domingo, 1 de noviembre de 2026

 

QUEREMOS HACER LLEGAR NUESTRAS CONDOLENCIAS A LAS FAMILIAS DE LAS VÍCTIMAS MORTALES DE LA SEGUNDA TRAGEDIA FERROVIARIA EN NUEVE MESES Y DESEAMOS UNA PRONTA RECUPERACIÓN A LOS HERIDOS, ADEMÁS DE NUESTRA GRATITUD A LOS VOLUNTARIOS DE URDA Y SERVIDORES PÚBLICOS DE EMERGENCIAS.


HOMBRE
MARÍA LUISA MAILLARD

Escribía Ortega y Gasset en sus reflexiones sobre la técnica, en los años treinta y cincuenta del siglo pasado, que es ésta una actividad que sin duda facilita la vida del hombre, pero que no lo mejora. El filósofo ya prevé las posibilidades ilimitadas de la técnica contemporánea basada en el análisis de una materia que se desconecta de la finalidad, pero entiende que: “La vida humana no es sólo lucha con la materia, sino lucha del hombre con su alma”. Según Ortega, el hombre posee un interior —memoria, fantasía, imaginación, ingenio—, del que carecen los animales, y puede que su fe en esa gran ortopedia que es la técnica le vacíe la vida y le haga olvidar su origen, lo que le hizo humano. Unos años después, su discípula María Zambrano calificaba de “orfandad” la deriva de la crisis de la civilización occidental, a causa del retroceso del componente espiritual —racional, moral y creativo— del hombre, de aquello que le hizo humano.

Traigo a colación estas reflexiones porque el desarrollo acelerado de la técnica, basada en el análisis de la materia, es el elemento novedoso que desde finales del siglo XX ha irrumpido como elefante en cacharrería en nuestra forma de estar en el mundo. A la revolución de los medios digitales de comunicación, que se presentó como la extensión y democratización de la cultura, y que ya ha mostrado sus pies de barro, se ha unido ahora la Inteligencia artificial (IA). La IA gestiona los datos con una rapidez muy superior a la humana, pero es incapaz de elaborar un pensamiento crítico o creativo, carece de interior.

El argumento más utilizado en defensa de la técnica ilimitada, bajo el dogma del progreso indefinido —que implica una uniformización de los deseos humanos, aclara Ortega—, es que, en definitiva, es el hombre el que domina la máquina para bien o para mal. No tenemos esa percepción los ciudadanos de a pie. No todos los hombres. Son más bien los hombres que controlan el poder económico y político los que dominan la máquina para sus propios intereses. El segundo argumento es el de los beneficios para la salud y el mantenimiento de la vida, aunque nos maliciamos que tales beneficios acaben también en las manos de los poderosos de la tierra, pero volvamos al hombre y a la IA.

La pregunta a la hora de afrontar positivamente el avance deslumbrante de este nuevo triunfo de la técnica es: ¿Qué lugar ocupa en el pensamiento occidental la capacidad crítica y creativa, la fuerza de nuestro interior? ¿Desde dónde vamos a enfrentarnos a un proceso mental más rápido que el nuestro, pero basado en una selección de datos que no controlamos? Una cosa es la técnica antigua que nos liberaba del esfuerzo físico y otra la actual que pretende liberarnos del esfuerzo mental. ¿Seremos capaces de resistirnos en nuestra circunstancia histórica a ese supuesto maná?


Hombre, Alberto Durero, 1521

El otro día, paseando por el Museo del Prado, me detuve delante de un retrato de Durero, denominado simplemente Hombre. Nos encontramos en el siglo XVI, la época en que el hombre occidental comienza a confiar en sí mismo, en su razón, en su voluntad y en su capacidad creativa. El rostro que comentamos, de una gran perfección técnica, muestra fuerza y determinación en la mirada inquisitiva y en el diseño de la mandíbula y del rictus de la boca. Es un hombre de edad madura, que lleva el tiempo en su rostro y que confía en sí mismo. ¿Cuál es la imagen del hombre en la pintura del siglo XX?

Las vanguardias artísticas destruyen esa imagen compacta, herencia del humanismo. El rostro se descompone en sus elementos o se cubre con una máscara en el cubismo, se deforma en el expresionismo para mostrar la angustia y la desolación ante la vida moderna, se distorsiona en el surrealismo, cuestionando la identidad heredada. ¿Y hoy en día? ¿Cuál sería la imagen icónica que podríamos legar a la posteridad? ¿Tal vez el mono que contemplé el otro día en el escaparate de una galería, sobrepuesto a un fondo de colorines? ¿o quizá un bello rostro al que la cirugía estética ha privado del tiempo y la expresividad, preludiando el rostro aséptico y perfectamente inexpresivo que crea la IA? ¿O tal vez la de un hombre disuelto en una masa de hombres uniformes? 

La IA se ha introducido en unas vidas, las del hombre occidental, superponiéndose a una forma de estar en el mundo, es decir, a un diseño mental y moral que ya estaba fijado. El protagonista de la novela de Saul Bellow Son más los que mueren de desamor, analizando la situación del hombre en el mundo occidental a finales de los 70, dividido aún en dos bloques antagónicos, el del capitalismo y el del comunismo señala: “El énfasis de Rusia estaba en la abolición de lo más alto [del hombre], en América en la satisfacción de lo más bajo”. En ambos casos la situación es semejante por caminos distintos: la disminución, sino anulación del componente espiritual del viejo hombre y de su antaño prestigio social. Ahora lo que importa es el hedonismo, el éxito, el dinero y el poder. El mismo protagonista, perseguidor solitario del enigma del ser humano, certifica de forma irónica lo vano de su apuesta vital: “Los tipos como yo estamos destinados a las humanidades, a la filosofía, a la poesía, a la pintura, los juegos de niños de la humanidad que tuvieron que dejarse atrás cuando empezó la era de la ciencia”.

No ha variado en lo sustancial la comprensión del hombre en la actualidad. Los más bajos instintos a los que se refiere nuestro protagonista aluden a la sobredimensión del sexo en los años 80 y el sida supuso un duro golpe para la burbuja erótica. Sin embargo, el origen de dicha opción se mantiene: la sobrevaloración del cuerpo sobre la mente y el espíritu, creadores de los valores morales y creativos. El hombre es materia y su materia es el cuerpo, el cerebro se lo dejamos a la IA, nosotros a cultivar el cuerpo. Nuestros héroes son deportistas de élite y confiamos en la ciencia y en el gimnasio, para que nos prolongue una juventud indefinida en la que podamos dedicarnos a consumir, disfrutar y entretenernos, ya que no todo el mundo tiene acceso al dinero y al poder. En tiempos de crisis del estado del bienestar, cuando la precariedad asoma su hosco rostro, la máquina y la desgastada cultura humanista conviven con el barbarismo en la vieja Europa.


Volviendo a la IA, gobiernos, empresas, estudiantes y parte del mundo académico se han apresurado a optimizar en un tiempo récor sus beneficios. ¿Se han beneficiado los trabajadores? La Escuela Haas de Negocios de la Universidad de Berkeley ha concluido en un ensayo que la IA no disminuye el trabajo, sino que lo intensifica. Ya se ha acuñado un término Al Brayn Fry (cerebro frito por la IA) para calificar el estado de niebla mental y falta de concentración de los trabajadores que utilizan esta nueva tecnología.

¿Y los ciudadanos de a pie? ¿Tampoco ellos han sido beneficiados? En muchas ocasiones se les ha dificultado la vida. Cuando quieren aclarar una dificultad en sus innumerables gestiones burocráticas, concretar una cita médica o darse de baja de alguna plataforma, se topan con la IA. Ya se ha puesto en funcionamiento el ingenio popular y así, el otro día, un taxista me comentó que cuando quería hablar con una persona de carne y hueso, a la pregunta de la IA ¿qué quiere usted? respondía: “un bocadillo de calamares”, a la tercera intentona la IA se bloqueaba y le pasaba con un humano. Aún hay esperanza.

MARÍA LUISA MAILLARD



LA MUERTE DEL PENSAMIENTO
ISABEL BANDRÉS

Desde que se anunció que el 29 de noviembre habría elecciones, una poderosa maquinaria propagandística se puso en marcha. Desde todos los medios de comunicación se vomitan slogans y los políticos, cabalgando sobre sus contradicciones, prometen lo imposible: darnos todo lo que queramos, pero no dicen ni el cómo ni el coste. Esta precampaña es altamente decepcionante. Algunos ciudadanos esperábamos que los políticos en liza nos comentasen cómo van a solucionar el problema de la vivienda, de la educación, de la pobreza, del cambio climático, de la carestía de la vida y el cupo catalán. Pero no, van por España mostrándose muy ofendidos con el adversario político, haciendo bastante teatro, y soltando mentiras o medias verdades con gestos de gran convicción y firmeza. Como dijo Groucho Marx: “No importa quién gane las elecciones mientras haya buen espectáculo”. Lo malo es que el espectáculo al que estos días asistimos es deplorable, deberían ensayar más y, de paso, sería bueno que nos proporcionasen datos fiables. Es agotador tener que buscarlos en los informes de la OCDE, del INE y de otros organismos con fama de serios y que no están manejados por el poder.

La filósofa alemana, Hannah Arendt, en su libro Verdad y mentira en la política nos explica que la mentira en política puede convertirse en un elemento sumamente destructor, violenta las conciencias y es muy habitual no solo en regímenes totalitarios, sino también en el llamado mundo libre de las democracias modernas, en las que se produce una imposición ideológica que falsea la realidad para justificar las decisiones adoptadas. En fin, que entre los hechos y lo que dicen, hay que quedarse con los hechos. “Nuestra vida cotidiana —escribe—, siempre está en peligro de ser perforada por mentiras organizadas por grupos, naciones o clases, así como por negaciones o distorsiones, a menudo cuidadosamente encubiertas por montones de falsedades o simplemente dejadas caer en el olvido”. Y añade que muchas veces el mundo político tiende a borrar los límites entre los hechos y las opiniones.

Para que la democracia funcione basémonos en los hechos que no mienten y dejemos las opiniones fuera de la ecuación. Ejemplo: en Barcelona unos chavales muy jóvenes arrasaron tiendas de lujo llevándose todo lo que pudieron y, de paso, incendiaron las calles. Hechos: la policía informa que son jóvenes, muchos de ellos preadolescentes, entre 14 y 16 años, no están ideologizados y reciben órdenes por redes sociales para quedar a una hora y lugar determinado para saquear comercios de lujo. Roban esencialmente tecnología y prendas de vestir caras. “Estamos investigando —dice un policía—, que hay detrás, pero por ahora no sabemos nada más”. Opiniones: en una tertulia televisiva un periodista dice que detrás de estas revueltas está Pedro Sánchez, una activista muy vehemente asegura voz en grito que el responsable es VOX, otra culpa a la extrema izquierda y, además, todos barajan varias posibilidades como la implicación de Rusia, China e Israel. Estas opiniones no se basan en pruebas porque nadie las tiene, pero todos están convencidos de que su opinión es la certera. ¿Por qué? ¿Por su ideología, porque lo barruntan, porque han sentido un tirón en la espalda? Y más tarde, mezclan lo sucedido en Barcelona con otras revueltas, otras manifestaciones y mandan un mensaje que va directamente a manipular al ciudadano. Cuando escribo estas líneas todavía no se sabe quién está detrás de esas redes sociales y a qué obedecen estos hechos.

La clase política y muchos medios de información durante estos días de precampaña juegan más que nunca con nuestras emociones, eso se llama populismo que da paso a la polarización: dos fuerzas enfrentadas sin posibilidad de llegar a acuerdos. Ahora, en nuestro país, sufrimos una fuerte polarización. Estos dos fenómenos, populismo y polarización asfixian a las democracias liberales. Tocqueville, político, y defensor de la democracia liberal en el siglo XIX, escribió: “Es más fácil aceptar una simple mentira que una verdad compleja”. La democracia liberal es compleja y hay que construirla todos los días, pero también es el mejor y más justo de los sistemas.

Esta precampaña electoral está siendo un horror insoportable y no quiero pensar lo que será a partir del día 13 de noviembre que es cuando, en realidad, empieza la campaña. Yo procuraré aislarme: cine, lectura, música y paseos, intentando encontrar un poco de equilibrio y sosiego. No nos volvamos locos y votemos desde la tranquilidad y el sentido común. El voto es un derecho que tenemos los ciudadanos en las democracias. Es, además, intransferible y es solo nuestro. Tenemos que votar libremente a quien queramos o, si nos parece, votar en blanco o nulo. Nadie tiene derecho a manipularnos ni desde las tribunas políticas ni desde los medios de comunicación ni desde el círculo más cercano, la familia y amigos. Huyamos de los populistas y la polarización. No olvidemos que la democracia hay que hacerla día a día y minuto a minuto desde la reflexión serena y desde la verdad.

ISABEL BANDRÉS


IMÁGENES SOBRE LAS MUJERES Y LOS LIBROS
64. MUJERES CON LIBROS PINTADAS POR MATISSE
INÉS ALBERDI

Henri Matisse (1869-1954) es un artista francés enormemente apreciado por el uso del color que hace en sus obras. Fue dibujante, grabador y escultor; pero es como pintor que alcanzó la máxima valoración en su época y se le considera uno de los artistas más importantes del siglo XX.

Matisse estudió los tapices orientales y los panoramas del norte de África que le inspiraron muchas de sus obras. Creó un estilo que ha ejercido una gran influencia sobre la composición moderna. Transformaba todo lo que veía en un diseño decorativo. Utilizaba colores brillantes y dibujaba contornos simples, lo que le proporcionaba mucha fuerza.

Hay una gran cantidad, en sus dibujos y en sus óleos, de retratos de mujeres leyendo, y vamos a mostrar algunos de ellos.

Henri Matisse, Francia, (1869-1954)
Mujer leyendo ante una mesa amarilla, 1944
Annelies Nelk, modelo y asistente del artista

Muchas de sus lectoras se sitúan en habitaciones que parecen definirlas en cuanto a sus gustos y preferencias, por los muebles, las cortinas o las flores que las decoran.

El desayuno, c.1920
Modelo: Antoinette Arnoud
Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos

Mujer leyendo, soñando despierta, 1921
Colección privada

Lectora, 1918
Colección privada

Annelies tulipanes blancos y anémonas, 1944
Modelo: Annelies Nelk
Museo de Arte de Honolulú, Hawái, Estados Unidos

Otras veces son lectoras al aire libre. Unas frente al mar y otras en el campo.

Mademoiselle Matisse con abrigo escocés, 1918
Colección privada

Lectora con sombrilla, 1921
Modelo: Henriette Darricarrère
Galería Tate, Londres, Reino Unido

También encontramos un retrato de tres hermanas que miran el mismo libro.

Las tres hermanas, 1917
Modelos: Loreta, Rosa y María Elena Arpino
Colección Jean Walter-Paul Guillaume
Museo de la Orangerie, París, Francia

Algunas veces, sus lectoras se sientan a la mesa y se acodan en ella para mirar el libro, siempre con colores que las enmarcan.

Mujer leyendo, jarrón con flores, 1922
Modelo: Henriette Darricarrère
Museo de Arte de Baltimore, Maryland, Estados Unidos

Mujer leyendo con melocotones, 1923
Modelo: Henriette Darricarrère
Colección privada

Mujer leyendo en una mesa, 1921
Modelo: Henriette Darricarrère
Museo de Bellas Artes de Berna, Suiza

Matisse también retrató niñas leyendo que aparecen muy serias sobre sus libros.

Interior con una joven leyendo, 1905/1906
Museo de Arte Moderno (MoMA), Nueva York, Estados Unidos
Obra donada por David Rockefeller en 1991

Marguerite, leyendo, 1906
Marguerite Matisse de doce años, la hija del pintor
Museo de Grenoble, Francia

Ya sean modelos pensativos que miran al espectador o lectoras que se afanan sobre el libro, lo más característico de todos estos retratos es la cantidad de colores y las combinaciones, tan originales para su época, que utiliza.

Mujer leyendo, en blanco y amarillo, 1919
Esta pintura formó parte del célebre robo en el Museo Kunsthal de
Róterdam, en 2012, junto a obras de Picasso y Monet. Posteriormente,
la investigación apuntó a que el lienzo pudo ser destruido en una estufa
por la madre de uno de los sospechosos, en Rumanía

Mujer leyendo, 1922
Modelo: Henriette Darricarère
Museo de Arte Moderno de Troyes, Francia

Micaela, vestido amarillo y planta, 1943
Modelo: Micaela Avogrado
Pinacoteca Agnelli, Turín, Italia

Por contraste, algunas de sus obras son monocromas, apoyándose en un solo color. Por ejemplo, tiene una serie de obras en las que va utilizando una amplia gama del mismo color azul desde unas posibilidades casi blancas a unos tonos oscuros casi negros.

Interior, Niza, 1929
Modelo: Antoinette Arnoud
Fundación Barnes, Filadelfia, Estados Unidos

Lectora con vestido violeta, 1898
Museo de Bellas Artes, Reims, Francia

INÉS ALBERDI


MARCELA CONTRERAS
Una mujer cuya trayectoria profesional trasciende el éxito individual
para convertirse en un legado para la humanidad.
CARMEN G. INSAUSTI

Mientras regresaba de Bilbao del Congreso Nacional de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia que se celebra cada octubre en una ciudad del país, reflexionaba sobre qué escribir este mes para el blog: si os contaba algo sobre los múltiples avances científicos y tecnológicos que presentaron diferentes hematólogos españoles y extranjeros, que una vez más demostraron que la hematología española está a la vanguardia mundial en innovación diagnóstica y terapéutica y a nivel de los países más desarrollados del mundo, o si les hablaba de la Dra. Marcela Contreras, nuestra invitada para dictar la conferencia Ciril Rozman que es el máximo honor que otorga el Congreso a un hematólogo extranjero destacado, con aportes científicos de máximo nivel a la especialidad y estrechos vínculos con la comunidad médica española. Una invitada ilustre, cuya vida constituye un ejemplo de excelencia científica, integridad profesional y compromiso con la humanidad, de quien tengo el privilegio de ser su amiga. Sin dudarlo escogí hablar de esta mujer, porque su trayectoria profesional trasciende el éxito individual para convertirse en un legado para la humanidad.

Comencé a escuchar sobre Marcela en 1977 cuando realizaba mis estudios de especialización en Inmunohematología en el National Blood Transfusion Centre en Birmingham, Inglaterra, como hematóloga becada por la Universidad Central de Venezuela, mi país de origen. El primero que me habló de Marcela fue mi jefe el Dr. George W. Bird, figura muy destacada en Inmunohematología con innumerables aportes científicos en el área. Sus primeras palabras las recuerdo como hoy “hay una hematóloga chilena en Londres trabajando como adjunto en transfusión sanguínea en el North London Blood Transfusion Centre, en Edgware, a quien todos valoramos mucho por su inteligencia, dedicación y compromiso. Tienes que conocerla”.

Desde ese momento, con solo 27 años y muy motivada por las palabras del Dr. Bird, comencé a seguir todas sus investigaciones, a leer sus publicaciones y a enterarme de todas sus actividades, en una palabra, la convertí en mi referente profesional. Apenas tuve oportunidad, asistí a sus charlas en Londres, me presenté a ella como una estudiante venezolana, charlé con ella durante largos ratos, le expresé mi admiración y, a pesar de ser yo una simple estudiante, sentí su cariño desde el primer momento y su disposición a ayudarme en todo lo que pudiera necesitar, desde el punto de vista profesional en un país que no era el mío.

Pasaron los años, volví a Venezuela en 1980 a iniciar mi vida profesional. Marcela siguió en Londres cosechando éxitos y viviendo una etapa decisiva de consolidación profesional en el Reino Unido. Así, tras desempeñarse en el North London Blood Transfusion Centre, donde la conocí, pasó a ser Senior Registrar in Haematology en los hospitales St Mary's y Northwick Park de Londres, donde desarrolló una importante actividad investigadora en inmunohematología, con publicaciones sobre antígenos eritrocitarios y sistemas de grupos sanguíneos en revistas científicas internacionales. Dos años más tarde fue nombrada subdirectora y especialista consultora del North London Blood Transfusion Centre y ese mismo año, docente en St Mary's Hospital Medical School, acontecimientos, que, como me comentaría años más tarde, marcaron el inicio de su etapa de liderazgo.

En 1983, siendo yo secretaria de la Sociedad Venezolana de Hematología, la invité al Congreso Venezolano de Hematología que celebramos en Caracas en 1985, para ese momento Marcela ya era directora médica y directora ejecutiva del North London Blood Transfusion Centre, uno de los mayores hitos de su carrera. Aceptó la invitación y viajó a Venezuela con su marido y sus dos hijos. Allí tuvimos oportunidad de consolidar nuestra amistad, conocer a nuestras familias y compartir varias veladas, una de ellas, extraordinaria en todos los sentidos, que aún recuerda, en la casa del entonces presidente de la Sociedad Venezolana de Hematología el Dr. Cruz Quijada Gamboa. Ese año recuerdo que nos contó con mucho orgullo que había logrado convencer al príncipe Carlos de Inglaterra para que asistiera a donar sangre al Banco de Sangre para ayudar a combatir el temor a donar sangre que había durante la crisis del sida. La foto del príncipe Carlos durante la donación de sangre recorrió el mundo y la campaña tuvo un éxito sin precedentes.

La reina Isabel II condecoró a Marcela Contreras
 como Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico,
siendo la primera mujer chilena en conseguirlo

Nos encontramos nuevamente en Londres en 1992, en Cancún en 1994, en Caracas en 1995, en Ámsterdam en 1998, en Canadá en 2000, y en Brasil en 2004, en la celebración de diferentes Congresos de Hematología, donde, a pesar del poco tiempo de que disponíamos en cada encuentro, charlábamos sobre diferentes tópicos, siempre con el mismo cariño y la misma cercanía. Poco le preguntaba yo sobre sus logros porque los conocía al detalle. Sabía que continuaba desarrollando una intensa actividad científica, académica a nivel nacional e internacional, que se había incorporado al MRC Blood Group Unit; había sido reconocida por el Royal College of Pathologists; era asesora de la Organización Mundial, y que desde 1999 ejercía el puesto de Directora Nacional de Diagnóstico, Desarrollo e Investigación del National Blood Service (NBS), además de muchas otras cosas que engrosaban su curriculum. En alguna de nuestras conversaciones me comentó lo difícil que resultaba construir una carrera científica mientras se forma una familia, por los múltiples desafíos y renuncias que implica, lo que yo, por supuesto, no tuve ninguna dificultad en entender.

En 2006 cuando me vine a España y comencé a dedicarme a otras áreas de la hematología, mis viajes al extranjero disminuyeron y con ello las posibilidades de encontrarme con Marcela, aunque nunca dejé de tener noticias de ella. Dos muy importantes fueron en 2007, una en marzo donde se anunciaba su jubilación del servicio público británico, más no de la actividad científica, pues continuaría desarrollando labores académicas, asesorías internacionales y proyectos destinados a mejorar la seguridad transfusional, especialmente en Latinoamérica; y la otra el 28 de noviembre cuando recibió de Su Majestad la Reina Isabel II el título de Dame Commander of the Order of the British Empire, una de las más altas distinciones que concede el Reino Unido a quienes han realizado contribuciones extraordinarias al país y a la humanidad. Como es de suponer, mi alegría fue infinita y así se lo hice saber en mis llamadas.

Ahora, 20 años más tarde, cuando he tenido la oportunidad de compartir con ella largamente porque he sido su anfitriona durante el Congreso, que la he tenido sentada a mi lado con sus 82 años muy bien llevados, con una belleza un poco frágil por la edad, pienso que probablemente nadie imaginó nunca que aquella joven médica chilena que llegó a Inglaterra en 1972, llegaría a convertirse en una de las máximas autoridades mundiales en medicina transfusional.

Pienso que su historia es también la historia del talento que desafía fronteras porque abrirse camino en un sistema de salud distinto, en otro idioma y en una época en que el liderazgo femenino en la ciencia era aún excepcional, tuvo que exigirle una determinación extraordinaria, y que quizás ello la ayudó a construir una carrera de excelencia, sustentada en el conocimiento y la ética profesional.

Durante más de cinco décadas Marcela dedicó su vida al desarrollo de la hematología y de la medicina transfusional. Como Directora Nacional de Diagnóstico, Desarrollo e Investigación del National Blood Service del Reino Unido lideró importantes avances en inmunohematología, terapias celulares y seguridad transfusional, contribuyendo decisivamente a establecer estándares que hoy protegen a millones de pacientes en todo el mundo. Y, aunque el Reino Unido fue el escenario principal de su desarrollo profesional, Marcela nunca olvidó a su querido Chile ni a su amada Latinoamérica. Por el contrario, aún actualmente mantiene una colaboración constante con instituciones académicas y sanitarias de nuestras regiones, convencida de que el conocimiento alcanza su mayor valor cuando se comparte y se pone al servicio de quienes más lo necesitan.

Su producción científica supera varios centenares de publicaciones y capítulos de libros. Ha presidido organizaciones internacionales, asesorado gobiernos, formado generaciones de especialistas y contribuido a definir muchas de las políticas que hoy orientan la medicina transfusional moderna.

Sin embargo, quienes han trabajado a su lado y quienes hemos sido sus amigos profesionales, destacamos en ella algo que no aparece en su impresionante currículum. Es una mujer generosa con su tiempo y con sus conocimientos; una maestra que disfruta formando discípulos más que acumulando reconocimientos; una colega cercana, sencilla y profundamente respetuosa, capaz de escuchar con la misma atención a un joven residente que a un investigador consagrado.

Como ella misma ha reconocido en distintas ocasiones, el equilibrio entre la maternidad y las responsabilidades profesionales le exigió sacrificios personales pero ella, lejos de endurecerse, supo compartir esta experiencia con honestidad para inspirar a muchas mujeres que aspiran desarrollar una carrera en la ciencia sin renunciar a sus proyectos de vida.

Pero quizá el mayor legado de Marcela vive en los millones de pacientes que han recibido transfusiones más seguras gracias a su trabajo; en los profesionales que ha formado con generosidad; en sus amigos colegas a quienes nos ha iluminado con sus conocimientos y en todos quienes entendemos que la excelencia científica solo adquiere pleno sentido cuando se acompaña de humildad, integridad y un profundo compromiso con las personas.

Para nuestro Congreso de Hematología fue un verdadero privilegio contar con la participación de la Dra. Marcela Contreras una de las figuras más influyentes de la hematología y de la medicina transfusional contemporánea. Y, para mí, uno de los momentos más felices y grandiosos de mi vida, pero al mismo tiempo de emoción contenida, fue cuando la escuché decir que seguramente ¡esa sería la última charla de su vida!

CARMEN GARCÍA INSAUSTI
Médico Hematólogo




LA GENTRIFICACIÓN O SU CONTRARIO
 Y LA METRÓPOLI INTERMINABLE
BIENVENIDO PICAZO

El año que viene se cumplirá un siglo del estreno de Metrópolis, impagable película de Fritz Lang; no, no se crean que vengo a hablarles de cine que para eso ya tenemos las valiosas reseñas de Isabel Bandrés.

Desde hace un tiempo, quizá ya mucho, me he dado cuenta de que evito ir al centro de la ciudad; aunque no quiero ahora ponerme melancólico y decir eso tan manido de que nos han cambiado el poblachón manchego que llegamos a conocer cuando entonces. El Madrid del que nos impregnamos en Galdós o en Baroja tuvimos la dicha de patearlo y reconocerlo, hogaño, dudo mucho que quien lea a los clásicos sepa por dónde paseaba Max Estrella o donde estaba ¡y está! la Taberna de Antonio Sánchez. Insisto, no quiero que el otoño me ponga tristón y, ni mucho menos cursi, pero el caso es que las multitudes me empiezan a asustar. Bueno, asustar y desazonar, porque pasear por la calle Preciados y aledaños y sortear guiris y fauna local cuasi en gayumbos, en chancletas y sujetador, mostrando sin recato alguno lorzas y modales selváticos, aderezando todo el cuadro con un grosero muestrario de incalificables tatuajes, no sé a ustedes, pero a mí me da alipori.

Acostumbro a tomar las de Villadiego por la A-3, camino de la planicie y el silencio o de la mar y en los dos peajes que tan amablemente amenizan la calzada veo con horror que hay pisos casi en la propia autopista, me malicio que el día menos pensado los coches pasaremos por debajo de salones, piscinas climatizadas y cocinas integradas. Es Madrid me dicen, que está creciendo hacia allá, pero —pregunto incauto—, ¿no era lo de Madrid Norte/Operación Chamartín? No, no, ¿tampoco lo de la carretera de Extremadura y los cuarteles? Pero ¿entonces?, no, es que Madrid va a llegar a Tarancón. Ah, que es eso; ahora me quedo más tranquilo.

La cosa es que ya oteo la Navidad, bueno, la Navidad no, el festival del consumo y las luces que no muestran, ni tantito así, que estamos en Navidad. Hace décadas que el ayuntamiento no dice esta boca es mía y prefiere escamotear al pueblo el recordatorio de que la Navidad es una celebración principal del calendario litúrgico que nos toca muy de cerca y nos acerca a la infancia. A la nuestra, quiero decir.

Más allá de que Madrid es otra urbe más, que su alma es la de otras mil en todo el orbe, que lo que hacía su esencia era, justamente eso, que era Madrid y no una sucesión de franquicias, tan absorbentes como horteras y chillonas. Los bares, bodegas y tabernas de toda la vida de Dios, ya van siendo lugares en vías de desaparición, ahora todo son locales clónicos con sus refulgentes anglicismos, los que se están enseñoreando de lo que fue Villa y Corte, hoy sólo juntadero de humanoides que van y vienen y compran y afean y fotografían y pasan de todo cuanto de bello todavía atesoran calles, plazas, parques, rincones y ¡el Campo del Moro! Afortunadamente todavía hay espacios donde no han llegado las hordas, ni siquiera las indígenas.

No sé si Lang consultó a arúspices, augures o a algún tarotista con información privilegiada, pero algo me dice que en algún momento pensó que se había pasado de la raya en sus proyecciones. ¡Qué candidez la suya!

Madrid, dicen, va a ser una de las plataformas de correspondencia imprescindibles de las conexiones internacionales; deduzco que esos monstruos deben de llegar a los diez millones de habitantes entre población flotante y residente —resistente. No se me alcanza si todos estamos preparados para soportar las presiones de todo tipo que se nos avecinan: obras interminables, proyectos, ferias de vanidades, circuitos, estadios, multitudes, ruido, eso sí, mucho ruido, en suma, todo menos el individuo que ya quedó recluido en museos y alcanfores.

Resulta cuando menos curioso, ser partícipe de la transubstanciación social en la que nos han metido de hoz y de coz, sobre todo para nuestra generación, la única que ha conocido el arado romano y el microchip en apenas unas décadas.

BIENVENIDO PICAZO


MATEMÁTICAS SIN FIN
LIDIA ANDINO

“La imaginación es más importante que el conocimiento”. Albert Einstein.


¿Qué le dijo el 3 al 30?
Para ser como yo, tienes que ser sincero. 

Hace poco tiempo un profesor de matemáticas de Estados Unidos anunció al mundo que acababa de encontrar el número primo más grande conocido hasta la actualidad. Para tener una idea este número tiene más de diecisiete millones de dígitos; cualquiera de nosotros podría decir que es casi imposible imaginarse un número tan grande y, por otro lado: ¿Qué utilidad podría tener en nuestra vida este dato?

¿Nos haría mejores?

Es bueno saber que toda la tecnología de las matemáticas hasta las ciencias humanas —en la especialidad de psicología—, se benefician cuando aplican esta disciplina para hacer estadística y también se la utiliza en literatura y lingüística. En la Energía Nuclear ya se utiliza todos los días. Los jóvenes no tienen tantos prejuicios como los adultos, pueden preguntarse cualquier tontería con la mayor soltura. Esas tonterías son las más difíciles de contestar. Recuerdo un alumno que le preguntó a su profesor ¿Por qué moja el agua? Para responder, el docente tuvo que continuar investigando.

¿Quién no pensó alguna vez que la ecuación planteada en la pizarra era algo frío, sin sentido e inmediatamente oírle decir: ¡yo las matemáticas no las entiendo!

Hacer ciencia básica, informar, siempre ayuda a ampliar la frontera del conocimiento y nos habla del deseo del ser humano de conquistar lo desconocido, de pesquisar lo ignorado.

Volviendo al epígrafe, el conocimiento es limitado, representa todo lo que ya se ha comprobado, medido y aprehendido en el pasado, sirve para comenzar a escribir sobre un tema específico. Sin embargo, es la imaginación la que le da la posibilidad de ser un buen escritor, ella abarca todo el mundo, permite plantear nuevas hipótesis y hasta concebir realidades que aún no existen.

La imaginación, como motor de la ciencia, no tiene moral, o sea que el método científico describe hechos objetivos sobre cómo funciona la realidad, pero no dicta por sí mismo qué está bien o mal, ni cómo debemos actuar pues la moral depende de la cultura, la época, y la sociedad.

Adrián Paenza, un matemático que actualmente vive en E.E.U.U. y es profesor en la Facultad de Ciencias Exactas de Buenos Aires, publicó en 2019 Matemáticas explícitas donde explica con sencillez la gran importancia de la imaginación.

Por otra parte, el escritor, ensayista y poeta Jorge Luis Borges mantuvo una estrecha relación con las matemáticas, viéndolas no como una ciencia árida, empírica, sino como el producto puro de la imaginación y el pensamiento abstracto; al igual que “la música puede prescindir del universo”.

¿Tú cómo llevas tu obsesión por las matemáticas?

Más o menos igual. ¿Por?

LIDIA ANDINO
Psicoanalista


AMADA LÓPEZ DE MENESES (1906-1976)
MARÍA LUISA MAILLARD

Desde la antigüedad griega, los hombres entendieron que había que reflejar por escrito los sucesos que merecían ser recordados y así surgió la Historia con Heródoto en el siglo V a. C. Fue su sucesor Tucídides quien estableció criterios racionales y metodológicos, eliminando de los sucesos los elementos mitológicos e introduciendo el elemento de la ejemplaridad. Durante muchos siglos la disciplina de la Historia fue cosa de hombres, fueron ellos los que establecieron los sucesos que merecían ser recordados, resaltando el protagonismo de los varones en ellos. Respecto al papel de las mujeres, su mención histórica se redujo durante largo tiempo a su papel de reinas y, posteriormente, de santas. A partir de la Edad Media en los monasterios y en la Corte, algunas mujeres pudieron dedicarse a estudiar y escribir, logrando resultados en algunos casos, excepcionales, pero la Historia era un terreno vedado, aunque hubo algunas excepciones.

El primer precedente conocido es el de Ana Comnena (1083-1153), aún en la estela del Imperio romano de Oriente con su libro Alexiada, una crónica histórica sobre el reinado de su padre. Con posterioridad hay que destacar en España a Leonor López de Córdoba (1362-1430) quien, en su Libro Memorias, relata en el siglo XV y en primera persona las turbulencias políticas de su época. Cómo no mencionar la extensa obra de Christine de Pizán, la autora que inició la denominada Querella de las mujeres (1405) contra los libros misóginos de la época. En el libro mencionado subraya la labor de heroínas del pasado —mitológicas y reales— y, muy atenta a los conflictos políticos de su época, defendió la figura de Juana de Arco y glosó la de Carlos V.

Durante el siglo XVIII y gran parte del XIX, en Francia e Inglaterra las mujeres comenzaron a introducirse en la disciplina histórica con autoras como Marie Roland, Germaine de Staël, Lucy Hutchinson o Ann Franshawe, pero no fueron incluidas en el género historiográfico y sus escritos fueron relegados al cajón de sastre de géneros literarios menores. Los hombres controlaban la Academia. Deberemos esperar al siglo XX para que la mujer brillase con luz propia en el terreno de la historiografía y que en España una mujer Mercedes Gaibrois Ballesteros ocupase un sillón en la Real Academia de la Historia en1935, al haber recibido el Premio Duque de Alba por su libro Historia del reinado de Sancho IV de Castilla (1922-1928).

Hoy vamos a dedicar nuestro apartado a otra insigne pionera, la historiadora española Amada López de Meneses. No sólo fue una de las primeras mujeres en una disciplina que enriqueció con su excelencia, sino que desarrolló su vocación en unas circunstancias extremadamente difíciles, a las que se enfrentó con valentía, tenacidad y una cierta impertinencia —dadas las circunstancias—, fruto de su temperamento franco y combativo. Desde fecha temprana fue reconocida entre los expertos por sus trabajos sobre la historia de los gitanos, las consecuencias de la peste negra en Cataluña y los descendientes de Moztezuma, entre otras investigaciones relevantes, realizadas principalmente en los archivos de Salamanca y de la Corona de Aragón.

Poco se sabía de su vida e incluso había vacilaciones sobre la fecha y el lugar de su nacimiento, hasta que el profesor de Oviedo Pablo Huerga Melcón, publicó un artículo en el año 2025 en la revista ILULL en el que, siendo fiel a la minuciosa trayectoria investigadora de Amada López, trabajó directamente en fuentes archivísticas y notariales. Entre otras perlas, encontró en el AGA (Archivo General de la Administración) un documento biográfico de once páginas escrito por la propia autora: “Declaración jurada de Amada López Meneses” que formaba parte de los documentos del Expediente de Depuración, al que recurrió la historiadora en 1953 para poder acceder a una plaza en un Instituto de Secundaria y al que nos referiremos en varias ocasiones.

Amada López de Meneses nació en Casares (Lugo) el 30 de junio de 1906. Sus progenitores, ambos pequeños propietarios, fueron Octavio López y María Meneses. El padre falleció cuando la niña contaba dos años de edad y su infancia se desarrolló en un mundo de mujeres, su madre, su hermana y su abuela paterna. La ausencia de hombres en la familia propició, según palabras de nuestra protagonista, que la política nunca formase parte de su vida, así como tampoco la lucha libre o el rugby, agregaba con sorna. Tampoco participó nunca en manifestaciones políticas porque ella no tenía un espíritu gregario y nunca le gustaron “esos rebaños humanos”.

En 1923 obtiene el grado de bachiller en el Instituto de Lugo con matrícula de honor en todas las asignaturas y se traslada a Madrid para cursar la carrera de Filosofía y Letras, residiendo en la Cuesta de Santo Domingo, 5, probablemente en una casa de su familia. En 1931 supera los ejercicios del grado para obtener el título de licenciada en Filosofía y Letras, sección Historia, también con la calificación de Sobresaliente y solicita una beca de la JAE (Junta de Ampliación de Estudios), para investigar en los archivos de Versalles, Chantilly y Fontainebleau. Le es concedida una estancia de dos meses que ella prolonga a siete, vendiendo un mantón de Manila y algunas joyas de la familia, hasta que consigue una plaza de Lengua Española en La Escuela Normal Superior Fontenay-aux-Roses.

A su vuelta a España, transcurre una etapa de su vida en la que desarrolla todas las inquietudes de su curiosidad juvenil. Sin abandonar la investigación en la Biblioteca Nacional de Madrid y en los archivos de Salamanca y Viena, trabaja como profesora en los Institutos Calderón de la Barca y Quevedo —este último destruido durante la Guerra Civil—, viaja, visita el Museo Británico, La Exposición Internacional de Barcelona, las ruinas de Sagunto, asiste a la ópera en las Termas de Caracalla, a La Semana Santa de Sevilla y al Carnaval de Niza. Establece relaciones con profesionales que valoraban su trabajo, comienza a publicar en prestigiosas revistas y, según sus propias palabras “El 18 de julio de 1936 era bien conocida en el mundo cultural madrileño”.

Precisamente el 18 de julio de 1936 da comienzo su largo calvario que durará la friolera de 20 años. Una mujer como ella independiente, franca, apolítica y de gran personalidad, era un pasto propicio en un país dividido en dos bloques ideológicos antagónicos que exigían adulación incondicional. Según sus propias palabras: “Yo no podía elevarme como hacen otros, a fuerza de arrastrarme, a fuerza de ir dejando una inmunda baba como hacen los caracoles”. En consecuencia, fue perseguida por el gobierno republicano y por el franquismo posterior.

En Madrid es acusada de “enlace fascista”. Los cargos aducidos fueron haber intentado visitar a un preso del Convento de San Antón, amigo de la familia; estar suscrita al ABC y tener carnet del Casino de Madrid. Decide trasladarse con su madre a Barcelona y en Atocha los milicianos les requisan las joyas y valiosos documentos. Al llegar a la ciudad y cuando estaba gestionando su entrada en el Instituto Escuela, es de nuevo acusada. Los cargos ahora eran por “oír radios facciosas” —no tenía radio, ya se la habían requisado en Madrid—, y por haber realizado actividades con la Falange en La Coruña, cuando ni siquiera sabía de su existencia. La incluyen en la lista negra de Institutos y de Enseñanza primaria y le vedan el acceso a la Asistencia Social. Según sus propias palabras: “nos alimentábamos con mondas de naranjas y yerbas cocidas. No me quedaba otro camino que el estropajo, el fogón y la escoba”.

No mejoraron las cosas al finalizar la guerra ya que fue incluida en la purga de funcionarios para acceder a nuevas oposiciones. De nada sirvieron sus reclamaciones para recuperar sus derechos e intentó vivir de las escasas rentas que le quedaban, después de que algunas de sus posesiones heredadas, entre ellas una quinta en el campo, hubiese sido ocupada y devastada durante la guerra y la vivienda que poseía en Barcelona, arrendada sin su consentimiento y la orden de desahucio desestimada. Aun así, continuó investigando sobre los siglos XIV y XVI, escribiendo en prestigiosas revistas españolas y extranjeras. En 1942 obtuvo el reconocimiento de su tierra natal, siendo admitida en la Real Academia Gallega. Finalmente, su expediente de depuración, desestimado en primera instancia fue aprobado en 1954 y el 7 de diciembre de 1955 ingresó en el cuerpo de profesorado adjunto de Institutos, con destino primero en Barcelona y al año siguiente en Bilbao.

El calvario de casi 20 años había finalizado, gracias a su perseverancia y la excelencia de su labor como investigadora, reconocida en España y Europa, como lo prueban algunos de los nombres que avalaron sus reclamaciones como los insignes historiadores Georges Bataillon, Mercedes Gaibrois; y las publicaciones en las que colaboró: Boletín de la Real Academia de la Historia, Hispania, Revista de Indias, Instituto de Historia de Buenos Aires, Revue Historique de Burdeos, Bulletin Hispanique, Estudios de la Edad Media Aragonesa y Revista de la Universidad de Zaragoza.

Entre los más de cincuenta artículos y textos publicados, destacamos: El oratorio del Caballero de Gracia (1931), Ilustres viajeros que en 1925-1926 visitan Barcelona (1935), Un rey de Oriente en Segovia (1948), Documentos culturales de Pedro el Ceremonioso (1952), El primer regreso de Hernán Cortés a España (1954), Una consecuencia de la peste negra en Cataluña (1959) y La emigración gitana en el siglo XV (1968).

Amada López de Meneses falleció en Barcelona en 1976. Vaya desde aquí nuestro homenaje a una mujer pionera que se abrió paso en un mundo de hombres y que se enfrentó con valentía al arribismo, la maldad y la estupidez humana de una guerra fratricida, con la única bandera de su excelencia intelectual.

MARÍA LUISA MAILLARD



RAFAEL AZCONA
ISABEL BANDRÉS

Celebramos el centenario del que fue un guionista magnífico. Su filmografía incluye obras maestras como El verdugo, El cochecito, Plácido, ¡Ay, Carmela!, Belle Époque y Peppemint frappé. Fueron muchos los actores que protagonizaron sus guiones: Marcello Mastroianni, Catherine Deneuve, Claudia Cardinale, Michel Piccoli, José Luis López Vázquez, Mary Carrillo, Pepe Isbert… Trabajó para directores como Berlanga, Marco Ferreri, Carlos Saura, García Sánchez, José Luis Cuerda, Fernando Trueba, Bigas Luna, Mario Camus… Obtuvo siete premios Goya, aunque solo recogió personalmente uno, el Goya de Honor. Fueron muchos los reconocimientos recibidos por su obra. Uno de ellos, fue el Oscar por la película Belle Époque dirigida por Trueba del que era amigo.

Cuando comienza su andadura en el cine, el régimen franquista estaba en pleno apogeo. Algunas de sus obras fueron censuradas, como El verdugo y El cochecito de las que hubo que cambiar algunas escenas.

Azcona nace en Logroño el 24 de octubre de 1926. Su padre era un humilde sastre. De joven trabajó como barman, mancebo en una farmacia, empleado de una juguetería… Le gustaba escribir y fue autodidacta. Se instaló en Madrid y contactó con Mingote que le abrió las puertas de la famosa revista La codorniz. Odiaba exhibirse y según cuenta Trueba: “Le hubiera gustado ser invisible”. Muere en 2011 a los 81 años de un cáncer de pulmón. Dejó una obra inmensa no solo en cantidad sino también en calidad. Retrató a la sociedad española de la época con humor negro y, al mismo tiempo, con una gran humanidad.


JÓVENES VIOLENTOS

Un policía comentaba en televisión su sorpresa al ver la chulería, la falta de respeto y la carencia de humanidad que mostraban los jóvenes, casi niños, en Barcelona, cuando tomaron las calles y reventaron los comercios. Este hecho se está dando en toda Europa. ¿Qué ha pasado para que muchos jóvenes muestren esa falta de valores? Unos apuntan a una sociedad en la que se prioriza el consumo, los modelos a seguir son los influencers, la calidad de la educación es nefasta y los valores como el respeto, el esfuerzo, la empatía, la honradez y la responsabilidad son ignorados. Entre los jóvenes prima la intolerancia a la frustración, la compulsión de obtener lo que se anhela de forma inmediata y la falta de disciplina. Esta falta de valores crea lo que algunos llaman “identidades huecas”, personas que no tienen metas realizables y carecen de herramientas internas para poder forjar una identidad propia. Se refugian en el grupo para sentirse vivos e importantes. A los políticos les interesa que no desarrollen personalidades individuales fuertes y con pensamiento propio para poder manejarlos con facilidad. Pero hay un inconveniente, los grupos se fortalecen y provocan el caos por el caos que debilita a las democracias liberales. Los jóvenes abrazan el nihilismo, el nada importa, hacen lo que las redes virtuales les ordena porque les divierte, escapan un rato de su vacío interior y el grupo les da la identidad que individualmente no tienen.

EL EJEMPLO DE LA CIUDADANÍA Y LA ESPERANZA

El 28 de octubre dos trenes tuvieron un accidente en el que fallecieron unas 69 personas y fueron hospitalizadas 107 con diferentes grados de gravedad. Las imágenes de la televisión nos mostraron el horror del accidente y la sociedad española quedó conmocionada, pero no paralizada. Los habitantes de Urda (Toledo) acudieron a atender a los heridos con medicinas, comida, ropa y consuelo. Su generosidad, como toda que es auténtica, no tuvo cálculo solo entrega desinteresada. Miles de ciudadanos fueron con urgencia para donar sangre en Castilla-La Mancha, Madrid y otras comunidades de España. Fue la respuesta tan masiva que se tuvieron que retrasar las donaciones para fechas posteriores. Los médicos madrileños han suspendidos las jornadas de huelga previstas para el día 29 y 30 de octubre, ante “la magnitud del accidente ferroviario ocurrido en Urda, por respeto a las víctimas y sus familias” y los docentes madrileños cancelaron las movilizaciones de esta semana “como gesto solidario con las víctimas”.

Una vez más, el pueblo español se movilizó espontáneamente ante la desgracia ajena. Lo hizo en Adamuz (Córdoba) y en la Dana de Valencia. Nuestra sociedad, sometida a la crispación y división política, olvida la capacidad que tiene cuando se une ante la adversidad y ese debe ser nuestro orgullo y nuestra esperanza.

ISABEL BANDRÉS



CENTENARIO DEL NATALICIO DE MICHEL FOUCAULT

ROSARIO HERRERA GUIDO

“Lo propio del saber

no es ni ver ni demostrar,

sino interpretar”. Las palabras y las cosas, Michel Foucault (1966)

 

En el Centenario del Natalicio de Michel Foucault (Poitiers, 15 de octubre de 1926-París, 25 de junio de 1984), el reconocido filósofo, sociólogo, historiador y psicólogo francés, profesor en universidades francesas y estadounidenses, catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984), quien llega a ocupar la cátedra de Historia del pensamiento filosófico a la muerte de Jean Hippolyte y a influir en destacadas personalidades de las ciencias sociales y las humanidades, por sus estudios críticos a las disciplinas e instituciones sociales, como la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, el sistema carcelario, el poder y sus relaciones con el saber, que abrieron un debate mundial para el siglo XX y los tiempos por venir, nada como recordarlo con unas seleccionadas y modestas líneas dictadas y posteriormente  publicadas para la apertura del XIII Congreso Nacional de Filosofía, AFM-UMNSH, Morelia, 14 al 18 de noviembre de 2005: “Michel Foucault y el saber filosófico como diagnóstico y actividad”.

Para aproximarme al saber filosófico, es necesario extraer algunas conclusiones de La arqueología del saber de Michel Foucault. Pues para Foucault, en primer lugar, en el “saber” debemos colocar la historia natural, la gramática general, la medicina clínica, la economía política, etc. El objeto de la arqueología, el saber, no es sólo la contrapartida de una disciplina institucionalizada, ni el esbozo de una ciencia futura, tampoco precede a una ciencia ni es una alternativa.

Porque el saber sólo se entiende a partir de las delimitaciones de y de las relaciones entre: 1) lo que se puede hablar en una práctica discursiva (el dominio de los objetos); 2) el espacio en el que el sujeto puede ubicarse para hablar de los objetos (las posiciones subjetivas); 3) el campo de coordinación y subordinación de los enunciados en el que los conceptos aparecen, son definidos, se aplican y se transforman y 4) las posibilidades de utilización y apropiación de los discursos. En palabras de Foucault: “En fin, la arqueología no trata de restituir lo que ha podido ser pensado, querido, encarado, experimentado, deseado por los hombres en el instante mismo en que proferían el discurso; no se propone recoger ese núcleo fugitivo en el que el autor y la obra intercambian su identidad; en el pensamiento se mantiene aún lo más cerca de sí, en la forma no alterada todavía del mismo, y donde el lenguaje no se ha desplegado todavía en la disposición espacial y sucesiva del discurso (...) no intenta repetir lo que ha sido dicho incorporándosele en su misma identidad. No pretende eclipsarse ella misma en la modestia ambigua de una lectura que dejase tornar, en su pureza, la luz lejana, precaria, casi desvanecida del origen. No es nada más y ninguna otra cosa que una reescritura, es decir en la forma mantenida de la exterioridad, una transformación pautada de lo que ha sido y ha escrito. No es vuelta al secreto mismo del origen, es la descripción sistemática de un discurso-objeto” (Foucault, La arqueología del saber, México, Siglo XXI, 1988: 235).

El saber es el conjunto formado a partir del sistema de positividad y manifestado en la unidad de una formación discursiva. El saber no es una suma de conocimientos, de los que siempre se puede decir que son verdaderos o falsos, exactos o inexactos, definidos o indefinidos, coherentes o contradictorios. El saber es el conjunto de los elementos (objetos, tipos de formulación, conceptos y elecciones teóricas) formados a partir de una única positividad, en el campo de una formación discursiva unitaria. Mientras la filosofía, a partir de Hegel trató de ser un pensamiento de la totalidad, Michel Foucault, con la arqueología y la genealogía, se propuso pensar el saber y el poder sin referirlos a una forma de totalidad. Donde la formación discursiva no es una totalidad en desarrollo, sino un campo en el que se alojan lagunas, ausencias y límites. Entendiendo por formación discursiva un conjunto de reglas anónimas, inconscientes, históricas, que definen una época dada y un área social, económica, geográfica o lingüística, es decir, las condiciones de ejercicio de la función enunciativa.

Para Foucault, la tarea no consiste en describir enunciados cual totalidades cerradas y menos llenas de significación, sino como una figura desgarrada. Lo advierte Foucault: “[...] la filosofía que busca pensar la totalidad podría perfectamente no ser sino una de las formas posibles de la filosofía, una de las formas posibles que ha sido efectivamente el camino maestro del pensamiento filosófico del último siglo, después de Hegel; pero, después de todo, nosotros podríamos pensar perfectamente hoy que la filosofía no consiste en esto. Yo señalaría que antes de Hegel la filosofía no disponía necesariamente de esta pretensión de totalidad [...] la filosofía del siglo XX está por cambiar de naturaleza, no sólo en el sentido de que se limita o se circunscribe, sino también en el sentido de que se relativiza. En el fondo, ¿qué significa hoy hacer filosofía? No constituir un discurso sobre la totalidad, un discurso en el cual esté retomada la totalidad del mundo, sino más bien ejercer en realidad una determinada actividad, una determinada forma de actividad” (Foucault, Dits et écrits 1, París, Gallimard, 1994: 611-612).

Hombre preocupado de Delos, s.II-I a.C.
Museo Arqueológico Nacional de Atenas

La historia de la filosofía nos muestra una multiplicidad de filosofías que ni por su vocabulario y conceptos, ni por su estilo o sus métodos, ni por sus finalidades pueden reunirse bajo un concepto único. A ello debemos agregar que algunos filósofos han negado hacer filosofía: Nietzsche, Bataille, Zambrano, Foucault, Piolet o el controvertido Cioran. Recordemos que cuando Foucault afirma que es probable que lo que hace tenga qué ver con la filosofía, lo dice en función de que después de Nietzsche la filosofía tiene como tarea diagnosticar, en lugar de tratar de decir una verdad que pueda valer para todos y para todos los tiempos. Por ello insiste Foucault en que trata de realizar el diagnóstico del presente, decir lo que nosotros somos hoy y lo que significa hoy, decir lo que somos. Desde Nietzsche, esta labor de excavación es la que caracteriza al pensamiento contemporáneo.

Considerando el contexto de las filosofías del sujeto en el que se formó Foucault (fenomenología, existencialismo y marxismo), desde luego que queda fuera de la filosofía. Pero de ello se puede extraer una conclusión positiva: la no-pertenencia a la filosofía en realidad introduce un cambio en el saber filosófico mismo. La gran época en la que la filosofía debía decir lo que era la vida, la muerte, la libertad, y hasta si Dios existía o no, parece haber sufrido una discontinuidad, lo que conduce a una filosofía que se conjuga en plural. Esto no significa la muerte de la filosofía sino su enriquecimiento en la diversidad. Y es gracias a esta diversidad que la filosofía no ha encontrado su filósofo único ni su saber unitario.

A la filosofía de hoy se la puede identificar como una actividad diseminada en otros dominios (las matemáticas, la lingüística, la etnología, etc.), como una filosofía autónoma cual diagnóstico del presente en relación al pasado, pero tendiente a la actividad. Tal vez esta última sea hoy la tarea que consideran prioritaria muchos filósofos; una labor que se inscribe en una “ontología del presente”, que se remonta a Kant. Porque diagnosticar es pensar de otra manera.

¿Qué es la filosofía? Una manera de reflexionar no tanto sobre lo que es verdadero o lo que es falso, sino sobre la relación que mantenemos con la verdad. Por ello no hay filosofía soberana sino filosofía en movimiento, a través de la que tratamos de distanciarnos de las verdades adquiridas, para buscar otras formas de pensar y ser, para elaborar otras formas de subjetivación, nuevas prácticas de sí, a través de un éthos.

Por ello Foucault toma la Modernidad como una actitud, como un éthos, en el sentido griego, como una elección voluntaria de una manera de pensar, sentir, obrar, conducirse, como una huella de pertenencia y como una tarea. Una actitud que puede ser negativa, porque se trata de evitar el chantaje de la Ilustración (Aufklärung), la mirada clara y distinta de la realidad, pero no una actitud simplista de aceptación o rechazo, sino a través del análisis de nosotros mismos, como históricamente determinados por la Ilustración. Una actitud que puede ser positiva, como crítica práctica, más allá de la crítica kantiana (preocupada por los límites del conocimiento que no debía superar), para acceder a una “ontología del presente” como una crítica de la posible superación del límite.

En consecuencia, la filosofía es un esfuerzo por comenzar y recomenzar, ensayar y equivocarse, reconocer y aceptar titubear, pero sobre todo sostenerse en la inquietud. Y el diagnóstico de nuestro tiempo debe estar enmarcado en la postmodernidad, en el desengaño o la  posibilidad de retomar la filosofía moderna, tomando en cuenta  nuestra condición humana, para poder responder a los problemas que se plantea una filosofía práctica, que no sólo diagnostique sino que proponga un pensamiento activo, en un mundo en el que es imperioso tener respuestas realizables para la convivencia humana, la sociedad laica y multicultural, frente al imperialismo y el terrorismo globalizados, ante los conflictos étnicos y religiosos, así como los problemas que enfrenta la tecnología, la medicina, la ingeniería genética, la opresión en todas sus formas, la discriminación de los diferentes, el hambre mundial, la descomposición moral de la sociedad, el deterioro de la democracia, la incipiente educación, la explotación inicua bajo la perspectiva neoliberal, imperialista y colonialista, la vejación de los derechos humanos, el descrédito de los valores y la política, además de los graves problemas ambientales que nos colocan al filo de la lenta agonía de la Tierra.

*Fragmento corregido y aumentado de la Conferencia “Tres bocetos sobre el saber filosófico”, Jorge Martínez y Aura Ponce de León (coors.), El saber filosófico, Siglo XXI-AFM, México, 2007, t. 1.

ROSARIO HERRERA GUIDO

ASUNCIÓN VALDÉS, PREMIO A LA TRAYECTORIA PROFESIONAL DEL CLUB INTERNACIONAL 
DE PRENSA

Nuestra colaboradora, Asunción Valdés, periodista, politóloga y máster por el Colegio de Europa, recibió el pasado 24 de septiembre, en el Pabellón de los Jardines de Cecilio Rodríguez del Parque del Retiro de Madrid, el Premio a la Trayectoria Profesional 2026 del Club Internacional de Prensa (CIP), lugar de encuentro de periodistas españoles y extranjeros en la capital de España con más de medio siglo de vida.

El jurado reconoció en la premiada “la excelencia en la práctica del periodismo, su compromiso ético y su gran profesionalidad en todos los ámbitos de su labor profesional como periodista de prensa, radio y televisión, desde las corresponsalías de Bonn y Bruselas, el Parlamento Europeo y la Casa Real.” La presidenta del CIP, la periodista y comunicadora Elisa Loncán lo resumió así: “Seguramente la mujer con el mejor currículo periodístico de España”.

En sus palabras de agradecimiento, Asunción Valdés Nicolau valoró especialmente el galardón por lo importante que es “que en tiempos de tribulación haya lugares para el diálogo y la concordia, como propicia el Club Internacional de Prensa y la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera, esta última fundada en 1923”. La ACPE, que contó entre sus prestigiosos asociados con Ernest Hemingway, entregó en la misma ceremonia sus premios anuales.

Loncán destacó el carácter pionero de Asunción al haber sido la primera directora de un telediario en Televisión Española en 1983; la primera en dirigir la Oficina del Parlamento Europeo en España en 1986 y la primera mujer alto cargo en la Jefatura del Estado al ser nombrada por el Rey Juan Carlos jefa de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Casa Real, en 1993, con nivel de directora general.

Valdés subrayó el talante innovador del soberano, que pilotó la Transición de la dictadura a la democracia, por confiar en una periodista. Asimismo, añadió el mérito para España que supuso que una mujer ganara el concurso-oposición para dirigir la representación de la Eurocámara en Madrid, pues fue la primera señora entre sus colegas del resto de países miembros de la Unión Europea.

La galardonada subrayó el papel fundamental de los medios informativos en las sociedades democráticas: “Los periodistas somos los depositarios del derecho de la ciudadanía a recibir información veraz y contrastada, según el artículo 20 de nuestra Constitución”. “Por eso, la mejor vacuna frente a los bulos es la prensa de calidad”.

Respecto a la disrupción digital que ha puesto en cuestión el modelo de negocio de los medios de comunicación, Valdés animó a los periodistas a no temer a la Inteligencia Artificial. “La IA nunca generará noticias, porque la noticia es lo nuevo, la novedad que descubre y confirma el periodista tras el debido contraste de hechos con fuentes”.

El anterior presidente del CIP, el periodista y cineasta Javier Martín Dominguez, entregó el Premio al Mejor Corresponsal Español a todos los corresponsales de El País, representados en Ramón Vilaró, quien desde Bruselas publicó en portada, el día de la aparición del diario hace cincuenta años, su exclusiva: España no entraría en la entonces Comunidad Europea, mientras no se reconocieran los partidos políticos.

Los otros premios fueron: el Internacional de Fotografía a Pío Cabanillas, el de Mejor Corresponsal Extranjera en España a la mexicana Patricia Alvarado, y el de Proyección Internacional al Círculo de Orellana, que recibió su fundadora y presidenta Leticia Espinosa de los Monteros, por su ciclo de conferencias “Españolas e hispanas por descubrir”.


LA VERSATILIDAD DEL PERIODISMO Y LA COMUNICACIÓN

Asunción Valdés manifestó que el Periodismo le había dado mucha versatilidad. Prueba de ello es que había tenido la suerte de trabajar con los premiados y directivos. En su etapa de corresponsal de Radio Nacional de España, con Elisa Loncán, en la sede central, y Javier Martín Domínguez en la corresponsalía de Nueva York. Con Ramón Vilaró, coincidió en el equipo fundador de El País. En su etapa en el Palacio de la Zarzuela, Patricia Alvarado trabajaba para Televisa cubriendo las actividades de la Familia Real. Fue en ese periodo de comunicación institucional, cuando Asunción también colaboró con Pío Cabanillas, como ministro-portavoz del Gobierno.

Respecto al Premio a la Proyección Internacional, Valdés dijo con sentido del humor que Leticia Espinosa de los Monteros fue la “culpable” de su libro: REVIVIR, La nueva Carmen de Burgos”. En 2018 pronunció una conferencia en el ciclo “Españolas por descubrir” sobre la maestra, periodista y escritora almeriense, que luego se convirtió en una exhaustiva biografía, editada por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert (Alicante, 2022).

Ofició de presentador del acto el periodista de largo recorrido José Antonio Vera, actual director de Publicaciones de La Razón. El que fuera presidente de la Agencia Efe ironizó con la frase que le había pronunciado Asunción antes del acto: “Los periodistas no se jubilan”. En efecto, la premiada sigue escribiendo para Prensa Ibérica, grupo del que fue directora general de Relaciones Externas, y en uno de cuyos veintiséis periódicos, el Información de Alicante, empezó a trabajar en 1972.

Al finalizar el acto, hubo un vino de honor entre periodistas, autoridades y patrocinadores. Magnífica oportunidad para saludar a numerosos amigos y comentar una de las anécdotas de la velada: en su alocución, Asunción Valdés manifestó que “los maridos deberían recibir un premio a la paciencia por las horas que dedicamos al trabajo”, dirigiéndose al suyo, Emiliano Sanz, presente en la ceremonia. Más de un cónyuge se dirigió a la periodista y escritora para celebrar su idea.


La voz quebrada, el documental dirigido por Manuel Menchón, se aproxima a la intimidad de Federico García Lorca más allá de su reconocimiento como poeta universal y de las circunstancias de su asesinato en Granada durante los primeros días de la Guerra Civil. La narración busca recuperar la dimensión humana de una figura histórica cuya vida estuvo marcada también por el amor, el deseo y las dificultades para expresarlo libremente y utiliza la documentación cedida por su último amante, Juan Ramírez de Lucas, para que se diese a conocer después de su muerte acontecida en 2010 a los 93 años.

En el verano de 1936, Federico García Lorca y el jovencísimo Juan Ramírez de Lucas proyectaban irse a México y empezar una nueva vida. Aquel viaje nunca llegó a producirse porque Juan Ramírez de Lucas era menor de edad, le faltaban unos meses y necesitaba el permiso de su padre que se lo negó porque no aprobaba esa relación. Lorca no quiso viajar solo y fue asesinado en Granada el 18 de agosto de 1936. El documental de Menchón, además, nos deja imágenes de archivo de una España y un Berlín terribles que nos producen una sensación de honda tristeza por la división y el odio que existió entre nosotros. En noventa años, ¿no hemos aprendido nada?

La voz quebrada logra mantener juntos dos niveles: la fragilidad de dos personas que se aman y la violencia de una época convulsa en nuestro país y en Europa. Nos muestra el desamparo de una pareja, pero también el desamparo de todos ante el enfrentamiento de una guerra fratricida y el odio al que es diferente.

Para abordar esta dimensión personal, Manuel Menchón combina el documental tradicional con elementos de reconstrucción cinematográfica. Este formato híbrido nos acerca, a través de los testimonios y de la evocación de los acontecimientos, a un Lorca intimista que hace crecer nuestra admiración por él y una gran tristeza por lo que ya sabíamos, su muerte. Saber el final hace la narración más conmovedora y más cercana y, al mismo tiempo, nos hace ansiar profundamente lo imposible: que desaparezcan aquellos hechos terribles.

La narración nos conmociona íntimamente. La visión de dos amantes ante un entorno feroz y la fatalidad, presente durante los últimos meses de su vida juntos, nos desarman emocionalmente. Las imágenes de Lorca en movimiento contienen algo perturbador. La soledad en que queda Juan Ramírez de Lucas (excelente Francisco Carril) que nunca se recuperó de la perdida de Lorca y de un cierto sentimiento de culpa, contiene una emoción que nos quiebra.

Manchón trabajó durante cuatro años para recopilar y dar forma a este magnífico y sensible documental que recupera al Lorca enamorado y más humano. Juan Ramírez de Lucas tuvo que sobrevivir obligado a ocultar su amor y silenciar su vida hasta que, tras su muerte, se dio a conocer su historia como había deseado. La narración que carece de solemnidad y se envuelve en la sencillez y en la intimidad, nos lleva a un sentimiento de cercanía y de tristeza por estos dos hombres que tanto se amaron.

Documental muy recomendable. Sumamente sensible, pero sin un gramo de sensiblería. Nos llega a lo más hondo y hace que días después de haberla visto sintamos a Lorca y a Ramírez de Lucas como a dos amigos cercanos y deseando que se hubiesen ido a México.

ISABEL BANDRÉS





Se abre la película con la imagen de un pueblo entero reunido brazo en alto, saludo fascista, esperando que pasen los aviones de Mussolini para darles la bienvenida con una destartalada orquesta. Sin embargo, la aviación amiga los bombardea dejando asombro, muertos y heridos. Es, junto con la escena del niño al que se le corrige el saludo franquista, un momento tragicómico impactante. La narración sucede en tres tiempos distintos: 1932, 1937 y 2017.

En la primera parte, se nos habla de la represión de la sociedad española contra la homosexualidad durante la República, y se basa en el texto inacabado de Lorca, solo dejó cuatro folios escritos debido a su asesinato en agosto de 1936. Su argumento que se conoce gracias a las cartas que Lorca envió a sus amigos y que sirvió de base a la obra teatral La piedra oscura de Alberto Conejero. La obra de Conejero fue el motivo para narrar la historia de Carlos (Milo Quiles), un hombre joven y homosexual, que es rechazado como socio del casino de Granada mediante un sistema de votación secreta con bolas blancas y negras por su orientación sexual.

La segunda historia, los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrosi) la sitúan en plena Guerra Civil, 1937. Nos narra el encuentro de un soldado franquista, Sebastián, (un excelente Guitarricadelafuente) con un prisionero republicano, Rafael Rodríguez Rapún (Miguel Bernardeau) que fue pareja de Lorca. La Guerra Civil, no es el tema, es el escenario. Nos narra el amor intenso entre dos hombres: Sebastián y Rafael pertenecientes a bandos diferentes y, por lo tanto, a ideologías opuestas. Un amor prohibido y un deseo reprimido por una sociedad rígida que castigaba cualquier deseo sexual que se saliese de la heterosexualidad. Parece ser que los Javis se inspiraron en el magnífico libro A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales para huir de partidismos y centrar su guion en el sufrimiento humano independientemente de las ideologías.

La tercera y última parte sucede en 2017, Alberto (Carlos González) es un autor teatral y homosexual que vive abiertamente con su pareja y que a pesar de las reticencias de su madre (inmensa Lola Dueñas), investiga el pasado de su abuelo, Sebastián, recién fallecido, que le deja en herencia, entre otras cosas, las páginas “perdidas”, que nunca se escribieron, de la obra inacabada de Lorca. Y aquí está la trampa que atraviesa la película y que hay que remarcar para no caer en la confusión: la obra inacabada de Lorca fue eso, inacabada. Se nos cuenta el descubrimiento por parte del protagonista de una obra que no existió y que Sebastián, poseedor de ella, dejó en herencia a su nieto. Me resultó confusa e incómoda por la obsesión de Alberto con el manuscrito heredado y la necesidad que tiene de darlo a conocer a todo el mundo. He de decir lo mucho que me molesta que, en las recreaciones narrativas (cine, teatro o novela), se camufle la verdad de lo que realmente sucedió. Esta obra no necesitaba recurrir a esas tretas.

La película goza de una gran creatividad, contiene imágenes de una gran belleza plástica y tiene logros muy brillantes en el plano narrativo. Pero también es apabullante y excesiva. Tuve la sensación que me era imposible digerir todo lo que veía. Por otra parte, tiene una duración desmesurada para lo que nos cuenta. Hay demasiados subrayados y algunas escenas que nada aportan al tema central, como la aparición de Penélope Cruz.

La bola negra es una película importante, ha levantado muchas opiniones, ha generado muchas expectativas, ha obtenido una asistencia de público enorme y tiene una gran originalidad narrativa, pero, para mi gusto, le sobra ampulosidad y redundancia. Yo creo que, en el cine, como en casi todo, menos es más y La bola negra, en algunos momentos, me ha resultado demasiado.

ISABEL BANDRÉS