domingo, 7 de enero de 2018







PRESENTACIÓN DE NUESTRA BIOGRAFÍA Nº 35

VIDA DE HANNAH ARENDT, 
DE JOSÉ LASAGA 

EN FUNDACIÓN ORTEGA-MARAÑÓN-19:00 H

C/ FORTUNY, 53 - MADRID








Hanna Arendt (1906-1975), una de las pensadoras más poderosas y originales del siglo XX, se ha convertido en un referente indispensable del siglo XXI. Su formación filosófica con Heidegger y Jaspers no le impidió dedicarse a la ciencia política para intentar comprender los entresijos del siglo convulso en el que vivió y cuyos zarpazos la afectaron directamente. Escribió Los orígenes del totalitarismo (1951), desde una perspectiva alejada de los tópicos al uso y, con valentía se enfrentó a la comunidad judía a la que pertenecía con Eichmann en Jerusalén (1963), un estudio sobre la banalidad del mal. En su esfuerzo por comprender al hombre escribió La condición humana (1958) y su libro póstumo La vida del espíritu (1978), desde la esperanza en la libertad humana y su capacidad para crear un mundo mejor.


JOSÉ LASAGA MEDINA

José Lasaga Medina. Profesor de filosofía de la UNED e investigador de la Fundación Ortega Marañón. Comisario de la exposición “El Madrid de José Ortega y Gasset” (Residencia de Estudiantes-Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, mayo, 2006).

Ha publicado José Ortega y Gasset. Vida y filosofía (1883-1955) (Madrid, Biblioteca Nueva-Fundación José Ortega y Gasset, 2003), Metamorfosis del seductor. Ensayo sobre el mito de don Juan (Madrid, Síntesis, 2004).  Figuras de la vida buena. Ensayo sobre las ideas morales de Ortega y Gasset (Madrid, Enigma editores, 2006) y la antología de textos de Ortega para la colección Biblioteca de grandes pensadores (Editorial Gredos, 2014).





 INVITACIÓN FUNDACIÓN ORTEGA-MARAÑÓN










PRESENTACIÓN DE NUESTRA BIOGRAFÍA Nº 36
VIDA DE CONCEPCIÓN ARENAL, 
DE MARÍA LUISA MAILLARD
EN CASA DE GALICIA DE MADRID - 19:30 H


C/ CASADO DEL ALISAL, 8 -MADRID














PRÓXIMA TERTULIA LITERARIA








COMENTAREMOS EL LIBRO


Nathan Glass ha sobrevivido a un cáncer de pulmón y a un divorcio después de tres décadas de matrimonio, y ha vuelto a Brooklyn, el lugar donde pasó su infancia. Hasta que enfermó era un vendedor de seguros; ahora que ya no tiene que ganarse la vida, piensa escribir El libro del desvarío humano. Contará todo lo que pasa a su alrededor, todo lo que le ocurre y lo que se le ocurre. Comienza a frecuentar el bar del barrio y está casi enamorado de la camarera. Y va también a la librería de segunda mano de Harry Brightman, un homosexual culto que no es quien dice ser. Y allí se encuentra con Tom, su sobrino, el hijo de su amada hermana muerta. El joven había sido un universitario brillante. Y ahora, solitario, conduce un taxi y ayuda a Brightman a clasificar sus libros... Poco a poco, Nathan irá descubriendo que no ha venido a Brooklyn a morir, sino a vivir.



PAUL AUSTER

Es escritor, traductor y cineasta. Es autor de los libros Jugada de presión (1982), escrito bajo el pseudónimo Paul Benjamin; La invención de la soledad (1982); La trilogía de Nueva York (1987), compuesta por las novelas Ciudad de cristal (1985), Fantasmas (1986) y La habitación cerrada (1986); El país de las últimas cosas (1987); El Palacio de la Luna (1989); La música del azar (1990); Pista de despegue (1990); Cuento de Navidad (1990); Leviatán (1992); El cuaderno rojo (1992); Mr. Vértigo (1994); A salto de mata (1997); Tombuctú(1999); Experimentos con la verdad (2000); El libro de las ilusiones (2002); Historia de mi máquina de escribir(2002); La noche del oráculo (2003); Brooklyn Follies (2005); Viajes por el Scriptorium (2006); Un hombre en la oscuridad (2008); Invisible (2009); Sunset Park (2010) y Winter Journal (2012); y de los guiones de las películas Smoke (1995) y Blue in the Face (1995), en cuya dirección colaboró con Wayne Wang, y Lulu on the Bridge (1998) y La vida interior de Martin Frost (2007), que dirigió en solitario. Ha editado el libro de relatos Creía que mi padre era Dios (2001). Y su obra poética ha sido publicada por Seix Barral en el tomo Poesía Completa.

Ha recibido numerosos galardones, entre lo que destacan el Premio Médicis por la novela 
Leviatán, el Independent Spirit Award por el guión de Smoke, el Premio al mejor libro del año del Gremio de Libreros de Madrid por El libro de las ilusiones, el Premio Qué Leer por La noche del oráculo y el Premio Leteo; ha sido finalista del International IMPAC Dublin Literary Award por El libro de las ilusiones y del PEN/ Faulkner Award por La música del azar. En 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Es miembro de la American Academy of Arts and Letters y Caballero de la Orden de las Artes y las Letras Francesa. Su obra está traducida a más de treinta idiomas. Vive en Brooklyn, Nueva York.


DESDE LA UNIVERSIDAD DE 
MICHOACÁN-MÉXICO




LA NAVIDAD EN LA LITERATURA 

La Navidad ha sido un motivo de inspiración para escritores que contribuyeron con la literatura navideña: Andersen, Hoffmann, Dickens, Wilde, Bécquer, Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán, además de modernos como Ciro Alegría, Truman Capote, Blasco Ibáñez o Agatha Christie. En general, los protagonistas de las historias navideñas son niños pobres, abuelos entrañables, animales fieles o espíritus malignos, que han arraigado costumbres, tradiciones y sueños, como parte de nosotros mismos.

Algunos grandes autores abandonaron ciertos estereotipos y escribieron una literatura más profunda y atractiva, como “El Cascanueces”, de Hoffmann. El escritor nacido en Königsberg (1776), es una de las grandes figuras del Romanticismo alemán. Dotado de una imaginación que él mismo calificó de fantástica, se dedicó a una intensa actividad artística, tanto musical como literaria. Sus obras presentan una gran variedad de figuras y personajes fantásticos que intervienen en la vida real y personajes de la vida real que forman parte de la fantasía. “El Cascanueces” (1816), es todo un clásico de la literatura fantástica universal. El relato se realiza en la casa del respetable juez Stahlbaum, quien tiene dos adorables hijos. En Nochebuena una niña espera junto a su hermano la llegada del Niño Jesús. En la víspera el juez ofrece una fiesta a la que están invitadas las familias más respetables de Nurenberg, además del excéntrico padrino de Clara: Herr Drosselmeyer, quien asiste a la reunión con su sobrino Daniel. El padrino es fabricante de relojes y fantásticos juguetes mecánicos, y como mago tiene el don de divertir a los niños, para quienes inventa alegres bailes y realiza increíbles trucos. Para la fiesta, el padrino de Clara le lleva de regalo a Cascanueces: un soldado de madera que sirve para romper nueces. A Clara le encanta el Cascanueces y juega con él toda la fiesta. Al finalizar el festejo navideño, Clara se queda dormida en un sillón de la casa y emprende un fabuloso sueño: regresa a escondidas al árbol de Navidad para recuperar a su muñeco Cascanueces y se sorprende al encontrar que el salón está lleno de ratones gigantes. Su padrino aparece en su sueño y como acto de magia desaparecen los muebles de la casa, crece el árbol de Navidad, Cascanueces se transforma en real y los soldados de su hermano Fritz en un pelotón. Se desata la guerra entre los ratones y los soldados de madera. Cascanueces dirige la batalla. Clara ayuda a ganar la batalla lanzando una de sus zapatillas al Rey de los Ratones, quien cae derrotado. Al final, el padrino Drosselmeyer convierte el salón en un bosque invernal donde Clara y Cascanueces —transformado en un apuesto Príncipe— bailan junto con los copos de nieve, la Reina y el Rey de las Nieves. Clara y su Príncipe Cascanueces continúan su viaje por el mundo de los sueños, se despiden del Reino de las Nieves y siguen su camino rumbo al Río de la Limonada, hasta llegar al Reino de las Golosinas, donde su Reina les espera con bailarines que bailan con ellos. Pero cuando sus padres la despiertan para que despida a su padrino, Clara se da cuenta de que todo ha sido un sueño. Aunque para su sorpresa, cuando sale al pórtico de su casa reconoce que el Príncipe Cascanueces es Daniel, el sobrino de su padrino Drosselmeyer. El gran músico Piotr Ilich Thaikowsky se fascinó tanto con este cuento de Hoffman, que a sus 52 años estrenó en San Petersburgo “El Cascanueces”, una de sus últimas obras (1892).

Óscar Wilde (1854-1900), dramaturgo y poeta irlandés, uno de los escritores más destacados del Londres victoriano, es también el autor de un encantador cuento de Navidad: “El gigante egoísta”. El relato narra que todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a ir a jugar al jardín del gigante. Un jardín en el que brillaban bellas flores como estrellas y una docena de melocotones que en primavera se cubrían de delicados capullos rosados y en otoño daban deliciosos frutos. Los niños eran muy felices en ese jardín. Pero un día regresó el gigante, que había estado con su amigo, el ogro Cornualles, durante siete años. Cuando vio a los niños jugando en su jardín les gritó tan fuerte que los niños salieron corriendo. Entonces construyó un alto muro y puso un letrero que prohibía la entrada. Cuando llegó la primavera todo el país se llenó de capullos y aves. Sólo en el jardín del gigante continuaba el invierno. Pero una mañana lo despierta un jilguero. Al salir de su castillo miró sorprendido que los niños habían abierto un agujero en el muro y habían entrado a su jardín. Se habían subido a los árboles y estaban sentados en sus ramas. Sólo en un rincón continuaba el invierno, donde estaba un niño muy pequeño que lloraba desconsolado, pues no alcanzaba las ramas de los árboles. Entonces el gigante se enterneció, comprendió su egoísmo, la ausencia de la primavera y derribó el muro, para convertirlo en parque de recreo de todos los niños. Pero cuando los chicos lo vieron se asustaron y se fueron corriendo. Entonces volvió el invierno. Sólo el niño pequeño, que no pudo correr, lloraba. Y el gigante lo tomó de la mano cariñosamente y lo colocó sobre la rama de un árbol, que de pronto floreció y se cubrió de aves canoras. El niño extendió sus brazos, rodeó el cuello del gigante y lo besó. El resto de los niños, al contemplar la escena volvieron al jardín, y con ellos la primavera. Al atardecer, cuando los niños fueron a despedirse del gigante, les preguntó por el más pequeño, el que lo había besado, y les pidió que lo trajeran al día siguiente. Pero los niños nunca lo habían visto y no sabían dónde vivía. El gigante envejeció esperando a su pequeño amiguito. Una mañana invernal, miraba por la ventana su jardín. Ya no le molestaba el invierno, pues sabía que sólo es la primavera dormida y el sueño de las flores. Y en el más alejado rincón de su jardín miró un árbol cubierto de capullos blancos. Sus ramas eran doradas y le colgaban plateados frutos, y el pequeño estaba de pie, bajo su sombra. Cuando estuvo a su lado, el gigante enfureció porque el pequeño tenía en sus manos y en sus pies heridas de clavos. Y el gigante gritó: “¿cómo se han atrevido a herirte?”. Y continuó gruñendo: “dímelo para que pueda coger mi espada y matarles”. Y el pequeño le respondió: “estas son las heridas del amor”. Y el gigante calló de rodillas. El niño le sonrió y le dijo: “una vez me dejaste jugar en tu jardín, hoy vendrás conmigo a mi jardín”. Cuando los niños volvieron, encontraron al gigante a la sombra del dorado árbol de los frutos de plata, cubierto de capullos blancos.

Octavio Paz (1914-1988), el poeta y ensayista mexicano más laureado y polémico de la segunda mitad del siglo XX, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1990, amante de la crítica y famoso mundialmente por sus libros El laberinto de la soledad y El arco y lira y sus libros de poesía Libertad bajo palabraLadera Este y El mono gramático, también se interesó por el gran tema de occidente: la Redención. Hay que recordar que al escritor y filósofo francés Jean-Paul Sartre le llega a reprochar su desprecio por la Redención (“Memento”, Hombres en su siglo, Planeta, 1992).

En su ensayo “El lirio y el clavel” (Al paso, Seix Barral, 1992), Octavio Paz, como buen amante de la memoria, recuerda que entre sus libros de infancia se encontraba una antología de poesía popular española. Se trataba de una de sus primeras lecturas poéticas. Entre todos los poemas que leyó, el que más evoca como inolvidable es una copla que con el tiempo pasó a formar parte de los más cantados villancicos navideños. Cuatro versos de los que Paz no deja de acentuar su asombro y las profundas meditaciones en que lo sumergieron. Al punto de confesar su sorpresa de descubrirse con frecuencia repitiéndolos mentalmente: En un portal de Belén / Nació un clavel encarnado / que por redimir al mundo / se volvió lirio morado.

Cuatro versos en los que Paz reconoce todo el cristianismo, la historia de la salvación y sus misterios. En particular los dos más grandes misterios, que también son nuestros grandes misterios: el nacimiento y la muerte. Aunque el nacimiento y la muerte de Jesús de Nazaret guardan otro misterio mayor: la Redención. El villancico no narra una historia, muestra, como todo poema, en un tiempo circular que siempre retorna, lo que siempre está sucediendo. Un poema al que no se puede aproximar la teología, sólo la experiencia poética, el conjunto de imágenes al más acompasado ritmo.

El clavel es el niño Jesús, encarnado en una flor popular, que es imagen de la encarnación del espíritu en la carne de los hombres y las mujeres. El lirio es una flor espiritual. Y el morado es un color entre el rojo y carmín, mezclado con el azul celeste: es el color por excelencia de la transfiguración de la sangre en el sacrificio. Estamos ante un simbolismo de los colores —dice Paz— que revelan el secreto de la vida de Jesús, la transformación del rojo en morado, la mezcla de la sangre y el cielo, la encarnación de su nacimiento y la transfiguración de su muerte: el clavel que se transforma en lirio. El secreto —afirma Paz— es un secreto a voces, pues todos los mortales lo compartimos, ya que todos participamos de la redención del mundo.

Paz leyó muchos poemas sobre la Natividad. Tanto la poesía popular como la culta es espléndida en cánticos al nacimiento de Jesús. Octavio Paz leyó las letrillas y los villancicos de Luis de Góngora, Lope de Vega y Sor Juana Inés de la Cruz, pero ninguno le pareció de tanta sencillez, belleza y profundidad como el lirio y el clavel. Un cántico que Paz resume con una frase de William Blake: “una gota de agua en la que cabe un mundo”.











MANUELA CARMENA ENTREGA 
LOS PREMIOS A LA "ALTA COSTURA" 
DE LA ENCUADERNACIÓN

Y...

EL PRIMER PREMIO HA SIDO 
PARA NUESTRAS AMIGAS GALLEGAS,

ROSA Y MAICA!!!




La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha entregado el miércoles 27 de diciembre, los premios a la “alta costura” de la encuadernación, como ella los ha calificado, a los tres ganadores del I Premio de Encuadernación Artística de la Imprenta Municipal del Ayuntamiento de Madrid. El certamen del Ayuntamiento ha surgido con el propósito de fomentar el arte de la encuadernación y promover la creación artística en el ámbito de esta disciplina. Este año, el concurso se ha basado en el libro Me crece la barba de la poeta madrileña Gloria Fuertes, fallecida en noviembre de 1998.
El primer premio, con una dotación de 6.000 euros, le ha sido concedido a Rosa Fernández Iglesias y María del Carmen Villalba Caramés, el segundo, de 4.000 euros, a Eduardo Giménez Burgos; y el tercero, con 2.000 euros, a Juan Antonio Fernández Argenta.

ENHORABUENA !!!!








Su protagonista, Ginny, (Kate Wilslet) es una camarera  que trabaja en un restaurante de Coney Island y vive con su nueva pareja junto con su hijo, producto de una anterior relación, en un destartalado apartamento a la sombra de la noria del parque. Pero Ginny no está en absoluto satisfecha. No le gusta su trabajo, añora sus tiempos de actriz, desprecia a su marido y su hijito es un pirómano del que no puede hacer carrera. Ella deseaba y soñaba con otra vida. Está frustrada y  aburrida. La irrupción en la vida familiar de la joven hija de su marido pone las cosas todavía más difíciles. Ginny encuentra consuelo y esperanza en los brazos de un joven salvavidas que tiene el sueño  de llegar a ser un gran poeta.  

No es el Wody Allen de Manhattan o de Annie Hall se acerca más al de  Blue Jasmine. Pero aquí la protagonista es más densa, el ambiente más opresivo y asfixiante. La puesta en escena  tiene mucho de teatral. Nos recuerda a Tennessee Williams y su obra Un tranvia llamado deseo, pero también al teatro de Arthur Miller. Esos personajes espesos perdidos en sus sueños y deseos a los que se agarran a pesar de la desesperanza y la realidad.  Woody Allen es un maestro de la ligereza y  es capaz de dotar de levedad a un bloque de hormigón. Pero no aquí. En esta narración los personajes que compone se les pueden adjetivar de mil maneras, pero no de   ingrávidos. Aquí lo liviano desaparece para dar paso a la condensación. Acostumbrados al  Allen  de diálogos espontáneos   podemos llegar a pensar que esta obra es algo menor. Si vamos al cine pensando que vamos a ver al  Allen expansivo saldremos, sin lugar a dudas, decepcionados.  En Wonder Wheel opta por un lenguaje más teatral y transcendente (no olvidemos que al director que más admira es a Bergman).

Es una buena película, una película de la que hay que destacar sobre todo a una soberbia Kate Winslet en el papel de Ginny, una mujer histriónica y arrebatada.  Es uno de esos papeles que si te pasas o no llegas puedes caer en el mayor de los ridículos. El resto de los actores están  estupendos y nos dan unas actuaciones espléndidas, pero es que Kate Winslet está descomunal.

Wody Allen arriesga mucho con esta película amarga y pesimista porque es posible que su público habitual la desdeñe y harán mal. Yo también prefiero, como la gran mayoría, al Woody Allen de otras películas, pero en ésta hay mucha sabiduría, mucho conocimiento del corazón humano. Lo que sucede es  que esta vez ha preferido no dotar de alas al hormigón armado, pero eso no es malo. Sencillamente, es otra cosa.   

ISABEL BANDRÉS


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Esta comedia negra, escrita hace años por los hermanos Cohen y dirigida ahora por George Cloony, nos narra dos historia paralelas: la de una familia aparentemente normal, pero realmente perversa y criminal; y la de una sociedad que no tolera que una familia negra comparta “su” barrio. Ambas historias suceden en el mismo entorno: una idílica zona residencial en la que todo brilla bajo el sol. El tipico vecindario de clase media americana donde las casas, los jardines, los patios, los niños jugando, los padres yendo en sus coches al trabajo, las madres ocupándose de la casa, del pastel de manzana y de la limonada evocan el sueño americano. Allí todo es armonioso y la vida se desenvuelve en un ambiente amable hasta que a alguien se le ocurre envenenar la limonada o agredir a una familia por ser de color.

Cloony nos va mostrando una serie de personajes muy de los hermanos Cohen: una pareja en apariencia ejemplar, un chantajista agente de seguros, un hombre gordo y bonachón, dos matones ridículos, un niño perplejo, una familia de color estoica, una masa desatada: excelentes mimbres. Pero un guión de los hermanos Cohen es difícil de gestionar por alguien que no sea ellos. Unir el thriller, la comedia, la sátira, el humor negrísimo y la denuncia social es algo que los Cohen hacen como  respiran, de manera natural. Todos recordamos Fargo. Pero Cloony no es ninguno de los hermanos Cohen.

Suburbicon empieza muy bien, pero a mitad de película Cloony abandona el control de la narración y pisa el acelerador. Abandona la ironía, la progresión dramática, el humor vitriólico, la sutileza y el ingenio, sustituyéndolos  por lo grotesco y la exageración. El ritmo y el tono desaparecen para dejar paso al barullo y las metáforas de brocha gorda. Está claro que lo suyo no es mezclar diferentes tonos. Y sobre todo, no los tonos de los Cohen. Yo prefiero al Coolny, director y actor, de las películas Buenas noches, buena suerte sobre el mackartismo, y Los idus de marzo, sobre la corrupción política. En ellas encuentra el tono y el ritmo apropiados, mientras que en Suburbicon todo parece un tanto forzado y artificioso.

Una película imperfecta en la que brillan Matt Damon, magnífico en su papel de hombre gris y desquiciado, Julianne Moore, insuperable en su doble papel de esposa y cuñada viciosilla, Oscar Isaac, estupendo como  agente de seguros corrupto y, sobre todo, Noah Jupe interpretando a Nicky, un niño que ve y sufre la locura de los adultos.

Una película que posee elementos de excelente calidad, pero que con todos los aciertos que tiene se ha quedado a medio camino.

ISABEL BANDRÉS


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Joe (Joaquín Phoenix ) es un tipo traumatizado por una infancia difícil y sus experiencias como marine en la guerra de Irán. No se permite amigos ni amantes y se gana la vida rescatando adolescentes de depredadores sexuales. Un día, es contratado por un político para que rescate a su jovencísima hija. Se nos presenta a Joe como un ser dislocado, torturado por el trauma y con un vacio interior que sólo puede aliviar a través de la violencia contra una sociedad aparentemente brillante pero en realidad podrida. El tema no es novedoso y ha sido llevado muchas veces al cine con mejor o peor fortuna. Como ejemplo hay dos películas magnificas, Taxi driver y Driver, de las que bebe sin lugar de dudas la directora escocesa Lynne Ramsay para componer este film.

Ramsay no se distingue por la originalidad de sus argumentos. Su fuerte son las puestas en escena y su deseo más preciado es lograr un estilo propio que se haga notar. Y lo  logra: utiliza breves flashbacks para contarnos los traumas del protagonista, emplea la elipsis con gran tino para ahorrarnos escenas violentas, le concede un papel importante a la música y a los silencios. En fin, podemos decir que se aleja de la vulgaridad y logra un producto no carente de elegancia. Sin embargo, a pesar de a sus aciertos, la narración no termina de encajar.

Lynne Ramsay es una buena directora, Joaquín Phoenix borda los papeles de “intenso” (creo que son los únicos que interpreta) y el guión no carece de cierto estilo original. Entonces, ¿por qué no funciona? Yo diría que por la afectación que, como un virus, corroe toda la historia. Ramsay ejerce aquí de niña consentida que nos dice en cada plano, “mirad que acrobacias tan bonitas sé hacer”. Y eso, además de cansar y aburrir, hace que desconectemos de lo más importante: la historia que nos está contando. El esfuerzo que requiere toda narración debe pasar desapercibida y aquí la tramoya está siempre en primer plano.

Hay un elemento que la directora utiliza hasta aburrir, los silencios. Nada tengo contra los silencios elocuentes, pero aquí su papel es llenar vacios de guión. Da la impresión de que la directora deja sin puntos de apoyo al actor, confiando en que él saldrá del embrollo y en algunos momentos parece que está a punto de desconectar. No se puede fiar todo a la presencia imponente de un Phoenix intenso que logra salir de esos huecos sin sentido bastante bien.  

Este thriller ampuloso, petulante y pretencioso contiene bastantes aciertos que no acaban de funcionar. A pesar de todo, le dieron el premio al mejor guión en Cannes, no lo entiendo. Y Phoenix recogió el del mejor actor, eso lo entiendo un poquito más. ¿Recomendable? No lo sé, mi criterio es muy minoritario ya que la gran mayoría de los críticos la alaban y a muchos  espectadores les ha encantado. Yo me he aburrido.

ISABEL BANDRÉS


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K. D. LANG




















TANITA TIKARAM