LA HYBRIS Y LOS IDIOTAS
ISABEL BANDRÉS
Los
filósofos de la antigua Grecia llamaban hybris a la desmesura y a la
egolatría. La consideraban la causa de todos los males y desgracias. El mal de hybris
ataca principalmente a los poderosos y, sobre todo, a los políticos que cuando
alcanzan el poder suelen desarrollar un exceso de confianza en sí mismos que
les hace saltarse todos los límites legales, todas las líneas rojas y rechazar
todo consejo con tal de preservar una imagen grandiosa de sí mismos. No es que
sufran un narcisismo de andar por casa, no. Es una omnipotencia y una sensación
de supremacía total sobre todo y sobre todos lo que les
ciega y lleva al desastre arrastrando a la desdicha a muchos.
Aristóteles aconsejaba, como régimen curativo, practicar la prudencia y la
moderación. Reírse de uno mismo, también es recomendable y lo aconseja el
sentido común.
Al ego hinchado le acompaña siempre la idiotez. Hay que ser imbécil para no darse cuenta que la perfección en los humanos no existe, que somos seres necesitados y que la vida tiene fecha de caducidad. Ese exceso de poderío solo la sufrimos nosotros, el resto de la fauna se limita a seguir su instinto natural: una pescadilla no experimenta la necesidad de actuar como una ballena ni una hormiga como una leona ni un gorrión como un pavo real. Su instinto les guía y les dice cuál es su sitio. Pero nosotros, pobrecitos, estamos entre la naturaleza y la cultura y nos hemos hecho un lío tan grande que no dejamos de hacer cosas admirables y atrocidades horribles. Ayer, surgió un tal Leonardo da Vinci y hoy un tal Trump. El primero fue un hombre del Renacimiento, época floreciente base de nuestra cultura y del humanismo. El segundo es un tipo más que estrafalario que nos está conduciendo por los caminos de la guerra sin saber el porqué, el qué y las consecuencias. Cada día nos dice una cosa y justifica la contraria. Habla de defender la democracia cuando hace unos años animó a los suyos a tomar el Congreso en su país y espera que los europeos le ayudemos echándonos en cara el apoyo de Norteamérica durante la Segunda Guerra Mundial. Se calla que él no es Frankl Roosveelt y que el EEUU y la Europa de hoy no son lo que eran entonces. Silencia los enormes obstáculos que se tuvieron que superar para llegar a un consenso con Inglaterra y Rusia y miente descaradamente sobre la historia de aquella época por ignorancia o por malicia. Yo creo que por las dos cosas. Sería conveniente, menos soberbia y más estudio de la historia.
Hoy,
como tantas veces antes, tenemos una guerra en la que las partes: Israel, Irán
y EEUU están concernidas. Oriente Medio se ha convertido en un polvorín donde
los muertos se cuentan por miles y la paz cada vez se ve más lejana. Es una confrontación
en la que a la avaricia se la disfraza de libertad democrática, al deseo de
expansión se le coloca la máscara de protección territorial y la legitima
defensa oculta la crueldad de un régimen totalitario y brutal. De momento,
todos sufrimos la subida de precios de la energía, Rusia se beneficia vendiendo
su crudo y Ucrania está más indefensa frente a Putin que ataca ahora de una
manera más intensa y sanguinaria. ¿Qué sucederá? Las variantes que se barajan
son tantas como las personas que opinan. Los más sensatos nos aconsejan mirar
los mapas y recordar experiencias pasadas parecidas como Irak, Afganistán… Otros
nos marcan posiciones ideológicas a seguir: apoyar a Occidente o el no a la
guerra. Las cosas no son tan simples y no pintan bien, pero nada bien.
No
aprendemos. Nos venimos matando unos a otros desde que estamos en la tierra y
continuamos haciéndelo como auténticos idiotas. Muchos siguieron a Hitler, a
Stalin, a los ayatolas, a Netanyahu, a Putin, a Trump y a cientos de
diosecillos que les impusieron su poder. Cuando un político consigue el triunfar
desfila entre aplausos y reverencias, se infla de arrogancia y, acto seguida,
se comporta como un idiota. En la antigua Gracia, idiota era aquel que solo se
preocupaba de lo suyo, de lo privado, y no tomaba parte de lo público, de
aquello que nos atañe a todos. Lo que significa que además de cuidar de lo
nuestro, hay que proteger mucho lo que nos es común.
Hannah Arendt, nos dice que los griegos creían que aquel que tiene su vida volcada solo “en lo propio”, fuera “de lo común” es, por definición, un idiota. Estar en “el mundo” significa estar “en lo común” y buscar lo mejor para todos. Un político corrupto no está en “lo común”, está en “lo propio”. Un ciudadano que se refugia en “sus cosas” y en su “ideología o creencias” no está en “lo común”, está en “lo propio”. Los partidos políticos que buscan solo el poder por el poder están en “lo propio” y no en “lo común”. En fin, siguiendo ese razonamiento llegamos a la conclusión que somos una pandilla de idiotas que malbaratamos nuestras pequeñas vidas persiguiendo el poder por interés propio o apoyando a los poderosos con síndrome de hybris.
Pero
no todos políticos sufren o han sufrido está desviación. Los hay que han sabido
atar corta su arrogancia y han gobernado no a gusto de todos, eso es imposible,
pero sí buscando el bien de los ciudadanos. Adenauer, Willy Brandt, Havel,
Mandela… políticos muy diferentes en carácter e ideología que supieron, a pesar
de sus fallos, mejorar la vida en los países que gobernaron. Políticos que
estuvieron más “en lo común” que “en lo propio”.
El
síndrome de hybris corrompe el mundo y lleva a millones de personas inocentes
a la desgracia y a la ruina sin que puedan hacer nada por evitarlo. Esa
tragedia nos mueve a la compasión y a plantearnos hasta qué punto obramos como
idiotas cuando actuamos por “lo propio” y no por “lo común”. La democracia
liberal se mantiene porque muchos la sostienen cada día. Cuando en el ejercicio
del poder se confunde “lo común” con “lo propio” es el fin de la democracia y
el triunfo del totalitarismo. ¿Vamos por esa deriva?
ISABEL BANDRÉS
RESPONSABILIDAD
MARÍA LUISA MAILLARD
Leyendo
el otro día al poeta Adam Zagajewski, me sorprendió una reflexión nada usual
sobre su experiencia vivida en un país totalitario. Desde una realidad obvia,
que el Estado se apropiaba de todos los sectores sociales —económicos,
políticos y culturales—, no hablaba de las consecuencias más visibles y
ampliamente conocidas: privación de libertad y privacidad o tortura y muerte de
los disidentes, sino de la privación de la responsabilidad. El Estado
totalitario, al haber acumulado en sí mismo todo el mal, escribe con cierta
ironía, ha situado a la población en una situación más peligrosa de lo que
pudiera parecer: les ha privado de su sentido de la justicia, de su
responsabilidad moral: “El totalitarismo ofende profundamente nuestro sentido
de la justicia porque hace que dejemos de juzgarnos con severidad, nos arrebata
el sentido de la Vida”.
Zagajewski
pone sobre el tapete una realidad que hoy no consideramos relevante: que la
responsabilidad es la verdadera libertad porque en el hombre existe el sentido
innato de la justicia y más allá de ella, de la bondad que, según Simone Weil,
es lo que define y da altura al ser humano. Todos sabemos lo que está bien y lo
que está mal, añade la filósofa, porque todo hombre quiere que se le haga el
bien y no el mal, así de sencillo. Rita Levi Montalcini comparte esta tesis al
afirmar que el mayor grado de la evolución humana es la distinción entre el
bien y el mal. ¿Vamos a consentir que se nos prive de esa libertad, fruto de
nuestra capacidad de discernimiento?
Sin embargo, se diría que hoy en día se ha producido un fenómeno muy semejante al que el poeta describe bajo un régimen totalitario, pero, curiosamente, en una sociedad democrática. El decaimiento de la responsabilidad no es debido a que un gobierno cruel y totalitario acapare el mal. El enemigo que absorbe todo el mal sobre la tierra es un imaginario que, en ciertas ocasiones, muestra el rostro deformado de un dignatario. Lo que parece que está a la baja es la creencia de que nuestra responsabilidad individual es intransferible, que no se puede delegar en ninguna ideología que afirme lo que está bien y lo que está mal y nos haga olvidar la idea de justicia y de forma especial nos haga olvidar que “un hombre es todos los hombres” y una mujer iraní es todas las mujeres.
Extraña
en la última manifestación del 8 de marzo que no hubiera habido la más leve
mención solidaria a las mujeres iraníes que se rebelaron contra la sumisión
extrema que padecían y dieron su vida por el solo hecho de quitarse el velo,
símbolo de su opresión. Fueron acompañadas por la mayoría de la población y la
segunda revuelta se saldó con casi 50.000 muertos, muchos de ellos mujeres
ejecutadas de forma cruel. ¿Acaso es justa esa situación? ¿Se puede siquiera
comparar con la injusticia que sufren las mujeres españolas que gozan de todos
sus derechos ciudadanos y constitucionales? La postura del victimismo y la
queja que se ha instalado en nuestras sociedades occidentales, por más que esté
orientada por una ideología justificativa, no puede llegar hasta el punto de
hacernos olvidar ese bien intransferible que es nuestra responsabilidad
individual. Bien es cierto que nuestros gobernantes no nos facilitan la tarea.
Nunca se consideran responsables de sus actos de gobierno y sin duda ese hecho
contribuye a que gran parte de los ciudadanos a los que gobiernan tampoco lo
haga.
Sin necesidad de recurrir a la argumentación, la historia nos ofrece múltiples ejemplos concretos de la existencia de esta altura moral que es la responsabilidad y cómo ella es la base de la libertad interior. Recuerdo ahora una película basada en un hecho real que vi recientemente: El vínculo sueco. El protagonista, Gosta Engzella, jefe del Departamento legal del Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno sueco y ocupado de las visas de emigración, consigue mediante triquiñuelas burocráticas salvar del holocausto a cientos de miles de judíos, en especial a los residentes en Noruega que en 1938 iban a ser enviados a los campos de exterminio. Todo estaba en su contra. El gobierno sueco, teóricamente neutral, se veía obligado a seguir las órdenes de Hitler para evitar la ocupación. La prensa estaba totalmente censurada y se prohibía imprimir noticias sobre las atrocidades de Hitler, y de forma especial sobre el holocausto de los judíos.
Gosta
Engzella de una forma tranquila y sin aspavientos se enfrenta a su propio jefe
inmediato, se enfrenta al gobierno y se enfrenta a la degradación y tal vez a
la muerte; pero su responsabilidad moral se encuentra del lado de los hombres y
mujeres inocentes. Estoy segura de que ninguna inteligencia artificial le
hubiese aconsejado que hiciese lo que hizo valorando los datos objetivos. ¿Qué
es lo que nos separa de la máquina?
MARÍA LUISA MAILLARD
IMÁGENES SOBRE LAS
MUJERES Y LOS LIBROS
58.
LEYENDO O ESCRIBIENDO EN LAS
ESTAMPAS JAPONESAS
INÉS
ALBERDI
Uno
de los clásicos más famosos de la literatura japonesa La novela de Genji
fue escrito por una mujer alrededor del año 1000. Y muchas estampas japonesas
pretenden retratar a Murasaki Shikibu cuando estaba escribiendo el libro.
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| Murasaki Shikibu, la primera novelista, escribiendo La novela de Genji (Antiguo grabado japonés). |
La novela de Genji es la
novela mas antigua de la literatura japonesa y la escritora, lady Murasaki Shikibu,
formaba parte de la corte de la emperatriz cuando la escribía. Ello refleja un
nivel intelectual elevado en aquel círculo cortesano.
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| Suzuki Harunobo, Japón (1724-1770) La dama Murasaki Shikibu escribiendo La novela de Genji, 1767 Museo de Bellas Artes de Boston, Estados Unidos |
También
por aquella época aparece otra escritora japonesa, Sei Shonagon, que se hace
enormemente popular escribiendo un diario que se convirtió en El libro de la
almohada.
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| Shei Sonagon escribiendo El libro de la almohada Período Heian, Japón (1756-1829) Colección privada |
Sei
Shonagon era hija de un poeta y se sabe poco de su vida. Trabajó como dama de
compañía de la emperatriz. Su libro, escrito en forma de diario, fue muy
apreciado por Borges que lo tradujo del japonés con ayuda de Maria Kodama.
Desde
el siglo X, en Japón, la escritura y la lectura estaban muy difundidas entre
las mujeres. Así que no es de extrañar que en las estampas japonesas aparezcan
con enorme frecuencia retratos de damas leyendo o escribiendo.
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| Hosoda Eishi, Japón (1756-1829) Mujer japonesa del s.XVIII, s/f Museo Británico, Londres, Reino Unido |
La
época Edo, que va desde 1600 a mediados del XIX, fue un periodo de paz,
aislamiento internacional y estabilidad social para Japón, en el que se
desarrollaron enormemente las bellas artes, principalmente la pintura en la
forma de estampas que retratan la vida de la capital en Edo, la actual Tokio.
Es
en este periodo y en estas estampas, en las que encontramos numerosos ejemplos
de mujeres leyendo o escribiendo. La mayoría de ellas fueron realizadas por los
artistas más reputados de su época.
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| Kitao Masanobu, Japón (1761-1816) Las cortesanas Utagawa y Nanasato, del establecimiento Yotsume (de la serie Un espejo, 1784) |
Aunque
miradas con ojos occidentales todas las estampas tienen un aire común, los
expertos saben distinguir las características de cada uno de los artistas de la
época.
A
veces la mujer retratada lee a solas en su escritorio.
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| Keisai Eisen, Japón (1790-1848) Belleza leyendo a la luz de las velas, s/f Colección privada |
En
otras ocasiones, la mujer lee estando acompañada, ya sea por un hombre o por
otra mujer.
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| Keisai Eisein, Japón (1790-1848) Dos amantes leyendo una carta, s/f Colección privada |
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| Kikukawa Eizan, Japón (1787-1867) La carta de amor, c.1812 Colección privada |
En algunas ocasiones, el artista nos informa que la retratada es una geisha que trabaja en los barrios de placer, también a veces la identifica como cortesana.
Ya
estén escribiendo poemas o disponiéndose a leer un libro, todos estos retratos
tienen en común la enorme riqueza de los vestidos y la gran complejidad de los
peinados de estas mujeres, que se distinguen sobre todo por sus poses
estudiadas y sus actitudes hieráticas y elegantes.
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| Suzuqui Harunobo, Japón (1725-1770) Escribiendo un poema, s/f Colección privada |
En algunos de estas estampas se introducen
otras estampas, como en esta obra de Kuniyoshi, que parece señalar que al autor
también le interesan los paisajes del ambiente marinero.
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| Utaguawa Kuniyoshi, Japón (1798-1861) Mujer leyendo (probable escena del teatro Kabuki), s/f Colección privada |
Quizás
el más distinguido y más apreciado de los pintores de “Bellezas Flotantes” fue
Utamaro, un artista del que apenas se sabe nada, pero que supo plasmar en sus
retratos la quintaesencia de la belleza femenina como se entendía en aquella
época. Se le considera uno de los mejores artistas de ukiyo-e.
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| KItagawa Utamaro, Japón (1753-1806) Mujer escribiendo una carta, s/f Colección privada |
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| Kikukawa Eizan, Japón (1787-1867) Mujer leyendo un libro, s/f Museo de Arte de Harvard, Estados Unidos |
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| Kitagawa Utamaro, Japón (1753-1806) Cortesana leyendo una carta, c.1793 Colección privada |
También
hemos encontrado algunas estampas que representan mujeres menos arregladas, más
sencillamente vestidas y aparentemente más enfrascadas en la lectura. Ambos
ejemplos pertenecen a la época tardía, cuando ya Japón se había abierto al
mundo.
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| Tsukioka Yoshitoshi, Japón (1839-1892) Quiero cancelar mi suscripción, c.1878 Colección privada |
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| Mihita Toshihide, Japón (1863-1925) Mujer leyendo, s/f Colección privada |
INÉS ALBERDI
LOS
SANGRIENTOS AÑOS DE LOS OTROS
LA HORA DEL DESTINO, ANTONIO SCURATI
FELIPE VEGA
El
perfil biográfico de Antonio Scurati (Nápoles, 1969) cuenta que sus trabajos y
oficios oscilan entre la filosofía y la enseñanza de la escritura creativa. Con
sus 56 años pertenece a una nueva generación - una más - de las emparedadas
entre un punto determinado de la historia y el mundo actual, cada vez más
desconcertante e inhóspito para los que habitamos la Tierra. Sobre todo, la parte
de esa Tierra que no se llama Occidente.
Si
echamos un vistazo a sus libros publicados veremos que su autor ha escogido
hablar a los italianos - y a todos aquellos con curiosidad suficiente como para
bucear con distintas aletas en las profundidades del fascismo italiano: “La
víctima es el héroe de nuestro tiempo. Ser víctima confiere prestigio, impone
ser escuchado, promete y promueve reconocimiento, activa un poderoso generador
de identidad, derechos, autoestima.”
Scurati
cita con ese párrafo al también profesor de literatura Daniele Giglioli, que,
con la misma edad de Scurati, ha publicado un libro de enorme interés y
actualidad para los tiempos en que vivimos: “Crítica de la víctima”.
Scurati confiesa inspirarse en ese texto de Giglioli para relatar “el
fascismo a través de los fascistas, a través de los perpetradores y no de sus
víctimas…”, puntúa.
Se trata de una nueva corriente
historicista que lleva años escribiéndose en buena parte de Europa. Visitando
el pasado y tomando como partida uno de sus ángulos inexplorados, que solo el
paso del tiempo puede permitir abrirse dentro de la historiografía
contemporánea, la cual, a pesar de tantos agoreros y sicarios, enemigos de
dicha observación del pasado, sigue vivita y coleando…
Pero
Scurati no solo habla de fascistas concretos —por otro lado, la mejor forma de
evitar los fascismos inconcretos—, sino que, literariamente, abre una nueva
estantería en la narrativa, en la que el tono de su ficción, sus estructuras,
se ensamblan a la perfección con la realidad de dicho pasado italiano y europeo
evitando alterarlo mezquinamente.
Los “personajes” de Scurati son, en su mayoría, altos militares que acompañaron las valleinclanescas campañas bélicas del Duce. Como en un who is who, el escritor desgrana las vidas, o parte de ellas, de unos hombres que demostraron sobradamente no saber en absoluto qué hacían. Emulando de esa manera e involuntariamente (o no tanto) las iniquidades y miserias de muchos generales franceses durante la Primera Guerra Mundial. De todos modos, el libro atraviesa las fronteras de la Europa destrozada por el nazismo y sus cómplices distribuidos por todos los rincones de Europa.
El
fascismo italiano en manos de Mussolini se convirtió en un episodio bufo y
sangriento lleno de cadáveres de compatriotas que, o no supieron escoger, o no
pudieron hacerlo a tiempo. Tomemos nota de ello una vez más.
Mussolini
interpretó su tiempo histórico apoyándose en un entusiasmo rayano en la idiotez,
y no dio ni una. Tenía fe en todo, insistía con vehemencia, una y otra vez, en
sus egocéntricos discursos pronunciados desde El Altar de la Patria, en Roma.
Para
colmo —y como suele suceder—, se rodeó de una descomunal corte de pelotas,
aduladores y oportunistas, incluida su querida Clara Petacci, que le bailaba el
agua de la noche a la mañana. Ciertamente fue un fantoche. Lo malo es que,
además de todo ello, creó infelicidad, muerte y ruina tras él. Los alemanes le
despreciaron desde el principio. Hitler se ponía nervioso cuando le estrechaba
la mano o cuando tenía que aguantar sus despropósitos, llenos de una
megalomanía que aumentaba cada vez que ambos se encontraban. Al final,
Mussolini quería todo el Mediterráneo para él, y cuando se le pidió que
empezara por conquistar Libia y Egipto comenzó a meter la pata, y ya no paró de
hacerlo. Hasta hubo que rescatarlo de un monte, donde había ido a parar para
tratar de evitar el odio de su propio pueblo.
Tuvo
fe en que los ingleses se rindieran a los alemanes, pero los británicos resistieron
contra viento y marea. Tuvo fe en que Los Estados Unidos no entraran en la
contienda, y volvió a resbalar en la cáscara de plátano de los cretinos que,
además de serlo, hacen mucho daño.
Parecería
que el entonces famoso movimiento artístico del futurismo hubiese influido en
su cerebro de manera irreversiblemente dañina.
Al
final del volumen, Scurati cita y describe una larga lista de personajes
situados en los mapas: Eje Roma-Berlín, democracias “plutocráticas” Gran
Bretaña, Francia, Estados Unidos y el último apartado centrado en personajes de
Albania, Grecia y Yugoeslavia.
No
es exagerado decir que no falta nadie en esta especie de guía telefónica que
parece encuadernada por el Diablo. No conozco sus libros dedicados al Duce, los
que más mella han hecho en su país y fuera de él. Merecería echarles un
vistazo. Parece.
En
un artículo publicado hace muy poco en un diario, Scurati se descolgaba con
esta frase: “Europa no es un continente, sino una cultura”. Bendito sea…
FELIPE VEGA
¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE MEDICINA DE
PRECISÓN?
CARMEN G. INSAUSTI
Ya
hace varias décadas que venimos hablando de medicina de precisión y todavía hay
aspectos que no se tienen claros sobre el término, su alcance, su sinonimia o
no con el término de medicina personalizada, su evolución, etc., por ello me ha
parecido adecuado hacer una pequeña revisión del tema para aclarar algunas
dudas.
El
término medicina personalizada comenzó a utilizarse hace aproximadamente 20
años como resultado de una serie de avances científicos, tecnológicos y
clínicos que ocurrieron entre finales del siglo XX y comienzos del XXI. Entre ellos
cabe destacar, en primer lugar, el Proyecto Genoma Humano, un proyecto de secuenciación
realizado entre Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón y China,
que inició en 1990 y culminó en 2022, fecha a partir de la cual se logró
identificar miles de variantes genéticas, muchas asociadas a enfermedades, y
además, identificar mecanismos moleculares diferentes en una misma enfermedad. Esto
fue un estímulo para plantear la adaptación de los tratamientos al perfil
genético de cada paciente e indudablemente para comenzar a hablar de medicina
personalizada.
El
segundo aspecto muy importante fue el desarrollo tecnológico de la secuenciación
genética, y la incorporación en 2005 de la secuenciación de nueva generación que,
en lugar de leer un solo fragmento de ADN a la vez, fracciona el genoma en
millones de piezas pequeñas y las secuencia todas al mismo tiempo. Esto, además
de abaratar los costes, permitió secuenciar genomas completos, paneles de
genes, tumores individuales, y convertir a la medicina personalizada en un
proyecto clínicamente viable.
Un
tercer estimulo proveniente fundamentalmente de la clínica, específicamente de
la Oncología y la Hematología, fue el descubrimiento de biomarcadores (dianas
moleculares) y el desarrollo de terapias dirigidas. El caso paradigmático fue
la Identificación del biomarcador HER2 sobreexpresado en el cáncer de mama; el
desarrollo del anticuerpo monoclonal Trastuzumab, eficaz solo en pacientes con
este biomarcador, y la demostración de que el diagnóstico molecular junto a una
terapia dirigida mejoraba los resultados clínicos.
Otro
apoyo muy importante fue el desarrollo de la farmacogenómica, disciplina que
combina la farmacología y la genómica para evaluar el efecto de los genes en la
respuesta al tratamiento, pues se sabe que el metabolismo de muchos fármacos
depende de enzimas codificadas por genes, cuyas variantes entre individuos pueden
ocasionar falta de efecto al tratamiento o mayor toxicidad.
Aunado
a estos avances, comenzó a cuestionarse el modelo clásico de la medicina basado
en promedios poblacionales, que consiste en utilizar en todos los pacientes el
medicamento que funciona para la mayoría, ignorando que el porcentaje que no
responde puede tener una variante molecular que lo impide. Ante las evidencias de
la heterogeneidad de las enfermedades a nivel molecular, se consideró que no había
ninguna razón para tratar a los pacientes como si fueran copias de un promedio
estadístico, y que lo que había que hacer era utilizar el modelo de la medicina
personalizada analizando el ADN, el ARN y las proteínas de cada individuo para conocer
la versión específica de su enfermedad y darle la terapia dirigida necesaria.
Con
todos estos apoyos el concepto de medicina personalizada comenzó a difundirse
ampliamente a comienzos de los años 2000.
A
esto se sumó que en 2015 Barack Obama puso en marcha la Precision Medicine
Initiative, el primer plan para llevar adelante la medicina de precisión, cuya
idea central fue crear grandes bases de datos genómicos, integrar la genómica con
la historia clínica y el estilo de vida de la persona, e impulsar la
investigación para mejorar el conocimiento de la biología y patogénesis de las
enfermedades y dirigir el tratamiento de acuerdo con los datos recopilados.
Esta
Precision Medicine Initiative, anunciada por Obama, logró legitimar políticamente
la medicina personalizada y estimular a otros países, que ya estaban trabajando
en genómica, a lanzar programas similares. Así, a partir de la década de 2010, países
como el Reino Unido, Francia, China, Alemania, España, comenzaron programas
nacionales estructurados, casi siempre basados en grandes cohortes
poblacionales y en biobancos. En 2016 la Unión Europea también puso en marcha
su propio plan. Con estas iniciativas el concepto de medicina personalizada se
consolidó como política científica global.
Sin
embargo, el concepto de medicina personalizada empezó a ser objeto de críticas
porque muchos expertos comenzaron a señalar que el término generaba
expectativas pocos realistas porque realmente nadie puede diseñar una medicina
completamente individualizada, ya que en la práctica real lo que se hace es la
caracterización genética de los pacientes para identificar biomarcadores con
impacto en el diagnóstico y pronóstico de la enfermedad, clasificar a los
pacientes en subgrupos con características biológicas similares para establecer
su pronóstico e indicar el tratamiento más adecuado a cada subgrupo.
Actualmente
se acepta que ambos términos están relacionados, pero el de medicina de
precisión ha sido el preferido por muchos investigadores y responsables de
políticas científicas porque refleja mejor cómo funciona realmente la medicina
contemporánea basada en datos biomédicos complejos, en la integración de
múltiples niveles de información y en la estratificación biológica de los
pacientes.
Lo
cierto es que con este enfoque, la medicina de precisión ha logrado un gran
desarrollo en Oncología y Hematología, y un poco menos en otras especialidades
médicas. Las razones son varias y tienen que ver con la biología de las
enfermedades, la disponibilidad de tejido para estudiar y los logros del
desarrollo farmacológico.
El
cáncer, bien en su expresión de tumor sólido (objeto de estudio de la
Oncología) o de cáncer de la sangre (objeto de estudio de la Hematología) es,
en esencia, una enfermedad del ADN que ocurre por alteraciones acumuladas en el
ADN de las células, las cuales pueden identificarse mediante secuenciación de
los genes. Esto permite clasificar las enfermedades de acuerdo con las alteraciones
moleculares implicadas y diseñar terapias dirigidas contra esas alteraciones.
En Oncología, como ya he comentado, la primera terapia dirigida a un
biomarcador concreto fue el anticuerpo monoclonal trastuzumab, dirigido contra
el receptor de membrana HER2, presente en el carcinoma de mama y otros tumores
sólidos. En Hematología la primera diana molecular que se pudo inhibir
farmacológicamente fue la proteína quimérica BCR-ABL resultante de la
traslocación de genes en los cromosomas 9 y 22, (t 9;22) característica de la leucemia
mieloide crónica. El fármaco en cuestión fue el Imatinib, y desde entonces la
explosión de nuevos fármacos dirigidos a dianas moleculares ha mantenido un
ritmo vertiginoso.
No
ocurre lo mismo con otras enfermedades donde la base genética no es tan
directa. Es el caso, por ejemplo, de patologías como la diabetes tipo 2, hipertensión,
enfermedad cardiovascular, depresión, etc. Estas son enfermedades poligénicas (influenciadas
por decenas o cientos de variantes genéticas) y fuertemente moduladas por el ambiente
y el estilo de vida. Por eso, aunque diferentes estudios de asociación genómica
han identificado muchos genes asociados, cada variante individual tiene un
efecto pequeño y no se traduce en decisiones clínicas concretas.
Otra
razón es que en Hematología y Oncología se puede estudiar directamente el
tejido afectado por el cáncer, a través del examen de la sangre periférica, el
aspirado y biopsia de la medula ósea, el aspirado y biopsia ganglionar, o la biopsia
del tumor, esto permite analizar directamente el genoma tumoral, y seguir su
evolución durante el tratamiento. En otras enfermedades esto no es posible.
Por
otro lado, tanto en Oncología como en Hematooncología se han desarrollado modelos
de ensayos clínicos que han favorecido el desarrollo farmacéutico. Por ejemplo,
los ensayos basket, donde un mismo fármaco se ha probado para diferentes
tumores con la misma mutación genética, y ensayos umbrella donde varios tratamientos
se han aplicado según las mutaciones dentro de un mismo tumor.
Finalmente,
un factor importante que no puede dejar de mencionarse es el socio-económico.
El cáncer tiene detrás una enorme inversión económica pública y privada, una
gran presión social por nuevos tratamientos y un mercado farmacéutico muy
activo que genera un ecosistema científico-industrial particularmente potente
en Oncología y Hematología.
Para
concluir quiero señalar que la medicina de precisión es ahora y será en el
futuro la que guie todas las acciones médicas, y que su implementación implica
una serie de aspectos que hay que tener presente. En la próxima entrega hablaré
de ellos.
CARMEN G. INSAUSTIMédico Hematólogo
BETI JAI, NO SIEMPRE TAN ALEGRE
BIENVENIDO
PICAZO
Que
Madrid no es una ciudad para escépticos es algo sabido, pero no viene mal
recordarlo. No sé si esta villa esconde más tesoros que cualquier otra de sus
mismas hechuras, pero me malicio que la inmensa mayoría de sus moradores orant
et laborant, están ajenos a las joyas que sus paredes encierran. Pocos
hacen turismo en su pueblo, ni siquiera a coste cero, como el caso que nos
ocupa.
Resulta
que uno va por una calle cualquiera, la del Marqués de Riscal sin ir más lejos
y, dialogando con su sombra o platicando con su chucho, pasa por delante de un
portón de los muchos que hay y, naturalmente, no repara en que tras esa aduana
se esconde, tan orgulloso como emboscado, el frontón Beti Jai. Esta gran
manzana conoció un esplendor que hoy cuesta imaginar, pero en sus días y noches
de gloria fue un lugar de obligado paso.
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| El frontón Beti Jai antes de su remodelación |
No
hay espacio en esta reseña para inventariar todos los avatares por los que
estuvo a punto de despeñarse “la instalación deportiva más antigua de Europa”.
Levantado en 1894, echó el cierre definitivo en 1919, clausurado en lo tocante
a la pelota y las apuestas, puesto que un lugar tan enorme en pleno centro de
Madrid fue todo un reclamo para cualquier aventura o negocio.
La
corte que holgaba durante los veranos en San Sebastián tuvo a bien llevar los
juegos de pelota más allá de los caseríos y pensó, con buen tino, que la Villa
y Corte sería catapulta idónea para darle esplendor a una actividad tan
minoritaria.
Dicho y hecho, Madrid acogió de mil amores al nuevo vecino y, en un visto y no visto, hasta treinta frontones se erigieron, algunos funcionando de forma simultánea convocando enfervorizadas multitudes. Al cabo de un siglo y pico, sólo el Beti Jati nos queda como botón de muestra de una arquitectura que hoy se nos antoja difícilmente imaginable para un pabellón deportivo. Hay que reparar en que la fachada no da ninguna pista de lo que encierran sus muros; Joaquín Rucoba, hacedor del teatro Arriaga de Bilbao, adaptó los planos, y estos dieron como resultado lo que podemos contemplar hoy.
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| El frontón Beti Jai remodelado |
Gracias
al empeño de una asociación de vecinos chamberilera, el Frontón Beti Jai
tiene una segunda vida. Malvivió durante cincuenta años cual, si de una selva
en el Orinoco se tratase, pero el Ayuntamiento y la Comunidad han conseguido
que Madrid pueda presumir de un edificio que debería ser visita obligada para
cualquier estudiante de arquitectura.
Una
exposición acoge al curioso mostrándole, paso a paso, las idas y venidas de un
lugar que hasta Torres Quevedo —genio infelizmente olvidado por el común—,
utilizó para sus experiencias; también fue garaje o campo de tiro, cuesta creer
el maltrato con el que históricamente solemos desdeñar nuestro patrimonio. No
somos los españoles los únicos que lo hacemos ni los más descastados, pero lo
del mal de muchos duele aún más.
No
sé qué le deparará el destino a este recinto porque todavía no están bien
definidas sus posibilidades. Sin embargo, no parece que su utilización
deportiva sea una de ellas. El hecho de estar al aire libre limita un poco,
pero sólo un poco, e ignoro si el vecindario que tanto luchó por reverdecer
semejante regalo podría aguantar aluviones de gente y ruido sobrevenido, si es
que se programasen conciertos. Conciertos, claro está, clásicos o castizos, los
aquelarres que se hagan extramuros.
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| Las primeras raquetistas profesionales de la historia. La Mañana, 4-1-1917 |
Las
primeras deportistas profesionales de España empezaron dándole a la mano, la
cesta punta y demás variedades de la pelota vasca (Bene II, Chiquita de Ledesma
y María Antonia Uzkudun "Chiquita de Anoeta"), fueron pioneras
destacadas —ingresando más cuartos que sus pares masculinos—. Desconozco si las
progresistas de salón y de los ochoemes están al corriente de estos datos que
se remontan a hace más de una centuria.
BIENVENIDO
PICAZO
ELENA GARRO
Y EL FUTURO
QUE RETORNA
COMO PASADO
ROSARIO HERRERA GUIDO
“Yo sólo soy memoriay la memoria que de mí se tenga”.Elena Garro, Los
recuerdos del porvenir.
No cabe
duda que la novela Los recuerdos del
porvenir de la escritora mexicana Elena Garro, es un poema, un mito, un
texto circular, espiral, que habla de lo que siempre está sucediendo, pergeñado
en presente perfecto, en el tiempo del “habrá sido”, en un futuro que regresa
como pasado, cual palimpsesto del poder, eterno retorno de Nietzsche y la
repetición de Freud (Nächtraglichkeit), una repetición con diferencia, como
fundamenta Gilles Deleuze. Palimpsesto, un término pictórico prestado, para dar
cuenta del futuro que regresa como pasado, donde al descarapelar una pintura
encontramos a otros personajes en otros entornos y paisajes, pero representando
un mismo tema: el poder, con todo su espectáculo y sus miserias.
Al acercarse a la obra
de Elena Garro, se comprende que Esther Seligson afirme que la infancia tiene
el poder de la lámpara de Aladino, el cruce entre la memoria y el sueño de
Gaston Bachelard, pues transfigura el mundo acorde a los deseos y la
imaginación (Esther Seligson, “In Illo Tempore”, La fugacidad como método de
la escritura, México, Plaza y Valdés, 1988:23). Y que al mismo tiempo
se pregunte por qué con el paso de los años vamos perdiendo la infancia. Pues la infancia es el tiempo que no
pasa, el secreto de las palabras y las palabras secretas, la verdad de lo
increíble, lo inverosímil, el mundo de los sueños y los sueños del mundo, como
una deslumbrante luminosidad. Que evoca la Poética
de Aristóteles y su concepto de lo inverosímil, inseparable de la
verosimilitud (eikos griego), como la
trama (mythos), la tragedia, la
epopeya y la poesía, que no tratan de la historia, sino de lo universal y lo
posible (Aristóteles, “Poética”, Madrid, Obras,
1975).
Porque
las hadas son la proyección de la fantasía infantil, que con su varita mágica
convierten en un sueño todo lo que tocan: “De niña, Señor Brunier, el tiempo
corría como la música en las flautas. Entonces no hacía sino jugar, no
esperaba…” (Elena
Garro, La semana de colores, México, Universidad Veracruzana, 1964:67).
El juego, rito cosmogónico, consagración de sueños y deseos, es libertad de la
felicidad. El juego es el mundo de la infancia, el espejo de agua, el vuelo
aéreo, el terruño originario, el fuego tentador y temible.
Más
tarde emerge el paraíso perdido del artista, el jardín de las delicias, de
todos los colores, los sonidos y las formas. Un jardín donde no reina la
inocencia, pues es un bosque habitado tanto por deleites como por horrores.
Porque lo paradisíaco es bello, simétrico, placentero, bueno, pero también es
monstruoso, cruel, gozoso y mortífero. Lo familiar (Heimlich) —como
descubre Freud—, es también lo desconocido (Unheimliche), que se
encuentran dentro de nosotros, cual claroscuro de la existencia.
En el
tiempo mítico de la infancia, un tiempo sin tiempo, el instante, las palabras
existen por sí mismas, multiformes, mas con el peso de su propio significado,
palabras extrañas y extrañadas, que provocan la melancolía de un estanque donde
sumergirse (Elena
Garro, Los recuerdos del porvenir, México, Joaquín Mortiz, 1963: 78). Palabras que, con sólo decirlas, como por arte de magia,
hacen aparecer las cosas. Palabras encantadas y encantamiento de las palabras.
Palabras que al nombrar las cosas las crean y las comunican a otras almas. Una
experiencia que parece exclusiva de la infancia, pero que desde una lectura
ontológica, hasta nuevo aviso, es verdadera: “Que nada sea donde falta la
palabra” (Heidegger, De camino al habla, Herbal,
Barcelona, Serbal, 1987).
Mas en la tarde de la vida, se descubre que se pueden descongelar días y se puede recuperar la memoria de otro tiempo y otro espacio. Después de todo, el porvenir es el retroceso hacia la muerte, el estado perfecto en el que se puede recuperar la otra memoria (Elena Garro, Recuerdos del porvenir, Joaquín Mortiz, 1963:33). Fuera del principio, sólo está la convicción de lo perdido, de los actos inalterables, la certeza de que para asirnos a la realidad no nos queda más que el recuerdo.
Recordar, rescatar, recuperar. El paso hacia una nueva vida es la muerte. Pero nada nos asegura que hay otra vida. Podría ser que sólo exista el barruntar por los mismos deseos y pérdidas. El porvenir de los recuerdos de Elena Garro, nos enseña que nos desconocemos por reconocernos en los otros y que por ello de generación en degeneración repetimos los mismos actos: “Extraviados en sí mismos, ignoraban que una vida ni basta para descubrir los infinitos sabores de la menta, las luces de una noche o la multitud de colores de que están hechos los colores. Una generación sucede a la otra, y cada una repite los actos de la anterior. Sólo un instante antes de morir descubren que era posible soñar y dibujar el mundo a su manera, para luego despertar y empezar un dibujo diferente. Y descubren también que hubo un tiempo en que pudieron poseer el viaje inmóvil de los árboles y la navegación de las estrellas, y recuerdan el lenguaje cifrado de los animales y las ciudades abiertas en el aire por los pájaros. Durante unos segundos vuelven a las horas que guardan su infancia y el olor de las hierbas, pero ya es tarde y tienen que decir adiós y descubren que en un rincón está su vida esperándoles y sus ojos se abren al paisaje sombrío de sus disputas y sus crímenes y se van asombrados del dibujo que hicieron con sus años. Y vienen otras generaciones a repetir sus mismos gestos y su mismo asombro final. Y así las seguiré viendo a través de los siglos, hasta el día en que no sea ni siquiera un montón de polvo y los hombres que pasen por aquí no tengan ni memoria de que fui Ixtepec” (Elena Garro, Los recuerdos del porvenir, México, Joaquín Mortiz, 1963:249).
Elena
Garro busca regresar al principio del tiempo, al tiempo de la infancia, al
tiempo reencontrado. La infancia no es un capítulo de la memoria y la historia
que se cierra, pues somos narración, somos contados y nos contamos, somos el
futuro que regresa como pasado. Como diría Jacques Lacan: “Eso que hemos
querido lo podemos saber”. Y sólo entonces la vida se nos presenta como el
realismo mágico, realmente mágica, como el llano de Ixtepec: “Aquí estoy,
sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La
veo y me recuerdo, y como el agua al agua, así yo, melancólico, vengo a
encontrarme en una imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas,
encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo […] Por
las noches estallan los cohetes y las riñas: relucen los machetes junto a las
pilas de maíz y los mecheros de petróleo. Los lunes, muy de mañana, se retiran
los ruidosos invasores dejándome algunos muertos que el Ayuntamiento recoge. Y
esto pasa desde que yo tengo memoria” (Elena Garro, Los recuerdos del
porvenir, México, Joaquín Mortiz, 1963:9-10).
Como
los instantes poéticos vividos de la infancia nada tienen qué ver con el tiempo
de la duración, que se divide imaginariamente en pasado, presente y futuro, se
prolongan en el futuro, pues la vida es la continuación que fluye en el origen,
que es el antes que deviene después, un pasado que nunca sucedió tal cual y un
porvenir que no es propiamente el futuro inesperado. Porque “el porvenir de los
recuerdos de Elena Garro” son proféticos, espirales míticas, repetición con
diferencias imperceptibles, que provienen de la experiencia imaginaria que
retorna cual verdad del futuro. Ya que para Elena Garro, la vida es la memoria
poética del porvenir de los recuerdos.
Por
ello, los personajes de la memoria poética de Elena Garro se encuentran con la
muerte como si fuera el envés de la temporalidad de la vida, para encontrarse
con el verdadero rostro de la vida. La muerte no es rival de la vida. Morir
permite ser la memoria de todas las cosas, con lo que llegamos al mundo y la
nostalgia de nuestra partida. Como tras los sueños de la noche nunca nos
recobramos, así tras la muerte no hay resurrección. Lo armoniza Elena Garro a
través de la voz del pueblo de Ixtepec: “Después de esta tarde una mañana que
ahora está aquí, en mi memoria, brillando sola y apartada de todas mis mañanas.
El sol está tan bajo que todavía no lo veo y la frescura de la noche puebla los
jardines y las plazas. Una hora más tarde alguien atraviesa mis calles para ir
a la muerte y el mundo se queda fijo como en una tarjeta postal. Las gentes
vuelven a decirse ‘Buenos días’, pero la frase se ha quedado vacía de sí misma,
las mesas están avergonzadas y sólo las últimas palabras del que fue a morir se
dicen y repiten y cada vez que se repiten resultan más extrañas y nadie las
descifra.”
Porque el sueño es la memoria del origen y el retorno
al tiempo primigenio, que deviene futuro. Al lado de Sören Kierkegaard, para
Elena Garro el tiempo es “instante eterno” recobrado, “el instante es un átomo
de eternidad” (Kierkegaard, Textes
Choisis, París, PUF, 1972). Y como la palabra de nuestra gran escritora
está fuera del tiempo, puede recordar poéticamente el porvenir.
ROSARIO HERRERA GUIDO
REVIVIR, LA NUEVA CARMEN DE BURGOS,
EN LA BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES
LA AUTORA DE LA OBRA CUENTA EL LARGO VIAJE DE COLOMBINE
DESDE LA MARGINACIÓN A LA UNIVERSALIDAD
ASUNCIÓN VALDÉS
El año empezó bien para la escritora
ignorada cuatro décadas durante el siglo XX. A mediados de enero de 2026,
Yolanda Santamaría, Responsable de Digitalización de la Biblioteca Virtual
Miguel de Cervantes (BVMC) de la Universidad de Alicante, puso en marcha el
escaneo de la biografía sobre la pionera almeriense, Carmen de Burgos Seguí,
que escribí a lo largo de cuatro años, desde 2018 a 2022.
En abril de 2023, la presentamos en
la Asociación de la Prensa de Madrid y en el Ateneo capitalino, dos
prestigiosas instituciones de las que Colombine —su principal seudónimo—, fue de
las primerísimas socias, haciendo gala de su lucha por la igualdad de oportunidades
entre hombres y mujeres.
Este año se cumple medio siglo de un
hecho seminal en la resurrección de Carmen que ella misma predijo. En
1916, al ser entrevistada como periodista y escritora famosa, manifestó: “Yo
resucitaré por la fuerza de un libro que no habré podido escribir o por hacer
alguna información periodística que se les escape a los futuros reporteros y
que exija inaplazablemente la actualidad”. (La Novela Corta, junio 1916).
En efecto ese libro, vio la
luz en septiembre de 1976. La doctoranda norteamericana Elizabeth Starcevic
publicó el primer ensayo sobre la intelectual andaluza: Carmen de Burgos,
defensora de la mujer, en la editorial almeriense Cajal. Antes, en vida de
Franco, habría sido imposible.
El rescate de Colombine ha sido
arduo: de la popularidad y prestigio en el primer tercio del siglo XX al
borrado de la historia tras su muerte en Madrid, el 9 de octubre de 1932. La damnatio
memoriae, la condena de la memoria aplicada en la Roma clásica a los
enemigos del Estado, empezó en 1939. Acabada la Guerra Civil, su obra entera
fue censurada, prohibida su enseñanza y proscrita en las bibliotecas públicas.
En los años cuarenta, se agudizó la
represión franquista con la creación del Tribunal Especial para la Represión de
la Masonería y el Comunismo que, incluso, persiguió a Carmen de Burgos después
de muerta, como se revela por primera vez en mi biografía. El manto del miedo,
la ignorancia y el olvido cayó sobre su legado escrito y cívico, plasmado en su
vibrante periodismo, su inspiradora literatura y su defensa de los derechos
humanos, especialmente los de la mujer y el niño.
Afortunadamente, la impagable
aportación de Starcevic despertó el interés dentro y fuera de España por
Colombine, tanto académico -especialmente con la tesis doctoral de Concepción
Núñez Rey de 1992- como periodístico. Mi estudio crítico se une a investigaciones
realizadas, además, por paisanos de Carmen -Federico Utrera, Antonio Sevillano
y Mar Abad- o Paloma Castañeda, María Teresa Álvarez y Blanca Bravo Cela;
periodistas y autores de referencia.
EL CÍRCULO DE ORELLANA Y LA AMMU
Especialmente agradecida estoy a la
asociación de profesionales, conocida como las Orellanas, y a la Asociación
Matritense de Mujeres Universitarias, (AMMU) cuya presidenta Maria Luisa
Maillard, en sus fructíferos años de editora, y otra de sus colegas más
relevantes, Inés Alberdi, me convencieron para que escribiera una breve
biografía sobre Carmen de Burgos.
Antes, me había convencido una
orellana de dimensión universal, Benita Ferrero-Waldner, alto cargo en Naciones
Unidas, ministra austriaca de Asuntos Exteriores y comisaria europea en
Bruselas. A Benita le ayudaba Leticia Espinosa de los Monteros, fundadora y
presidenta del Círculo de Orellana, que tuvo la original idea del ciclo de
conferencias “Españolas por descubrir”.
La defensora de una ley del divorcio en 1903 y del voto para la mujer desde 1906 encajaba perfectamente en ese ciclo. Y de mi conferencia en 2018 en el Instituto Cervantes de Madrid nació mi ópera prima y “magna”, calificada así por Maillard en este mismo blog: 619 páginas, editadas por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert (IAC) de la Diputación Provincial de Alicante.
Dos personas claves del IAC, Pilar
Tébar, su directora, y Toni Cabot, su director de Publicaciones, fueron
decisivas para editar una de las obras más ambiciosas del Gil-Albert, como lo
llaman los alicantinos recordando al poeta alcoyano: dos tomos ilustrados en
estuche de tapa dura, diseñados audazmente por Amparo Alepuz, en color
Colombine, el tono creado por Carmen de Burgos en 1904, precursor del rosa-lila
abrazado por el feminismo. Otra aportación mía descubierta en Salamanca, en la
Casa-Museo de Unamuno, con quien Carmen mantuvo prolongada relación
intelectual.
Pero la gran novedad de REVIVIR...,
según el catedrático Jesucristo Riquelme Pomares, es que fue Carmen de Burgos
la descubridora de Ramon Gómez de la Serna y quien lo introdujo en el mundo
editorial, derribando así la leyenda despectiva de reducirla a ser la amante de
Ramón.
EL PORTAL DE AUTOR CARMEN DE BURGOS
El PDF de REVIVIR, La nueva
Carmen de Burgos, se alberga en el Portal de Autor que, en 2023, la BVMC
dedicó a ella. En el Portal, podemos consultar más de doscientos títulos de la
profesora, periodista y escritora: poemas, ensayos académicos, cuentos, novelas
cortas y extensas, crónicas de viajes, biografías, traducciones, manuales de
uso práctico, prólogos, conferencias y recopilaciones de algunos de sus
trabajos periodísticos, como artículos y entrevistas.
Todas las ediciones originales, más
las de las publicaciones de su hija María Álvarez de Burgos, y correspondencia
de la autora de La rampa o Puñal de claveles, fueron cedidas por
Roberto Cermeño, presidente de la Agrupación Carmen de Burgos del Ateneo de
Madrid, gracias a mi mediación con el fundador de la BVMC, Andrés Pedreño, ex
rector de la Universidad de Alicante en 1998. La actual rectora, Amparo
Navarro, la primera de la UA, aceptó enseguida la generosa oferta de Cermeño,
planteada en 2021 por Pedreño y Jesús Pradells, director de la BVMC, la web de
contenidos culturales hispanos más importante del mundo.
Agotada la primera edición de
REVIVIR, La nueva Carmen de Burgos, y según mi contrato de autor con
el IAC, ha pasado a la BVMC. Esta facilidad para lectores, estudiantes e
investigadores ha sido saludada por Angela Ena Bordonada, catedrática
honorífica de Literatura Española en la Universidad Complutense, por su utilidad
y difusión.
En efecto, con un solo clic, según
las métricas de la BVMC, el Portal Carmen de Burgos es consultado en España,
Italia, México, Argentina, El Salvador, Estados Unidos y otros países no
especificados. Colombine revive ahora en el universo infinito de la Red,
convertida en escritora universal.
ASUNCIÓN VALDÉS
PARA LA LECTURA DEL TOMO 1, SU ENLACE ES:
https://www.cervantesvirtual.com/obra/revivir-la-nueva-carmen-de-burgos-tomo-1-1378059/
Y DEL TOMO 2:
https://www.cervantesvirtual.com/obra/revivir-la-nueva-carmen-de-burgos-tomo-2-1378062/
JOSEFINA
BLANCO TEJERINA (1879-1957)
MARÍA
LUISA MAILLARD
En el largo debate que Soledad
Ortega mantuvo con su padre, respecto al papel de la mujer en la sociedad, se
diría que el tiempo ha dado la razón a Soledad. Defendía el filósofo que el
papel de la mujer era servir de acicate a la vida del hombre y que en España no
había cumplido su función al escoger a los menos capaces. Soledad
contraargumentaba que era al revés, que eran los hombres españoles los que en
general preferían a las mujeres analfabetas. Muchas mujeres españolas en el
periodo de la Edad de Plata escogieron a “los más capaces” como compañeros de
vida. Zenobia de Camprubí, María Lejárraga, Concha Méndez, María Teresa León,
Felicidad Blanch… y entre ellas, nuestra protagonista Josefina Blanco, la mujer
de Ramón María del Valle-Inclán. ¿Cómo les fue?
Cuando Josefina Blanco fue
entrevistada por Clara Campoamor con el fin de preparar la defensa de su
demanda de separación de Valle-Inclán en 1932, suyas fueron estas palabras,
recogidas por Isabel Lizárraga en su novela Josefina,
Valle-Inclán y su pleito de amor, publicado en el año 2004: “Llevo más de
un cuarto de siglo conviviendo con el Hombre, después con el Genio y, ahora,
durante demasiado tiempo, con la Máscara. ¿Se puede imaginar la fortaleza que
es necesaria para enfrentarse a esa tríada?”. Por esas fechas, Valle-Inclán,
identificándose con el personaje extravagante y libérrimo que había creado,
había abandonado el domicilio conyugal, se había desecho de la casa madrileña
donde había residido la familia y se había llevado a sus cinco hijos, dejando a
la intemperie a su mujer Josefina.
Comenzamos el recorrido por la
vida de Josefina Blanco por este dato porque aún hoy, si alguien ha oído su
nombre, sólo conoce de ella que fue la mujer de Valle-Inclán. Quizá alguien más
sepa que fue la primera mujer separada oficialmente de su marido, en un juicio
cuya defensora fue Clara Campoamor, logro nada fácil en un contexto en el que
su marido, el insigne escritor creador del esperpento, era una figura
intocable. En esta sección de mujeres olvidadas vamos a ampliar el perfil de
Josefina Blanco con la ayuda de las últimas investigaciones, aparecidas en este
siglo XXI, la de Jesús Rubio Jiménez en el año 2009, Ramón del Valle-Inclán y Josefina Blanco. El pedestal de los sueños;
la mencionada de Isabel Lizárraga en el año 2024 y la de su nieto Joaquín del
Valle-Inclán y Alsina en el año 2026 que dedicó a su abuela un monográfico en
la revista Publicación de Estudios sobre
Valle-Inclán.
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| Josefina Blanco y Ramón María del Valle-Inclán con una de sus hijas Foto: José Luis de María López (Campúa). Archivo Digital Valle-Inclán |
Josefina Blanco nació en León
en 1879 en el seno de una familia humilde, de la que poco se sabe, salvo que el
padre era hospiciano, ya que, en la provincia de León, Pedro Blanco era el
nombre que se adjudicaba a todos los hospicianos sin referente familiar. Quedó
huérfana de madre a los 5 años y su tía Concha Suárez, actriz, la prohijó y la
introdujo a edad temprana en el mundo del teatro. La niña, que ya había
aprendido a leer, escribir y rudimentos de francés y música, pisa las tablas a
los 8 años, acompañando a su tía en una gira por Cádiz y Barcelona.
Cuando conoció a Valle-Inclán
tenía 18 años y una larga experiencia, elogiada por la crítica del mundo
teatral, aunque siempre en el papel de ingenua, ya que era pequeñita, vivaz y
de rasgos suaves. El encuentro se produjo en el domicilio de la actriz María
Tubau y su marido Ceferino Palencia. Valle-Inclán era un prometedor joven de 31
años, que había iniciado la carrera de escritor con artículos periodísticos y
obras de teatro y que aspiraba a pisar la escena. Se había instalado en la
Corte, después de su aventura mexicana, y ya destacaba en el mundillo del arte
por su extravagancia y carácter intempestivo, que pronto le privaría de su
brazo izquierdo. Según cuenta Josefina en la semblanza de su marido, recogida
el 12 de enero en el periódico Crónica,
a raíz del homenaje tras su fallecimiento en 1936, el joven le produjo una
fuerte impresión: “El peregrino personaje dejó en mi ánimo una pavorosa
impresión, mezclada con una inefable ternura”.
Coincidieron
en la escena al año siguiente en 1898 en la obra La comida de las fieras de Jacinto Benavente y en 1899 en Los reyes en el destierro de Daudet. Se
hicieron amigos. Josefina Blanco continuó desarrollando una carrera exitosa y,
cuando falleció su tía y se quedó sola en el mundo, según cuenta en la
entrevista que le hizo Carmen de Burgos (Colombine) en 1916, Valle-Inclán se
convirtió en su consejero y confidente: “Tenía tanta confianza en su talento,
que le obedecía en todo. Al final acabamos por casarnos”. […] Yo lo admiro
mucho, para mí no hay nadie como él. Yo antes era una intuitiva. Él me ha
educado, me ha hecho conocer y sentir el arte”.
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| Josefina Blanco y Ramón María del Valle-Inclán con su hija María Antonia Archivo Digital Valle-Inclán |
Se
habían casado en 1907. Josefina había llegado al matrimonio, con 28 años siendo
una joven independiente y una reputada actriz, que había representado a Galdós,
Marquina y Jacinto Benavente, aparte de a Valle-Inclán. Una actriz muy alabada
y respetada por la crítica como muestran estos versillos: “Genial, viva,
inteligente, no hay cual la Blanquita, dos. Con su arte, modestamente, dio
triunfos a Benavente y laureles a Galdós”.
Los
primeros años del matrimonio transcurrieron de forma armónica. Josefina se
había situado “en una zona gris”, según exigencias de su
marido. Le apoyaba, corregía sus pruebas de imprenta y escuchaba las primeras
lecturas de sus textos. Como veremos, llegaría a ser una gran experta en la
obra de su marido. En 1908 tuvo su primera hija, María de la Concepción y en
1910 de la mano de Rubén Darío y en compañía de su esposo, inicia una gira por
Latinoamérica, primero con la compañía de Matilde Moreno y después con la de
María Guerrero. En este viaje, su marido ya desvela una faceta de su carácter
que llegaría a dominar su comportamiento: encierra a Josefina en su camerino
para impedir que salga a escena a representar una obra de Echegaray.
Hasta
1912, fecha en que Valle-Inclán decide trasladarse a Galicia con su familia,
Josefina continúa con su carrera de actriz, representando entre diversas obras
de Marquina y Benavente, las de su marido: Cuento
de Abril, Voces de gesta y La marquesa Rosalinda. En Galicia
Josefina tiene cinco hijos: Joaquín, que muere tempranamente, Carlos,
Mariquiña, Jaime y Ana María. Sólo abandona temporalmente su retiro en 1918
para representar, junto a Margarita Xirgú, Santa
Juana de Castilla de Galdós. Con el paso de los años y el aumento de su
fama como escritor y personaje, Valle-Inclán va desplazándose con más
frecuencia a Madrid, hasta instalar allí su residencia. Llegan hasta Galicia,
donde ha dejado a su mujer y a sus hijos, noticias de sus infidelidades, mientras
el escritor va desatendiendo las necesidades de la familia. Finalmente llega el
abandono por el que Josefina se embarca en la demanda de separación, que gana
en los tribunales, y que Valle-Inclán se niega a aceptar, debido a la cuantía
que debe pasar a su mujer, aparte de la obligación de devolverle a sus hijos
menores.
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| Josefina Blanco y Ramón María del Valle-Inclán |
Con
54 años Josefina intenta volver a su trabajo, pero el largo periodo de
ausencia, el pleito que entabla y la proximidad de la guerra civil, frustra sus
proyectos. En 1936 fallece Valle-Inclán y esa mujer menuda que se había situado
de forma voluntaria en una zona “gris” a la sombra de su marido, comienza a
desarrollar una actividad incansable para preservar la obra del genio que la
abandonó. Comentaba que la obra de su marido era sagrada para ella y como había
dado la vida por él y por sus hijos, también la daría por su obra.
Se
traslada a Pontevedra, funda allí la editorial Rúa Nova y el 13 de enero de
1940 se constituye como editora. Ese mismo año la editorial Sopena distribuye Tirano Banderas la novela preferida de
Josefina y La Corte de los milagros. En
el periodo de 1941-1944 publica en su editorial 21 Tomos de la obra de
Valle-Inclán en la colección “Ópera Prima”. En 1944, con el apoyo de Azorín y
Benavente que preparan los prólogos, publica las Obras Completas de Valle-Inclán, impresas en la Tipografía
Rivadeneyra.
Josefina
Blanco falleció el 19 de noviembre de 1957, habiendo logrado con su generosidad
y su espíritu abierto que la obra de Valle-Inclán estuviese a disposición de la
raquítica vida cultural de la España de la inmediata posguerra, lo que no
sucedió con la mayoría de los autores de la Edad de Plata.
MARÍA LUISA MAILLARD
El
mago del Kremlin es una adaptación del best-seller de
Guiliano da Empoli y está realizada por el director francés Olivier Assayas.
Nos narra la subida y mantenimiento en el poder de Vladimir Putin, una magnífica
interpretación de Jude Law. Comienza la película en una lujosa dacha donde
reside Baranov, cuyo nombre real es Vladislav Surkov, ya jubilado, siendo
entrevistado por un escritor norteamericano. Vladislav Surkov, alias Baranov,
fue durante muchos años el consejero que mantuvo en el poder a Putin. Un hábil estratega,
el mago, que utilizaba todos los trucos para mantener en el poder al que aquí,
en la narración, llaman “el zar”. Todo servía para que el líder se saliese con
la suya: manipular la opinión pública, crear falsos enemigos, inventar falsas
agresiones, fomentar discordias, lanzar campañas mediáticas…
Surkov
(Karanov) fue, antes de dedicarse a la política, un joven transgresor que estudió
dirección teatral, trabajó como relaciones públicas y se convirtió en un exitoso
ejecutivo en el sector privado. Sus estudios le sirvieron para montar un relato
sobre el alma rusa como si de una campaña publicitaria se tratara. Retrata una
Rusia postcomunista sumida en el caos que solo puede ser salvada por una figura
fuerte y única, Putin. Surkov, protagonizado por un Paul Dano, fue fascinante. Él
es quien inventó la “Democracia soberana” con la que trató de proteger la figura
política de Putin de las críticas de occidente.
Y
también, fue el propulsor de lo que denominó el “Control reflexivo”. Una
técnica que consiste en suministrar información preparada al adversario para
que este, creyendo obrar por voluntad propia, lleve a buen término la decisión
que el Kremlin ya había predeterminado. Una filtración de correos
enviados entre 2016 y 2017, revelaron cómo este control se aplicó en Ucrania
para manipular las protestas y los movimientos en las repúblicas de Donetsk y
Lugansk. Su plan era que Ucrania se reintegrara a Rusia
"espontáneamente" mediante la presión política y el caos interno. Sin
embargo, Ucrania resistió mucho más de lo previsto. Y así fue como el Kremlin,
Putin, perdió la paciencia y lanzó sobre Ucrania una invasión a gran escala. En
febrero de 2020, Surkov fue destituido oficialmente de su cargo como asesor.
¿Y
la película? Es difícil abarcar en un film a un personaje tan complejo y un
periodo tan complicado de la historia de Rusia. Es una pena que la narración no
levante el vuelo. Se hace pesada, dura dos horas y media. Es en exceso
discursiva. Olivier Assayas, el director, se empeña en contarnos cosas sin
parar, lo que hace que nos perdamos en la superabundancia de hechos, personajes
y situaciones políticas que desfilan por la pantalla.
Lo
mejor es la actuación de Jude Law, como Vladimir Putin. Utiliza el
cuerpo para componer un personaje terrorífico. La frialdad de su mirada, la
rigidez de la nuca, su aparente calma tensa, sus palabras medidas al milímetro,
su concentración… Estamos ante el poder absoluto, ante toda carencia de
humanidad.
Una
película frustrada con momentos conseguidos que nos descubre a dos tipos,
Surkov y Putin, jugando con las vidas de pueblos y ciudadanos sin el mínimo
gesto de piedad. Dan miedo.
ISABEL BANDRÉS
Joachim
Trier (La peor persona posible), analiza a una familia rota en Valor
sentimental que nos recuerda al cine de Bergman. Se abre la película con
una preciosa y encantadora casa familiar que ha sido habitada por unas cuantas
generaciones de una misma familia. Dos niñas corretean divertidas y, de pronto,
aparece una grieta que proviene de los cimientos. El director, Trier, nos narra
la difícil situación de la última generación que la habita: un matrimonio, ella
psiquiatra, él, Gustav, cineasta de prestigió, y dos hijas pequeñas, Nora y
Agnes. Gustav se divorcia, se marcha de casa y deja de verlas y de preocuparse
por ellas. Tras años de ausencia, su mujer muere y Gustav vuelve para
proponerle a su hija Nora, actriz, que protagonice su nueva película e intenta
darle el guion. El desencuentro es total. Nora, una persona débil y con un
psiquismo sumamente frágil, se niega rotundamente a colaborar. La hija pequeña,
profesora de historia, tras leerse el guion decide investigar sobre la vida de
su abuela y su padre.
Valor
sentimental es una obra brillante sobre el dolor y la
fragilidad de las relaciones familiares. Nos habla de cómo las vivencias
familiares, los fantasmas del pasado sin resolver interfieren, generación tras
generación, en la vida de las personas. El texto es exquisito, las
interpretaciones son brillantes y en todo momento sentimos que estamos ante una
obra mayor que respira sabiduría y buen hacer. Sin darnos cuenta, Trier, el
director, nos mete en una red de relaciones afectivas tan complicada que cuando
termina sentimos desazón, angustia y simpatía por los personajes. Son, somos,
nos dice, el resultado de generaciones y de los fantasmas que nos hemos creado
sobre ellos. Nora se siente víctima por la ausencia de su padre y es incapaz de
salir de un bucle de ira, dolor y angustia. Para ella, su padre les abandonó de
forma “consciente”. Sin embargo, Agnes, que ha sido protegida durante la niñez
por su hermana, se muestra más abierta a la vida y parece más tolerante. Se
niega a ser presa del pasado familiar y quiere comprender para seguir adelante.
Gustav
es incapaz de comunicarse de manera emotiva, tiene que apoyarse en su trabajo
para contactar con los otros: utiliza en una película de juventud a su hija
pequeña, escribe en la vejez una obra para su hija mayor y sus amigos son
técnicos de cine con los que habla de trabajo. Poco a poco, se nos descubre que
la infancia de Gustav fue durísima, y sospechamos que quizá lo mutiló
afectivamente. No parece que fuese tan “consciente” del abandono a sus hijas.
Nora “no quiere” saberlo. Eso le quitaría el título de víctima agraviada. Se
repliega en el dolor y en un victimismo un tanto narcisista. Al final, es
posible que utilizando el arte y la creación como vinculo se acerquen. Nora y
su padre tienen mucho en común. “Me recuerdas a mí”, le dice Gustav en un
momento de la narración.
Una
gran película que contiene sabiduría y un conocimiento profundo del ser humano.
Es elegante y difícil de olvidar. No se la pierdan.
ISABEL BANDRÉS


















































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