.

En efecto, hace ahora un año, en el Centro Educativo de Personas Adultas, el Cepa Vista Alegre, hablé sobre la relación de la intelectual almeriense con la capital, especialmente con Carabanchel, distrito histórico muy querido por la última emperatriz francesa, la española Eugenia de Montijo que tuvo aquí su quinta de recreo. Carmen de Burgos escribió una biografía sobre ella, la esposa de Napoleón III.

Hoy, este barrio alto, fresco y verde, que servía a la nobleza y alta burguesía para aliviar los tórridos veranos capitalinos, atrae a artistas y creadores jóvenes, como Ana Sanzvela. Tal vez por eso, el Ayuntamiento de Madrid ha bautizado su biblioteca pública con el apelativo de La Chata, “Protectora de las Artes y las Letras”. Así la calificó Carmen de Burgos en la dedicatoria: “A Su Alteza Serenísima Isabel de Borbón”, impresa en su segundo libro Notas del alma, publicado nada más llegar a Madrid en 1901.

Esta obra subtitulada Cantares, expresa en forma de versos y coplas populares la pena honda de Carmen por el maltrato y las traiciones de su marido. Fueron el revulsivo para que decidiera reinventarse en una nueva Carmen de Burgos, subtítulo de mi obra REVIVIR, dos tomos en estuche editados por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, en 2023.

Para lograr la autonomía económica y librarse de su cónyuge vicioso, la joven andaluza decidió estudiar Magisterio a escondidas. Una vez obtuvo su plaza en propiedad, tras sacar sus oposiciones, la valiente pionera no dejó de estudiar, investigar y viajar, volcando su erudición y vastos conocimientos en la docencia, el periodismo, la narrativa y las tribunas, defendiendo siempre que había que lograr la igualdad de oportunidades ente el hombre y la mujer.

Ana Vela, socia muy activa de la Asociación de Alumnado y Profesorado del CEPA Vista Alegre, coorganizadora de la velada músico-literaria, me preguntó cuál sería hoy el hashtag de mi biografía sobre Colombine. Sapere aude, la audacia de saber —contesté—, como decían en latín los ilustrados del Siglo de las Luces. Y, sin duda, Carmen de Burgos sería hoy una influencer de gran éxito. Trasladada a las tecnologías actuales de la comunicación, tanto la presentadora como la autora vimos claramente la apasionante vida de Colombine en una serie. Para mí, la magnífica Carolina Yuste, protagonista de la película superpremiada La infiltrada, interpretaría muy bien a la joven Carmen. Sin duda, Ana Belén, gran dama de la escena, sería una excelente señora de Burgos.

Llegó la coda final con el último movimiento del citado concierto, que Andrea interpretó virtuosamente con un rabelín, mezcla de rabel y violín, adaptado por ella misma. Sanzvela, además de intérprete y docente, hace pinitos como lutier. Pedagoga e innovadora como Carmen de Burgos.

ASUNCIÓN VALDÉS





EL PASADO 14 DE MARZO, EN LA LIBRERÍA ESPACIO DYKINSON DE MADRID, SE PRESENTÓ EL LIBRO DE ROSA MASCARELL, EXILIO FRANCÉS, MI VIAJE AL JURA DE MARÍA ZAMBRANO.

María Luisa Maillard y Rosa Mascarell, durante la presentación





La película de la directora india Sandhya Suri, cuenta la historia de una viuda, que hereda el trabajo de su marido, un policía asesinado en una revuelta multitudinaria. Cuando la joven viuda se incorpora a la policía, una niña perteneciente a una casta inferior aparece violada y asesinada en un pozo. "Santosh", ese el nombre de la policía viuda, se incorpora al trabajo con el deseo de hacer las cosas bien, pero la realidad con la choca es tremenda, la corrupción aparece por todas partes: separación de castas, sexismo social que se extiende al mundo laboral, utilización de todos los medios, incluido el asesinato, para subir en el escalafón policial... La narración es, sobre todo, la exhibición del pudridero que es la sociedad india.

Santosh creerá en su superior, Geeta, una mujer policía que dirige “la oficina de mujeres”, destinada a investigar los delitos contra la mujer. Poco a poco, la protagonista descubrirá que tal sección policial no es mejor que el resto del cuerpo: pequeñas corruptelas monetarias por mirar hacia otro lado, abandono del deber, creación de pruebas falsas… Pero en la investigación para encontrar al asesino de la niña, la corrupción habitual se convierte en violencia policía extrema con el fin de conseguir beneficios políticos personales. En realidad, a nadie le importa la verdad de cómo o quién ha asesinado una niña analfabeta y perteneciente a la casta inferior.

La investigación del asesinato recae sobre la experimentada inspectora Geeta y su asistente, la joven e inexperta Santosh. Las dos recorren el escenario del crimen, hablan con familiares y conocidos de la víctima y persiguen al supuesto asesino. La presión social y política urge encontrar a un joven del que sospechan y así lo hacen. En medio de una sociedad podrida por la corrupción, la experimentada Geeta le explica a la joven Santosh que hay dos tipos de "intocables" en la sociedad india: “los que nadie quiere tocar y los que no pueden ser tocados”. Todo un manifiesto de por dónde van las cosas.

La narración es sencilla, demasiado plana, lo que hace que la película, que tiene muchos méritos, no nos termine de enganchar. Vemos los horrores que nos narra con cierto distanciamiento, aunque nos produzcan auténticas náuseas. El lenguaje que utiliza hace que desconectemos a ratos. En el cine, como en la literatura, no consiste solo en contar una buena historia, si en cómo contarla. Secretos de un crimen tiene muchas cosas buenas, pero le faltan un par de vueltas, una mayor sutileza y hondura a la hora de perfilar sus personajes y de contarnos los hechos.

ISABEL BANDRÉS