viernes, 1 de mayo de 2026

 

GUERRA (I)
MARÍA LUISA MAILLARD

Si acudimos al diccionario de la RAE, la primera definición de guerra es: “Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más países”. ¿Para qué darle vueltas? Se diría una descripción bastante exacta, incluso una obviedad si nos atenemos a la experiencia. Detengámonos sin embargo un momento en ella. No es una situación que dependa de la voluntad o el deseo de un solo elemento, en este caso, país, ni mucho menos de la opinión individual de los ciudadanos que lo componen; se necesitan dos o más países litigantes. Puede que uno de ellos no quiera la guerra; pero se vea obligado a defenderse de una invasión, como es el actual caso de Ucrania, país que no suponía un riesgo para ningún otro y que gozaba de un régimen democrático que respetaba los derechos humanos.

¿Y por qué la frase “dos o más países”? Desde los inicios de la civilización, los países han establecido alianzas ideológicas, económicas o de defensa, con lo que, en caso de conflicto armado, se ven obligados a posicionarse del lado de sus aliados. Es difícil encontrar un país que, ateniéndose a su seguridad, opte por permanecer aislado en un panorama internacional cada vez más complejo y globalizado si exceptuamos sus diferentes visiones del mundo, incluida la guerra.

¿Y los principios? Siempre se puede optar por la neutralidad. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial nos alerta de que la neutralidad tiene un precio: la colaboración con el país que inició la guerra, es decir, el invasor, como fue el caso de Suecia y del Vaticano. Habría que añadir a Suiza que combinó inicialmente la defensa —fortalecimiento de los Alpes—, con la colaboración en el terreno financiero y de espionaje, amén de cerrar sus fronteras a los miles de judíos que huían del nazismo.

La reflexión nos hace ir un poco más allá. Hasta ahora nos hemos limitado a hablar de grupos humanos, concretamente de países; pero las sociedades las han conformado los hombres, con lo que deberíamos preguntarnos por qué ha existido la guerra, desde los inicios de la aparición del hombre sobre la tierra. La guerra entraña destrucción y muerte, un anuncio del fin de mundo, junto a los otros tres jinetes del Apocalipsis del libro VI del Nuevo Testamento: La conquista, la guerra, el hambre y la muerte. La mayoría de los ciudadanos de todos los países del mundo, que son los que sufren las guerras, rechazan ese jinete del apocalipsis. ¿Qué hay en la naturaleza humana que haga que persista esta plaga, que no se circunscribe a una civilización ni a una cultura en concreto? ¿Existe algún camino para evitarla?

La existencia de la guerra ha sido motivo de reflexión desde los inicios de la cultura occidental, ya desde Platón y Aristóteles, atendiendo a su compleja realidad, inserta en un contexto social determinado. Se han esgrimido motivos biológicos, políticos, históricos: “Considerada en lo que al Derecho importa, la historia es ante todo el cambio del reparto de poder sobre la tierra”, señala Ortega y Gasset, e incluso espirituales. ¿Qué ha sucedido en nuestra cultura para que se haya ido perdiendo dicha reflexión?

El nominalismo que pretende cambiar la realidad cambiando el nombre de las cosas, unido a un extremo subjetivismo, se extiende al complejo problema de la guerra y de la paz. Yo soy pacifista, no quiero que en mi país se incremente el gasto de defensa, ni siquiera debería haber un ejército a no ser que se ocupe de forma exclusiva en labores de pacificación. Si yo no quiero la guerra porque es mala, la guerra no existe para mí. Soy pacifista. Al desaparecer el horizonte de la guerra y el objetivo de mantener la paz en un complejo sistema de relaciones, la paz se convierte en una entelequia fruto del deseo. Y la paz no se construye con el deseo, sino con un arduo trabajo para lograr nuevos medios de trato entre los hombres, sigue desarrollando Ortega en su artículo “Sobre el pacifismo”.

Uno de los autores de nuestra tradición que sí pensó sobre la manera de mantener la paz fue Inmanuel Kant, en su libro Sobre la paz perpetua de 1875. Debemos remitirnos al contexto en que se produce su propuesta razonada de paz. Europa y la cultura occidental gozaban por aquel entonces —a pesar de su historia plagada de guerras—, de una primacía indiscutible en el contexto mundial. Era la época de la ilustración, de la confianza del hombre en la razón y la razón práctica apuntaba que era más razonable la solución pacífica de los conflictos. Kant realizaba su propuesta universal refiriéndose en realidad a un pequeño continente y a la cultura que había desarrollado, Europa.

Para que fuese posible una “paz perpetua” era indispensable que todos los países tuviesen una misma Constitución Republicana, basada en una igual legislación, la separación de poderes y la garantía de la igualdad de todos los ciudadanos. El preludio de lo que denominamos Derecho Internacional, basado en los Derechos Humanos. Había una pequeña dificultad que ya había sido tenida en cuenta por Concepción Arenal, autora de conocido pacifismo, al inclinar su reflexión sobre “El derecho de gentes”: la inexistencia de los mismos criterios y legislaciones en los diferentes países.

Después de la sangría de las dos grandes guerras europeas en el siglo XX y tras el fracaso de la Sociedad de Naciones, creada en 1919, para evitar la segunda, casi un siglo después de la propuesta de Kant, el continente europeo se aproxima a este ideal kantiano. Crea en su seno organismos comunes políticos, económicos y de defensa, de mayor o menor fortuna, alcanzando un gran periodo de paz en la mayor parte de su territorio, estando ausente de los grandes conflictos que se produjeron durante el periodo en otros lugares del planeta. En gran medida, ello fue posible porque su organización de defensa, la OTAN, estuvo liderada y sostenida por el nuevo imperio occidental: Estados Unidos. País que asumió en solitario, en la época de la política de bloques, la defensa del mundo occidental frente al imperio soviético y cuya intervención previa en las dos grandes guerras europeas, fue decisiva para su finalización.

Las cosas fueron cambiando en el mundo y Europa y su cultura —no en lo que respecta a la ciencia que dio lugar a un gran desarrollo tecnológico—, fue convirtiéndose en irrelevante en el panorama internacional. Comenzaron a consolidarse nuevas potencias dominantes, cuya característica más destacada era la de estar regidas por gobiernos totalitarios, sostenidos por el nacionalismo o el fundamentalismo religioso y que no tenían entre sus prioridades los derechos humanos. Entre los que acumulaban más poder económico y militar, China, Rusia e Irán, que en algunos conflictos recientes han funcionado como bloque frente al mundo occidental.

 

Europa y Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial, promovieron en 1945 la fundación de la ONU, en sustitución de la fracasada Sociedad de Naciones (SDN), con el fin de resolver pacíficamente los conflictos bélicos, mediante un Derecho Internacional. Cuenta en su seno con tres países ascendentes en el panorama mundial: China, Rusia e Irán, que no respetan los derechos humanos y uno de cuyos objetivos en política internacional es el de una expansión nacionalista, mediante la guerra. China quiere Taiwán, Irán la destrucción de Israel y Rusia recuperar la Gran Rusia que incluye países europeos anexionados después de la Segunda Guerra Mundial. Ni China ni Rusia ni Irán respetan los principios de legalidad de la guerra Ius ad bellum ni los límites en el combate ius in bello, establecidos por la O.N.U. —crímenes de lesa humanidad, violaciones, torturas, apoyo a grupos terroristas…—. Para no hablar de uno de los participantes en la guerra actual entre Israel y Estados Unidos contra Irán: el grupo terrorista chií Hezbolá. Fue fundado en 1982 con un contingente de la guardia revolucionaria iraní, cuyo nombre fue escogido por el mismo Jomeini y financiado y armado por Irán durante todos estos años. Hezbolá comenzó a bombardear Israel el 8 de octubre de 2023, un día después del bestial e inhumano ataque de Hamás contra la población israelí —1.400 personas asesinadas, violadas y desmembradas y 252 rehenes—, que dio inicio a la guerra actual en Oriente Medio.

En el contexto de las relaciones internacionales y, en lo que concierne a nuestro tema, la guerra, no parece que haya un consenso general entre los diversos países que componen la ONU, sobre los derechos humanos y un Derecho Internacional que prime la paz sobre la guerra y ponga un límite humanitario las acciones bélicas. ¿Cómo podemos considerar el Derecho Internacional un freno o una barrera para la guerra si unos países lo admiten y otros no? ¿Si unos respetan los derechos humanos y otros no? ¿No se establece entonces una clara desigualdad en el posible enfrentamiento bélico entre dichos países?

En entregas posteriores, desarrollaremos más extensamente el tema de la guerra desde las reflexiones de los autores que han escrito sobre ella, prestando especial atención a aquellos que han tenido en cuenta la naturaleza humana en el hecho objetivo de su mantenimiento a lo largo y ancho de la historia de la humanidad. Finalizaremos con una reflexión sobre la actual guerra entre Israel e Irán, en la que, el 28 de febrero de 2026, ha entrado a saco Donald Trump como elefante en cacharrería, violando el “Derecho Internacional”, que sólo admite la guerra en el caso de defensa ante una invasión. Ha cambiado radicalmente la realidad histórica, el reparto de poder sobre la tierra, pero no el aparato jurídico que establecía las normas para regular la guerra y la paz, sólo defendido en parte por un pequeño y hoy menguado conteniente: Europa, incapaz hoy de establecer la paz en sus fronteras.

MARÍA LUISA MAILLARD

 

DE SIMIOS Y HUMANOS
ISABEL BANDRÉS

A principios de abril, la revista Sciencie publicó una noticia sobre el enfrentamiento en Ngogo, Uganda, de varios simios de un mismo grupo que, al tratarse de una población que nunca fue alimentada artificialmente por humanos, garantiza que el conflicto fue impulsado por dinámicas puramente naturales y biológicas. Aunque la noticia invita a trazar un paralelismo con la guerra humana, los científicos mantienen la cautela. Josep Call, primatólogo catedrático en la Universidad de Saint Andrews, subraya que este conflicto, poco habitual, responde a un proceso de escisión territorial. Pero mientras los chimpancés ven al otro como un enemigo biológico, la especie humana ha desarrollado una capacidad de cooperación que, pese a las guerras, nos permite convivir en sociedades globales hiperconectadas.

Tras la “guerra entre simios” y sus 29 muertos entre los que se encuentran algunas crías, no paso nada más. Tras la Segunda Guerra Mundial, en la hubo más de 50 millones de muertos, los seres humanos se sentaron y fundaron las Naciones Unidas que dieron paso a la Declaración de los Derechos Humanos. Los redactores estaban influenciados por la democracia cristiana, el confucianismo, las tradiciones jurídicas liberales y el derecho internacional. Les unía la idea que de verdad podían existir unos principios comunes a todas las culturas y a todos sistemas políticos. ¿Ingenuidad? Quizá. Bendita ingenuidad. La Unión Soviética votó en contra del documento, al igual que varios de sus países satélites. A pesar de todo, salió adelante y su artículo primero recoge lo que luego desarrollará: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales. la Declaración proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París el 10 de diciembre de 1948, es un ideal común para todos los pueblos y naciones. Se establecen, por primera vez, los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero y ha sido recogida en múltiples tratados mundiales, regionales y en las constituciones de los países democráticos. Es, o debería ser, el frontispicio de toda democracia y leerse machaconamente en las aulas. Pero ahora estamos en otra cosa: en intentar eliminar las democracias liberales. Ha surgido un lenguaje preocupante y aparentemente inocente por parte de Rusia y China en el que mezclan conceptos como “respeto mutuo”, “cooperación de beneficio” y “multipolaridad” 1. 

¿Qué significa el “respeto mutuo”? Parece ser que lo que se desea es que nadie critique a nadie. Cuando Rusia ataca a Ucrania debe ejercerse el “respeto mutuo”, es decir debe guardarse silencio y no condenar a Rusia. En 2022, un informe de Naciones Unidas difundió que China había violado sistemáticamente los derechos humanos en su trato con la etnia uigur y con otras minorías musulmanas. Se informó del confinamiento de cerca de un millón de ellos en los llamados “Centros de Educación y Capacitación Vocacional”. Miles de documentos y pruebas contrastadas evidenciaban detenciones arbitrarias, torturas, violencia sexual y esterilizaciones forzadas. China afirmó, a modo de conclusión, que las autoridades de la región habían actuado según el principio de que todos son iguales ante la ley y que la acusación era falsa. El Gobierno chino apoyado por quince países, entre ellos Corea del Norte, Bielorrusia, Cuba y Venezuela sostuvo que había una campaña occidental contra China y que el informe, pese a todas las pruebas, carecía de fundamento real. En ambos casos se exigió respeto.

En cuanto a la alabada por algunos “cooperación de beneficio mutuo”, China extiende su área de influencia por África y Latinoamérica. Un ejemplo, Zimbabue. Allí China obtuvo minerales a cambio de introducir en el país tecnología china y mantener en el poder al corrupto Mnangagwa. Zimbabue fue uno de los países que votaron en Naciones Unidas a favor de la anexión rusa de Crimea en 2014. Ese mismo año Zimbabue cedió a China una concesión minera de platino y a cambio obtuvo varios cazas MiG-35. Más tarde, se solidarizó con Rusia en su guerra contra Ucrania. En fin, lo que se ha dado en llamar “cooperación de benéfico mutuo” significa mantener un poder corrupto en la zona a cambio de expoliar sus riquezas minerales.

En 2023, Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional del presidente Biden, alertó sobre los graves riesgos de la excesiva dependencia económica de China. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, nos avisó sobre los desequilibrios en la relación económica de Europa con China y la necesidad de requilibrar esa relación. Europa, tras la invasión de Rusia a Ucrania, pagó un alto precio por su dependencia del gas ruso. Alemania pensó en su momento que así se fortalecerían los lazos económicos y contribuiría a la paz. Por el contrario, Putin utilizó esa dependencia para chantajear a Europa. Confiar en las autocracias sale a los pueblos muy caro. China y Rusia son hoy los grandes corruptores de los poderes democráticos comprando voluntades, al mismo tiempo que venden su política carente de libertades como la mejor forma de vida posible y acusan a las democracias liberales de todos los males y perversiones posibles.

Estamos en un mundo multipolar, nos recuerda Rusia. Putin en uno de sus discursos apunta: “[…] hemos dejado atrás un mundo centrado en Estados Unidos y en los valores corruptos y decadentes de Occidente”. Lo asombroso es que Rusia supone un peligro para los países que tiene próximos, como Finlandia y Suecia, que se han apresurado a rearmarse.

Las democracias están de capa caída, Naciones Unidas tiene poca credibilidad y los países fuertes elaboran estrategias para enterrar, más pronto que tarde, esa rareza que es la democracia liberal. Pero de tarde en tarde, disfrutamos de alguna alegría. La caída de Orbán en Hungría, ha permitido a la Unión Europea aprobar la ayuda de 90.000 millones para Ucrania y endurecer las sanciones a Rusia y las críticas internas, incluso de los más próximos, que está recibiendo Trump a sus políticas erráticas y antidemocráticas nos dan esperanza. En todo el mundo hay personas que se reúnen y analizan situaciones y le dan vueltas a la realidad sin dejarse comprar ni embaucar por las autocracias de uno u otro signo.

La buena noticia es que, según los últimos estudios, no estamos fatalmente determinados por la biología a la violencia. Nuestro cerebro goza de una gran plasticidad, lo que nos permite movernos por el universo de las ideas y sentimientos interpretando las experiencias más allá de la genética. Somos seres en los que cuentan la educación y las circunstancias vividas, con capacidad de formar sociedades complejas. Podemos engañar, robar y matar, pero también somos capaces de levantar hospitales, crear obras de arte, descubrir vacunas y ayudar a los desconocidos. No estamos condenados biológicamente a vivir en la violencia, existen otras posibilidades y lo hemos demostrado muchas veces.

ISABEL BANDRÉS

1.-Autocracia S.A. Los dictadores que quieren gobernar el mundo. Anne Applebaum, editorial Debate, 2024.



IMÁGENES SOBRE LAS MUJERES Y LOS LIBROS
59. ESCULTURAS CON MUJERES LEYENDO
O CON UN LIBRO EN LAS MANOS
INÉS ALBERDI

Hay numerosas esculturas de mujeres leyendo o teniendo un libro en las manos. Muchas de ellas hacen referencia a la virgen o a figuras religiosas, pero también muchas de ellas no tienen nada que ver con la religión. Empezaremos por estas últimas.

Muy frecuentemente, las esculturas que representan mujeres con un libro hacen referencia a figuras mitológicas o símbolos de alguna actividad o ciencia. En todas las ciudades vemos ejemplos de ello que adornan calles y plazas.

Reinhold Begas, Alemania (1831-1911)
Alegoría de la historia. Monumento a Shiller
Plaza Gendarmenmarkt, Berlín, Alemania

Henri Lombard, Francia (1855-1929)
Alegoría de la verdad
Ópera Nacional de París, Francia


Pietro Baratta, Italia (1668-1729)
La sabiduría o La Elocuencia
Basílica de Santi Giovanni e Paolo, Venecia, Italia

Las encontramos también en los museos cuando quieren representar algún arte o alguna fuerza de la naturaleza.

Reinhold Begas, Alemania (1831-1911)
Alegoría de la ciencia de la guerra, 1887
Palacio de Schwerin, Alemania

Una de las más famosas del mundo es la Estatua de la Libertad que se encuentra a la entrada del puerto de Nueva York. Una mujer que enarbola una antorcha y tiene un libro en sus manos se ha convertido en el símbolo de la libertad en una de las ciudades más importantes del mundo. La historia de esta escultura es muy singular. El monumento fue un regalo que Francia le hizo a los Estados Unidos en 1886, para conmemorar la declaración de independencia del primer país democrático del mundo. La estatua es obra del escultor francés Frédéric Auguste Bartholdi y la estructura de esta inmensidad fue diseñada por el ingeniero Gustave Eiffel (el mismo que el de la torre de París). La escultura de la mujer mide 46 metros de altura y alcanza los 93 si contamos la base en la que se apoya.

Frédéric Auguste Bartholdi, Francia (1834-1904)
La libertad, 1886
Puerto de Nueva York, Estados Unidos

Muy frecuentemente, las esculturas de mujeres con un libro en las manos forman parte del monumento a algún escritor o poeta. Es el caso de la joven que se acerca a Ramón de Campoamor en el parque de El Retiro de Madrid y de la que se sienta a los pies del monumento a Valera en el Paseo de Recoletos, en el centro de Madrid.

Lorenzo Coullaut Valera, España (1876-1932)
Monumento a Ramón de Campoamor, 1912
Parque del Buen Retiro, Madrid, España

Lorenzo Coullaut Valera, España (1876-1932)
Monumento a Juan Valera (Pepita Jiménez), 1928
Paseo de Recoletos, Madrid, España

En alguna ocasión, es la imagen con la que se rinde homenaje a todo un grupo de poetas, como en el monumento a la Generación del 27 en Sevilla.

Antonio Barrionuevo Ferrer, España (n.1948)
Monumento a los poetas de la generación del 27, 2011
Paseo de Cristóbal Colón, Sevilla

También hay retratos, o supuestos retratos, de mujeres formidables que se representan con un libro en sus manos. Este sería el caso de la escultura de Isabel la Católica en la Catedral de Granada.

Diego de Siloé, España (1495-1563)
Isabel la Católica, c.1528
Capilla Real de la Catedral de Granada, España

Es también el caso del presunto retrato de Rosalía de Castro en Santiago de Compostela, en el Paseo de la Herradura del Parque de La Alameda.

Francisco Crivillés, España (1869-1920)
Monumento a Rosalía de Castro, 1917
Pº de la Herradura, Parque de La Alameda, Santiago de Compostela

O el más reciente homenaje a Anna Frank que se encuentra en Barcelona.

Sara Pons Arnal, España (n.1970)
Homenaje a Ana Frank, 2001
Plaza de Ana Frank, Barrio de Gracia, Barcelona

En otras ocasiones, no hay connotación con la ciencia o la filosofía, tampoco con ningún personaje concreto, sino solamente con la lectura, como actividad en la que puede sumergirse una mujer.

Este es el caso del escultor italiano Pietro Magni, conocido sobre todo por su escultura Girl Reading, que realizó en repetidas ocasiones. La más famosa de ellas se encuentra en la Galería de Arte de Milán, su pueblo natal; pero yo encontré otra que me gusta más en la Galería Nacional de Washington, en Estados Unidos. 

Pietro Magni, Italia (1817-1877)
La lectora, 1861
Galería Nacional de Washington, Estados Unidos

Otra manera de resaltar la bondad de la lectura femenina es la escultura que encontramos en el metro de Moscú, que quiere representar a la mujer revolucionaria, ejemplo supremo de la excelencia en el tiempo que se puso allí, y la representa leyendo un libro.

Matvey Manizer, Rusia (1891-1966)
La mujer revolucionaria, 1936-39
Estación Plaza de la Revolución, Metro de Moscú, Rusia

A veces, estas esculturas de mujeres leyendo adornan un parque o una plaza.

John Seward Johnson II, Estados Unidos (1931-2020)
La lectora, 1980
Parque de Esculturas del Ursinus College,
Collegeville, Pennsylvania, EE.UU.

En Oviedo, a la entrada del Teatro Campoamor, hay una escultura de Julio López Hernández que hace un homenaje a la mujer lectora.

Julio López Hernández, España (1930-2018)
Esperanza caminando, 1998
Frente al Teatro Campoamor, Oviedo, Asturias, España

En Madrid, como homenaje a las mujeres estudiantes, tenemos una figura de joven leyendo en la calle del Pez, cercana a la antigua Universidad Complutense de San Bernardo.

Antonio Santín Benito, España (n.1978)
Tras Julia, 2003
Calle del pez, Madrid, España

Quizás una de las esculturas más bonitas que tratan de homenajear a las mujeres lectoras es la que se encuentra en una glorieta del Parque de El Retiro de Madrid. Representa una mujer desnuda, sentada y medio reclinada sobre el suelo. Tiene un libro en sus manos y hace un alto en su lectura, aunque sigue señalando la página con su dedo.

Es obra del escultor catalán Costa Vaqué y ha sido colocada solo hace unos años en el Retiro, porque anteriormente perteneció a un grupo escultórico que pasó años en los almacenes del ayuntamiento.

Su colocación en el centro de una placita, rodeada de bancos y bajo los árboles evoca la idea placentera de la lectura, la calma y la contemplación, como pocos monumentos pueden hacerlo.

Santiago Costa Vaqué, España (1895-1983)
Mujer sedente, 1943
Parque del Buen Retiro, Madrid, España

INÉS ALBERDI

 

¿LA MEDICINA DE PRECISIÓN, 
UN CAMBIO DE PARADIGMA? (II)
CARMEN G. INSAUSTI

Concluimos el artículo del blog anterior señalando que la implementación de la medicina de precisión ha implicado una serie de cambios, especialmente en Oncología y Hematología, que hemos de tener presente. Me referiré a algunos de ellos.

La medicina de precisión por su propia naturaleza requiere una gran precisión diagnóstica. Ha quedado atrás la época en que para diagnosticar un cáncer, bastaba con el estudio histológico, es decir, con ver las células al microscopio, teñirlas con tinciones especiales, si era necesario, evaluar sus marcadores de membrana, incluso citoplasmáticos o nucleares, y en base a ello indicar un tratamiento, generalmente cirugía, quimioterapia y/o radioterapia, dirigido a toda la masa tumoral y no a la alteración genética especifica responsable del tumor. Ahora el avance de la ciencia médica exige una gran precisión diagnóstica. Esta precisión diagnóstica requiere la incorporación de las técnicas de secuenciación masiva a la rutina diagnóstica lo que exige estudios, preparación, capacitación del personal para poder detectar las alteraciones moleculares subyacentes al tumor y con ello poder ofrecer la posibilidad del mejor tratamiento posible a cada paciente.

El requerimiento de esta alta precisión diagnóstica basada en las alteraciones moleculares que subyacen al tumor, ha traído como consecuencia algunos cambios en el ejercicio de la medicina. En primer lugar, en el mejor de los casos, ha sumado a la clasificación histológica de los tumores, una nueva clasificación basada en dichas  alteraciones moleculares, pero también ha hecho surgir la propuesta de que se obvie la clasificación histológica y se elabore una nueva clasificación de los cánceres basada no en el órgano de origen (mama, pulmón, colon) ni en el tejido afectado (sangre, piel, nervioso) sino en la alteración molecular responsable del origen del tumor, es decir, en su perfil molecular. Con esta propuesta algunos hematólogos no estamos de acuerdo porque consideramos que las clasificaciones más completas son las que toman en cuenta la citomorfología, la citoquímica, el inmunofenotípico, la citogenética y la biología molecular, y la correlación de todas ellas con los datos clínicos y analíticos del paciente.

 

De aceptarse la propuesta de esta nueva clasificación basada solo en las alteraciones moleculares, tendríamos que aceptar que estamos ante un cambio en la nosología médica, similar a la ocurrida en otros momentos históricos en los que la medicina cambió su forma de definir las enfermedades.

Otro cambio relacionado con el desarrollo de terapias dirigidas a las dianas moleculares específicas de cada tumor es que la diana terapéutica manda sobre el diagnóstico histológico. Esto queda muy bien ejemplarizado con los ensayos clínicos tipo “basket”, cada vez más realizados, en los que se incluyen pacientes con diversas tumores malignos de diferentes órganos, por ejemplo, pulmón, tiroides, etc., que aunque tienen un estudio histológico diferente, tienen la misma diana molecular, y por ende son tratados con el mismo fármaco, con muy buena respuesta clínica.

Siguiendo esta misma línea, podríamos decir que la medicina de precisión también podría generar cambios en la especialización de los médicos quienes ya no se especializarían en las diferentes patologías según el diagnóstico histológico (cancer de pulmón, vejiga, tiroides, mama, leucemia, linfomas, melanoma, etc.) sino en función de la diana molecular más importante (especialista en mutaciones o aberraciones en BRAF, ALK, MET, RET, KRAS, FLT3, etc.). Se hablaría de especialistas en alteraciones de los genes, lo que indudablemente favorecería la caída de los límites entre las especialidades y el desarrollo de la interdisciplinaridad. 

Aparte de estas cuestiones técnicas que he esbozada aquí, hay muchas más en las que no quiero incidir porque complicarían las ideas básicas que estoy desarrollando. En lo que sí quiero incidir es en los requerimientos necesarios para implementar la medicina de precisión. Ya habíamos comentado en el artículo anterior que uno de los requerimientos más importantes de la medicina de precisión es el establecimiento de redes con grandes bases de datos genómicos de los pacientes que integren las historia clínicas y sus estilos de vida, y que además incluyan a los médicos, laboratorios clínicos e investigadores. Todo ello, acompañado por un registro electrónico de todos los documentos médicos. En esta red los pacientes acceden a ceder sus datos biológicos, médicos y familiares para que los investigadores puedan generar nuevos hallazgos y, para que los clínicos puedan utilizar el conocimiento generado. Todo ello necesita además de la participación de la industria para crear y distribuir nuevas herramientas de análisis y, evidentemente, de las empresas farmacéuticas para la síntesis de nuevos fármacos dirigidos a las diferentes dianas que se descubran. En una palabra, ello implica la inversión de grandes sumas de dinero, grandes aportes económicos, algo que no es precisamente lo más abundante en la mayor parte de los países del mundo lo que indudablemente divide al mundo en categorías y a sus habitantes en aquellos con capacidad de beneficiarse de la medicina de precisión y aquellos que no obtienen sus beneficios, lo que representa un tema de injusticia social e inequidad evidentes.

Es cierto que se ha dicho que la medicina de precisión tiene el potencial de reducir los costes asociados a la aplicación inapropiada de tratamientos farmacológicos como la quimioterapia, a la hospitalización por efectos secundarios graves asociados a determinados fármacos y podría conducir a un uso más efectivo de los recursos, contra ello está el hecho de que, hasta ahora, la terapia dirigida contra dianas moleculares específicas debe aplicarse de por vida, otra variable que juega en contra de los países con menores recursos.

En fin, nosotros celebramos la llegada de la medicina de precisión, de todas las innovaciones y apostamos por ellas, pero no dejamos de tener presente que hay una gran parte de la población mundial que no tiene acceso a ella.

CARMEN G. INSAUSTI
Médico Hematólogo

 




CUANDO DESPERTÉ, LA GRAND PLACE SEGUÍA ALLÍ
BIENVENIDO PICAZO

Por motivos que no vienen al caso y que, como es natural, a ustedes y en buena hora, les importan bien poco o directamente nada, he pasado unos días en Bélgica. Este salto no ha sido casualidad, más bien causalidad. En fin, sea.

Ir a Bélgica es sinónimo, o al menos debería serlo, de visitar la Plaza Mayor de Bruselas, la majestuosa e insustituible Grand Place. Ese extraño país, tan pequeño como sumamente interesante (más chiquito que nuestra amada Extremadura), necesariamente debía ser la cuna del surrealismo, también lo ha sido de otras muchas cosas, pero si uno se detiene a estudiar mínimamente esta pequeña porción de tierra ¡y agua!, no se explicará cómo no había caído antes en tamaña obviedad.

Pero de surrealismos y otras corrientes, más o menos vanguardistas, podríamos hablar en otra ocasión, sin embargo hoy quiero entretenerme y entretenerles, en el amplio sentido de las acepciones, en pasear por esta hectárea y media de extasiante poesía.

Quizá se me vayan de la mano las hipérboles, pero recuerde amable lector, que estas líneas son de una furibunda subjetividad y no tengo más fin que ese, seguir haciendo ostentación de mi tendenciosidad sin el menor sentimiento de culpa; además, como estoy seguro de que usted ya ha pisoteado estos paveses, va a tener la piedad de ponderar mis ditirambos. 

La primera vez que puse mis reales en ese lugar era agosto y, en confianza, por entonces no tenía ni idea de su existencia, acaso un lejano eco de su liliputiense vecino vaciando su vejiga; la cosa es que llevado en volandas por unos amigos y el gentío llegué, vi y vencí. Me quedé completamente extasiado. Era la media tarde, esa hora tan caprichosa —para el que suscribe, siempre absurdamente tristona—, con el sol todavía enseñoreándose del lugar (sol belga, no lo olviden), el rumor llenaba el espacio, los enormes pendones de las casas de los gremios embellecían el momento y me sentí como nunca antes, bueno sí, antes había sentido algo parecido, pero no quiero llevarles a otros prados ni abusar de su paciencia.

Después, he tenido la inmensa fortuna de verla transitar por las estaciones, la he visto nevadísima, con lluvias de todos los tamaños, desde calabobos hasta aguaceros inmisericordes, por la mañana bien temprano, con mercadillos de flores, con escenarios y músicas horripilantes y en nebulosas madrugadas de “Asturias, patria querida” y siempre, pero siempre-siempre, he tenido lucidez suficiente para verla insultantemente hermosa. Mas no una belleza orgullosa o displicente, sino todo lo contrario, una beldad discreta y garrida, dentro de un innegable espíritu belga, o sea, sin hacer mucho ruido. El lema de este engendro de país es “La unión hace la fuerza”, pero le vendría mejor algo así como “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”. Tampoco es mero azar el lema oficial; admirable resulta y lo digo sin una brizna de ironía, la capacidad que tienen los belgas para reírse de ellos mismos, si hasta se cuentan los chistes que los franceses hacen de ellos tomándoles por lelos. Hay que ser belga. Otros lo llaman pragmatismo.

La Grand Place vale la visita a Bruselas por sí sola. La ciudad ha sufrido una evidente involución, como el resto del país, como el resto de Occidente, pero todavía conserva lugares para detenerse entre el ruido y las franquicias y trasladarse a otras épocas u otros “yoes” o directamente reivindicar la gracia entre tanta fealdad como se nos ha impuesto, tan subrepticiamente, que ya la damos por bonita.

Cuando uno va o cuando uno viene de ese mágico lugar no puede apreciar o fijarse en otras cosas, todo corre el riesgo de convertirse en fruslería porque pocos rincones pueden hacerle sombra.

BIENVENIDO PICAZO

 

EL CASO MARCEL DUCHAMP 
CONTRA ELSA VON FREYTAG
AMPARO SERRANO DE HARO/ARA DE HARO

El pasado sábado 11 de abril, en el periódico El País figuraba un largo artículo sobre una exposición dedicada al artista francés Marcel Duchamp en el MoMA (o museo de arte moderno) de Nueva York. Un edificio, un lugar, una institución que fue templo, testigo, bastión y juez, de la modernidad artística durante un siglo: desde el principio del siglo XX hasta el siglo XXI, desde entonces la capitalidad cultural que ostentaba Nueva York y el poder del MoMA, han saltado en mil pedazos y “el criterio decisivo” es ahora un viento caprichoso y difícil de capturar que aparece de forma intermitente y nómada en distintos lugares y museos/eventos/instituciones del mundo.

Duchamp, por otra parte, ocupa un lugar importante en la historia del arte como contrafigura de Picasso; es el “otro rey” en el tablero de ajedrez del arte, el rey oscuro de un trono artístico que si Picasso, el rey blanco, lo merece por su inagotable y continuada invención formal, en él es reticencia, burla, escepticismo, pero, sobre todo, concepto. Es decir, lo que en Picasso es claridad creativa (en lo bueno y en lo malo) en él es una inquietante oscuridad que se ha interpretado como un camino diferente, pero igualmente válido, de actuación sobre el medio artístico, en el que la importancia de la materia queda anulada por la “idea”.

Ahora bien, me ha llamado la atención la ausencia de mención que se hace a la controversia que existe desde hace años, sobre la autoría de su obra La fuente o el urinario de 1917: estudios recientes han insistido en dudar de la autoría de Duchamp sobre la misma. No solo fue extraño que durante veinte años Duchamp no reconociese de forma expresa ser autor de esa obra, sino que al hacer la biografía de su más que posible autora verdadera, la poco conocida Elsa Von Fryetag Loringhoven, artista alemana que anticipó el “performance” y que probablemente fue la verdadera inventora del “ready made”, la biógrafa de la misma, Irene Gammel, descubrió por azar, una carta de Duchamp a su hermana en la que afirma que fue obra de —literalmente—, “su amiga”. Ahora bien, durante esos años ambos estuvieron en una relación amistosa-amorosa que pronto se disolvió. La carrera de Duchamp encontró mecenas tan poderosos como los Arensberg y gente dispuesta a encumbrarle como el artista de un arte nuevo. Elsa von Freytag, sin reconocimiento alguno, acabo viviendo en París en condiciones de miseria tales que, seguramente, optó voluntariamente por el “accidente doméstico” que segó su vida, abriendo la espita del gas en 1927.

La fuente o El urinario

El MoMA no ha indicado siquiera que existe esta controversia. Simple y llanamente la ha borrado, con la esperanza de que su autoridad siga siendo suficiente para acallar las dudas y silenciar las preguntas. Las razones son fáciles de entender, pero no de excusar. En torno a Duchamp como artista primordial se ha creado tal castillo de palabras (¿de naipes?) que poner en cuestión una sola de sus obras puede acabar con toda la construcción prestigiosa, especulativa e intelectual que le sostiene (además de económica y comercial) yéndose abajo. Y lógicamente, también el prestigio de aquellos que la han construido o que han participado.

El haber dado carta de naturaleza a esta controversia no solo hubiese matizado, y por lo tanto enriquecido intelectualmente, la valoración actual de Duchamp, sino que hubiese dado la bienvenida a una artista, Elsa von Freytag von Loringenhoven, que las estructuras patriarcales ignoraron, y que merece su lugar junto con lo más granado de una vanguardia que se quiso entender como exclusivamente masculina. De hecho, toda su obra poética que, como verdadera genia de la invención, es también muy interesante, se habría perdido sino fuese porque se la dejó en su testamento a la escritora Djuna Barnes, en agradecimiento por haberla socorrido económicamente durante largo tiempo, y que ésta se ocupo de dejarla en depósito en la Universidad de Maryland.

Puesto que es común que una gran exposición marque mínimamente, al menos por un plazo de diez años, el rumbo de la tradición crítica de un artista, realizando esa exposición, el MoMA se asegura de que “todo sigue igual” en las altas jerarquías del canon artístico por un largo tiempo más. Ya que al estudio de Gammon, en años recientes otros críticos e historiadores (James Spalding, Glyn Thompson…) y escritores (Siri Huvstead) han ido aportando más datos y más fuego, impulsando la tesis de que tal obra, efectivamente, no sea de Duchamp.

Como una criatura legendaria, el Duchamp del MoMA, prefiere presentarse sin fisuras, erguido e incólume, aunque quizás ese retrato museístico esté relleno de paja retórica y dudas reales, para poder así, también el museo, figurar todavía como supremo juez (de lo que quizás sea parcialmente una mentira), en vez de arriesgarse a plantear razonablemente, pero, sobre todo, valientemente, la situación.

Y es un error, ya que cuando realmente se intenta desvelar la verdad, no solo redunda siempre en credibilidad, sino en la única autoridad intelectual posible.

AMPARO SERRANO DE HARO/ARA DE HARO 

AIRE
NATALIA VELASCO

Al buscar la definición de aire en el diccionario he encontrado un montón de acepciones, desde su sentido más literal al más figurado: “Gas que constituye la atmósfera terrestre, formado principalmente de oxígeno y nitrógeno, y con otros componentes como el dióxido de carbono y el vapor de agua.”; “Apariencia, aspecto o estilo de alguien o de algo”; “Vanidad o engreimiento.”; ”Aquello que viene de fuera alterando los usos establecidos e impulsando modas, corrientes o tendencias nuevas.” Ninguna de ellas identifica mi necesidad de aire. No he dejado de pensar en el aire como silencio y pausa. Coger aire y seguir durmiendo, soltar aire y ordenar cajones abarrotados de papeles antiguos; abrir las ventanas y airear; ayunar un día entero y vivir del aire; aterrizar aquello que estaba en el aire; darse aire de francesa y ver una película de la Nouvelle vague; descansar la mirada en el cielo azul mientras el aire empuja las nubes que siguen su curso indeleble. Hablar despacio, visitar a mis tíos, ya mayores y con poco aire de vida, quedar sin prisa y sin esfuerzo dejando que el aire se pasee entre los diálogos y lo impregne todo de frescura; ir y venir de una habitación a otra, pararse en la estantería y sonreír a un título olvidado; abrir el ordenador, cerrarlo, leer a Faulkner casi sin respirar porque el más leve descuido te ahoga en la narración; ser como el aire, pegado a ti, no puedes escapar. Siento que me estoy llenando de aire y que hasta yo misma camino con otro aire, con otros aires.

Nadie mejor que el pintor danés, Hammershoi, para retratar lo que estoy diciendo. En la exposición que puede verse en el Museo Thyssen de Madrid, sus cuadros repletos de habitaciones vacías respiran aire en calma, aire lleno de silencio y de luz blanca. El artista se centra en los quicios de las puertas, en los alféizares de las ventanas, en las sillas desnudas, en contados objetos de porcelana que parecen dialogar entre sí mientras escuchan el ojo del que mira. El pintor es un director de escena que hace interactuar a los objetos. En algunos cuadros, una figura femenina, de espaldas y ensimismada en una aparente inacción, sujetando un libro, posando su mano sobre la mesa, esquinada en el quicio de una puerta con veladuras grises que unifican la pintura, ocupa un lugar relevante. Esa mujer es Ida, su esposa, retratada, a veces, como una figura vulnerable y frágil y otras, en cambio, totalmente idealizada. Junto a ella también se retrata el artista en escenas íntimas, enigmáticas y ambiguas.

Sus cuadros de paisajes urbanos y rurales quedan suspendidos en el tiempo, del mismo modo que sus interiores. En ellos se suceden los elementos arquitectónicos o los árboles en distintos planos y el artista crea ritmos paralelos, como si se tratara de una partitura. El rastro humano se desvela en el humo de una chimenea, en la sombra tras las cortinas de ventanas entreabiertas y el aire entra como una sinfonía que lo llena todo de calma. No os la perdáis.

Mientras tanto, agradezco a la vida el aire.

NATALIA VELASCO

EL CAMINO MÁS LARGO
LIDIA ANDINO

Muchas veces escuchamos decir en las reuniones familiares y con amigos que gracias a los medios tecnológicos actuales vivimos mejor que nuestros antepasados; sin embargo, como en épocas remotas, la enfermedad sigue oscureciendo el devenir del ser humano.

En este artículo entiendo por enfermedad tanto a las afecciones somáticas como mentales; en las primeras muchas veces podemos identificar su raíz psíquica, y no hay un límite claro entre ambas, sino cierta reciprocidad. Hoy en día cada vez más médicos también lo reconocen.

A lo largo de la historia hubo enfermedades que se caracterizaban por sus connotaciones mágicas, demoníacas o sagradas. La lepra, por ejemplo, impulsaba estas creencias, de manera tal que curarla resultaba un milagro. En la Edad Media le tocó a la sífilis; hace un siglo fue la tuberculosis, a tal punto que hoy en día los abuelos aún recuerdan que, para evitar el contagio, recomendaban pasar lo más lejos posible del hospital donde se atendía a estos enfermos.

Actualmente —como efecto de la desinformación y de cierta publicidad con mensajes contradictorios—, la expansión del sida, el cáncer o el mismo Alzheimer crean confusión entre el público. En la base de estas manifestaciones se encuentran los tabúes. El tabú carece de todo fundamento; no se conoce su origen y es incomprensible para los que no están sometidos a él, del mismo modo que resulta natural para los que sí lo están. El problema es que viene acompañado por múltiples restricciones y privaciones.

Según los investigadores, el tabú es el más antiguo de los códigos no escritos de la humanidad, aún anterior a los dioses y a toda religión. Aquel que ha violado un tabú recibe severos castigos y se convierte, a su vez, en prohibido, como si hubiese recibido la totalidad de la carga peligrosa; surge entonces la idea de eludirlo con ceremonias de expiación, arrepentimiento o necesidad de purificación.

En la epidemias y plagas (recordemos los últimos años) aparecieron temores desmedidos al contagio, asco, aislamiento, sensación de invasión en el cuerpo, etc. Se trataba de ahuyentar entonces una fuerza peligrosa que entraña lo inquietante, fuera de control de la conciencia, transmisible por contacto, como funcionan los contagios.

En la actualidad, el temor a la enfermedad en general y a ciertas nuevas-viejas condiciones en particular, participa aún de estas creencias. Así escuchamos hablar del mal de ojo, posesiones demoníacas e incluso de concebirla como un castigo divino, frente al constante sentir de la culpa.

En oportunidades, frente a muchas enfermedades orgánicas, algunas muy graves, además del tabú específico, acosan espectros de desesperanza, inutilidad, depresión, hasta el deseo de abandonar la vida.

Muchas veces huimos de las enfermedades como reacción inconsciente para alejarnos del desamparo humano por excelencia, ese que solo nos acontece al reconocernos mortales, fantasma que sostiene el deseo de morir por el camino más largo: el de vivir.

LIDIA ANDINO
Psicoanalista

 


ÁNGELES LÓPEZ DE AYALA Y MOLERO (1858-1926)
MARÍA LUISA MAILLARD

“La masonería dignifica a la mujer, elevándola al igual que al hombre. […] La masonería será el redentor de nuestro sexo”. (Intervención de Ángeles López de Ayala en1889 en la Logia Constancia, de la que sería secretaria en 1895). 

Nuestra protagonista de hoy, Ángela López de Ayala, merece sin duda el apelativo de pionera. Fue la primera mujer en fundar una asociación feminista “La Sociedad Autónoma de mujeres de Barcelona” en 1892 y en organizar la primera manifestación feminista el 10 de octubre de 1910 en la misma ciudad donde había fijado su residencia desde 1988. La protesta, que contó con la colaboración de un joven Lerroux, que acababa de fundar el Partido Republicano Radical, tuvo por lema: “La emancipación de la mujer, la defensa del librepensamiento y la exigencia de la República como forma de gobierno”.

La extraordinaria biografía de Ángeles López de Ayala, dramaturga, narradora, periodista, conferenciante y activista política, se encuentra íntimamente unida a la Masonería, uno de los caminos que encontró la mujer española de finales del siglo XIX para reclamar sus derechos. Las primeras iniciadas fueron Amalia y Ana Carabias en 1887 en la ciudad de Cádiz. Con posterioridad pertenecieron a la masonería o colaboraron con ella, Rosario de Acuña, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken, por mencionar a las más destacadas.

Ángeles López de Ayala nació en 1858 en Sevilla, en el seno de una familia vinculada a sectores progresistas de la ciudad. Hija de Gonzalo López de Ayala y Asunción Molero y Valdivia era el tercer vástago de dos hermanos varones. Su tío, Abelardo López de Ayala fue un exitoso dramaturgo y político, que redactó el Manifiesto de la Revolución del 68 y fue, entre otros cargos, ministro de Ultramar y miembro de la Real Academia Española.

Presentación de la Asociación Benéfica Librepensadora
Ángeles López de Ayala, creada en 1926

La madre falleció cuando la niña contaba 8 años de edad y fue encomendada al cuidado de unos parientes, trasladándose a Morón de la Frontera, a unos 30 Km de Sevilla, con algunas estancias en Zahara de la Sierra, un enclave privilegiado del Parque Natural Sierra de Grazalema. Cursó los primeros estudios en el convento de Santa Catalina de Osuna, probablemente interna, habida cuenta de la distancia del convento de la ciudad donde residía con sus familiares. Esa vivencia en una etapa decisiva de su formación, sin duda influyó para que entrara de novicia en el Convento de Santa María de Marchena, que abandonó a los dos años. La niña lo que quería era ser escritora. La primera novela que publicó en 1881 El triunfo de la virtud, dijo haberla escrito a los 16 años.

Probablemente en esa época se trasladase a Sevilla con su padre y sus hermanos, que accedieron a regañadientes a que tuviera un profesor particular que la orientase en su vocación. Fue decisiva la intervención a su favor de un amigo de la familia Juan José Bueno y Lerroux, poeta redactor y director del periódico El Sevillano. El elegido fue un joven, Valentín Marín y Morales, que pronto descollaría como escritor de libros de retórica.

Poco más sabemos de su vida en este periodo, salvo la publicación en 1880 de la novela Lo que conviene a un marido, aparte de la ya mencionada un año después. Ángeles López de Ayala contrae matrimonio y en 1882 y se traslada a Madrid. Allí continúa su formación con Joaquín Ponce de León, vinculado por parentesco nobiliario a Zahara de la Sierra. Ese mismo año obtiene el Segundo Premio en el Certamen Literario del 2º Centenario de Calderón, con un estudio sobre la educación de la mujer, iniciando un camino reivindicativo que ya nunca abandonará.

Después de publicar en 1886 su novela Los terremotos en Andalucía o justicia de Dios y en 1888 Cuentos y Cantares para niños, comenzará su época activista. En 1887 imparte una conferencia en Fomento de las Artes de Madrid y en el Centro de Instrucción Obrero. El 17 de agosto de 1888 ingresa en el Grande Oriente Nacional de España, asociación masónica a la que ya pertenecía su marido, al mismo tiempo que se desata contra ella una persecución política que se acentuará en su etapa barcelonesa con varias detenciones y estancias en la cárcel.

Defensa de Rosario de Acuña al serle censurada la obra El padre Juan

La Masonería, esa asociación tan controvertida, había tenido un tímido comienzo en España desde el siglo XVIII, bajo influencia inglesa, pero había conseguido implantarse durante el periodo de la invasión napoleónica, auspiciada por José I. Con posterioridad fue prohibida, pero la semilla estaba echada en el sector progresista de la burguesía hispana, y durante el Sexenio Democrático de los años 68-75 la masonería explosionó. En 1890 en Barcelona había ya más de 40 logias en activo.

Era el lugar propicio para que Ángeles asentara sus reales y comenzara a desarrollar los grandes proyectos que tenía en mente para mejorar el mundo y, sobre todo, la situación de las mujeres. El matrimonio se trasladó a Barcelona en 1888, después de que su casa de Santander ardiese a raíz de un atentado y de que el padre y los hermanos de nuestra protagonista fallecieran, tal vez a causa de la epidemia de cólera que asoló Sevilla en 1885.

Barcelona era la ciudad que recogía en su seno los nuevos aires de la modernidad. Durante la década de 1830 había experimentado una verdadera revolución industrial basada en el algodón de ultramar: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Desde 1956 a 1866 a la industria textil se sumó el negocio bancario. Era una ciudad con todas las ventajas y problemas de una ciudad industrial, entre ellos, la cuestión social. En el seno de los movimientos obreros, el anarquismo había arraigado en Barcelona, que llegó a ser conocida en Europa como “La Rosa de Fuego”. En el 1º Congreso Obrero de 1870 se funda la Federación Regional Española, germen de la futura CNT creada en 1910 y el anarquismo comienza a introducirse en la masonería. Ambas organizaciones compartían una red de instituciones pedagógicas y sociales de ayuda a los desfavorecidos, aparte de idearios comunes como el anticlericalismo y la defensa del libre pensamiento.

Manifestación de mujeres en Barcelona, convocadas por Ángeles López
de Ayala y Molero el 10 de julio de 1910


En Barcelona Ángeles entra en contacto con la anarquista Claramunt Creus y la espiritista Amalia Domingo, socias afiliadas a la Logia Constancia, a la que se adhirió nuestra protagonista a su llegada a la ciudad. Las tres amigas crean en 1892 la 1ª organización feminista española: “Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona”. La actividad de Ángeles López de Ayala es ya imparable. Tiene una columna fija en los dominicales de librepensamiento y colabora en periódicos como El Ciclón, El Hispalense o El campesino. En 1896 funda el periódico El Progreso, que será sustituido a su cierre por El Gladiador en 1906. En 1898 funda “La “Sociedad Progresiva Femenina” que contaba con una Escuela Racionalista de Niñas, enfocada a la educación y dignificación de la mujer, una escuela nocturna para hombres, un orfeón y un teatro. En 1910 organiza en Barcelona la primera manifestación feminista, en la que se reúnen más de 22.000 mujeres. Contó con la colaboración de Lerroux, bajo el objetivo común de la defensa de la política laica que quería implantar Canalejas. Ese mismo año participa en el Primer Congreso de Librepensadores en España. Retoma su actividad literaria y en 1896 publica una novela histórica Abismos, en 1897 Justicia. En 1910 continúa su actividad de editora con el periódico El Libertario y en 1914 con El Gladiador del Pensamiento.

En 1926 Fallece Ángeles López de Ayala, dejándonos el recuerdo de la fortaleza de una luchadora incansable y la complejidad de los caminos de emancipación de la mujer, en el seno de la complejidad de la historia que muchos quieren ahora simplificar.

MARÍA LUISA MAILLARD

 

EL BIENESTAR EN LA CULTURA*
ROSARIO HERRERA GUIDO

La visión del mundo que aparece
en las últimas obras de Freud
revela más de una analogía
con el pensamiento de los trágicos griegos.
En cierto modo se trata de un regreso a algo que estuvo
presente siempre en su espíritu y que alentó
y guio sus primeras investigaciones.
Edipo vuelve a ser el hombre
que lucha contra los fantasmas de su fatalidad.
El nombre de esa fatalidad no es,
al menos exclusivamente, Yocasta.
No sabemos su verdadero nombre;
quizá se llama civilización, historia, cultura:
algo que alternativamente
hace y deshace al hombre.
Edipo no es un enfermo
porque su enfermedad es incurable.
En ella reside su humanidad.
Vivir será convivir con nuestra enfermedad,
tener conciencia de ella,
transformarla en conocimiento y en acto.

Octavio Paz, Un más allá erótico: Sade, Vuelta, 1993

 I

Immanuel Kant, temprano advierte en sus reflexiones sobre el Génesis, que en los orígenes de la historia humana, el instinto —la voz de Dios que obedecen todos los animales— guiaba a la criatura humana a elegir algunos alimentos y prohibirse otros, y que la caída humana en el Paraíso se debía a la participación de la vista, que transformó el instinto sexual animal en sensualidad, que se convertiría en un impulso permanente hacia la satisfacción que nombró “pulsión” (Trieb), que signaba el nacimiento de la cultura, con la desaparición del objeto sexual a partir de “la hoja de parra”, que ocultaba  la desnudez del sexo, como testimonio del imperio de la razón sobre el instinto sexual, pasando de los apetitos animales al deseo humano:  primero el amor y más tarde la belleza. Y el hombre abrió los ojos, vislumbró el tiempo, el futuro ignoto y amenazante, y se refugió en la familia, el trabajo y la cultura. Con la luz de la razón, la pulsión asumió como proyecto la perfección. Por ello, en los umbrales de la cultura, la historia natural comienza con el bien, que es obra de Dios, en oposición a la historia de la libertad que da comienzo con el mal y la perversión de la naturaleza (Kant, "Conjeturas sobre los comienzos de la historia humana”, Sammtliche Werke, 1867, 4, 317 y sigs.). Kant reconoce que el mal y la perversión que introducen la razón en la cultura, aspiran a la reconciliación entre la naturaleza y la razón a través del arte, que en su más alto grado de perfección devendrían de nuevo naturaleza. Una historia kantiana que permite percibir al hombre “como un animal perverso que se toma muchos trabajos en su camino hacia la muerte” (Néstor Braunstein).

II

El pensamiento de Freud, en El malestar en la cultura [(1930); Amorrortu, 1979], hay que asociarlo a la filosofía de la cultura moderna, al concepto moderno de represión (Verdrängung), cuyo fundamento no debe identificarse solo con una violencia terrorífica. Ciertamente en Tótem y tabú [(1913); Amorrortu, 1979], Freud introduce a un macho cretino que se apropia de todas las hembras de la manada y se las prohíbe a los hijos, por lo que es asesinado y devorado, para promover una interpretación no histórica sino genealógica, un origen trágico y perverso de la ley fundante de la cultura, basado en un mito moderno, para superar las inocentes interpretaciones rousseaunianas del origen de la cultura.

El mito de Tótem y tabú, según Eugenio Trías, es una construcción, un mito moderno, transhistórico, que actualiza el cimiento de la descendencia, la cultura y el culto, de cuya dimensión ética se despliega el campo estético a través de las artes: el templo (la arquitectura), la música, la danza, la escultura y la poesía (en torno a los dioses). Pues sin culpa no hay culto, ni cultura ni arte, pues sería reducido al falso juego de l'art pour l'art (Trías, Lógica del límite, Destino, 1991:367-97).

Al igual que otro mito moderno, el de Karl Marx, donde el padre de la horda primitiva es asesinado por poner a trabajar a los hijos y expropiarles todos los satisfactores, y que da cuenta de la propiedad privada, el estado, el capitalismo y la explotación del hombre por el hombre (Marx, “Modo de producción asiático”, Grundrisse 1, Siglo XXI, 1972).  

III

La palabra Verdrängung (represión), como toda palabra, está expuesta a ambigüedades, pero ésta además ha sido reducida a una lectura negativa, a un poder coactivo: la dominación de los hombres y las mujeres a la cultura, cual destino desdichado de la estirpe humana, la violencia de la pulsión y la presión contra la satisfacción del empuje de la pulsión (Dräng), que la Ver-drängung (re-presión) viene a sofocar. Pero la represión se instala, aunque no exista prohibición alguna y todo esté permitido. La represión para el psicoanálisis, no es el efecto de una prohibición o interdicto. Por ello, la represión política no se encuentra ligada a la represión psicoanalítica.

Porque el sujeto del inconsciente es irreducible a una teoría, sistema social y proyecto político. Porque gesta algo nuevo, al oponerse a la sociedad y la cultura misma, pues es irreducible, discontinuo, diferente, heterogéneo, a lo uniformado y lo estable en la sociedad y el Estado. Un sujeto no es pura negatividad, sino un plus, un exceso que crea algo nuevo en la Cultura, desgarrándola con su invención. Y que no puede ser reducido a la economía y el dominio, y que Freud llama inconsciente, el deseo más allá de la necesidad, a la deriva como la pulsión: un punto de vista antieconómico, el derroche Más allá del principio del placer (1920). Un sujeto que rebasa lo vivo a través de una potencia excedente, que crea un nuevo ser que no había, a través de una poética de lo inconsciente. 


*Ponencia presentada en español, inglés, portugués y francés en el IX Congreso Internacional de Convergencia: ¿Qué dice el Psicoanálisis del Amor y la Violencia?, Puebla, México, 12, 13 y 14 de marzo de 2026. 

 
ISABEL BANDRÉS

Esta película nos cuenta la vida de un chaval escocés, John Davison, que sufre la enfermedad de Tourette. El síndrome de Tourette es una enfermedad neurológica que provoca en los que la parecen tics incontrolables y un lenguaje soez que no pueden reprimir. Los pacientes son incomprendidos socialmente y terminan por vivir aislados. La vida de John Davison fue tremendamente dura. Expulsado de la escuela por soltar una palabrota a su director, rechazado por su familia, golpeó involuntariamente a su comprensivo jefe en la ingle lo que le trajo algunas consecuencias. Sufre acoso, incomprensión de parte de sus profesores, de su madre y de su familia. Él mismo no entiende qué le sucede. Pasa el tiempo, toma el control de su vida y empieza a saber sobre su enfermedad. Poco a poco, con la ayuda de personas que van apareciendo en su vida sé ira integrando en la sociedad y luchará como activista para explicar lo que supone tener la enfermedad de Tourette hasta recibir la Orden del Imperio Británico de la Reina por su labor educativa y pionera sobre dicho síndrome.

El director y guionista es Kirk Jones y proviene del mundo de la comedia, lo señalo porque esta película, que va sobre una tragedia, es contada con desenfado y una calidez encantadora. No se aburrirán ni caerán en la depresión. Muy al contrario, se van a conmover, a divertir y a reír. Es una narración optimista, aunque existan momentos dolorosos y tristes.

El actor principal, Robert Aramayo, en el papel de John Davison de joven, compone una interpretación magnifica y entrañable. Lo mismos sucede con otros actores en sus diferentes papeles. Esta narración nos recuerda el cine de Ken Loach y a películas como Full Monty y Billy Elliot. En Incontrolable existe esa misma lucha de los marginados y humillados por recupera la dignidad y el mismo humor que da aliento y fuerza a la narración.

No se la pierdan, es una magnifica película que cuenta con una dirección y unos actores excelentes. Sufrirán, se divertirán y en ningún momento apartarán los ojos de la pantalla ni se aburrirán. Saldrán de ella, si eso es posible, más compasivos y más humanos.

ISABEL BANDRÉS

 



Sorrentino, el director, nos narra la vida pública y privada de un imaginario presidente italiano, De Santis, interpretado por un magnífico Toni Servillo. El protagonista es un político fundamentalmente honesto al que le atormentan las dudas morales ante las decisiones políticas que debe tomar. Además, está pasando por el duelo de su mujer fallecida hace ocho años y atormentado por el recelo de haber sido traicionado por ella una sola vez siéndole infiel.

En el inicio de la película se describen algunas de las responsabilidades de un presidente de Gobierno: promulgar leyes incómodas, nombrar funcionarios estatales, presidir el Consejo Superior de la Judicatura, conceder indultos, conmutar penas y otorgar honores. Este hombre íntegro, su apodo es “hormigón reforzado”, no carece de cierta vanidad y soberbia al saberse el artífice del buen estado de su país y ser considerado como un excelente legislador. Su nombre está libre de escándalos y corruptelas. Pequeños gestos y alguna frase se deslizan casi imperceptibles en la interpretación de Servillo que nos viene a decir: sí, sé lo estupendo que soy. Sorrentino dibuja muy bien, de una manera sobria, el retrato de un político y jurista relevante, serio, incluso aburrido pero torturado por el fallecimiento de su mujer y por el engaño de la misma.

Las imágenes nos pasean por el suntuoso Palazzo del Quirinal, residencia oficial de los presidentes italianos. Ante nuestros ojos aparecen las grandes escalinatas, los majestuosos salones, la capilla, el patio porticado, los despachos, al mismo tiempo que se reflexiona sobre el ejercicio del poder, el peso del pasado, la dificultad de obrar en conciencia a la hora de firmar leyes. Ante sus dudas de firmar la “Ley de eutanasia” ya aprobada, le comenta a su hija anticipándose a la indignación pública: “Si no firmo, soy un torturador y si firmo, soy un asesino».

También nos habla de la carga que supone tomar decisiones determinantes para la vida de otras personas. Sobre su mesa hay dos peticiones de indulto: una para Cristiano Arpa, un profesor de historia muy querido por sus estudiantes, que asesinó a su esposa cuando esta se encontraba en una fase avanzada de Alzheimer. Y la otra para Isa Roca una joven condenada por asesinar, mientras dormía, a su marido que la maltrataba. De Santis recibe presiones políticas para que firme una u otra, pero lo que realmente le pesa como una losa sobre sus hombros es equivocarse al tomar una decisión. La duda y el peso de la responsabilidad le carcomen.

La grazia es una magnifica película que nos habla del amor, de los miedos, de la familia, de la amistad inquebrantable que ayuda a vivir, del inexorable paso del tiempo, de la responsabilidad política, de las dudas y de los fantasmas que nos creamos.

ISABEL BANDRÉS