sábado, 1 de junio de 2024



FELIPE VEGA FIRMARÁ SU LIBRO VIDA DE NATALIA GINZBURG, Nº 44 DE NUESTRA COLECCIÓN DE BIOGRAFÍAS DE MUJERES RELEVANTES, EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2024. SERÁ EL 5 DE JUNIO, CASETA 348 LIBRERÍA EL BUSCÓN, A PARTIR DE LAS 18:00H








LA GLOBAL SUMMIT OF WOMEN 2024 CELEBRADA EN MADRID EL PASADO MAYO, CONCEDIÓ EL WOMEN LEADERSHIP AWARD A CRISTINA ALBERDI, EN RECONOCIMIENTO A SU TRAYECTORIA Y PRESTIGIO. 

https://www.youtube.com/watch?v=mJ_5o0L5gHI




¡¡NOS SUMAMOS A ESTE MUY MERECIDO RECONOCIMIENTO!!

PARADOJAS DE LA IGUALDAD
MARÍA LUISA MAILLARD

La paradoja es una figura literaria de pensamiento que consiste en emplear ideas o expresiones contradictorias. La Real Academia también recoge una acepción que es la que vamos a utilizar hoy: “Idea opuesta a la común opinión y al sentir de los hombres”.

La lógica del hombre de la calle y su sentido común —hoy en retroceso— rechaza la contradicción de que dos cosas opuestas sean la misma cosa: “o es blanco o es negro”; pero ¿qué sucede cuándo la contradicción se inserta en el magma de la sociedad en la que vivimos e impregna los ámbitos más diversos? Entonces nos habituamos a vivir en una sociedad paradójica que defiende unas ideas universales y las dirige, según sus intereses, hacia las ideas contrarias. Nos referimos a la igualdad.

La igualdad es una palabra sacralizada que enarbola hoy con virulencia gran parte de la sociedad occidental y que, rebasando los límites de la biología y del sentido común, pretende abolir la condición sexual diferente de hombres y mujeres y la diferencia del hombre con la especie animal, como factores de desigualdad. También la diferencia de los hombres entre sí, debido a sus dotes, capacidad y esfuerzo, lo que incluye equipar en las leyes a los cuerdos con los enfermos mentales; a los sanos con los que padecen cualquier tipo de discapacidad; privando de paso a estos últimos, de un aprendizaje especializado, acorde a sus carencias, y ahondando así la diferencia con sus semejantes. Justo lo contrario de lo que se pretendía.

Siguiendo ese criterio dominante, la igualdad se aplica con saña en el sistema educativo público obligatorio, postergando el esfuerzo y la excelencia de los más dotados y perjudicando, de paso a los más débiles quienes, integrados en la enseñanza pública, no pueden recibir la enseñanza específica que necesitan. Claro, que luego se corrige en parte con “masters” costosísimos, que sólo algunos pueden pagar. Sin embargo, la igualdad se mantiene ajena al mundo del deporte —¿Será porque es un espectáculo millonario y el dinero no se deja engañar? —. Sin duda, en el deporte se prima el esfuerzo y la excelencia y sus cabezas de serie son héroes para un gran sector de la población (también se salvan de la quema las enseñanzas artísticas— música y danza clásicas.

 

Pero no son estas las únicas paradojas. La igualdad, un concepto que en las sociedades democráticas debe quedar recluido hoy a garantizar a todos los ciudadanos los servicios básicos —sanidad, pensiones educación, justicia— y un cuerpo legislativo que garantice el libre desarrollo del individuo, tiene un suelo fundamental:  la igualdad de todos los ciudadanos ante el delito. Ahí también la igualdad se resquebraja por algunas de sus más importantes costuras, entre ellas, la independencia del poder judicial para poder controlar los otros dos poderes, el legislativo y ejecutivo, cuyos miembros deben estar sometidos al imperio de la ley.

También se resquebraja en el terreno de la libertad, la libertad de prensa, para no hablar de la libertad, más escurridiza, de la cultura. Se nos anuncia una ley anti bulos, cuando todos sabemos que los Tribunales de Justicia ya trabajan eficazmente en ese apartado. ¿Qué se pretende con ello? Que el juicio se traslade desde los tribunales al poder ejecutivo, quien determinará qué es y qué no es un bulo. Nos tememos que, desde luego, no los que difunde el gobierno; sino aquellas noticias que pueden perjudicarlo. Es algo que hasta da vergüenza aludir a ello por su obviedad.

En España, todo comenzó con la Ley Orgánica de 1985 que establecía que la totalidad de los 20 miembros del Consejo del Poder Judicial debían ser elegidos por los partidos políticos representados en el Parlamento, corrigiendo la Ley Orgánica de 1980, que adjudicaba la elección de 12 de los 20 miembros a los jueces y magistrados. Se inicia así una progresiva politización de la Justicia, que culmina hoy con la actuación fuertemente cuestionada del fiscal general del Estado. Se favorece la desigualdad ante la ley de los sectores políticos enfrentados y sus afines ideológicos, según quien gobierne; pero también la desigualdad entre los propios jueces y magistrados que llevan apreciando cómo desde hace décadas se posterga el mérito en el ejercicio de su labor, a favor del seguidismo político. 

Esta política, de extrema gravedad en la cúpula de la Justicia, también es extensible al funcionamiento del Estado. Las oposiciones libres han ido disminuyendo —de forma radical en el sector educativo—, han aumentado exponencialmente los cargos de libre designación y aquellos que se resuelven en “una entrevista” final. La desigualdad se sigue instalando entre los ciudadanos que aspiran por sus méritos a desarrollar una carrera profesional en el seno del Estado. Los que salen perdiendo son los ciudadanos de a pie que tienen derecho a que los dineros públicos sean gestionados por los más capaces para ello y no para que se siga inflando el aparato del Estado con ministerios de dudosa eficacia como el Ministerio de Igualdad —uno de cuyos principales baluartes, la violencia de género, no ha hecho sino aumentar: un 12 % más de mujeres asesinadas el último año; así como un aumento del número de agresiones y violaciones— ; o el de ministerios como el de Memoria Democrática, que pretende sustituir el trabajo de los historiadores, es decir, de los expertos, por el de los ideólogos; ambos con sus miles de empleados y asesores. 

Recuerdo ahora la frase triunfalista del expresidente Zapatero en una famosa entrevista: “¿Te das cuenta Sonsoles?, en España, cualquier español puede ser presidente de Gobierno”. Sí, la igualdad consiste en que cualquiera pueda acceder a cualquier puesto; siempre, claro, que esté capacitado para ello y no que acceda por pertenecer a una tribu determinada. ¿Querríamos que un fontanero nos operase de la vesícula?

Esas son las paradojas de una igualdad que, por exceso y por defecto, practica una desigualdad entre los ciudadanos que socava los principios de la democracia.

No estamos postulando la existencia de una democracia perfecta que, por otra parte, todos desearíamos. Conocemos la naturaleza humana; pero sí que se arbitren todos los medios para que sus costuras no se resquebrajen hasta el punto de que la democracia deje de serlo.

MARÍA LUISA MAILLARD

IMÁGENES SOBRE LAS MUJERES Y LOS LIBROS
38. RETRATOS DE MUJERES 
QUE PARECEN ESTAR PENSANDO

INÉS ALBERDI

Con frecuencia encontramos retratos de mujeres que, con un libro en las manos, parecen estar pensando, Como si el libro fuese olvidado por un momento porque hay algo más importante y serio en lo que pensar. Es una pose seria, meditativa, que ofrece muchas posibilidades a la imaginación.

La encontramos muy a menudo entre las obras de los llamados prerrafaelitas, la hermandad de artistas ingleses que se fascinaron con la Edad Media y con la estética anterior al Renacimiento. Uno de los más importantes de entre ellos, Rossetti, fue también un poeta y retrata con frecuencia a jóvenes que parecen estar rememorando sus poesías. Su gusto por jóvenes de abundante y rizada cabellera tuvo una influencia enorme en la estética de sus contemporáneos. Sus imágenes, además de románticas, siempre tienen algo de simbólicas y mitológicas.

Gabriel Charles Dante Rosetti, Gran Bretaña (1828-1882)
La Pia de Tolomei (Retrato de Jane Burden Morris, 1868-80
Museo de Arte, Universidad de Kansas

Otro de la misma hermandad prerrafaelita, Dicksee, retrata pensativa a la que presenta como Ofelia, una de las heroínas más románticas de la literatura inglesa. Este artista se especializó sobre todo en pintura de historia medieval y en supuestos retratos de los personajes de Shakespeare.

Thomas Francis Dicksee, Gran Bretaña (1819-1895)
Ophelia, 1864
Colección particular

En otras ocasiones, la mujer pensativa mantiene todavía abierto el libro y pudiera creerse que es la historia que lee la que produce esa reflexión, unas veces ilusionada y otras veces triste.  Traemos dos ejemplos, ambos son obras femeninas, la primera, con mirada optimista es de una artista americana interesada por temas literarios y míticos, Edith Prellwitz; y la segunda, más melancólica, es un autorretrato de la pintora y escritora francesa Marguerite Burnat-Provins.

Edith Mitchill Prelwitz, Estados Unidos (1864-1944)
El libro y la rosa, 1896
Colección Particular

Margerite Brunat-Provins, Francia (1872-1952)
Autorretrato, s/f
Centro de Iconografía de la Biblioteca de Ginebra

En otras ocasiones, se trata de una gran dama a la que se presenta descansando y pensando. Es el caso del retrato que le hace Augustus John a Jane Ellen Harrison (1850-1928), la profesora de literatura clásica en el Newnham College, el segundo centro que se creó para las mujeres en la Universidad de Cambridge en 1871. Hasta 1948, bien entrado el siglo XX, las mujeres no pudieron obtener títulos de la Universidad de Cambridge, pero los Colegios de Girton y de Newnham les ofrecieron, desde muchos años antes, una educación similar a la que ofrecían el resto de los Colegios abiertos a los hombres.

Jane Ellen Harrison fue profesora de mitología, de griego y de arqueología. Quizás estuviera, en este retrato, reflexionando sobre sus estudios, sus conferencias y sus publicaciones que, aunque encontraron gran eco y una valoración importante entre la comunidad académica, no tuvieron el reconocimiento oficial de la Universidad de Cambridge.

Augustus Edwin John, Gran Bretaña (1878-1961)
Retrato de Jane Ellen Harrison, 1919
Newnham College, Universidad de Cambridge

Otro tipo de retratos de mujeres pensando es el de aquellas jóvenes que dejan por un momento su libro y parecen sumergirse en un sueño, en un pensamiento que es a la vez serio y melancólico. ¿Que pueden estar pensando las jóvenes que pintan Stevens, Bocchi y Grant? Las tres tienen en común la forma de sentarse, con la mirada perdida y una gran seriedad que puede llevar al artista a preocuparse por lo que estuvieran pensando en ese momento.

Alfred Emile Leopole Stevens, Bélgica (1823-1906)
Ensueño, 1854
Colección particular

Amedeo Bocci, Italia (1883-1976)
Retrato de su hija Bianca vestida de rosa, s/f
Colección particular


Duncan Grant, Gran Bretaña (1885-1978)
Chattie Salaman, 1942
Colección particular

Otra pose para retrato que señala especialmente la actitud de pensar y de haber dejado los libros de lado por un tiempo, es la que usa Felix Valloton con su modelo en plenos años veinte. Tumbada, totalmente de perfil, con aire de misterio y una media sonrisa, como si no fuera consciente de la mirada del artista que la retrata.

Felix Eduard Valloton, Suiza (1865-1925)
La lectura abandonada, 1942
Museo de Bellas Artes, Lyon

También es un ejercicio de contemplación lo que hace la modelo de Toussaint, que fue uno de los retratistas más valorados de la sociedad belga a comienzos del siglo XX y que usó enormemente esta pose de mujer que, con un libro en sus manos, parece estar pensando.

Fernand Toussaint, Bélgica (1873-1955)
Un momento de contemplación, s/f
Colección particular

Por último, tenemos una serie de retratos en las que las jóvenes que abandonan por un momento la lectura parecen estar enormemente preocupadas. Es el caso del retrato que hace Charles West Cope de una mujer que reflexiona frente a una serie de cartas o documentos, pareciendo que no sabe, frente a ellos, que resolución tomar.

Charles West Cope, Gran Bretaña (1811-1890)
Pensamientos lejanos, s/f
Colección particular

También es la idea de preocupación la que parece dominar esta otra obra de Valloton. Representa una mujer sentada, con aspecto de inquietud, ansiedad o desazón, sobre un lecho medio deshecho junto a objetos que evocan temas españoles, una guitarra apoyada sobre unos tejidos amarillos y rojos.

Felix Eduard Valloton, Suiza (1865-1925)
Mujer y guitarra, 1913
Christie's Londres

Todos estos retratos de mujeres con libros ponen en común dos aspectos que nos intrigan, el misterio y la curiosidad. ¿Que pueden estar pensando estas mujeres que dejan, por un momento, sus libros de lado?

INÉS ALBERDI


L’ENCOURAGEMENT

Energía, animosidad, coraje, resolución, denuedo, arrojo, valentía… Todos, sinónimos de la actitud de este dúo de guitarristas, formado por Herminia Navarro y Pablo Rioja que, precisamente con el nombre artístico L’Encouragement, conmueven desde 2005 en cada uno de sus conciertos. 

Cuentan con una sólida formación musical académica, siempre en proceso de superación, como puede apreciarse por el gran virtuosismo que demuestran en el dominio de su instrumento. 

Ambos son profesores en conservatorios profesionales de la Comunidad de Madrid y comparten el proyecto pedagógico que, con formato de charla-concierto, llevan por diferentes centros para acercar al alumnado al repertorio del s. XIX que interpretan. El más reciente de ellos tuvo lugar el pasado 24 de mayo, en el Conservatorio Profesional de Música de Arturo Soria. 

Desde el Palacio Chehab Hadhat de Beirut, pasando por la Fundación Carzou de Manosque en Francia, el Palacio de Foz en Lisboa, la Filarmónica de Kiev, el Centro de Arte Thought Pyramid de Abuja en Nigeria, el Instituto de Cultura Francés en Libreville-Gabón, Marrakech, Essaouira, Lucerna y una lista interminable de conciertos en un sinfín de ciudades, han podido disfrutar hasta la emoción con la música que interpreta L’Encouragement. 

Se dice que para que la música suene bien, para que empaste perfectamente, también las almas de los intérpretes han de estarlo y, sin ninguna duda, podemos afirmar que las de Herminia Navarro y Pablo Rioja, lo están. 

Disfruten de la sensibilidad y la maestría de L’Encouragement.

SUSI TRILLO



https://youtu.be/zJHpBGpvE4o?si=QXAW48crp6gZz7ze

 

https://youtu.be/q4v8idRt9rc?si=c6gPnlHyWXAKuCHG

 

https://youtu.be/LJjIre42Hkk?si=Py9VMT46tkh2W3qg

 

https://youtu.be/cNDOPgCFcww?si=RH10pAJDp9llGQgy

¡¡ NO SE PIERDAN SU ÚLTIMO CD !! 
QUE PODRÁN ESCUCHAR ÍNTEGRO EN SPOTYFY

https://eudorarecords.com/lencouragement/

PARA MÁS INFORMACIÓN, LES DEJO SU WEB

https://encouragementduo.es


HISTERIA EN EL CONGRESO Y MÁS ALLÁ
ISABEL BANDRÉS

Desde el Parlamento se levantan olas de histeria que inundan nuestra vida democrática. Un tsunami de neurosis enajenante se ha apoderado de sus señorías y les hace caer, día tras día, en la hipérbole cuando no en el ridículo. ¿Por qué? ¿Quizá porque nuestros políticos tienen una idea tan desmedida de su valía que no saben concretarla en hechos y la revelación de su incompetencia les lleva a la majadería? No hay día que los españoles no nos despertemos con algún numerito o pataleta de nuestros dirigentes. Cuando no es Puigdemont es Yolanda Díaz o Ayuso o Abascal o Sánchez o Puente o cualquiera que pase por aquí, como el impresentable Milei. Todos, sin excepción, sueltan alguna ocurrencia que inmediatamente retroalimenta la contestación del contrario y así hasta provocarnos un hastío infinito. No hay descanso para estos hacedores de insultos y fango, pilares de la nada y del vacío en los que se asienta nuestra vida política.

Ya no se legisla. El Gobierno no es capaz de poner de acuerdo a los suyos para aprobar leyes importantes que se supone han consensuado en el Consejo de Ministros. ¿Alguien lo entiende? ¿Qué hacen en los Consejos de Ministros? Todo nos hace pensar que lo único que les importa es la gestión del poder: el mantenerse en él o el acceder a él. La otra finalidad, buscar el bienestar de los ciudadanos se les ha olvidado. Ese impulso hacia el bien colectivo se pierde cuando se extrema la polarización entre los adversarios hasta un punto de no retorno. Desde los partidos se fomenta entre los ciudadanos esa misma polarización hasta tal punto que, el otro, el que no es de “nuestra secta”, es el enemigo. Cada vez es más difícil no caer prisioneros en la batalla de los partidos: o eres de los míos o de los otros. No se admiten ni los matices ni el pensamiento propio. Vamos, pura alienación.

Hace unos días, el Gobierno decidió reconocer a Palestina como Estado independiente, de lo cual muchos ciudadanos nos alegramos. En 2014, hace ahora diez años, el PP registró en el Congreso una moción en la que planteaba que la Cámara reafirmase mediante votación la postura a favor de reconocimiento de Palestina como Estado. El texto salió aprobado con 319 votos a favor, dos abstenciones y un voto en contra. En estos momentos el PP está a favor, pero cree que no es el momento adecuado. Estados Unidos y otros países de la Unión Europea piensan los mismo. A raíz de esta decisión, se han hecho declaraciones para todos los gustos. Ayuso, hizo unas manifestaciones formando un “totum revolutum” con ETA, Hamás, Israel, Palestina y País Vasco que nadie entendió. Yo al menos, no. Cuando lo explicó fue peor. Y Yolanda Díaz, en el afán de ser la más progresista del lugar, se apropió del lema de Hamás y soltó: “Por una Palestina libre desde el río hasta el mar”. Hay que reconocer que la contención y la prudencia no son propias de nuestra clase política. El pensamiento elaborado, tampoco.

Ya sabemos que nosotros somos estupendos, pero, en este asunto, 143 países nos adelantaron hace años. Ya en 1944 Hannah Arendt (filosofa judía perseguida por los nazis) decepcionada por el sionismo se declaró partidaria de un Estado binacional judío-árabe en Palestina. Junto con Judah Magnes (otro gran pensador y rabino judío ya olvidado), luchó para buscar una solución negociadora. Los dos fueron acusados de traidores por los sionistas. En esa misma época, hubo una iniciativa árabe que consideraba necesario el diálogo con los judíos sionistas, en especial el grupo “Nueva Palestina”. Su líder, Fauzi Darwish al-Husseini, fue asesinado por los propios árabes.

Esta pequeña digresión intenta evidenciar que el problema palestino-israelí tiene un largo recorrido y es inadmisible reducirlo a unos cuantos eslóganes tan absurdos como rimbombantes. Las frases epatantes están muy bien para la feligresía adicta, sea del partido que sea, pero no para solucionar problemas complejos y enquistados. De momento, las palabras de Díaz han servido para que Israel haya tomado medidas drásticas cortando la conexión entre la representación diplomática de España en Israel. Por otra parte, se ha prohibido al Consulado español en Jerusalén prestar servicios a los palestinos en Judea y Samaria (Cisjordania). ¿Y qué culpa tienen los palestinos? Nuestra vicepresidenta ha rectificado, pero ya era demasiado tarde. ¿Pero las relaciones internacionales no las marca el presidente del Gobierno y el Ministerio de Exteriores?

Es difícil, ante semejante panorama, no dejarse llevar por la melancolía. No lo hagan y guarden fuerzas porque lo que se nos viene encima: Ley de Amnistía, elecciones para el Parlamento Europeo, llegada o no de Puigdemont a España… Hagamos oídos sordos y sigamos una dieta sanadora: menos ideologías y más pensamiento propio; menos guirigay político y más reflexión silenciosa; menos “yo” y más “nosotros”.

ISABEL BANDRÉS 

HOMENAJE
NATALIA VELASCO

Cuando llegué a trabajar al instituto Beatriz Galindo en horario nocturno, topé con una mujer singular, de esas que no pasan desapercibidas en una sala de profesores, por su compostura, su manera de vestir, que hoy llamaríamos su outfit( palabra que ella detestaría) y sobre todo por la firmeza de carácter con la que defendía sus puntos de vista, argumentado razonadamente y basándose en su conocimiento académico, lo que la hacía diferente a los opinadores que todo lo personalizan en aras de su experiencia y sus sentimientos. Vestía casi siempre con trajes de chaqueta de estilo Chanel donde predominaban los rojos, los azules y los rosas, que combinaba con pañuelos de seda sostenidos al cuello con un nudo invisible. Sus gafas iban de la mano de sus trajes y cambiaban de color, pero no de estilo. Tenían forma de mariposa u ojos de gato y enmarcaban su cara permitiéndonos viajar en el tiempo a los años 40, a los 50, a las chicas pin up, a Marylin Monroe. En esa sala de profesores rectangular cuyas paredes estaban forradas de casilleros y donde una mesa de madera noble invadía el espacio abarrotada de papeles, libros de texto, exámenes o apuntes, entablé conversación con ella. Me buscó y me encontró y a mí me gustó mucho, por distinta, por inteligente.

Me propuso compartir lecturas y comentarlas y por qué no, dar comienzo a una tertulia literaria que duraría nada menos que quince años y que inauguramos con el libro de Kazuo Ishiguro Never let me go, o lo que es casi lo mismo (ya se sabe que las traducciones son cuestionables) Nunca me abandones. Comentamos el libro en una pastelería que estaba enfrente del instituto y que hoy se ha convertido en una franquicia de ropa. A esa lectura le siguió la de El mundo de ayer, memorias de un europeo de Stefan Zweig, uno de los libros más bellos escritos sobre Europa y sobre cómo fue destruida por dos cataclismos imparables. Y así empezó todo.

Como se aproximaba el verano, quedamos en vernos en septiembre para inaugurar la tertulia literaria que se celebraría en su casa, o lo que es lo mismo, Le petit palais. Tanto Luisa como yo nos encargamos de animar a nuestros amigos y conocidos para que se apuntaran a la misma y creo que empezamos siendo unos seis. En el petit palais había aperitivos exquisitamente elaborados, buen vino y Estrella de Galicia. Comíamos, bebíamos y charlábamos animadamente y nos despedíamos eufóricos y enriquecidos de conocimiento, ahítos de cultura y emoción. Fue una tertulia acogedora y exenta de tendenciosidad política ya que cada uno expresaba lo que la lectura del libro elegido había despertado en él y lo hacía sin prurito académico, pero con convicción. No presumíamos de análisis culto, ni elaborado, nos dejábamos ser a través de lo que las páginas del libro habían evocado en nosotros y aprendimos a conocernos mejor y a respetarnos. En sus mejores momentos pudimos llegar a ser hasta 15 personas. Descubrimos los olores de otros continentes con Voces de la India, con Mi planta de naranja lima, con Conversaciones en la catedral, Kokoro, Quizá en otro lugar, Memorias de África, Tokio Blues, Me llamo rojo; tanteamos la literatura norteamericana con Lucía Berlín, Paul Auster, Philip Roth, Siri Hustverdt, John Williams, John Cheever, Daniel Mendelson, Carson MacCullers, Steiner; nos decepcionamos con la literatura española a menudo, descubrimos a Kallifatides, releímos clásicos europeos como Guerra y paz, La educación sentimental, El extranjero, El primer hombre, El club Pckwickm, Por si algo me ocurriera, Léxico familiar, y descubrimos otros como Amores en fuga, El lugar, Otra vida por vivir, La gran fortuna, pero sobre todo profundizamos en la literatura del Este, tan desconocida para muchos de nosotros. Zweig nos llevó hasta Joseph Roth y de ahí a Adam Zagajewski, a Nadiezhda Mandelstam, a Géva von Cziffra, a Hasek, a Grossman y un largo etc. de autores de los cinco continentes. Algunos tertulianos iban y venían, otros se casaban, se divorciaban, se jubilaban o abandonaban Madrid entre tanto.


Algunos de los tertulianos en el petit palais

Con José Lasaga, autor de Vida de Hannah Arendt

La pandemia nos encerró a todos, pero Zoom nos juntó y nos ayudó a sobrellevar el encierro. Sin embargo, nos hirió de muerte, insertó la espada de Damocles en el colectivo y empezamos la andadura mixta, unos conectados desde casa y otros, los menos, desde el petit palais. En marzo de 2024, estertores de agonía previos a la muerte empezaron a escucharse. Era tiempo de cerrar dignamente, de reinventarse. 

Yo he decidido, hasta que la tertulia cobre nueva vida, leer por fin los libros que compré no sé en qué ocasión ni a santo de qué o los que me regalaron un día y cuya lectura pospuse. Habitan la estantería de casa como los niños en los orfanatos, a la espera de que alguien deposite sus ojos en ellos, les tienda la mano y les deje ser en el otro y cobrar vida. Ando enredada con Kapuscinski y Los viajes de Heródoto que llevaba diez años en espera y que me está maravillando.

Gracias, gracias, gracias infinitas tertulianos y tertulianas por las lecturas compartidas.

"El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho". Miguel de Cervantes.

NATALIA VELASCO


ELIZABETH STARCEVIC
DESCUBRIDORA DE CARMEN DE BURGOS, EN ESPAÑA

LA PROFESORA NEOYORKINA DEDICA SU LIBRO, EL PRIMERO SOBRE COLOMBINE, AL ATENEO Y A LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA DE MADRID.

ASUNCIÓN VALDÉS

En vísperas de las fiestas patronales madrileñas, cuando la chulapa dirige al hombre bailando el chotis, tuve la suerte de acompañar a Elizabeth Starcevic, investigadora pionera sobre Carmen de Burgos, en su visita a las instituciones que gozaron de la extraordinaria doble militancia de Colombine, seudónimo de la insigne intelectual que quiso dirigir su propia vida más allá de los destinos asignados secularmente a las mujeres. Por eso, la célebre periodista y escritora del primer tercio del siglo XX fue ignorada durante décadas tras la censura de su obra y la persecución post mortem ordenadas por el franquismo.

En España se empezó a conocer lentamente a Colombine gracias a la profesora emérita del City College de Nueva York. En los años setenta decidió escribir su tesis doctoral sobre una autora española que confiara en la fuerza de la palabra para cambiar el mundo y no en la dinamita de las bombas, típica del anarquismo de la época. La editorial Cajal de Almería, ciudad natal de la valiente precursora, publicó en 1976 Carmen de Burgos, defensora de la mujer, semilla para el estudio de la andaluza universal en decenas de universidades norteamericanas. Casi cinco décadas después, Starcevic ha donado esta primera obra sobre Colombine a la APM, Asociación de la Prensa de Madrid: “Es un honor y un placer para mí entregar el primer libro que se publicó en España sobre la magnífica Carmen de Burgos.” —escribió en su dedicatoria.

La descubridora de Carmen de Burgos en el archivo de la APM,
leyendo la conferencia "La mujer en España", pronunciada por Colombine
 en la Asociación de la Prensa de Roma en 1906


Elizabeth Starcevic y Asunción Valdés
en su visita a la APM de Madrid

Durante el recorrido por la Asociación y el Centro de Prensa, la doctora en Civilización Hispánica se fijó en el logotipo de la institución centenaria: dos niños con una pluma intentan desplazar una roca; es decir, la palabra escrita puede mover montañas. El lema de Colombine defendiendo la igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer a través de sus miles de artículos y sus más de cien novelas, fundamentalmente cortas. Especial satisfacción sintió la escritora norteamericana, al ver publicaciones de Colombine en la Biblioteca de la APM y al observar las colecciones de diarios y revistas desde el XIX que le mostró Juan Manuel Nieto, archivero-bibliotecario. Mis colegas, María Jesús García, en representación de la Secretaría de Presidencia, y Sergio Valera, director de Comunicación, obsequiaron a Starcevic con tres ejemplares de algunas de las obras editadas por la Asociación.

A la salida del palacete, sito en Juan Bravo esquina Claudio Coello, la turista cultural quiso fotografiarse delante de las placas en acero corten en las que se lee “Libertad de expresión”, garantizada en el artículo 20 de la Constitución española y en la Carta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas 

EN EL ATENEO

El pasado 13 de mayo, acompañé a la profesora Starcevic a dedicar asimismo su biografía sobre Colombine a la Biblioteca del Ateneo de Madrid, institución bicentenaria en la que Carmen de Burgos ingresó en marzo de 1905, un mes después de la primera ateneísta, Emilia Pardo Bazán. Elizabeth fue recibida por su director de Patrimonio, Alfonso Herrán, y por el presidente y la vicepresidenta de la Agrupación Carmen de Burgos de la docta casa, Roberto Cermeño y Mar Abad, respectivamente, agrupación a la que también pertenezco. A la visita se unió Carmen Ortiz Bru, viuda de Manuel Marín, expresidente del Congreso de los Diputados, a la espera de ingresar en la citada agrupación.

Elizabeth Starcevic dona su libro Carmen de Burgos,
defensora de la mujer
, (el primero escrito en España),
al Ateneo de Madrid.

Herrán enseñó el edificio modernista de la calle del Prado a la ilustre visitante, admiradora de la riqueza patrimonial del Ateneo construido por los arquitectos Enrique Fort y Luis Landecho: desde la Cátedra Mayor, salón de actos bellamente ornamentado por Arturo Mélida, por el que han pasado, entre otros prestigiosos líderes, Madame Curie, Albert Einstein, Ortega y Gasset, Teresa de Calculta y reyes ateneístas, los últimos, Felipe VI y Doña Letizia.

Especialmente significativo fue el recorrido por la Galería de Retratos, en la que, junto a casi doscientos varones, solo hay seis escritoras, una de ellas, Carmen de Burgos, protagonista de la reciente campaña del Ateneo Las mujeres en su sitio. Para subir al suyo, Colombine esperó muerta 90 años.

En abril de 2023, el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, de la Diputación Provincial de Alicante, publicó mi biografía colombina REVIVIR, La nueva Carmen de Burgos, 619 páginas en dos tomos ilustrados. En ellos, acredito a Elizabeth Starcevic como una de mis principales fuentes directas, junto a miembros de la familia Naveros Burgos-Pardo de Santayana, descendientes de Carmen.

En 2020, en plena pandemia, localicé en Nueva York a la profesora Starcevic, hija de emigrante polaco y madre norteamericana. Este año, del 15 al 25 de mayo, Elizabeth, a sus 81 abriles, ha estado en Almería, visitando a Emilia Pardo de Santayana, nuera de dos primos hermanos de Carmen de Burgos, casados en 1904. El hijo de este matrimonio, José Miguel Naveros Burgos, ya fallecido, y su esposa Emilia, a punto de cumplir 95 años, ayudaron en los setenta a la joven doctoranda a descubrir a la primera periodista profesional de España, injustamente olvidada. Emilia y Elizabeth siguen unidas por la amistad.

Estos días, al despedirse de la capital de España, la profesora Starcevic me escribió: “Muchas gracias por este programa maravilloso. Has hecho revivir a Carmen con tu trabajo y energía. Los que aprecian a CdB son gente tan generosa en tantos aspectos...”.

ASUNCIÓN VALDÉS


Géraldine Schwarz

LOS AMNÉSICOS. GÉRALDINE SCHWARZ, 2019.
LA HISTORIA, ¿A QUÉ HUELE?
FELIPE VEGA
 

Si fuera por su fecha de publicación, habrían pasado los años suficientes como para que el libro hubiera sido reconocido como se merece. No he realizado ningún trabajo de campo y no debo aventurar el resultado, pero si me fio de unos pocos datos, recogidos al azar, llego a pensar que Géraldine Swarcharz y su libro continúan en el anonimato entre nosotros. Sin embargo, de Los amnésicos, editada en Francia en 2017, se puede afirmar, sin miedo a exagerar, que se trata de una lectura obligada de nuestro tiempo. Si tenemos en cuenta su año de publicación, 2019, tal vez hilemos cabos y recordemos que, pocos meses después de aquella fecha, comenzó una pandemia. LA PANDEMIA… ¿Una posible explicación? Si fuera así, y dado el contenido del libro, ¡qué ironía la de la Historia!

Tras acabar el tiempo de las mascarillas, y después de cinco años largos, comenzamos a manejar la maldita palabra con un poco de soltura. Eso supondría que hemos podido atenuar los efectos de algunos sufrimientos, apaciguar la dolorosa sensación de aquella duración enfermiza del tiempo que nos acosó durante tantos meses. Nuestras generaciones no han estado nunca tan cerca de la eternidad vivida en sus propios hogares. Y, no obstante, en muchos aspectos seguimos comportándonos como los amnésicos de este libro, en un ámbito distinto, pero también trágico. Vivimos 2020 como si residiéramos en Punxsutawney, el pueblo de la afamada marmota cinematográfica: repitiendo nuestra cotidianidad un día tras otro hasta el infinito. Olvidos, recuerdos, traumas, amnesia…

Escrito por una periodista franco alemana, Los amnésicos ha sido reconocido en Europa con enorme éxito. Nosotros, ajenos a los acontecimientos del mundo y “encerrados con un solo juguete”, como diría Juan Marsé, hemos hecho lo de costumbre: despreciarlo. Y para colmo, en casos como este tiramos de pobres justificaciones, que no valdrían ni para los cuentos de los hermanos Grimm, pero que aquí nos dejan tan a gusto. ¡Bendita ignorancia sobrevenida!

Ese es parte del tema de esta obra: la supuesta ignorancia moral. En el libro se aborda la hipocresía consciente, el olvido y una noción de la memoria que tanto nos gusta manosear hasta vaciarla de contenido. Nunca es un gesto inocente. ¡Pobres historiadores! La observación resulta inevitable: si hablas del pasado de otros, terminas por regurgitar el dolor que te produce el tuyo, y por esa razón te escondes y no hablas de ninguno… “Para hacérselo mirar”, como se dice ahora.

Este libro, en cambio, aborda los temas peliagudos con sana normalidad, y, para mí, es la gran pregunta: ¿dónde terminan las memorias y empieza la biografía? ¿Cómo manejar la autocrítica y la historia personal? Preguntas lanzadas al aire. Géraldine Schwarz recurre a su propia biografía familiar para realizar un viaje a los infiernos del pasado siglo XX, donde arden las ilusiones y esperanzas de millones de personas, abrasadas en nombre de las ideologías de aquel momento… Schwarz habla de su árbol genealógico, del nazismo, pero el libro va mucho más lejos.

En la página 230 se repasan, por ejemplo, los pretextos argumentales que han utilizado, hasta su muerte, testigos y cómplices, en todas las latitudes, para callar vergonzosos acontecimientos: “Mis padres vivían bajo una dictadura” o “…para resistirse a las exigencias del partido o proteger a los judíos, había que ser un héroe…”  Frases que salen de la boca de los familiares de la autora, que es consciente de lo que ello significa. Lo mejor del libro es la forma en la que explicita que, al fin y al cabo, solo está describiendo la vida de una familia alemana más, una familia corriente más. Y ese es el principal motivo de nuestro escalofrío lector.

En ese aspecto, esta obra y Si esto es un hombre, el libro de Primo Levi, comparten conclusiones, dejando al lector desnudo frente a las falsas excusas; sobre todo cuando provienen de las garras de la hipocresía y del miedo. Los dos libros carecen de piedad con todas y todos los que intentaron, e intentan, lavarse las manos sin tener en cuenta que el agua en donde las introducen está llena de barro. Schwarz y Levi no pueden, ni quieren, hablar en términos de piedad. Existen momentos de la historia en los que la piedad no es el signo de humanidad que se pretende, sino justamente lo contrario: una descarada ocasión rendida a la mentira. En muchos casos, el mayor problema de la conciencia humana es el de su propia ambigüedad, porque existen demasiados datos, testimonios y hechos históricos que no dejan espacio para la condescendencia ni la falsificación. De ahí el intenso ruido que siempre precede a ciertos hechos históricos, con el único propósito de que no podamos oír nada. Y ahí es donde equidistancia y toda clase de palabras/artimaña se emplean a fondo para desviar la atención. En lo que tiene que ver con la Historia, el arrepentimiento no existe, y por eso esta escritora escribe con una claridad admirable. Es la mejor cualidad del libro. Su sencillez expositiva (tan difícil de alcanzar, y tan necesaria) va derribando, una a una, las vallas de esa dañina hipocresía de la que hablo.

Para terminar, la cita de uno de nuestros historiadores, José Álvarez Junco, que prologa el libro de Géraldine Schwarz: “La complejidad de la mirada sobre el pasado, el honesto reconocimiento de todo lo ocurrido, y no solo de lo que conviene a nuestra tesis o a nuestra propuesta política, y la ecuanimidad, que nada tiene que ver con simetría o equidistancia, son, en definitiva, las claves de la bóveda de este libro. Y los principios fundamentales del código ético de un historiador”.

Si conocen el libro, ya sabrán que va por ahí. Si lo quieren leer, será un viaje inolvidable. Se lo aseguro. El libro no contiene muchas fotos, pero está lleno de imágenes inolvidables. Palabra y fotografía son, algunas veces, la misma cosa.

FELIPE VEGA


CINCO PINTURAS DE ISABEL QUINTANILLA
AMPARO SERRANO DE HARO
 

Autorretrato, 1962

1.- AUTORRETRATO DE 1962

Quintanilla no es una pintora que se haya especializado en la figura humana. Sus obras consisten mayoritariamente en bodegones y paisajes del exterior, pero también, del interior doméstico. Aquí, sin embargo, nos encontramos que, a los 24 años, terminados sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes, y casi recién casada, realiza un autorretrato. De alguna forma este autorretrato marca su entrada en la edad adulta, pero también, posiblemente, su decisión de ser pintora. Podríamos pensar que ese autorretrato conmemora un rito de paso, una transformación inminente, y es posible que sea así. Pero no se ha pintado con ninguno de los instrumentos de su arte en las manos como fue tradicional en los autorretratos de pintores desde el Renacimiento hasta nuestros días, es más, sus manos no se ven, solo su rostro. Con esto ya podemos deducir que no es alguien de seguir tradiciones, de protegerse en las costumbres aceptadas.

El suyo es un rostro joven y bello, pero sin adornos, ni coquetería alguna, llamativamente severo, sobrio, y sin embargo, algo travieso, más parecido al retrato de un niño que al de una mujer. Está realizado en un blanco y negro muy medido; un retrato que a pesar de la sonrisa tiene un cierto aire de duelo. ¿Duelo quizás por el padre que pierde temprano, a los tres años, por la represión franquista en la cruel posguerra de los vencidos? No se presenta como una pintora, ni como la mujer bella que, sin duda, es. Es más, se diría que sus facciones se esconden tras una grisalla voluntaria, en un "borrado" tras el cual se pierden los rasgos más marcados de su rostro. Es como si a pesar de querer presentarse, a la vez busca mantenerse oculta, discreta, en un segundo lugar. La grisalla disimula la perspicacia de su mirada profunda y la sonrisa amplia pero un poco irónica, un poco guasona, que serán sus rasgos físicos más distintivos hasta el final.

Luego en su camisa estalla el blanco más puro, el blanco de corazón entre las dos mitades oscuras de su chaqueta. Ella misma es una pintora que ama la luz, pero conoce las sombras. 

Jardín, 1966

2.- JARDÍN (DE LA ACADEMIA EN ROMA) 1966

El marido de la artista, el artista Francisco López había obtenido el prestigioso Premio de la Academia en Roma el mismo año de su matrimonio en 1960, y ambos se trasladan allí. Quintanilla no se había presentado al Premio: no era nada frecuente que se les concediera a las mujeres artistas, ni tampoco que ellas lo solicitasen, ya que, en los años 60, bajo la dominación pacata y patriarcal de la cultura del franquismo, el destino femenino era, y debía ser, casarse. Sin embargo, ella va a vivir el Premio de su marido como propio: trabajando sin pausa, asistiendo a cursos, va a usar esos años para formarse y desarrollar un conocimiento artístico amplio e internacional que en la España de entonces no era posible. Entrará en contacto con otros países y otras disciplinas: filósofos, músicos y cineastas (como Fellini), pero también con las raíces de la cultura grecorromana y la gran tradición de la pintura Renacentista y Barroca italiana. De la admiración de Quintanilla por el mundo clásico es testigo esta obra en la que ella establece un nexo de conexión visual entre un mosaico pompeyano de antes del siglo I d. C. (al que emula) con la realidad del jardín de la Academia (que representa). Elegir la vía de este realismo ambicioso le permite trabajar en dos tiempos históricos distintos, pero íntimamente conectados, el del mundo del pasado y el del presente que ella logra fusionar en su arte. El tiempo, lo perecedero, pero a la vez, eterno, en la naturaleza y en el arte será una de sus constantes preocupaciones plásticas. 

Vaso Duralex, 1969

3.- VASO DURALEX

En el corazón del arte de Quintanilla, así como en el de sus compañeros de grupo está la ambición de re-pensar la pintura realista que en los años sesenta, cuando empiezan sus carreras profesionales, se considera un camino agotado, muerto, sin interés, ya que son años de primacía del arte abstracto o informalista. Empiezan dubitativamente con una especie de realismo mágico: obras empastadas con tonos apagados y referencias anticuadas que lentamente todos van abandonando. Especialmente Isabel que muy pronto va descubriendo su tendencia natural hacia una pintura clara, luminosa, ligera de pincelada. En un momento dado en los años 70 realiza estos pequeños bodegones con recipientes de cristal modestos o con vasos Duralex que funcionan como pequeños e improvisados floreros. otras veces los vasos, filosóficamente, solo contienen agua, pero siempre son fuente de luz. Los pequeños ramos funcionan como improvisados momentos de belleza con flores sencillas que parecen provenir del cercano jardín. La combinación de humildad, belleza y luz nos hace pensar en algunas muy famosas obras de Zurbarán (como Taza de agua y rosa en un plato de plata, 1630). Hay algo de vanitas en estas obras que usan la modestia de su belleza como una apelación a encontrar el arte "entre pucheros" que decía Santa Teresa, o un arte del "cuarto de atrás" que Carmen Martín Gaite defendía en sus novelas o testimoniar la pervivencia realista como una referencia artística no sólo valida, sino también necesaria, moral y estéticamente.

Bodegón del jamón, 1991

4.- BODEGÓN DEL JAMÓN. 1991

Ya en los años 80 y 90 nos encontramos con todavía mayor claridad en su paleta para unos bodegones que se sitúan frente a unos fondos blancos inmisericordes. En este caso, como un escenario de baile flamenco frente al que reposan un jamón, una olla, un bote de aceite, unas tijeras y sus sombras. Estos bodegones no buscan la belleza, pero si el impacto visual a través de una definición y nitidez cada vez más agudas. Este gusto por el detalle les acerca a una especie de hiperrealismo de tono academicista. Por eso, no es extraño que el hiperrealismo nos recuerde al barroco, tanto en su efectismo como por el amor al detalle que responde a un espíritu de desengaño, ante una realidad sentida y desde luego, representada, a veces, de modo teatral. En este caso, además, no puede uno evitar pensar que la elección de estos elementos responde a los "tópicos" españoles que han hecho fortuna en el extranjero: de tierra algo bárbara y primitiva de buen comer.

En el borde del bodegón reposan unas tijeras, broche final a este drama, elemento que como la olla o la botella de aceite son naturales a la cocina, sí, y que son un toque metálico que contrasta plásticamente con la materialidad de la carne, pero que también pueden servir, llegado el momento, y por parte de la artista, a querer romper con esa visión simplista de la identidad española.


Lavabo del Colegio Santa María, 1968

5.- LAVABO DEL COLEGIO SANTA MARÍA.1968

El realismo de Quintanilla va a ser una búsqueda más allá de la fotografía. Aunque la imagen se presente con lo que parece una gran objetividad, la artista introduce tanto en la nueva iconografía que ella descubre y explora (una temática de la ausencia, de visibilizar lo desapercibido, la belleza inesperada) como en su técnica (un dibujo preciso e incisivo, una sabiduría lumínica que se demuestra en la sutileza con la que juega con los tonos y semitonos, en la búsqueda del matiz) expresar rincones oscuros de la visión y del sentimiento.

Cuando pinta este lavabo del Colegio Santa María, un año después del famoso lavabo de Antonio López, nos viene a la mente la dimensión de un espacio vacío que todavía parece resonar con los pasos y las voces de los niños que lo ocupan diariamente. En ese baño grande y blanco, el lavabo y el estrecho radiador nos indican el tamaño reducido que suelen tener sus ocupantes. Si el lavabo de López es una especie de autorretrato individual, el de Quintanilla es el retrato social de un momento en el tiempo: la infancia, sin ninguno de los tópicos con los que se suele presentar. El colegio es ese lugar en que aprendemos geometría, es decir las reglas, pero no solo del cálculo matemático, sino también el del comportamiento en sociedad. La impersonalidad de las áreas comunales, la intimidación que suponen sus espacios demasiado grandes, blancos y fríos, es algo que queda grabado en todos nosotros y que la sabiduría pictórica de Quintanilla nos brinda con el escalofrío de un recuerdo olvidado.

AMPARO SERRANO DE HARO

 



ANA CARO DE MALLÉN (1590-1646)
MARÍA LUISA MAILLARD

La figura de Ana Caro de Mallén, dramaturga del Barroco español, tiene importantes lagunas en su biografía, como es habitual en la de tantas mujeres señeras de la época. La biografía de las mujeres no fue considerada digna de acompañar a la de los hombres en el olimpo de la fama. Sin embargo, Ana Caro de Mallén fue una figura célebre en su época. Elaboró una copiosa obra literaria de la que sólo una pequeña parte ha llegado hasta nosotros, tal vez porque, según algunos investigadores, murió de la peste que asoló Sevilla en 1649 y todas sus pertenencias fueran libradas al fuego.

Los escasos datos que poseemos provienen de la labor investigadora de Manuel Serrano y Sanz, autor de los dos volúmenes de “Apuntes para una Biblioteca de Autoras Españolas (1401-1833), publicados en 1903; y de la más actual investigación de Juana Escabias, dramaturga y profesora de la Escuela de Arte Dramático del Ayuntamiento de Madrid, que ha editado en Cátedra en junio 1923 Teatro Completo de Ana Caro de Mallén.


Estos datos, sin embargo, nos sirven, no sólo para acercarnos a su figura; sino a algunos acontecimientos no suficientemente conocidos del Barroco español. El primer dato biográfico que poseemos es el de su Partida de bautismo el 6 de octubre de 1601 en la Parroquia de Sagrario Catedral en Sevilla. Es un documento que ya despierta nuestro interés porque especifica que la niña, adulta para la época —que se establecía entre los diez y diez años y medio—, era “esclava de Gabriel Mallén”, el padre que la adoptó.

¿Adoptaban los nobles esclavos en el Barroco español y les daban su apellido? No era algo extraño en las leyes. La adopción, heredera del Derecho Romano, se encuentra en el Código de las Siete Partidas de Alfonso X, el Sabio; aunque tal vez sí en la práctica, ya que hay pocos datos de ello. En el caso que nos ocupa, la adopción fue potenciada por la Corona española, para afrontar un grave problema social: el de los niños y niñas esclavizados, a raíz de la rebelión de los moriscos (1568-1571), cuya derrota y posterior expulsión en 1609, dejó multitud de niños en las calles, vendidos como esclavos. Esos niños eran hijos de padres en su mayoría cristianos —mudéjares— y, por tanto, estaba prohibida su esclavitud. La Corona optó por promover el prohijamiento de esos niños por cristianos viejos para su cristianización. Ese debió de ser el caso de la niña Ana Caro, probablemente hija de alguna esclava morisca que servía a la familia.

Los padres adoptivos de Ana Caro de Mallén fueron Gabriel Caro de Mallén, sevillano de origen y procurador de la Real Audiencia de Granada, un cargo directamente ligado a la Corona; y la granadina Ana María de Torres y Rodríguez de Aguilar, que falleció en fecha temprana. Realizaron la adopción después de bautizar en 1600 a su primer hijo, Juan, ya que era un requisito para ello, el tener ya descendencia. La niña debió de recibir una esmerada educación, habida cuenta de su dominio de la versificación —de forma especial de la silva andaluza cultivada por Góngora—, y de las múltiples referencias en sus obras a los clásicos, la historia y la mitología. Es probable que su padre, potenciara su talento, ante la dificultad de que contrajese un matrimonio ventajoso para la época, dado su origen; pero parece ser que, en la época, estaba abierto para las mujeres, no sólo el camino del convento; sino el de Las Letras.

En 1625 la familia se traslada a Sevilla, donde Ana Caro desarrollará su carrera literaria con gran éxito, apoyada por su hermano mayor, protegido del Conde Duque de Olivares. Frecuenta la Academia del Conde de la Torre, sita en la casa de los Duques de Sidonia, donde bate sus primeras armas. En 1628 se presenta públicamente con una Relación — poema celebrando un acontecimiento digno de loa— en homenaje a los misioneros asesinados en Japón, en el contexto de las fiestas en el convento de Nuestro Padre San Francisco.

De su copiosa producción posterior, se conservan dos comedias — El Conde Partinuplés y Valor, agravio y mujer; un coloquio sacramental —“Coloquio entre dos” en las Fiestas del Corpus de 1645 y cinco poemas, uno de ellos “Décimas a Doña María de Zayas y Sotomayor” con motivo de la publicación de su primer libro Novelas amorosas y ejemplares en 1638; y un poema laudatorio en 1637 “Contexto de las Reales Fiestas Madrileñas del Buen Retiro”, con ocasión de la coronación del primo de Felipe IV, Fernando de Hungría como “Rey de los romanos”.

Ana Caro de Mallén fue quizá una de las primeras mujeres profesionales de la pluma que cobró por sus obras. Sabemos por los investigadores que cobró 1.100 reales del Ayuntamiento de Madrid por su participación en las reales Fiestas Madrileñas del Buen Retiro; y también del Ayuntamiento de Sevilla por su auto “Coloquio entre dos y que también lo hizo por sus obras dramáticas. Recibió encargos remunerados y tuvo acceso a los circuitos de impresión, distribución y representación.

Fue reconocida en su época por autores como Luis Vélez de Guevara, quien la cita en El diablo cojuelo; Castillo de Solórzano, en su novela La Garduña de Sevilla; y María de Zayas, novelista de éxito, con la que trabó amistad durante su estancia en la Corte. De la celebridad que gozó en su época y en su ciudad natal da cuenta su entierro el 6 de noviembre de 1646 en la parroquia de la Magdalena que fue uno de los más costosos de la época, con dobles de campana y escolta del féretro por religiosos con capa y portadores de cirios.

Quiero sumarme con este recordatorio a la labor, llevada a cabo por los investigadores desde los años 90, para recuperar la figura femenina española más importante de nuestro teatro clásico.

MARÍA LUISA MAILLARD


UNA ESTUPENDA OPORTUNIDAD

PARA VISITAR SAN LORENZO DE EL ESCORIAL









La historia transcurre en Italia durante 1946 y nos narra la situación de las mujeres en aquella sociedad. El foco se pone en la Delia (magnífica actuación de la actriz Paola Cortellesi que es, también, coguionista y directora de esta película), casada con un energúmeno que la utiliza como si fuera un felpudo. Delia se pasa el día trabajando para llevar algo de dinero a su casa, cuidando de su familia y recibiendo desprecios y palizas de su marido. Durante toda la narración, se respira el machismo existente en una sociedad en la que la mujer es considerada poco más que una mula de carga: “Eres mía, solo mía”, le dice el joven novio a la hija de Delia. Las mujeres son meros objetos posesión del varón. Ellos controlan todos sus actos, desde el largo de su falda hasta sus amistades, lugares de trabajo y dinero. En aquellos años, las mujeres no tenían en Italia derecho a votar y estaban a merced del capricho y humor de sus maridos, novios o padres.

Lo que nos cuenta la directora no es novedoso, pero sí su forma de contarlo. Utiliza el blanco y negro que nos recuerda al cine neorrealista italiano y un sentido del humor que nos retrotrae, al cine mudo. Hay que reconocer la originalidad formal de su directora. Supongo que es una manera de aligerar el terrible drama que sufrían las mujeres de aquella época sin quitarle peso dramático a lo que nos cuenta. Mientras vemos la película, nos parece rara esta forma de narrar lo trágico. Pero tras salir del cine y dejar reposar lo visto, entendemos la hondura de la historia. No quiso la directora banalizarla, solo narrarla de otra manera quitándole tintes sensibleros y convirtiéndola en una tragicomedia. Fue una idea excelente. Sin embargo, me pareció que el suspense creado en el tramo final era tramposo, rebuscado e innecesario.

Es una buena película que nos sirve para pensar en lo que las mujeres hemos avanzado y lo que nos queda por delante. No hay más que mirar las estadistas para ver que las mujeres siguen muriendo a manos de sus parejas, que las denuncias por maltrato siguen existiendo y que las diferencias salariales entre hombres y mujeres por un mismo trabajo continúan. Y es, también, un recordatorio: no se puede dar ni un paso atrás.

ISABEL BANDRÉS

https://www.youtube.com/watch?v=r6ja0aFaMOI

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