lunes, 30 de marzo de 2026

 


LA HYBRIS Y LOS IDIOTAS
ISABEL BANDRÉS

Los filósofos de la antigua Grecia llamaban hybris a la desmesura y a la egolatría. La consideraban la causa de todos los males y desgracias. El mal de hybris ataca principalmente a los poderosos y, sobre todo, a los políticos que cuando alcanzan el poder suelen desarrollar un exceso de confianza en sí mismos que les hace saltarse todos los límites legales, todas las líneas rojas y rechazar todo consejo con tal de preservar una imagen grandiosa de sí mismos. No es que sufran un narcisismo de andar por casa, no. Es una omnipotencia y una sensación de supremacía total sobre todo y sobre todos lo que les ciega y lleva al desastre arrastrando a la desdicha a muchos. Aristóteles aconsejaba, como régimen curativo, practicar la prudencia y la moderación. Reírse de uno mismo, también es recomendable y lo aconseja el sentido común.

Al ego hinchado le acompaña siempre la idiotez. Hay que ser imbécil para no darse cuenta que la perfección en los humanos no existe, que somos seres necesitados y que la vida tiene fecha de caducidad.  Ese exceso de poderío solo la sufrimos nosotros, el resto de la fauna se limita a seguir su instinto natural: una pescadilla no experimenta la necesidad de actuar como una ballena ni una hormiga como una leona ni un gorrión como un pavo real. Su instinto les guía y les dice cuál es su sitio.  Pero nosotros, pobrecitos, estamos entre la naturaleza y la cultura y nos hemos hecho un lío tan grande que no dejamos de hacer cosas admirables y atrocidades horribles. Ayer, surgió un tal Leonardo da Vinci y hoy un tal Trump. El primero fue un hombre del Renacimiento, época floreciente base de nuestra cultura y del humanismo. El segundo es un tipo más que estrafalario que nos está conduciendo por los caminos de la guerra sin saber el porqué, el qué y las consecuencias. Cada día nos dice una cosa y justifica la contraria. Habla de defender la democracia cuando hace unos años animó a los suyos a tomar el Congreso en su país y espera que los europeos le ayudemos echándonos en cara el apoyo de Norteamérica durante la Segunda Guerra Mundial. Se calla que él no es Frankl Roosveelt y que el EEUU y la Europa de hoy no son lo que eran entonces. Silencia los enormes obstáculos que se tuvieron que superar para llegar a un consenso con Inglaterra y Rusia y miente descaradamente sobre la historia de aquella época por ignorancia o por malicia. Yo creo que por las dos cosas. Sería conveniente, menos soberbia y más estudio de la historia. 

Hoy, como tantas veces antes, tenemos una guerra en la que las partes: Israel, Irán y EEUU están concernidas. Oriente Medio se ha convertido en un polvorín donde los muertos se cuentan por miles y la paz cada vez se ve más lejana. Es una confrontación en la que a la avaricia se la disfraza de libertad democrática, al deseo de expansión se le coloca la máscara de protección territorial y la legitima defensa oculta la crueldad de un régimen totalitario y brutal. De momento, todos sufrimos la subida de precios de la energía, Rusia se beneficia vendiendo su crudo y Ucrania está más indefensa frente a Putin que ataca ahora de una manera más intensa y sanguinaria. ¿Qué sucederá? Las variantes que se barajan son tantas como las personas que opinan. Los más sensatos nos aconsejan mirar los mapas y recordar experiencias pasadas parecidas como Irak, Afganistán… Otros nos marcan posiciones ideológicas a seguir: apoyar a Occidente o el no a la guerra. Las cosas no son tan simples y no pintan bien, pero nada bien.

No aprendemos. Nos venimos matando unos a otros desde que estamos en la tierra y continuamos haciéndelo como auténticos idiotas. Muchos siguieron a Hitler, a Stalin, a los ayatolas, a Netanyahu, a Putin, a Trump y a cientos de diosecillos que les impusieron su poder. Cuando un político consigue el triunfar desfila entre aplausos y reverencias, se infla de arrogancia y, acto seguida, se comporta como un idiota. En la antigua Gracia, idiota era aquel que solo se preocupaba de lo suyo, de lo privado, y no tomaba parte de lo público, de aquello que nos atañe a todos. Lo que significa que además de cuidar de lo nuestro, hay que proteger mucho lo que nos es común.

Hannah Arendt, nos dice que los griegos creían que aquel que tiene su vida volcada solo “en lo propio”, fuera “de lo común” es, por definición, un idiota. Estar en “el mundo” significa estar “en lo común” y buscar lo mejor para todos. Un político corrupto no está en “lo común”, está en “lo propio”. Un ciudadano que se refugia en “sus cosas” y en su “ideología o creencias” no está en “lo común”, está en “lo propio”.  Los partidos políticos que buscan solo el poder por el poder están en “lo propio” y no en “lo común”. En fin, siguiendo ese razonamiento llegamos a la conclusión que somos una pandilla de idiotas que malbaratamos nuestras pequeñas vidas persiguiendo el poder por interés propio o apoyando a los poderosos con síndrome de hybris. 

Pero no todos políticos sufren o han sufrido está desviación. Los hay que han sabido atar corta su arrogancia y han gobernado no a gusto de todos, eso es imposible, pero sí buscando el bien de los ciudadanos. Adenauer, Willy Brandt, Havel, Mandela… políticos muy diferentes en carácter e ideología que supieron, a pesar de sus fallos, mejorar la vida en los países que gobernaron. Políticos que estuvieron más “en lo común” que “en lo propio”.

El síndrome de hybris corrompe el mundo y lleva a millones de personas inocentes a la desgracia y a la ruina sin que puedan hacer nada por evitarlo. Esa tragedia nos mueve a la compasión y a plantearnos hasta qué punto obramos como idiotas cuando actuamos por “lo propio” y no por “lo común”. La democracia liberal se mantiene porque muchos la sostienen cada día. Cuando en el ejercicio del poder se confunde “lo común” con “lo propio” es el fin de la democracia y el triunfo del totalitarismo. ¿Vamos por esa deriva?

ISABEL BANDRÉS

 


RESPONSABILIDAD
MARÍA LUISA MAILLARD

Leyendo el otro día al poeta Adam Zagajewski, me sorprendió una reflexión nada usual sobre su experiencia vivida en un país totalitario. Desde una realidad obvia, que el Estado se apropiaba de todos los sectores sociales —económicos, políticos y culturales—, no hablaba de las consecuencias más visibles y ampliamente conocidas: privación de libertad y privacidad o tortura y muerte de los disidentes, sino de la privación de la responsabilidad. El Estado totalitario, al haber acumulado en sí mismo todo el mal, escribe con cierta ironía, ha situado a la población en una situación más peligrosa de lo que pudiera parecer: les ha privado de su sentido de la justicia, de su responsabilidad moral: “El totalitarismo ofende profundamente nuestro sentido de la justicia porque hace que dejemos de juzgarnos con severidad, nos arrebata el sentido de la Vida”.

Zagajewski pone sobre el tapete una realidad que hoy no consideramos relevante: que la responsabilidad es la verdadera libertad porque en el hombre existe el sentido innato de la justicia y más allá de ella, de la bondad que, según Simone Weil, es lo que define y da altura al ser humano. Todos sabemos lo que está bien y lo que está mal, añade la filósofa, porque todo hombre quiere que se le haga el bien y no el mal, así de sencillo. Rita Levi Montalcini comparte esta tesis al afirmar que el mayor grado de la evolución humana es la distinción entre el bien y el mal. ¿Vamos a consentir que se nos prive de esa libertad, fruto de nuestra capacidad de discernimiento?

Sin embargo, se diría que hoy en día se ha producido un fenómeno muy semejante al que el poeta describe bajo un régimen totalitario, pero, curiosamente, en una sociedad democrática. El decaimiento de la responsabilidad no es debido a que un gobierno cruel y totalitario acapare el mal. El enemigo que absorbe todo el mal sobre la tierra es un imaginario que, en ciertas ocasiones, muestra el rostro deformado de un dignatario. Lo que parece que está a la baja es la creencia de que nuestra responsabilidad individual es intransferible, que no se puede delegar en ninguna ideología que afirme lo que está bien y lo que está mal y nos haga olvidar la idea de justicia y de forma especial nos haga olvidar que “un hombre es todos los hombres” y una mujer iraní es todas las mujeres. 

Extraña en la última manifestación del 8 de marzo que no hubiera habido la más leve mención solidaria a las mujeres iraníes que se rebelaron contra la sumisión extrema que padecían y dieron su vida por el solo hecho de quitarse el velo, símbolo de su opresión. Fueron acompañadas por la mayoría de la población y la segunda revuelta se saldó con casi 50.000 muertos, muchos de ellos mujeres ejecutadas de forma cruel. ¿Acaso es justa esa situación? ¿Se puede siquiera comparar con la injusticia que sufren las mujeres españolas que gozan de todos sus derechos ciudadanos y constitucionales? La postura del victimismo y la queja que se ha instalado en nuestras sociedades occidentales, por más que esté orientada por una ideología justificativa, no puede llegar hasta el punto de hacernos olvidar ese bien intransferible que es nuestra responsabilidad individual. Bien es cierto que nuestros gobernantes no nos facilitan la tarea. Nunca se consideran responsables de sus actos de gobierno y sin duda ese hecho contribuye a que gran parte de los ciudadanos a los que gobiernan tampoco lo haga.

Sin necesidad de recurrir a la argumentación, la historia nos ofrece múltiples ejemplos concretos de la existencia de esta altura moral que es la responsabilidad y cómo ella es la base de la libertad interior. Recuerdo ahora una película basada en un hecho real que vi recientemente: El vínculo sueco. El protagonista, Gosta Engzella, jefe del Departamento legal del Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno sueco y ocupado de las visas de emigración, consigue mediante triquiñuelas burocráticas salvar del holocausto a cientos de miles de judíos, en especial a los residentes en Noruega que en 1938 iban a ser enviados a los campos de exterminio. Todo estaba en su contra. El gobierno sueco, teóricamente neutral, se veía obligado a seguir las órdenes de Hitler para evitar la ocupación. La prensa estaba totalmente censurada y se prohibía imprimir noticias sobre las atrocidades de Hitler, y de forma especial sobre el holocausto de los judíos. 

Gosta Engzella de una forma tranquila y sin aspavientos se enfrenta a su propio jefe inmediato, se enfrenta al gobierno y se enfrenta a la degradación y tal vez a la muerte; pero su responsabilidad moral se encuentra del lado de los hombres y mujeres inocentes. Estoy segura de que ninguna inteligencia artificial le hubiese aconsejado que hiciese lo que hizo valorando los datos objetivos. ¿Qué es lo que nos separa de la máquina?

MARÍA LUISA MAILLARD



IMÁGENES SOBRE LAS MUJERES Y LOS LIBROS
58. LEYENDO O ESCRIBIENDO EN LAS
ESTAMPAS JAPONESAS
INÉS ALBERDI

Uno de los clásicos más famosos de la literatura japonesa La novela de Genji fue escrito por una mujer alrededor del año 1000. Y muchas estampas japonesas pretenden retratar a Murasaki Shikibu cuando estaba escribiendo el libro.

Murasaki Shikibu, la primera novelista,
escribiendo La novela de Genji
(Antiguo grabado japonés).

La novela de Genji es la novela mas antigua de la literatura japonesa y la escritora, lady Murasaki Shikibu, formaba parte de la corte de la emperatriz cuando la escribía. Ello refleja un nivel intelectual elevado en aquel círculo cortesano.

Suzuki Harunobo, Japón (1724-1770)
La dama Murasaki Shikibu escribiendo La novela de Genji, 1767
Museo de Bellas Artes de Boston, Estados Unidos

También por aquella época aparece otra escritora japonesa, Sei Shonagon, que se hace enormemente popular escribiendo un diario que se convirtió en El libro de la almohada.

Shei Sonagon escribiendo El libro de la almohada
Período Heian, Japón (1756-1829)
Colección privada

Sei Shonagon era hija de un poeta y se sabe poco de su vida. Trabajó como dama de compañía de la emperatriz. Su libro, escrito en forma de diario, fue muy apreciado por Borges que lo tradujo del japonés con ayuda de Maria Kodama.

Desde el siglo X, en Japón, la escritura y la lectura estaban muy difundidas entre las mujeres. Así que no es de extrañar que en las estampas japonesas aparezcan con enorme frecuencia retratos de damas leyendo o escribiendo.

Hosoda Eishi, Japón (1756-1829)
Mujer japonesa del s.XVIII, s/f
Museo Británico, Londres, Reino Unido

La época Edo, que va desde 1600 a mediados del XIX, fue un periodo de paz, aislamiento internacional y estabilidad social para Japón, en el que se desarrollaron enormemente las bellas artes, principalmente la pintura en la forma de estampas que retratan la vida de la capital en Edo, la actual Tokio.

Es en este periodo y en estas estampas, en las que encontramos numerosos ejemplos de mujeres leyendo o escribiendo. La mayoría de ellas fueron realizadas por los artistas más reputados de su época.

Kitao Masanobu, Japón (1761-1816)
Las cortesanas Utagawa y Nanasato, del establecimiento Yotsume
(de la serie Un espejo, 1784)
Chaze Museo de Arte, Madison, Estados Unidos

Aunque miradas con ojos occidentales todas las estampas tienen un aire común, los expertos saben distinguir las características de cada uno de los artistas de la época.

A veces la mujer retratada lee a solas en su escritorio.

Keisai Eisen, Japón (1790-1848)
Belleza leyendo a la luz de las velas, s/f
Colección privada

En otras ocasiones, la mujer lee estando acompañada, ya sea por un hombre o por otra mujer.

Keisai Eisein, Japón (1790-1848)
Dos amantes leyendo una carta, s/f
Colección privada

Kikukawa Eizan, Japón (1787-1867)
La carta de amor, c.1812
Colección privada

En algunas ocasiones, el artista nos informa que la retratada es una geisha que trabaja en los barrios de placer, también a veces la identifica como cortesana.


Kikukawa Eizan, Japón (1787-1867)
Mujer japonesa con kimono tradicional leyendo un libro, s/f
Colección privada

Kikukawa Eizan, Japón (1787-1867)
La cortesana Himaaya de la Casa Choji, s/f
Colección privada

Ya estén escribiendo poemas o disponiéndose a leer un libro, todos estos retratos tienen en común la enorme riqueza de los vestidos y la gran complejidad de los peinados de estas mujeres, que se distinguen sobre todo por sus poses estudiadas y sus actitudes hieráticas y elegantes.

Suzuqui Harunobo, Japón (1725-1770)
Escribiendo un poema, s/f
Colección privada

En algunos de estas estampas se introducen otras estampas, como en esta obra de Kuniyoshi, que parece señalar que al autor también le interesan los paisajes del ambiente marinero.

Utaguawa Kuniyoshi, Japón (1798-1861)
Mujer leyendo (probable escena del teatro Kabuki), s/f
Colección privada

Quizás el más distinguido y más apreciado de los pintores de “Bellezas Flotantes” fue Utamaro, un artista del que apenas se sabe nada, pero que supo plasmar en sus retratos la quintaesencia de la belleza femenina como se entendía en aquella época. Se le considera uno de los mejores artistas de ukiyo-e.

KItagawa Utamaro, Japón (1753-1806)
Mujer escribiendo una carta, s/f
Colección privada

Kikukawa Eizan, Japón (1787-1867)
Mujer leyendo un libro, s/f
Museo de Arte de Harvard, Estados Unidos

Kitagawa Utamaro, Japón (1753-1806)
Cortesana leyendo una carta, c.1793
Colección privada

También hemos encontrado algunas estampas que representan mujeres menos arregladas, más sencillamente vestidas y aparentemente más enfrascadas en la lectura. Ambos ejemplos pertenecen a la época tardía, cuando ya Japón se había abierto al mundo. 

Tsukioka Yoshitoshi, Japón (1839-1892)
Quiero cancelar mi suscripción, c.1878
Colección privada

Mihita Toshihide, Japón (1863-1925)
Mujer leyendo, s/f
Colección privada

INÉS ALBERDI

LOS SANGRIENTOS AÑOS DE LOS OTROS
LA HORA DEL DESTINO, ANTONIO SCURATI

FELIPE VEGA

El perfil biográfico de Antonio Scurati (Nápoles, 1969) cuenta que sus trabajos y oficios oscilan entre la filosofía y la enseñanza de la escritura creativa. Con sus 56 años pertenece a una nueva generación - una más - de las emparedadas entre un punto determinado de la historia y el mundo actual, cada vez más desconcertante e inhóspito para los que habitamos la Tierra. Sobre todo, la parte de esa Tierra que no se llama Occidente.

Si echamos un vistazo a sus libros publicados veremos que su autor ha escogido hablar a los italianos - y a todos aquellos con curiosidad suficiente como para bucear con distintas aletas en las profundidades del fascismo italiano: “La víctima es el héroe de nuestro tiempo. Ser víctima confiere prestigio, impone ser escuchado, promete y promueve reconocimiento, activa un poderoso generador de identidad, derechos, autoestima.”

Scurati cita con ese párrafo al también profesor de literatura Daniele Giglioli, que, con la misma edad de Scurati, ha publicado un libro de enorme interés y actualidad para los tiempos en que vivimos: “Crítica de la víctima”. Scurati confiesa inspirarse en ese texto de Giglioli para relatar “el fascismo a través de los fascistas, a través de los perpetradores y no de sus víctimas…”, puntúa.

 Se trata de una nueva corriente historicista que lleva años escribiéndose en buena parte de Europa. Visitando el pasado y tomando como partida uno de sus ángulos inexplorados, que solo el paso del tiempo puede permitir abrirse dentro de la historiografía contemporánea, la cual, a pesar de tantos agoreros y sicarios, enemigos de dicha observación del pasado, sigue vivita y coleando…

Pero Scurati no solo habla de fascistas concretos —por otro lado, la mejor forma de evitar los fascismos inconcretos—, sino que, literariamente, abre una nueva estantería en la narrativa, en la que el tono de su ficción, sus estructuras, se ensamblan a la perfección con la realidad de dicho pasado italiano y europeo evitando alterarlo mezquinamente.

Los “personajes” de Scurati son, en su mayoría, altos militares que acompañaron las valleinclanescas campañas bélicas del Duce. Como en un who is who, el escritor desgrana las vidas, o parte de ellas, de unos hombres que demostraron sobradamente no saber en absoluto qué hacían. Emulando de esa manera e involuntariamente (o no tanto) las iniquidades y miserias de muchos generales franceses durante la Primera Guerra Mundial. De todos modos, el libro atraviesa las fronteras de la Europa destrozada por el nazismo y sus cómplices distribuidos por todos los rincones de Europa.

El fascismo italiano en manos de Mussolini se convirtió en un episodio bufo y sangriento lleno de cadáveres de compatriotas que, o no supieron escoger, o no pudieron hacerlo a tiempo. Tomemos nota de ello una vez más.

Mussolini interpretó su tiempo histórico apoyándose en un entusiasmo rayano en la idiotez, y no dio ni una. Tenía fe en todo, insistía con vehemencia, una y otra vez, en sus egocéntricos discursos pronunciados desde El Altar de la Patria, en Roma.

Para colmo —y como suele suceder—, se rodeó de una descomunal corte de pelotas, aduladores y oportunistas, incluida su querida Clara Petacci, que le bailaba el agua de la noche a la mañana. Ciertamente fue un fantoche. Lo malo es que, además de todo ello, creó infelicidad, muerte y ruina tras él. Los alemanes le despreciaron desde el principio. Hitler se ponía nervioso cuando le estrechaba la mano o cuando tenía que aguantar sus despropósitos, llenos de una megalomanía que aumentaba cada vez que ambos se encontraban. Al final, Mussolini quería todo el Mediterráneo para él, y cuando se le pidió que empezara por conquistar Libia y Egipto comenzó a meter la pata, y ya no paró de hacerlo. Hasta hubo que rescatarlo de un monte, donde había ido a parar para tratar de evitar el odio de su propio pueblo.

Tuvo fe en que los ingleses se rindieran a los alemanes, pero los británicos resistieron contra viento y marea. Tuvo fe en que Los Estados Unidos no entraran en la contienda, y volvió a resbalar en la cáscara de plátano de los cretinos que, además de serlo, hacen mucho daño.

Parecería que el entonces famoso movimiento artístico del futurismo hubiese influido en su cerebro de manera irreversiblemente dañina.

Al final del volumen, Scurati cita y describe una larga lista de personajes situados en los mapas: Eje Roma-Berlín, democracias “plutocráticas” Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y el último apartado centrado en personajes de Albania, Grecia y Yugoeslavia.

No es exagerado decir que no falta nadie en esta especie de guía telefónica que parece encuadernada por el Diablo. No conozco sus libros dedicados al Duce, los que más mella han hecho en su país y fuera de él. Merecería echarles un vistazo. Parece.

En un artículo publicado hace muy poco en un diario, Scurati se descolgaba con esta frase: “Europa no es un continente, sino una cultura”. Bendito sea…

FELIPE VEGA


¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE MEDICINA DE PRECISÓN?
CARMEN G. INSAUSTI

Ya hace varias décadas que venimos hablando de medicina de precisión y todavía hay aspectos que no se tienen claros sobre el término, su alcance, su sinonimia o no con el término de medicina personalizada, su evolución, etc., por ello me ha parecido adecuado hacer una pequeña revisión del tema para aclarar algunas dudas.  

El término medicina personalizada comenzó a utilizarse hace aproximadamente 20 años como resultado de una serie de avances científicos, tecnológicos y clínicos que ocurrieron entre finales del siglo XX y comienzos del XXI. Entre ellos cabe destacar, en primer lugar, el Proyecto Genoma Humano, un proyecto de secuenciación realizado entre Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón y China, que inició en 1990 y culminó en 2022, fecha a partir de la cual se logró identificar miles de variantes genéticas, muchas asociadas a enfermedades, y además, identificar mecanismos moleculares diferentes en una misma enfermedad. Esto fue un estímulo para plantear la adaptación de los tratamientos al perfil genético de cada paciente e indudablemente para comenzar a hablar de medicina personalizada.  

El segundo aspecto muy importante fue el desarrollo tecnológico de la secuenciación genética, y la incorporación en 2005 de la secuenciación de nueva generación que, en lugar de leer un solo fragmento de ADN a la vez, fracciona el genoma en millones de piezas pequeñas y las secuencia todas al mismo tiempo. Esto, además de abaratar los costes, permitió secuenciar genomas completos, paneles de genes, tumores individuales, y convertir a la medicina personalizada en un proyecto clínicamente viable.

Un tercer estimulo proveniente fundamentalmente de la clínica, específicamente de la Oncología y la Hematología, fue el descubrimiento de biomarcadores (dianas moleculares) y el desarrollo de terapias dirigidas. El caso paradigmático fue la Identificación del biomarcador HER2 sobreexpresado en el cáncer de mama; el desarrollo del anticuerpo monoclonal Trastuzumab, eficaz solo en pacientes con este biomarcador, y la demostración de que el diagnóstico molecular junto a una terapia dirigida mejoraba los resultados clínicos.

Otro apoyo muy importante fue el desarrollo de la farmacogenómica, disciplina que combina la farmacología y la genómica para evaluar el efecto de los genes en la respuesta al tratamiento, pues se sabe que el metabolismo de muchos fármacos depende de enzimas codificadas por genes, cuyas variantes entre individuos pueden ocasionar falta de efecto al tratamiento o mayor toxicidad.

Aunado a estos avances, comenzó a cuestionarse el modelo clásico de la medicina basado en promedios poblacionales, que consiste en utilizar en todos los pacientes el medicamento que funciona para la mayoría, ignorando que el porcentaje que no responde puede tener una variante molecular que lo impide. Ante las evidencias de la heterogeneidad de las enfermedades a nivel molecular, se consideró que no había ninguna razón para tratar a los pacientes como si fueran copias de un promedio estadístico, y que lo que había que hacer era utilizar el modelo de la medicina personalizada analizando el ADN, el ARN y las proteínas de cada individuo para conocer la versión específica de su enfermedad y darle la terapia dirigida necesaria.  

Con todos estos apoyos el concepto de medicina personalizada comenzó a difundirse ampliamente a comienzos de los años 2000.

A esto se sumó que en 2015 Barack Obama puso en marcha la Precision Medicine Initiative, el primer plan para llevar adelante la medicina de precisión, cuya idea central fue crear grandes bases de datos genómicos, integrar la genómica con la historia clínica y el estilo de vida de la persona, e impulsar la investigación para mejorar el conocimiento de la biología y patogénesis de las enfermedades y dirigir el tratamiento de acuerdo con los datos recopilados.

Esta Precision Medicine Initiative, anunciada por Obama, logró legitimar políticamente la medicina personalizada y estimular a otros países, que ya estaban trabajando en genómica, a lanzar programas similares. Así, a partir de la década de 2010, países como el Reino Unido, Francia, China, Alemania, España, comenzaron programas nacionales estructurados, casi siempre basados en grandes cohortes poblacionales y en biobancos. En 2016 la Unión Europea también puso en marcha su propio plan. Con estas iniciativas el concepto de medicina personalizada se consolidó como política científica global.

Sin embargo, el concepto de medicina personalizada empezó a ser objeto de críticas porque muchos expertos comenzaron a señalar que el término generaba expectativas pocos realistas porque realmente nadie puede diseñar una medicina completamente individualizada, ya que en la práctica real lo que se hace es la caracterización genética de los pacientes para identificar biomarcadores con impacto en el diagnóstico y pronóstico de la enfermedad, clasificar a los pacientes en subgrupos con características biológicas similares para establecer su pronóstico e indicar el tratamiento más adecuado a cada subgrupo.

Actualmente se acepta que ambos términos están relacionados, pero el de medicina de precisión ha sido el preferido por muchos investigadores y responsables de políticas científicas porque refleja mejor cómo funciona realmente la medicina contemporánea basada en datos biomédicos complejos, en la integración de múltiples niveles de información y en la estratificación biológica de los pacientes.

Lo cierto es que con este enfoque, la medicina de precisión ha logrado un gran desarrollo en Oncología y Hematología, y un poco menos en otras especialidades médicas. Las razones son varias y tienen que ver con la biología de las enfermedades, la disponibilidad de tejido para estudiar y los logros del desarrollo farmacológico.

El cáncer, bien en su expresión de tumor sólido (objeto de estudio de la Oncología) o de cáncer de la sangre (objeto de estudio de la Hematología) es, en esencia, una enfermedad del ADN que ocurre por alteraciones acumuladas en el ADN de las células, las cuales pueden identificarse mediante secuenciación de los genes. Esto permite clasificar las enfermedades de acuerdo con las alteraciones moleculares implicadas y diseñar terapias dirigidas contra esas alteraciones. En Oncología, como ya he comentado, la primera terapia dirigida a un biomarcador concreto fue el anticuerpo monoclonal trastuzumab, dirigido contra el receptor de membrana HER2, presente en el carcinoma de mama y otros tumores sólidos. En Hematología la primera diana molecular que se pudo inhibir farmacológicamente fue la proteína quimérica BCR-ABL resultante de la traslocación de genes en los cromosomas 9 y 22, (t 9;22) característica de la leucemia mieloide crónica. El fármaco en cuestión fue el Imatinib, y desde entonces la explosión de nuevos fármacos dirigidos a dianas moleculares ha mantenido un ritmo vertiginoso.  

No ocurre lo mismo con otras enfermedades donde la base genética no es tan directa. Es el caso, por ejemplo, de patologías como la diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular, depresión, etc. Estas son enfermedades poligénicas (influenciadas por decenas o cientos de variantes genéticas) y fuertemente moduladas por el ambiente y el estilo de vida. Por eso, aunque diferentes estudios de asociación genómica han identificado muchos genes asociados, cada variante individual tiene un efecto pequeño y no se traduce en decisiones clínicas concretas.

Otra razón es que en Hematología y Oncología se puede estudiar directamente el tejido afectado por el cáncer, a través del examen de la sangre periférica, el aspirado y biopsia de la medula ósea, el aspirado y biopsia ganglionar, o la biopsia del tumor, esto permite analizar directamente el genoma tumoral, y seguir su evolución durante el tratamiento. En otras enfermedades esto no es posible.

Por otro lado, tanto en Oncología como en Hematooncología se han desarrollado modelos de ensayos clínicos que han favorecido el desarrollo farmacéutico. Por ejemplo, los ensayos basket, donde un mismo fármaco se ha probado para diferentes tumores con la misma mutación genética, y ensayos umbrella donde varios tratamientos se han aplicado según las mutaciones dentro de un mismo tumor.  

Finalmente, un factor importante que no puede dejar de mencionarse es el socio-económico. El cáncer tiene detrás una enorme inversión económica pública y privada, una gran presión social por nuevos tratamientos y un mercado farmacéutico muy activo que genera un ecosistema científico-industrial particularmente potente en Oncología y Hematología.

Para concluir quiero señalar que la medicina de precisión es ahora y será en el futuro la que guie todas las acciones médicas, y que su implementación implica una serie de aspectos que hay que tener presente. En la próxima entrega hablaré de ellos.

CARMEN G. INSAUSTI
Médico Hematólogo


BETI  JAI, NO SIEMPRE TAN ALEGRE
BIENVENIDO PICAZO 

Que Madrid no es una ciudad para escépticos es algo sabido, pero no viene mal recordarlo. No sé si esta villa esconde más tesoros que cualquier otra de sus mismas hechuras, pero me malicio que la inmensa mayoría de sus moradores orant et laborant, están ajenos a las joyas que sus paredes encierran. Pocos hacen turismo en su pueblo, ni siquiera a coste cero, como el caso que nos ocupa.

Resulta que uno va por una calle cualquiera, la del Marqués de Riscal sin ir más lejos y, dialogando con su sombra o platicando con su chucho, pasa por delante de un portón de los muchos que hay y, naturalmente, no repara en que tras esa aduana se esconde, tan orgulloso como emboscado, el frontón Beti Jai. Esta gran manzana conoció un esplendor que hoy cuesta imaginar, pero en sus días y noches de gloria fue un lugar de obligado paso.

El frontón Beti Jai antes de su remodelación

No hay espacio en esta reseña para inventariar todos los avatares por los que estuvo a punto de despeñarse “la instalación deportiva más antigua de Europa”. Levantado en 1894, echó el cierre definitivo en 1919, clausurado en lo tocante a la pelota y las apuestas, puesto que un lugar tan enorme en pleno centro de Madrid fue todo un reclamo para cualquier aventura o negocio.

La corte que holgaba durante los veranos en San Sebastián tuvo a bien llevar los juegos de pelota más allá de los caseríos y pensó, con buen tino, que la Villa y Corte sería catapulta idónea para darle esplendor a una actividad tan minoritaria.

Dicho y hecho, Madrid acogió de mil amores al nuevo vecino y, en un visto y no visto, hasta treinta frontones se erigieron, algunos funcionando de forma simultánea convocando enfervorizadas multitudes. Al cabo de un siglo y pico, sólo el Beti Jati nos queda como botón de muestra de una arquitectura que hoy se nos antoja difícilmente imaginable para un pabellón deportivo. Hay que reparar en que la fachada no da ninguna pista de lo que encierran sus muros; Joaquín Rucoba, hacedor del teatro Arriaga de Bilbao, adaptó los planos, y estos dieron como resultado lo que podemos contemplar hoy.


El frontón Beti Jai remodelado

Gracias al empeño de una asociación de vecinos chamberilera, el Frontón Beti Jai tiene una segunda vida. Malvivió durante cincuenta años cual, si de una selva en el Orinoco se tratase, pero el Ayuntamiento y la Comunidad han conseguido que Madrid pueda presumir de un edificio que debería ser visita obligada para cualquier estudiante de arquitectura.

Una exposición acoge al curioso mostrándole, paso a paso, las idas y venidas de un lugar que hasta Torres Quevedo —genio infelizmente olvidado por el común—, utilizó para sus experiencias; también fue garaje o campo de tiro, cuesta creer el maltrato con el que históricamente solemos desdeñar nuestro patrimonio. No somos los españoles los únicos que lo hacemos ni los más descastados, pero lo del mal de muchos duele aún más.

No sé qué le deparará el destino a este recinto porque todavía no están bien definidas sus posibilidades. Sin embargo, no parece que su utilización deportiva sea una de ellas. El hecho de estar al aire libre limita un poco, pero sólo un poco, e ignoro si el vecindario que tanto luchó por reverdecer semejante regalo podría aguantar aluviones de gente y ruido sobrevenido, si es que se programasen conciertos. Conciertos, claro está, clásicos o castizos, los aquelarres que se hagan extramuros.

Las primeras raquetistas profesionales de la historia.
La Mañana, 4-1-1917

Las primeras deportistas profesionales de España empezaron dándole a la mano, la cesta punta y demás variedades de la pelota vasca (Bene II, Chiquita de Ledesma y María Antonia Uzkudun "Chiquita de Anoeta"), fueron pioneras destacadas —ingresando más cuartos que sus pares masculinos—. Desconozco si las progresistas de salón y de los ochoemes están al corriente de estos datos que se remontan a hace más de una centuria.

BIENVENIDO PICAZO

 


ELENA GARRO Y EL FUTURO
QUE RETORNA COMO PASADO
ROSARIO HERRERA GUIDO
 

“Yo sólo soy memoria
y la memoria que de mí se tenga”.
Elena Garro, Los recuerdos del porvenir. 

No cabe duda que la novela Los recuerdos del porvenir de la escritora mexicana Elena Garro, es un poema, un mito, un texto circular, espiral, que habla de lo que siempre está sucediendo, pergeñado en presente perfecto, en el tiempo del “habrá sido”, en un futuro que regresa como pasado, cual palimpsesto del poder, eterno retorno de Nietzsche y la repetición de Freud (Nächtraglichkeit), una repetición con diferencia, como fundamenta Gilles Deleuze. Palimpsesto, un término pictórico prestado, para dar cuenta del futuro que regresa como pasado, donde al descarapelar una pintura encontramos a otros personajes en otros entornos y paisajes, pero representando un mismo tema: el poder, con todo su espectáculo y sus miserias.

Al acercarse a la obra de Elena Garro, se comprende que Esther Seligson afirme que la infancia tiene el poder de la lámpara de Aladino, el cruce entre la memoria y el sueño de Gaston Bachelard, pues transfigura el mundo acorde a los deseos y la imaginación (Esther Seligson, “In Illo Tempore”, La fugacidad como método de la escritura, México, Plaza y Valdés, 1988:23). Y que al mismo tiempo se pregunte por qué con el paso de los años vamos perdiendo la infancia. Pues la infancia es el tiempo que no pasa, el secreto de las palabras y las palabras secretas, la verdad de lo increíble, lo inverosímil, el mundo de los sueños y los sueños del mundo, como una deslumbrante luminosidad. Que evoca la Poética de Aristóteles y su concepto de lo inverosímil, inseparable de la verosimilitud (eikos griego), como la trama (mythos), la tragedia, la epopeya y la poesía, que no tratan de la historia, sino de lo universal y lo posible (Aristóteles, “Poética”, Madrid, Obras, 1975).  

Porque las hadas son la proyección de la fantasía infantil, que con su varita mágica convierten en un sueño todo lo que tocan: “De niña, Señor Brunier, el tiempo corría como la música en las flautas. Entonces no hacía sino jugar, no esperaba…” (Elena Garro, La semana de colores, México, Universidad Veracruzana, 1964:67). El juego, rito cosmogónico, consagración de sueños y deseos, es libertad de la felicidad. El juego es el mundo de la infancia, el espejo de agua, el vuelo aéreo, el terruño originario, el fuego tentador y temible.

Más tarde emerge el paraíso perdido del artista, el jardín de las delicias, de todos los colores, los sonidos y las formas. Un jardín donde no reina la inocencia, pues es un bosque habitado tanto por deleites como por horrores. Porque lo paradisíaco es bello, simétrico, placentero, bueno, pero también es monstruoso, cruel, gozoso y mortífero. Lo familiar (Heimlich) —como descubre Freud—, es también lo desconocido (Unheimliche), que se encuentran dentro de nosotros, cual claroscuro de la existencia.

En el tiempo mítico de la infancia, un tiempo sin tiempo, el instante, las palabras existen por sí mismas, multiformes, mas con el peso de su propio significado, palabras extrañas y extrañadas, que provocan la melancolía de un estanque donde sumergirse (Elena Garro, Los recuerdos del porvenir, México, Joaquín Mortiz, 1963: 78).  Palabras que, con sólo decirlas, como por arte de magia, hacen aparecer las cosas. Palabras encantadas y encantamiento de las palabras. Palabras que al nombrar las cosas las crean y las comunican a otras almas. Una experiencia que parece exclusiva de la infancia, pero que desde una lectura ontológica, hasta nuevo aviso, es verdadera: “Que nada sea donde falta la palabra” (Heidegger, De camino al habla, Herbal, Barcelona, Serbal, 1987).   

Mas en la tarde de la vida, se descubre que se pueden descongelar días y se puede recuperar la memoria de otro tiempo y otro espacio. Después de todo, el porvenir es el retroceso hacia la muerte, el estado perfecto en el que se puede recuperar la otra memoria (Elena Garro, Recuerdos del porvenir, Joaquín Mortiz, 1963:33). Fuera del principio, sólo está la convicción de lo perdido, de los actos inalterables, la certeza de que para asirnos a la realidad no nos queda más que el recuerdo.

Recordar, rescatar, recuperar. El paso hacia una nueva vida es la muerte. Pero nada nos asegura que hay otra vida. Podría ser que sólo exista el barruntar por los mismos deseos y pérdidas. El porvenir de los recuerdos de Elena Garro, nos enseña que nos desconocemos por reconocernos en los otros y que por ello de generación en degeneración repetimos los mismos actos: “Extraviados en sí mismos, ignoraban que una vida ni basta para descubrir los infinitos sabores de la menta, las luces de una noche o la multitud de colores de que están hechos los colores. Una generación sucede a la otra, y cada una repite los actos de la anterior. Sólo un instante antes de morir descubren que era posible soñar y dibujar el mundo a su manera, para luego despertar y empezar un dibujo diferente. Y descubren también que hubo un tiempo en que pudieron poseer el viaje inmóvil de los árboles y la navegación de las estrellas, y recuerdan el lenguaje cifrado de los animales y las ciudades abiertas en el aire por los pájaros. Durante unos segundos vuelven a las horas que guardan su infancia y el olor de las hierbas, pero ya es tarde y tienen que decir adiós y descubren que en un rincón está su vida esperándoles y sus ojos se abren al paisaje sombrío de sus disputas y sus crímenes y se van asombrados del dibujo que hicieron con sus años. Y vienen otras generaciones a repetir sus mismos gestos y su mismo asombro final. Y así las seguiré viendo a través de los siglos, hasta el día en que no sea ni siquiera un montón de polvo y los hombres que pasen por aquí no tengan ni memoria de que fui Ixtepec” (Elena Garro, Los recuerdos del porvenir, México, Joaquín Mortiz, 1963:249).

Elena Garro busca regresar al principio del tiempo, al tiempo de la infancia, al tiempo reencontrado. La infancia no es un capítulo de la memoria y la historia que se cierra, pues somos narración, somos contados y nos contamos, somos el futuro que regresa como pasado. Como diría Jacques Lacan: “Eso que hemos querido lo podemos saber”. Y sólo entonces la vida se nos presenta como el realismo mágico, realmente mágica, como el llano de Ixtepec: “Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en una imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo […] Por las noches estallan los cohetes y las riñas: relucen los machetes junto a las pilas de maíz y los mecheros de petróleo. Los lunes, muy de mañana, se retiran los ruidosos invasores dejándome algunos muertos que el Ayuntamiento recoge. Y esto pasa desde que yo tengo memoria” (Elena Garro, Los recuerdos del porvenir, México, Joaquín Mortiz, 1963:9-10).

Como los instantes poéticos vividos de la infancia nada tienen qué ver con el tiempo de la duración, que se divide imaginariamente en pasado, presente y futuro, se prolongan en el futuro, pues la vida es la continuación que fluye en el origen, que es el antes que deviene después, un pasado que nunca sucedió tal cual y un porvenir que no es propiamente el futuro inesperado. Porque “el porvenir de los recuerdos de Elena Garro” son proféticos, espirales míticas, repetición con diferencias imperceptibles, que provienen de la experiencia imaginaria que retorna cual verdad del futuro. Ya que para Elena Garro, la vida es la memoria poética del porvenir de los recuerdos.

Por ello, los personajes de la memoria poética de Elena Garro se encuentran con la muerte como si fuera el envés de la temporalidad de la vida, para encontrarse con el verdadero rostro de la vida. La muerte no es rival de la vida. Morir permite ser la memoria de todas las cosas, con lo que llegamos al mundo y la nostalgia de nuestra partida. Como tras los sueños de la noche nunca nos recobramos, así tras la muerte no hay resurrección. Lo armoniza Elena Garro a través de la voz del pueblo de Ixtepec: “Después de esta tarde una mañana que ahora está aquí, en mi memoria, brillando sola y apartada de todas mis mañanas. El sol está tan bajo que todavía no lo veo y la frescura de la noche puebla los jardines y las plazas. Una hora más tarde alguien atraviesa mis calles para ir a la muerte y el mundo se queda fijo como en una tarjeta postal. Las gentes vuelven a decirse ‘Buenos días’, pero la frase se ha quedado vacía de sí misma, las mesas están avergonzadas y sólo las últimas palabras del que fue a morir se dicen y repiten y cada vez que se repiten resultan más extrañas y nadie las descifra.”   

Porque el sueño es la memoria del origen y el retorno al tiempo primigenio, que deviene futuro. Al lado de Sören Kierkegaard, para Elena Garro el tiempo es “instante eterno” recobrado, “el instante es un átomo de eternidad” (Kierkegaard, Textes Choisis, París, PUF, 1972). Y como la palabra de nuestra gran escritora está fuera del tiempo, puede recordar poéticamente el porvenir.

ROSARIO HERRERA GUIDO




REVIVIR, LA NUEVA CARMEN DE BURGOS,
EN LA BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES

LA AUTORA DE LA OBRA CUENTA EL LARGO VIAJE DE COLOMBINE 
DESDE LA MARGINACIÓN A LA UNIVERSALIDAD

ASUNCIÓN VALDÉS

El año empezó bien para la escritora ignorada cuatro décadas durante el siglo XX. A mediados de enero de 2026, Yolanda Santamaría, Responsable de Digitalización de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (BVMC) de la Universidad de Alicante, puso en marcha el escaneo de la biografía sobre la pionera almeriense, Carmen de Burgos Seguí, que escribí a lo largo de cuatro años, desde 2018 a 2022.

En abril de 2023, la presentamos en la Asociación de la Prensa de Madrid y en el Ateneo capitalino, dos prestigiosas instituciones de las que Colombine —su principal seudónimo—, fue de las primerísimas socias, haciendo gala de su lucha por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Este año se cumple medio siglo de un hecho seminal en la resurrección de Carmen que ella misma predijo. En 1916, al ser entrevistada como periodista y escritora famosa, manifestó: “Yo resucitaré por la fuerza de un libro que no habré podido escribir o por hacer alguna información periodística que se les escape a los futuros reporteros y que exija inaplazablemente la actualidad”. (La Novela Corta, junio 1916).

En efecto ese libro, vio la luz en septiembre de 1976. La doctoranda norteamericana Elizabeth Starcevic publicó el primer ensayo sobre la intelectual andaluza: Carmen de Burgos, defensora de la mujer, en la editorial almeriense Cajal. Antes, en vida de Franco, habría sido imposible.

El rescate de Colombine ha sido arduo: de la popularidad y prestigio en el primer tercio del siglo XX al borrado de la historia tras su muerte en Madrid, el 9 de octubre de 1932. La damnatio memoriae, la condena de la memoria aplicada en la Roma clásica a los enemigos del Estado, empezó en 1939. Acabada la Guerra Civil, su obra entera fue censurada, prohibida su enseñanza y proscrita en las bibliotecas públicas.

En los años cuarenta, se agudizó la represión franquista con la creación del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo que, incluso, persiguió a Carmen de Burgos después de muerta, como se revela por primera vez en mi biografía. El manto del miedo, la ignorancia y el olvido cayó sobre su legado escrito y cívico, plasmado en su vibrante periodismo, su inspiradora literatura y su defensa de los derechos humanos, especialmente los de la mujer y el niño.

Afortunadamente, la impagable aportación de Starcevic despertó el interés dentro y fuera de España por Colombine, tanto académico -especialmente con la tesis doctoral de Concepción Núñez Rey de 1992- como periodístico. Mi estudio crítico se une a investigaciones realizadas, además, por paisanos de Carmen -Federico Utrera, Antonio Sevillano y Mar Abad- o Paloma Castañeda, María Teresa Álvarez y Blanca Bravo Cela; periodistas y autores de referencia.

EL CÍRCULO DE ORELLANA Y LA AMMU

Especialmente agradecida estoy a la asociación de profesionales, conocida como las Orellanas, y a la Asociación Matritense de Mujeres Universitarias, (AMMU) cuya presidenta Maria Luisa Maillard, en sus fructíferos años de editora, y otra de sus colegas más relevantes, Inés Alberdi, me convencieron para que escribiera una breve biografía sobre Carmen de Burgos.

Antes, me había convencido una orellana de dimensión universal, Benita Ferrero-Waldner, alto cargo en Naciones Unidas, ministra austriaca de Asuntos Exteriores y comisaria europea en Bruselas. A Benita le ayudaba Leticia Espinosa de los Monteros, fundadora y presidenta del Círculo de Orellana, que tuvo la original idea del ciclo de conferencias “Españolas por descubrir”.

La defensora de una ley del divorcio en 1903 y del voto para la mujer desde 1906 encajaba perfectamente en ese ciclo. Y de mi conferencia en 2018 en el Instituto Cervantes de Madrid nació mi ópera prima y “magna”, calificada así por Maillard en este mismo blog: 619 páginas, editadas por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert (IAC) de la Diputación Provincial de Alicante. 

Dos personas claves del IAC, Pilar Tébar, su directora, y Toni Cabot, su director de Publicaciones, fueron decisivas para editar una de las obras más ambiciosas del Gil-Albert, como lo llaman los alicantinos recordando al poeta alcoyano: dos tomos ilustrados en estuche de tapa dura, diseñados audazmente por Amparo Alepuz, en color Colombine, el tono creado por Carmen de Burgos en 1904, precursor del rosa-lila abrazado por el feminismo. Otra aportación mía descubierta en Salamanca, en la Casa-Museo de Unamuno, con quien Carmen mantuvo prolongada relación intelectual.

Pero la gran novedad de REVIVIR..., según el catedrático Jesucristo Riquelme Pomares, es que fue Carmen de Burgos la descubridora de Ramon Gómez de la Serna y quien lo introdujo en el mundo editorial, derribando así la leyenda despectiva de reducirla a ser la amante de Ramón.

EL PORTAL DE AUTOR CARMEN DE BURGOS

El PDF de REVIVIR, La nueva Carmen de Burgos, se alberga en el Portal de Autor que, en 2023, la BVMC dedicó a ella. En el Portal, podemos consultar más de doscientos títulos de la profesora, periodista y escritora: poemas, ensayos académicos, cuentos, novelas cortas y extensas, crónicas de viajes, biografías, traducciones, manuales de uso práctico, prólogos, conferencias y recopilaciones de algunos de sus trabajos periodísticos, como artículos y entrevistas.

Todas las ediciones originales, más las de las publicaciones de su hija María Álvarez de Burgos, y correspondencia de la autora de La rampa o Puñal de claveles, fueron cedidas por Roberto Cermeño, presidente de la Agrupación Carmen de Burgos del Ateneo de Madrid, gracias a mi mediación con el fundador de la BVMC, Andrés Pedreño, ex rector de la Universidad de Alicante en 1998. La actual rectora, Amparo Navarro, la primera de la UA, aceptó enseguida la generosa oferta de Cermeño, planteada en 2021 por Pedreño y Jesús Pradells, director de la BVMC, la web de contenidos culturales hispanos más importante del mundo.

Agotada la primera edición de REVIVIR, La nueva Carmen de Burgos, y según mi contrato de autor con el IAC, ha pasado a la BVMC. Esta facilidad para lectores, estudiantes e investigadores ha sido saludada por Angela Ena Bordonada, catedrática honorífica de Literatura Española en la Universidad Complutense, por su utilidad y difusión.

En efecto, con un solo clic, según las métricas de la BVMC, el Portal Carmen de Burgos es consultado en España, Italia, México, Argentina, El Salvador, Estados Unidos y otros países no especificados. Colombine revive ahora en el universo infinito de la Red, convertida en escritora universal.

ASUNCIÓN VALDÉS

 PARA LA LECTURA DEL TOMO 1, SU ENLACE ES:

https://www.cervantesvirtual.com/obra/revivir-la-nueva-carmen-de-burgos-tomo-1-1378059/ 

Y DEL TOMO 2:

https://www.cervantesvirtual.com/obra/revivir-la-nueva-carmen-de-burgos-tomo-2-1378062/

 



JOSEFINA BLANCO TEJERINA (1879-1957)

MARÍA LUISA MAILLARD

En el largo debate que Soledad Ortega mantuvo con su padre, respecto al papel de la mujer en la sociedad, se diría que el tiempo ha dado la razón a Soledad. Defendía el filósofo que el papel de la mujer era servir de acicate a la vida del hombre y que en España no había cumplido su función al escoger a los menos capaces. Soledad contraargumentaba que era al revés, que eran los hombres españoles los que en general preferían a las mujeres analfabetas. Muchas mujeres españolas en el periodo de la Edad de Plata escogieron a “los más capaces” como compañeros de vida. Zenobia de Camprubí, María Lejárraga, Concha Méndez, María Teresa León, Felicidad Blanch… y entre ellas, nuestra protagonista Josefina Blanco, la mujer de Ramón María del Valle-Inclán. ¿Cómo les fue?

Cuando Josefina Blanco fue entrevistada por Clara Campoamor con el fin de preparar la defensa de su demanda de separación de Valle-Inclán en 1932, suyas fueron estas palabras, recogidas por Isabel Lizárraga en su novela Josefina, Valle-Inclán y su pleito de amor, publicado en el año 2004: “Llevo más de un cuarto de siglo conviviendo con el Hombre, después con el Genio y, ahora, durante demasiado tiempo, con la Máscara. ¿Se puede imaginar la fortaleza que es necesaria para enfrentarse a esa tríada?”. Por esas fechas, Valle-Inclán, identificándose con el personaje extravagante y libérrimo que había creado, había abandonado el domicilio conyugal, se había desecho de la casa madrileña donde había residido la familia y se había llevado a sus cinco hijos, dejando a la intemperie a su mujer Josefina.

Comenzamos el recorrido por la vida de Josefina Blanco por este dato porque aún hoy, si alguien ha oído su nombre, sólo conoce de ella que fue la mujer de Valle-Inclán. Quizá alguien más sepa que fue la primera mujer separada oficialmente de su marido, en un juicio cuya defensora fue Clara Campoamor, logro nada fácil en un contexto en el que su marido, el insigne escritor creador del esperpento, era una figura intocable. En esta sección de mujeres olvidadas vamos a ampliar el perfil de Josefina Blanco con la ayuda de las últimas investigaciones, aparecidas en este siglo XXI, la de Jesús Rubio Jiménez en el año 2009, Ramón del Valle-Inclán y Josefina Blanco. El pedestal de los sueños; la mencionada de Isabel Lizárraga en el año 2024 y la de su nieto Joaquín del Valle-Inclán y Alsina en el año 2026 que dedicó a su abuela un monográfico en la revista Publicación de Estudios sobre Valle-Inclán.

Josefina Blanco y Ramón María del Valle-Inclán con una de sus hijas
Foto: José Luis de María López (Campúa). Archivo Digital Valle-Inclán

Josefina Blanco nació en León en 1879 en el seno de una familia humilde, de la que poco se sabe, salvo que el padre era hospiciano, ya que, en la provincia de León, Pedro Blanco era el nombre que se adjudicaba a todos los hospicianos sin referente familiar. Quedó huérfana de madre a los 5 años y su tía Concha Suárez, actriz, la prohijó y la introdujo a edad temprana en el mundo del teatro. La niña, que ya había aprendido a leer, escribir y rudimentos de francés y música, pisa las tablas a los 8 años, acompañando a su tía en una gira por Cádiz y Barcelona.

Cuando conoció a Valle-Inclán tenía 18 años y una larga experiencia, elogiada por la crítica del mundo teatral, aunque siempre en el papel de ingenua, ya que era pequeñita, vivaz y de rasgos suaves. El encuentro se produjo en el domicilio de la actriz María Tubau y su marido Ceferino Palencia. Valle-Inclán era un prometedor joven de 31 años, que había iniciado la carrera de escritor con artículos periodísticos y obras de teatro y que aspiraba a pisar la escena. Se había instalado en la Corte, después de su aventura mexicana, y ya destacaba en el mundillo del arte por su extravagancia y carácter intempestivo, que pronto le privaría de su brazo izquierdo. Según cuenta Josefina en la semblanza de su marido, recogida el 12 de enero en el periódico Crónica, a raíz del homenaje tras su fallecimiento en 1936, el joven le produjo una fuerte impresión: “El peregrino personaje dejó en mi ánimo una pavorosa impresión, mezclada con una inefable ternura”.

Coincidieron en la escena al año siguiente en 1898 en la obra La comida de las fieras de Jacinto Benavente y en 1899 en Los reyes en el destierro de Daudet. Se hicieron amigos. Josefina Blanco continuó desarrollando una carrera exitosa y, cuando falleció su tía y se quedó sola en el mundo, según cuenta en la entrevista que le hizo Carmen de Burgos (Colombine) en 1916, Valle-Inclán se convirtió en su consejero y confidente: “Tenía tanta confianza en su talento, que le obedecía en todo. Al final acabamos por casarnos”. […] Yo lo admiro mucho, para mí no hay nadie como él. Yo antes era una intuitiva. Él me ha educado, me ha hecho conocer y sentir el arte”.

Josefina Blanco y Ramón María del Valle-Inclán con su hija María Antonia
Archivo Digital Valle-Inclán

Se habían casado en 1907. Josefina había llegado al matrimonio, con 28 años siendo una joven independiente y una reputada actriz, que había representado a Galdós, Marquina y Jacinto Benavente, aparte de a Valle-Inclán. Una actriz muy alabada y respetada por la crítica como muestran estos versillos: “Genial, viva, inteligente, no hay cual la Blanquita, dos. Con su arte, modestamente, dio triunfos a Benavente y laureles a Galdós”.

Los primeros años del matrimonio transcurrieron de forma armónica. Josefina se había situado “en una zona gris”, según exigencias de su marido. Le apoyaba, corregía sus pruebas de imprenta y escuchaba las primeras lecturas de sus textos. Como veremos, llegaría a ser una gran experta en la obra de su marido. En 1908 tuvo su primera hija, María de la Concepción y en 1910 de la mano de Rubén Darío y en compañía de su esposo, inicia una gira por Latinoamérica, primero con la compañía de Matilde Moreno y después con la de María Guerrero. En este viaje, su marido ya desvela una faceta de su carácter que llegaría a dominar su comportamiento: encierra a Josefina en su camerino para impedir que salga a escena a representar una obra de Echegaray.

Hasta 1912, fecha en que Valle-Inclán decide trasladarse a Galicia con su familia, Josefina continúa con su carrera de actriz, representando entre diversas obras de Marquina y Benavente, las de su marido: Cuento de Abril, Voces de gesta y La marquesa Rosalinda. En Galicia Josefina tiene cinco hijos: Joaquín, que muere tempranamente, Carlos, Mariquiña, Jaime y Ana María. Sólo abandona temporalmente su retiro en 1918 para representar, junto a Margarita Xirgú, Santa Juana de Castilla de Galdós. Con el paso de los años y el aumento de su fama como escritor y personaje, Valle-Inclán va desplazándose con más frecuencia a Madrid, hasta instalar allí su residencia. Llegan hasta Galicia, donde ha dejado a su mujer y a sus hijos, noticias de sus infidelidades, mientras el escritor va desatendiendo las necesidades de la familia. Finalmente llega el abandono por el que Josefina se embarca en la demanda de separación, que gana en los tribunales, y que Valle-Inclán se niega a aceptar, debido a la cuantía que debe pasar a su mujer, aparte de la obligación de devolverle a sus hijos menores.

Josefina Blanco y Ramón María del Valle-Inclán

Con 54 años Josefina intenta volver a su trabajo, pero el largo periodo de ausencia, el pleito que entabla y la proximidad de la guerra civil, frustra sus proyectos. En 1936 fallece Valle-Inclán y esa mujer menuda que se había situado de forma voluntaria en una zona “gris” a la sombra de su marido, comienza a desarrollar una actividad incansable para preservar la obra del genio que la abandonó. Comentaba que la obra de su marido era sagrada para ella y como había dado la vida por él y por sus hijos, también la daría por su obra.

Se traslada a Pontevedra, funda allí la editorial Rúa Nova y el 13 de enero de 1940 se constituye como editora. Ese mismo año la editorial Sopena distribuye Tirano Banderas la novela preferida de Josefina y La Corte de los milagros. En el periodo de 1941-1944 publica en su editorial 21 Tomos de la obra de Valle-Inclán en la colección “Ópera Prima”. En 1944, con el apoyo de Azorín y Benavente que preparan los prólogos, publica las Obras Completas de Valle-Inclán, impresas en la Tipografía Rivadeneyra.

Josefina Blanco falleció el 19 de noviembre de 1957, habiendo logrado con su generosidad y su espíritu abierto que la obra de Valle-Inclán estuviese a disposición de la raquítica vida cultural de la España de la inmediata posguerra, lo que no sucedió con la mayoría de los autores de la Edad de Plata.

MARÍA LUISA MAILLARD

 



El mago del Kremlin es una adaptación del best-seller de Guiliano da Empoli y está realizada por el director francés Olivier Assayas. Nos narra la subida y mantenimiento en el poder de Vladimir Putin, una magnífica interpretación de Jude Law. Comienza la película en una lujosa dacha donde reside Baranov, cuyo nombre real es Vladislav Surkov, ya jubilado, siendo entrevistado por un escritor norteamericano. Vladislav Surkov, alias Baranov, fue durante muchos años el consejero que mantuvo en el poder a Putin. Un hábil estratega, el mago, que utilizaba todos los trucos para mantener en el poder al que aquí, en la narración, llaman “el zar”. Todo servía para que el líder se saliese con la suya: manipular la opinión pública, crear falsos enemigos, inventar falsas agresiones, fomentar discordias, lanzar campañas mediáticas…

Surkov (Karanov) fue, antes de dedicarse a la política, un joven transgresor que estudió dirección teatral, trabajó como relaciones públicas y se convirtió en un exitoso ejecutivo en el sector privado. Sus estudios le sirvieron para montar un relato sobre el alma rusa como si de una campaña publicitaria se tratara. Retrata una Rusia postcomunista sumida en el caos que solo puede ser salvada por una figura fuerte y única, Putin. Surkov, protagonizado por un Paul Dano, fue fascinante. Él es quien inventó la “Democracia soberana” con la que trató de proteger la figura política de Putin de las críticas de occidente.

Y también, fue el propulsor de lo que denominó el “Control reflexivo”. Una técnica que consiste en suministrar información preparada al adversario para que este, creyendo obrar por voluntad propia, lleve a buen término la decisión que el Kremlin ya había predeterminado. Una filtración de correos enviados entre 2016 y 2017, revelaron cómo este control se aplicó en Ucrania para manipular las protestas y los movimientos en las repúblicas de Donetsk y Lugansk. Su plan era que Ucrania se reintegrara a Rusia "espontáneamente" mediante la presión política y el caos interno. Sin embargo, Ucrania resistió mucho más de lo previsto. Y así fue como el Kremlin, Putin, perdió la paciencia y lanzó sobre Ucrania una invasión a gran escala. En febrero de 2020, Surkov fue destituido oficialmente de su cargo como asesor.

¿Y la película? Es difícil abarcar en un film a un personaje tan complejo y un periodo tan complicado de la historia de Rusia. Es una pena que la narración no levante el vuelo. Se hace pesada, dura dos horas y media. Es en exceso discursiva. Olivier Assayas, el director, se empeña en contarnos cosas sin parar, lo que hace que nos perdamos en la superabundancia de hechos, personajes y situaciones políticas que desfilan por la pantalla.

Lo mejor es la actuación de Jude Law, como Vladimir Putin. Utiliza el cuerpo para componer un personaje terrorífico. La frialdad de su mirada, la rigidez de la nuca, su aparente calma tensa, sus palabras medidas al milímetro, su concentración… Estamos ante el poder absoluto, ante toda carencia de humanidad.

Una película frustrada con momentos conseguidos que nos descubre a dos tipos, Surkov y Putin, jugando con las vidas de pueblos y ciudadanos sin el mínimo gesto de piedad. Dan miedo. 

ISABEL BANDRÉS






Joachim Trier (La peor persona posible), analiza a una familia rota en Valor sentimental que nos recuerda al cine de Bergman. Se abre la película con una preciosa y encantadora casa familiar que ha sido habitada por unas cuantas generaciones de una misma familia. Dos niñas corretean divertidas y, de pronto, aparece una grieta que proviene de los cimientos. El director, Trier, nos narra la difícil situación de la última generación que la habita: un matrimonio, ella psiquiatra, él, Gustav, cineasta de prestigió, y dos hijas pequeñas, Nora y Agnes. Gustav se divorcia, se marcha de casa y deja de verlas y de preocuparse por ellas. Tras años de ausencia, su mujer muere y Gustav vuelve para proponerle a su hija Nora, actriz, que protagonice su nueva película e intenta darle el guion. El desencuentro es total. Nora, una persona débil y con un psiquismo sumamente frágil, se niega rotundamente a colaborar. La hija pequeña, profesora de historia, tras leerse el guion decide investigar sobre la vida de su abuela y su padre.

Valor sentimental es una obra brillante sobre el dolor y la fragilidad de las relaciones familiares. Nos habla de cómo las vivencias familiares, los fantasmas del pasado sin resolver interfieren, generación tras generación, en la vida de las personas. El texto es exquisito, las interpretaciones son brillantes y en todo momento sentimos que estamos ante una obra mayor que respira sabiduría y buen hacer. Sin darnos cuenta, Trier, el director, nos mete en una red de relaciones afectivas tan complicada que cuando termina sentimos desazón, angustia y simpatía por los personajes. Son, somos, nos dice, el resultado de generaciones y de los fantasmas que nos hemos creado sobre ellos. Nora se siente víctima por la ausencia de su padre y es incapaz de salir de un bucle de ira, dolor y angustia. Para ella, su padre les abandonó de forma “consciente”. Sin embargo, Agnes, que ha sido protegida durante la niñez por su hermana, se muestra más abierta a la vida y parece más tolerante. Se niega a ser presa del pasado familiar y quiere comprender para seguir adelante.

Gustav es incapaz de comunicarse de manera emotiva, tiene que apoyarse en su trabajo para contactar con los otros: utiliza en una película de juventud a su hija pequeña, escribe en la vejez una obra para su hija mayor y sus amigos son técnicos de cine con los que habla de trabajo. Poco a poco, se nos descubre que la infancia de Gustav fue durísima, y sospechamos que quizá lo mutiló afectivamente. No parece que fuese tan “consciente” del abandono a sus hijas. Nora “no quiere” saberlo. Eso le quitaría el título de víctima agraviada. Se repliega en el dolor y en un victimismo un tanto narcisista. Al final, es posible que utilizando el arte y la creación como vinculo se acerquen. Nora y su padre tienen mucho en común. “Me recuerdas a mí”, le dice Gustav en un momento de la narración.

Una gran película que contiene sabiduría y un conocimiento profundo del ser humano. Es elegante y difícil de olvidar. No se la pierdan. 

ISABEL BANDRÉS