GUERRA (I)
MARÍA LUISA MAILLARD
Si
acudimos al diccionario de la RAE, la primera definición de guerra es:
“Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más países”. ¿Para qué darle
vueltas? Se diría una descripción bastante exacta, incluso una obviedad si nos
atenemos a la experiencia. Detengámonos sin embargo un momento en ella. No es
una situación que dependa de la voluntad o el deseo de un solo elemento, en
este caso, país, ni mucho menos de la opinión individual de los ciudadanos que
lo componen; se necesitan dos o más países litigantes. Puede que uno de ellos
no quiera la guerra; pero se vea obligado a defenderse de una invasión, como es
el actual caso de Ucrania, país que no suponía un riesgo para ningún otro y que
gozaba de un régimen democrático que respetaba los derechos humanos.
¿Y
por qué la frase “dos o más países”? Desde los inicios de la civilización, los
países han establecido alianzas ideológicas, económicas o de defensa, con lo
que, en caso de conflicto armado, se ven obligados a posicionarse del lado de
sus aliados. Es difícil encontrar un país que, ateniéndose a su seguridad, opte
por permanecer aislado en un panorama internacional cada vez más complejo y
globalizado si exceptuamos sus diferentes visiones del mundo, incluida la
guerra.
¿Y
los principios? Siempre se puede optar por la neutralidad. La experiencia de la
Segunda Guerra Mundial nos alerta de que la neutralidad tiene un precio: la
colaboración con el país que inició la guerra, es decir, el invasor, como fue
el caso de Suecia y del Vaticano. Habría que añadir a Suiza que combinó
inicialmente la defensa —fortalecimiento de los Alpes—, con la colaboración en
el terreno financiero y de espionaje, amén de cerrar sus fronteras a los miles
de judíos que huían del nazismo.
La
reflexión nos hace ir un poco más allá. Hasta ahora nos hemos limitado a hablar
de grupos humanos, concretamente de países; pero las sociedades las han
conformado los hombres, con lo que deberíamos preguntarnos por qué ha existido
la guerra, desde los inicios de la aparición del hombre sobre la tierra. La
guerra entraña destrucción y muerte, un anuncio del fin de mundo, junto a los
otros tres jinetes del Apocalipsis del libro VI del Nuevo Testamento: La
conquista, la guerra, el hambre y la muerte. La mayoría de los ciudadanos de
todos los países del mundo, que son los que sufren las guerras, rechazan ese
jinete del apocalipsis. ¿Qué hay en la naturaleza humana que haga que persista
esta plaga, que no se circunscribe a una civilización ni a una cultura en
concreto? ¿Existe algún camino para evitarla?
La
existencia de la guerra ha sido motivo de reflexión desde los inicios de la
cultura occidental, ya desde Platón y Aristóteles, atendiendo a su compleja
realidad, inserta en un contexto social determinado. Se han esgrimido motivos
biológicos, políticos, históricos: “Considerada en lo que al Derecho importa,
la historia es ante todo el cambio del reparto de poder sobre la tierra”,
señala Ortega y Gasset, e incluso espirituales. ¿Qué ha sucedido en nuestra
cultura para que se haya ido perdiendo dicha reflexión?
El
nominalismo que pretende cambiar la realidad cambiando el nombre de las cosas,
unido a un extremo subjetivismo, se extiende al complejo problema de la guerra
y de la paz. Yo soy pacifista, no quiero que en mi país se incremente el gasto
de defensa, ni siquiera debería haber un ejército a no ser que se ocupe de
forma exclusiva en labores de pacificación. Si yo no quiero la guerra porque es
mala, la guerra no existe para mí. Soy pacifista. Al desaparecer el horizonte
de la guerra y el objetivo de mantener la paz en un complejo sistema de
relaciones, la paz se convierte en una entelequia fruto del deseo. Y la paz no
se construye con el deseo, sino con un arduo trabajo para lograr nuevos medios
de trato entre los hombres, sigue desarrollando Ortega en su artículo “Sobre el
pacifismo”.
Uno
de los autores de nuestra tradición que sí pensó sobre la manera de mantener la
paz fue Inmanuel Kant, en su libro Sobre
la paz perpetua de 1875. Debemos remitirnos al contexto en que se produce
su propuesta razonada de paz. Europa y la cultura occidental gozaban por aquel
entonces —a pesar de su historia plagada de guerras—, de una primacía
indiscutible en el contexto mundial. Era la época de la ilustración, de la
confianza del hombre en la razón y la razón práctica apuntaba que era más
razonable la solución pacífica de los conflictos. Kant realizaba su propuesta
universal refiriéndose en realidad a un pequeño continente y a la cultura que
había desarrollado, Europa.
Para
que fuese posible una “paz perpetua” era indispensable que todos los países
tuviesen una misma Constitución Republicana, basada en una igual legislación,
la separación de poderes y la garantía de la igualdad de todos los ciudadanos.
El preludio de lo que denominamos Derecho Internacional, basado en los Derechos
Humanos. Había una pequeña dificultad que ya había sido tenida en cuenta por
Concepción Arenal, autora de conocido pacifismo, al inclinar su reflexión sobre
“El derecho de gentes”: la inexistencia de los mismos criterios y legislaciones
en los diferentes países.
Después
de la sangría de las dos grandes guerras europeas en el siglo XX y tras el
fracaso de la Sociedad de Naciones, creada en 1919, para evitar la segunda,
casi un siglo después de la propuesta de Kant, el continente europeo se
aproxima a este ideal kantiano. Crea en su seno organismos comunes políticos,
económicos y de defensa, de mayor o menor fortuna, alcanzando un gran periodo
de paz en la mayor parte de su territorio, estando ausente de los grandes
conflictos que se produjeron durante el periodo en otros lugares del planeta.
En gran medida, ello fue posible porque su organización de defensa, la OTAN,
estuvo liderada y sostenida por el nuevo imperio occidental: Estados Unidos.
País que asumió en solitario, en la época de la política de bloques, la defensa
del mundo occidental frente al imperio soviético y cuya intervención previa en
las dos grandes guerras europeas, fue decisiva para su finalización.
Las
cosas fueron cambiando en el mundo y Europa y su cultura —no en lo que respecta
a la ciencia que dio lugar a un gran desarrollo tecnológico—, fue
convirtiéndose en irrelevante en el panorama internacional. Comenzaron a
consolidarse nuevas potencias dominantes, cuya característica más destacada era
la de estar regidas por gobiernos totalitarios, sostenidos por el nacionalismo
o el fundamentalismo religioso y que no tenían entre sus prioridades los
derechos humanos. Entre los que acumulaban más poder económico y militar,
China, Rusia e Irán, que en algunos conflictos recientes han funcionado como
bloque frente al mundo occidental.
Europa
y Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial, promovieron en 1945 la
fundación de la ONU, en sustitución de la fracasada Sociedad de Naciones (SDN),
con el fin de resolver pacíficamente los conflictos bélicos, mediante un
Derecho Internacional. Cuenta en su seno con tres países ascendentes en el
panorama mundial: China, Rusia e Irán, que no respetan los derechos humanos y
uno de cuyos objetivos en política internacional es el de una expansión
nacionalista, mediante la guerra. China quiere Taiwán, Irán la destrucción de
Israel y Rusia recuperar la Gran Rusia que incluye países europeos anexionados
después de la Segunda Guerra Mundial. Ni China ni Rusia ni Irán respetan los
principios de legalidad de la guerra Ius
ad bellum ni los límites en el combate ius
in bello, establecidos por la O.N.U. —crímenes de lesa humanidad,
violaciones, torturas, apoyo a grupos terroristas…—. Para no hablar de uno de
los participantes en la guerra actual entre Israel y Estados Unidos contra
Irán: el grupo terrorista chií Hezbolá. Fue fundado en 1982 con un contingente
de la guardia revolucionaria iraní, cuyo nombre fue escogido por el mismo
Jomeini y financiado y armado por Irán durante todos estos años. Hezbolá
comenzó a bombardear Israel el 8 de octubre de 2023, un día después del bestial
e inhumano ataque de Hamás contra la población israelí —1.400 personas
asesinadas, violadas y desmembradas y 252 rehenes—, que dio inicio a la guerra
actual en Oriente Medio.
En
el contexto de las relaciones internacionales y, en lo que concierne a nuestro
tema, la guerra, no parece que haya un consenso general entre los diversos
países que componen la ONU, sobre los derechos humanos y un Derecho
Internacional que prime la paz sobre la guerra y ponga un límite humanitario
las acciones bélicas. ¿Cómo podemos considerar el Derecho Internacional un
freno o una barrera para la guerra si unos países lo admiten y otros no? ¿Si
unos respetan los derechos humanos y otros no? ¿No se establece entonces una
clara desigualdad en el posible enfrentamiento bélico entre dichos países?
En
entregas posteriores, desarrollaremos más extensamente el tema de la guerra
desde las reflexiones de los autores que han escrito sobre ella, prestando
especial atención a aquellos que han tenido en cuenta la naturaleza humana en
el hecho objetivo de su mantenimiento a lo largo y ancho de la historia de la
humanidad. Finalizaremos con una reflexión sobre la actual guerra entre Israel
e Irán, en la que, el 28 de febrero de 2026, ha entrado a saco Donald Trump
como elefante en cacharrería, violando el “Derecho Internacional”, que sólo
admite la guerra en el caso de defensa ante una invasión. Ha cambiado
radicalmente la realidad histórica, el reparto de poder sobre la tierra, pero
no el aparato jurídico que establecía las normas para regular la guerra y la paz,
sólo defendido en parte por un pequeño y hoy menguado conteniente: Europa,
incapaz hoy de establecer la paz en sus fronteras.
MARÍA LUISA MAILLARD
DE SIMIOS Y HUMANOS
ISABEL BANDRÉS
A
principios de abril, la revista Sciencie publicó una noticia sobre el
enfrentamiento en Ngogo, Uganda, de varios simios de un mismo grupo que, al
tratarse de una población que nunca fue alimentada artificialmente por humanos,
garantiza que el conflicto fue impulsado por dinámicas puramente naturales y
biológicas. Aunque la noticia invita a trazar un paralelismo con la guerra
humana, los científicos mantienen la cautela. Josep Call, primatólogo catedrático
en la Universidad de Saint Andrews, subraya que este conflicto, poco habitual,
responde a un proceso de escisión territorial. Pero mientras los chimpancés ven
al otro como un enemigo biológico, la especie humana ha desarrollado una
capacidad de cooperación que, pese a las guerras, nos permite convivir en
sociedades globales hiperconectadas.
Tras la “guerra entre simios” y sus 29 muertos entre los que se encuentran algunas crías, no paso nada más. Tras la Segunda Guerra Mundial, en la hubo más de 50 millones de muertos, los seres humanos se sentaron y fundaron las Naciones Unidas que dieron paso a la Declaración de los Derechos Humanos. Los redactores estaban influenciados por la democracia cristiana, el confucianismo, las tradiciones jurídicas liberales y el derecho internacional. Les unía la idea que de verdad podían existir unos principios comunes a todas las culturas y a todos sistemas políticos. ¿Ingenuidad? Quizá. Bendita ingenuidad. La Unión Soviética votó en contra del documento, al igual que varios de sus países satélites. A pesar de todo, salió adelante y su artículo primero recoge lo que luego desarrollará: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales. la Declaración proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París el 10 de diciembre de 1948, es un ideal común para todos los pueblos y naciones. Se establecen, por primera vez, los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero y ha sido recogida en múltiples tratados mundiales, regionales y en las constituciones de los países democráticos. Es, o debería ser, el frontispicio de toda democracia y leerse machaconamente en las aulas. Pero ahora estamos en otra cosa: en intentar eliminar las democracias liberales. Ha surgido un lenguaje preocupante y aparentemente inocente por parte de Rusia y China en el que mezclan conceptos como “respeto mutuo”, “cooperación de beneficio” y “multipolaridad” 1.
¿Qué significa el “respeto mutuo”? Parece ser que lo que se desea es que nadie critique a nadie. Cuando Rusia ataca a Ucrania debe ejercerse el “respeto mutuo”, es decir debe guardarse silencio y no condenar a Rusia. En 2022, un informe de Naciones Unidas difundió que China había violado sistemáticamente los derechos humanos en su trato con la etnia uigur y con otras minorías musulmanas. Se informó del confinamiento de cerca de un millón de ellos en los llamados “Centros de Educación y Capacitación Vocacional”. Miles de documentos y pruebas contrastadas evidenciaban detenciones arbitrarias, torturas, violencia sexual y esterilizaciones forzadas. China afirmó, a modo de conclusión, que las autoridades de la región habían actuado según el principio de que todos son iguales ante la ley y que la acusación era falsa. El Gobierno chino apoyado por quince países, entre ellos Corea del Norte, Bielorrusia, Cuba y Venezuela sostuvo que había una campaña occidental contra China y que el informe, pese a todas las pruebas, carecía de fundamento real. En ambos casos se exigió respeto.
En cuanto a la alabada por algunos “cooperación de beneficio mutuo”, China extiende su área de influencia por África y Latinoamérica. Un ejemplo, Zimbabue. Allí China obtuvo minerales a cambio de introducir en el país tecnología china y mantener en el poder al corrupto Mnangagwa. Zimbabue fue uno de los países que votaron en Naciones Unidas a favor de la anexión rusa de Crimea en 2014. Ese mismo año Zimbabue cedió a China una concesión minera de platino y a cambio obtuvo varios cazas MiG-35. Más tarde, se solidarizó con Rusia en su guerra contra Ucrania. En fin, lo que se ha dado en llamar “cooperación de benéfico mutuo” significa mantener un poder corrupto en la zona a cambio de expoliar sus riquezas minerales.
En 2023, Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional del presidente Biden, alertó sobre los graves riesgos de la excesiva dependencia económica de China. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, nos avisó sobre los desequilibrios en la relación económica de Europa con China y la necesidad de requilibrar esa relación. Europa, tras la invasión de Rusia a Ucrania, pagó un alto precio por su dependencia del gas ruso. Alemania pensó en su momento que así se fortalecerían los lazos económicos y contribuiría a la paz. Por el contrario, Putin utilizó esa dependencia para chantajear a Europa. Confiar en las autocracias sale a los pueblos muy caro. China y Rusia son hoy los grandes corruptores de los poderes democráticos comprando voluntades, al mismo tiempo que venden su política carente de libertades como la mejor forma de vida posible y acusan a las democracias liberales de todos los males y perversiones posibles.
Estamos
en un mundo multipolar, nos recuerda Rusia. Putin en uno de sus discursos apunta:
“[…] hemos dejado atrás un mundo centrado en Estados Unidos y en los valores
corruptos y decadentes de Occidente”. Lo asombroso es que Rusia supone un
peligro para los países que tiene próximos, como Finlandia y Suecia, que se han
apresurado a rearmarse.
Las
democracias están de capa caída, Naciones Unidas tiene poca credibilidad y los países
fuertes elaboran estrategias para enterrar, más pronto que tarde, esa rareza
que es la democracia liberal. Pero de tarde en tarde, disfrutamos de alguna
alegría. La caída de Orbán en Hungría, ha permitido a la Unión Europea aprobar
la ayuda de 90.000 millones para Ucrania y endurecer las sanciones a Rusia y las
críticas internas, incluso de los más próximos, que está recibiendo Trump a sus
políticas erráticas y antidemocráticas nos dan esperanza. En todo el mundo hay
personas que se reúnen y analizan situaciones y le dan vueltas a la realidad
sin dejarse comprar ni embaucar por las autocracias de uno u otro signo.
La
buena noticia es que, según los últimos estudios, no estamos fatalmente
determinados por la biología a la violencia. Nuestro cerebro goza de una gran
plasticidad, lo que nos permite movernos por el universo de las ideas y
sentimientos interpretando las experiencias más allá de la genética. Somos
seres en los que cuentan la educación y las circunstancias vividas, con
capacidad de formar sociedades complejas. Podemos engañar, robar y matar, pero
también somos capaces de levantar hospitales, crear obras de arte, descubrir
vacunas y ayudar a los desconocidos. No estamos condenados biológicamente a vivir
en la violencia, existen otras posibilidades y lo hemos demostrado muchas
veces.
ISABEL BANDRÉS
1.-Autocracia
S.A. Los dictadores que quieren gobernar el mundo. Anne Applebaum,
editorial Debate, 2024.
IMÁGENES SOBRE LAS
MUJERES Y LOS LIBROS
59.
ESCULTURAS CON MUJERES LEYENDO
O
CON UN LIBRO EN LAS MANOS
INÉS
ALBERDI
Hay
numerosas esculturas de mujeres leyendo o teniendo un libro en las manos. Muchas
de ellas hacen referencia a la virgen o a figuras religiosas, pero también
muchas de ellas no tienen nada que ver con la religión. Empezaremos por estas últimas.
Muy
frecuentemente, las esculturas que representan mujeres con un libro hacen
referencia a figuras mitológicas o símbolos de alguna actividad o ciencia. En
todas las ciudades vemos ejemplos de ello que adornan calles y plazas.
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| Reinhold Begas, Alemania (1831-1911) Alegoría de la historia. Monumento a Shiller Plaza Gendarmenmarkt, Berlín, Alemania |
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| Henri Lombard, Francia (1855-1929) Alegoría de la verdad Ópera Nacional de París, Francia |
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| Pietro Baratta, Italia (1668-1729) La sabiduría o La Elocuencia Basílica de Santi Giovanni e Paolo, Venecia, Italia |
Las encontramos también en los museos cuando quieren representar algún arte o alguna fuerza de la naturaleza.
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| Reinhold Begas, Alemania (1831-1911) Alegoría de la ciencia de la guerra, 1887 Palacio de Schwerin, Alemania |
Una de las más famosas del mundo es la Estatua de la Libertad
que se encuentra a la entrada del puerto de Nueva York. Una mujer que enarbola
una antorcha y tiene un libro en sus manos se ha convertido en el símbolo de la
libertad en una de las ciudades más importantes del mundo. La historia de esta
escultura es muy singular. El monumento fue un regalo que Francia le hizo a los
Estados Unidos en 1886, para conmemorar la declaración de independencia del
primer país democrático del mundo. La estatua es obra del escultor francés
Frédéric Auguste Bartholdi y la estructura de esta inmensidad fue diseñada por
el ingeniero Gustave Eiffel (el mismo que el de la torre de París). La escultura de la
mujer mide 46 metros de altura y alcanza los 93 si contamos la base en la que
se apoya.
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| Frédéric Auguste Bartholdi, Francia (1834-1904) La libertad, 1886 Puerto de Nueva York, Estados Unidos |
Muy
frecuentemente, las esculturas de mujeres con un libro en las manos forman
parte del monumento a algún escritor o poeta. Es el caso de la joven que se
acerca a Ramón de Campoamor en el parque de El Retiro de Madrid y de la que se sienta a los
pies del monumento a Valera en el Paseo de Recoletos, en el centro de
Madrid.
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| Lorenzo Coullaut Valera, España (1876-1932) Monumento a Ramón de Campoamor, 1912 Parque del Buen Retiro, Madrid, España |
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| Lorenzo Coullaut Valera, España (1876-1932) Monumento a Juan Valera (Pepita Jiménez), 1928 Paseo de Recoletos, Madrid, España |
En
alguna ocasión, es la imagen con la que se rinde homenaje a todo un grupo de
poetas, como en el monumento a la Generación del 27 en Sevilla.
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| Antonio Barrionuevo Ferrer, España (n.1948) Monumento a los poetas de la generación del 27, 2011 Paseo de Cristóbal Colón, Sevilla |
También
hay retratos, o supuestos retratos, de mujeres formidables que se representan
con un libro en sus manos. Este sería el caso de la escultura de Isabel la Católica
en la Catedral de Granada.
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| Diego de Siloé, España (1495-1563) Isabel la Católica, c.1528 Capilla Real de la Catedral de Granada, España |
Es
también el caso del presunto retrato de Rosalía de Castro en Santiago de
Compostela, en el Paseo de la Herradura del Parque de La Alameda.
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| Francisco Crivillés, España (1869-1920) Monumento a Rosalía de Castro, 1917 Pº de la Herradura, Parque de La Alameda, Santiago de Compostela |
O
el más reciente homenaje a Anna Frank que se encuentra en Barcelona.
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| Sara Pons Arnal, España (n.1970) Homenaje a Ana Frank, 2001 Plaza de Ana Frank, Barrio de Gracia, Barcelona |
En
otras ocasiones, no hay connotación con la ciencia o la filosofía, tampoco con
ningún personaje concreto, sino solamente con la lectura, como actividad en la
que puede sumergirse una mujer.
Este
es el caso del escultor italiano Pietro Magni, conocido sobre todo por su
escultura Girl Reading, que realizó en repetidas ocasiones. La más
famosa de ellas se encuentra en la Galería de Arte de Milán, su pueblo natal;
pero yo encontré otra que me gusta más en la Galería Nacional de Washington, en
Estados Unidos.
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| Pietro Magni, Italia (1817-1877) La lectora, 1861 Galería Nacional de Washington, Estados Unidos |
Otra
manera de resaltar la bondad de la lectura femenina es la escultura que
encontramos en el metro de Moscú, que quiere representar a la mujer
revolucionaria, ejemplo supremo de la excelencia en el tiempo que se puso
allí, y la representa leyendo un libro.
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| Matvey Manizer, Rusia (1891-1966) La mujer revolucionaria, 1936-39 Estación Plaza de la Revolución, Metro de Moscú, Rusia |
A
veces, estas esculturas de mujeres leyendo adornan un parque o una plaza.
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| John Seward Johnson II, Estados Unidos (1931-2020) La lectora, 1980 Parque de Esculturas del Ursinus College, Collegeville, Pennsylvania, EE.UU. |
En
Oviedo, a la entrada del Teatro Campoamor, hay una escultura de Julio López Hernández
que hace un homenaje a la mujer lectora.
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| Julio López Hernández, España (1930-2018) Esperanza caminando, 1998 Frente al Teatro Campoamor, Oviedo, Asturias, España |
En
Madrid, como homenaje a las mujeres estudiantes, tenemos una figura de joven
leyendo en la calle del Pez, cercana a la antigua Universidad Complutense de San
Bernardo.
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| Antonio Santín Benito, España (n.1978) Tras Julia, 2003 Calle del pez, Madrid, España |
Quizás
una de las esculturas más bonitas que tratan de homenajear a las mujeres
lectoras es la que se encuentra en una glorieta del Parque de El Retiro de Madrid.
Representa una mujer desnuda, sentada y medio reclinada sobre el suelo. Tiene
un libro en sus manos y hace un alto en su lectura, aunque sigue señalando la
página con su dedo.
Es
obra del escultor catalán Costa Vaqué y ha sido colocada solo hace unos años en
el Retiro, porque anteriormente perteneció a un grupo escultórico que pasó años
en los almacenes del ayuntamiento.
Su
colocación en el centro de una placita, rodeada de bancos y bajo los árboles
evoca la idea placentera de la lectura, la calma y la contemplación, como pocos
monumentos pueden hacerlo.
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| Santiago Costa Vaqué, España (1895-1983) Mujer sedente, 1943 Parque del Buen Retiro, Madrid, España |
INÉS ALBERDI
¿LA MEDICINA DE PRECISIÓN,
UN CAMBIO DE PARADIGMA?
(II)
CARMEN G. INSAUSTI
Concluimos
el artículo del blog anterior señalando que la implementación de la medicina de
precisión ha implicado una serie de cambios, especialmente en Oncología y
Hematología, que hemos de tener presente. Me referiré a algunos de ellos.
La
medicina de precisión por su propia naturaleza requiere una gran precisión
diagnóstica. Ha quedado atrás la época en que para diagnosticar un cáncer,
bastaba con el estudio histológico, es decir, con ver las células al
microscopio, teñirlas con tinciones especiales, si era necesario, evaluar sus
marcadores de membrana, incluso citoplasmáticos o nucleares, y en base a ello indicar
un tratamiento, generalmente cirugía, quimioterapia y/o radioterapia, dirigido
a toda la masa tumoral y no a la alteración genética especifica responsable del
tumor. Ahora el avance de la
ciencia médica exige una gran precisión diagnóstica. Esta
precisión diagnóstica requiere la incorporación de las técnicas de
secuenciación masiva a la rutina diagnóstica lo que exige estudios,
preparación, capacitación del personal para poder detectar las alteraciones
moleculares subyacentes al tumor y con ello poder ofrecer la posibilidad del
mejor tratamiento posible a cada paciente.
El
requerimiento de esta alta precisión diagnóstica basada en las alteraciones
moleculares que subyacen al tumor, ha traído como consecuencia algunos cambios
en el ejercicio de la medicina. En primer lugar, en el mejor de los casos, ha
sumado a la clasificación histológica de los tumores, una nueva clasificación basada
en dichas alteraciones moleculares, pero
también ha hecho surgir la propuesta de que se obvie la clasificación
histológica y se elabore una nueva clasificación de los cánceres basada no en
el órgano de origen (mama, pulmón, colon) ni en el tejido afectado (sangre,
piel, nervioso) sino en la alteración molecular responsable del origen del
tumor, es decir, en su perfil molecular. Con esta propuesta algunos hematólogos
no estamos de acuerdo porque consideramos que las clasificaciones más completas
son las que toman en cuenta la citomorfología, la citoquímica, el
inmunofenotípico, la citogenética y la biología molecular, y la correlación de
todas ellas con los datos clínicos y analíticos del paciente.
De
aceptarse la propuesta de esta nueva clasificación basada solo en las
alteraciones moleculares, tendríamos que aceptar que estamos ante un cambio en
la nosología médica, similar a la ocurrida en otros momentos históricos en los
que la medicina cambió su forma de definir las enfermedades.
Otro
cambio relacionado con el desarrollo de terapias dirigidas a las dianas
moleculares específicas de cada tumor es que la diana terapéutica manda sobre
el diagnóstico histológico. Esto queda muy bien ejemplarizado con los ensayos
clínicos tipo “basket”, cada vez más realizados, en los que se incluyen
pacientes con diversas tumores malignos de diferentes órganos, por ejemplo,
pulmón, tiroides, etc., que aunque tienen un estudio histológico diferente, tienen
la misma diana molecular, y por ende son tratados con el mismo fármaco, con muy
buena respuesta clínica.
Siguiendo esta misma línea, podríamos decir que la medicina de precisión también podría generar cambios en la especialización de los médicos quienes ya no se especializarían en las diferentes patologías según el diagnóstico histológico (cancer de pulmón, vejiga, tiroides, mama, leucemia, linfomas, melanoma, etc.) sino en función de la diana molecular más importante (especialista en mutaciones o aberraciones en BRAF, ALK, MET, RET, KRAS, FLT3, etc.). Se hablaría de especialistas en alteraciones de los genes, lo que indudablemente favorecería la caída de los límites entre las especialidades y el desarrollo de la interdisciplinaridad.
Aparte
de estas cuestiones técnicas que he esbozada aquí, hay muchas más en las que no
quiero incidir porque complicarían las ideas básicas que estoy desarrollando.
En lo que sí quiero incidir es en los requerimientos necesarios para
implementar la medicina de precisión. Ya habíamos comentado en el artículo
anterior que uno de los requerimientos más importantes de la medicina de
precisión es el establecimiento de redes con grandes bases de datos genómicos
de los pacientes que integren las historia clínicas y sus estilos de vida, y
que además incluyan a los médicos, laboratorios clínicos e investigadores. Todo
ello, acompañado por un registro electrónico de todos los documentos médicos.
En esta red los pacientes acceden a ceder sus datos biológicos, médicos y
familiares para que los investigadores puedan generar nuevos hallazgos y, para
que los clínicos puedan utilizar el conocimiento generado. Todo ello necesita
además de la participación de la industria para crear y distribuir nuevas
herramientas de análisis y, evidentemente, de las empresas farmacéuticas para
la síntesis de nuevos fármacos dirigidos a las diferentes dianas que se
descubran. En una palabra, ello implica la inversión de grandes sumas de
dinero, grandes aportes económicos, algo que no es precisamente lo más
abundante en la mayor parte de los países del mundo lo que indudablemente
divide al mundo en categorías y a sus habitantes en aquellos con capacidad de
beneficiarse de la medicina de precisión y aquellos que no obtienen sus beneficios,
lo que representa un tema de injusticia social e inequidad evidentes.
Es
cierto que se ha dicho que la medicina
de precisión tiene el potencial de reducir los costes asociados a la aplicación
inapropiada de tratamientos farmacológicos como la quimioterapia, a la
hospitalización por efectos secundarios graves asociados a determinados
fármacos y podría conducir a un uso más efectivo de los recursos, contra ello
está el hecho de que, hasta ahora, la terapia dirigida contra dianas
moleculares específicas debe aplicarse de por vida, otra variable que juega en
contra de los países con menores recursos.
En fin, nosotros celebramos la llegada de la
medicina de precisión, de todas las innovaciones y apostamos por ellas, pero no
dejamos de tener presente que hay una gran parte de la población mundial que no
tiene acceso a ella.
CARMEN G. INSAUSTIMédico Hematólogo
CUANDO
DESPERTÉ, LA GRAND PLACE SEGUÍA ALLÍ
BIENVENIDO
PICAZO
Por
motivos que no vienen al caso y que, como es natural, a ustedes y en buena
hora, les importan bien poco o directamente nada, he pasado unos días en
Bélgica. Este salto no ha sido casualidad, más bien causalidad. En fin, sea.
Ir
a Bélgica es sinónimo, o al menos debería serlo, de visitar la Plaza Mayor de
Bruselas, la majestuosa e insustituible Grand Place. Ese extraño país,
tan pequeño como sumamente interesante (más chiquito que nuestra amada
Extremadura), necesariamente debía ser la cuna del surrealismo, también lo ha
sido de otras muchas cosas, pero si uno se detiene a estudiar mínimamente esta
pequeña porción de tierra ¡y agua!, no se explicará cómo no había caído antes
en tamaña obviedad.
Pero
de surrealismos y otras corrientes, más o menos vanguardistas, podríamos hablar
en otra ocasión, sin embargo hoy quiero entretenerme y entretenerles, en el
amplio sentido de las acepciones, en pasear por esta hectárea y media de
extasiante poesía.
Quizá se me vayan de la mano las hipérboles, pero recuerde amable lector, que estas líneas son de una furibunda subjetividad y no tengo más fin que ese, seguir haciendo ostentación de mi tendenciosidad sin el menor sentimiento de culpa; además, como estoy seguro de que usted ya ha pisoteado estos paveses, va a tener la piedad de ponderar mis ditirambos.
La
primera vez que puse mis reales en ese lugar era agosto y, en confianza, por
entonces no tenía ni idea de su existencia, acaso un lejano eco de su
liliputiense vecino vaciando su vejiga; la cosa es que llevado en volandas por
unos amigos y el gentío llegué, vi y vencí. Me quedé completamente extasiado.
Era la media tarde, esa hora tan caprichosa —para el que suscribe, siempre
absurdamente tristona—, con el sol todavía enseñoreándose del lugar (sol belga,
no lo olviden), el rumor llenaba el espacio, los enormes pendones de las casas
de los gremios embellecían el momento y me sentí como nunca antes, bueno sí,
antes había sentido algo parecido, pero no quiero llevarles a otros prados ni
abusar de su paciencia.
Después,
he tenido la inmensa fortuna de verla transitar por las estaciones, la he visto
nevadísima, con lluvias de todos los tamaños, desde calabobos hasta aguaceros
inmisericordes, por la mañana bien temprano, con mercadillos de flores, con
escenarios y músicas horripilantes y en nebulosas madrugadas de “Asturias,
patria querida” y siempre, pero siempre-siempre, he tenido lucidez suficiente
para verla insultantemente hermosa. Mas no una belleza orgullosa o displicente,
sino todo lo contrario, una beldad discreta y garrida, dentro de un innegable
espíritu belga, o sea, sin hacer mucho ruido. El lema de este engendro de país
es “La unión hace la fuerza”, pero le vendría mejor algo así como “Que tu mano
izquierda no sepa lo que hace la derecha”. Tampoco es mero azar el lema
oficial; admirable resulta y lo digo sin una brizna de ironía, la capacidad que
tienen los belgas para reírse de ellos mismos, si hasta se cuentan los chistes
que los franceses hacen de ellos tomándoles por lelos. Hay que ser belga. Otros
lo llaman pragmatismo.
La
Grand Place vale la visita a Bruselas por sí sola. La ciudad ha sufrido
una evidente involución, como el resto del país, como el resto de Occidente,
pero todavía conserva lugares para detenerse entre el ruido y las franquicias y
trasladarse a otras épocas u otros “yoes” o directamente reivindicar la gracia
entre tanta fealdad como se nos ha impuesto, tan subrepticiamente, que ya la
damos por bonita.
Cuando
uno va o cuando uno viene de ese mágico lugar no puede apreciar o fijarse en
otras cosas, todo corre el riesgo de convertirse en fruslería porque pocos
rincones pueden hacerle sombra.
BIENVENIDO
PICAZO
EL
CASO MARCEL DUCHAMP
CONTRA ELSA VON FREYTAG
AMPARO
SERRANO DE HARO/ARA DE HARO
El
pasado sábado 11 de abril, en el periódico El País figuraba un largo
artículo sobre una exposición dedicada al artista francés Marcel Duchamp en el
MoMA (o museo de arte moderno) de Nueva York. Un edificio, un lugar, una
institución que fue templo, testigo, bastión y juez, de la modernidad artística
durante un siglo: desde el principio del siglo XX hasta el siglo XXI, desde entonces
la capitalidad cultural que ostentaba Nueva York y el poder del MoMA, han saltado
en mil pedazos y “el criterio decisivo” es ahora un viento caprichoso y difícil
de capturar que aparece de forma intermitente y nómada en distintos lugares y museos/eventos/instituciones
del mundo.
Duchamp, por otra parte, ocupa un lugar importante en la historia del arte como contrafigura de Picasso; es el “otro rey” en el tablero de ajedrez del arte, el rey oscuro de un trono artístico que si Picasso, el rey blanco, lo merece por su inagotable y continuada invención formal, en él es reticencia, burla, escepticismo, pero, sobre todo, concepto. Es decir, lo que en Picasso es claridad creativa (en lo bueno y en lo malo) en él es una inquietante oscuridad que se ha interpretado como un camino diferente, pero igualmente válido, de actuación sobre el medio artístico, en el que la importancia de la materia queda anulada por la “idea”.
Ahora
bien, me ha llamado la atención la ausencia de mención que se hace a la
controversia que existe desde hace años, sobre la autoría de su obra La
fuente o el urinario de 1917: estudios recientes han insistido en dudar de
la autoría de Duchamp sobre la misma. No solo fue extraño que durante veinte
años Duchamp no reconociese de forma expresa ser autor de esa obra, sino que al
hacer la biografía de su más que posible autora verdadera, la poco conocida
Elsa Von Fryetag Loringhoven, artista alemana que anticipó el “performance” y
que probablemente fue la verdadera inventora del “ready made”, la biógrafa de
la misma, Irene Gammel, descubrió por azar, una carta de Duchamp a su hermana
en la que afirma que fue obra de —literalmente—, “su amiga”. Ahora bien,
durante esos años ambos estuvieron en una relación amistosa-amorosa que pronto
se disolvió. La carrera de Duchamp encontró mecenas tan poderosos como los Arensberg
y gente dispuesta a encumbrarle como el artista de un arte nuevo. Elsa von
Freytag, sin reconocimiento alguno, acabo viviendo en París en condiciones de
miseria tales que, seguramente, optó voluntariamente por el “accidente
doméstico” que segó su vida, abriendo la espita del gas en 1927.
![]() |
| La fuente o El urinario |
El
MoMA no ha indicado siquiera que existe esta controversia. Simple y llanamente
la ha borrado, con la esperanza de que su autoridad siga siendo suficiente para
acallar las dudas y silenciar las preguntas. Las razones son fáciles de
entender, pero no de excusar. En torno a Duchamp como artista primordial se ha
creado tal castillo de palabras (¿de naipes?) que poner en cuestión una sola de
sus obras puede acabar con toda la construcción prestigiosa, especulativa e
intelectual que le sostiene (además de económica y comercial) yéndose abajo. Y
lógicamente, también el prestigio de aquellos que la han construido o que han
participado.
El
haber dado carta de naturaleza a esta controversia no solo hubiese matizado, y
por lo tanto enriquecido intelectualmente, la valoración actual de Duchamp,
sino que hubiese dado la bienvenida a una artista, Elsa von Freytag von
Loringenhoven, que las estructuras patriarcales ignoraron, y que merece su
lugar junto con lo más granado de una vanguardia que se quiso entender como
exclusivamente masculina. De hecho, toda su obra poética que, como verdadera
genia de la invención, es también muy interesante, se habría perdido sino fuese
porque se la dejó en su testamento a la escritora Djuna Barnes, en
agradecimiento por haberla socorrido económicamente durante largo tiempo, y que
ésta se ocupo de dejarla en depósito en la Universidad de Maryland.
Puesto
que es común que una gran exposición marque mínimamente, al menos por un plazo
de diez años, el rumbo de la tradición crítica de un artista, realizando esa
exposición, el MoMA se asegura de que “todo sigue igual” en las altas
jerarquías del canon artístico por un largo tiempo más. Ya que al estudio de
Gammon, en años recientes otros críticos e historiadores (James Spalding, Glyn
Thompson…) y escritores (Siri Huvstead) han ido aportando más datos y más fuego,
impulsando la tesis de que tal obra, efectivamente, no sea de Duchamp.
Como
una criatura legendaria, el Duchamp del MoMA, prefiere presentarse sin fisuras,
erguido e incólume, aunque quizás ese retrato museístico esté relleno de paja retórica
y dudas reales, para poder así, también el museo, figurar todavía como supremo
juez (de lo que quizás sea parcialmente una mentira), en vez de arriesgarse a
plantear razonablemente, pero, sobre todo, valientemente, la situación.
Y
es un error, ya que cuando realmente se intenta desvelar la verdad, no solo redunda
siempre en credibilidad, sino en la única autoridad intelectual posible.
AMPARO SERRANO DE HARO/ARA DE HARO
AIRE
NATALIA
VELASCO
Al buscar la definición de aire en el
diccionario he encontrado un montón de acepciones, desde su sentido más literal
al más figurado: “Gas que
constituye la atmósfera terrestre, formado principalmente de oxígeno y
nitrógeno, y con otros componentes como el dióxido de carbono y el vapor de
agua.”; “Apariencia,
aspecto o estilo de alguien o de algo”; “Vanidad o engreimiento.”; ”Aquello que
viene de fuera alterando los usos establecidos e impulsando modas, corrientes o
tendencias nuevas.” Ninguna de ellas identifica mi necesidad de aire. No he
dejado de pensar en el aire como silencio y pausa. Coger aire y seguir
durmiendo, soltar aire y ordenar cajones abarrotados de papeles antiguos; abrir
las ventanas y airear; ayunar un día entero y vivir del aire; aterrizar aquello
que estaba en el aire; darse aire de francesa y ver una película de la Nouvelle
vague; descansar la mirada en el cielo azul mientras el aire empuja las nubes que
siguen su curso indeleble. Hablar despacio, visitar a mis tíos, ya mayores y
con poco aire de vida, quedar sin prisa y sin esfuerzo dejando que el aire se
pasee entre los diálogos y lo impregne todo de frescura; ir y venir de una habitación
a otra, pararse en la estantería y sonreír a un título olvidado; abrir el
ordenador, cerrarlo, leer a Faulkner casi sin respirar porque el más leve
descuido te ahoga en la narración; ser como el aire, pegado a ti, no puedes
escapar. Siento que me estoy llenando de aire y que hasta yo misma camino con
otro aire, con otros aires.
Nadie
mejor que el pintor danés, Hammershoi, para retratar lo que estoy diciendo. En
la exposición que puede verse en el Museo Thyssen de Madrid, sus cuadros
repletos de habitaciones vacías respiran aire en calma, aire lleno de silencio
y de luz blanca. El artista se centra en los quicios de las puertas, en los
alféizares de las ventanas, en las sillas desnudas, en contados objetos de
porcelana que parecen dialogar entre sí mientras escuchan el ojo del que mira. El
pintor es un director de escena que hace interactuar a los objetos. En algunos
cuadros, una figura femenina, de espaldas y ensimismada en una aparente
inacción, sujetando un libro, posando su mano sobre la mesa, esquinada en el
quicio de una puerta con veladuras grises que unifican la pintura, ocupa un
lugar relevante. Esa mujer es Ida, su esposa, retratada, a veces, como una
figura vulnerable y frágil y otras, en cambio, totalmente idealizada. Junto a
ella también se retrata el artista en escenas íntimas, enigmáticas y ambiguas.
Sus
cuadros de paisajes urbanos y rurales quedan suspendidos en el tiempo, del
mismo modo que sus interiores. En ellos se suceden los elementos
arquitectónicos o los árboles en distintos planos y el artista crea ritmos
paralelos, como si se tratara de una partitura. El rastro humano se desvela en
el humo de una chimenea, en la sombra tras las cortinas de ventanas
entreabiertas y el aire entra como una sinfonía que lo llena todo de calma. No
os la perdáis.
Mientras
tanto, agradezco a la vida el aire.
NATALIA VELASCO
EL CAMINO MÁS
LARGO
LIDIA ANDINO
Muchas veces escuchamos decir en
las reuniones familiares y con amigos que gracias a los medios tecnológicos
actuales vivimos mejor que nuestros antepasados; sin embargo, como en épocas
remotas, la enfermedad sigue oscureciendo el devenir del ser humano.
En este artículo entiendo por
enfermedad tanto a las afecciones somáticas como mentales; en las primeras
muchas veces podemos identificar su raíz psíquica, y no hay un límite claro
entre ambas, sino cierta reciprocidad. Hoy en día cada vez más médicos también
lo reconocen.
A lo largo de la historia hubo
enfermedades que se caracterizaban por sus connotaciones mágicas, demoníacas o
sagradas. La lepra, por ejemplo, impulsaba estas creencias, de manera tal que
curarla resultaba un milagro. En la Edad Media le tocó a la sífilis;
hace un siglo fue la tuberculosis, a tal punto que hoy en día los abuelos aún
recuerdan que, para evitar el contagio, recomendaban pasar lo más lejos posible
del hospital donde se atendía a estos enfermos.
Actualmente —como efecto de la
desinformación y de cierta publicidad con mensajes contradictorios—, la
expansión del sida, el cáncer o el mismo Alzheimer crean confusión entre el
público. En la base de estas manifestaciones se encuentran los tabúes. El tabú
carece de todo fundamento; no se conoce su origen y es incomprensible para los
que no están sometidos a él, del mismo modo que resulta natural para los que sí
lo están. El problema es que viene acompañado por múltiples restricciones y
privaciones.
Según los investigadores, el tabú
es el más antiguo de los códigos no escritos de la humanidad, aún anterior a
los dioses y a toda religión. Aquel que ha violado un tabú recibe severos
castigos y se convierte, a su vez, en prohibido, como si hubiese
recibido la totalidad de la carga peligrosa; surge entonces la idea de eludirlo
con ceremonias de expiación, arrepentimiento o necesidad de purificación.
En la epidemias y plagas
(recordemos los últimos años) aparecieron temores desmedidos al contagio, asco,
aislamiento, sensación de invasión en el cuerpo, etc. Se trataba de ahuyentar
entonces una fuerza peligrosa que entraña lo inquietante, fuera de control de
la conciencia, transmisible por contacto, como funcionan los contagios.
En la actualidad, el temor a la
enfermedad en general y a ciertas nuevas-viejas condiciones en particular,
participa aún de estas creencias. Así escuchamos hablar del mal de ojo, posesiones
demoníacas e incluso de concebirla como un castigo divino, frente al
constante sentir de la culpa.
En oportunidades, frente a muchas
enfermedades orgánicas, algunas muy graves, además del tabú específico, acosan
espectros de desesperanza, inutilidad, depresión, hasta el deseo de abandonar
la vida.
Muchas veces huimos de las
enfermedades como reacción inconsciente para alejarnos del desamparo humano por
excelencia, ese que solo nos acontece al reconocernos mortales, fantasma que
sostiene el deseo de morir por el camino más largo: el de vivir.
LIDIA ANDINOPsicoanalista
ÁNGELES LÓPEZ DE
AYALA Y MOLERO (1858-1926)
MARÍA LUISA
MAILLARD
“La masonería dignifica a la mujer, elevándola al igual que al hombre. […] La masonería será el redentor de nuestro sexo”. (Intervención de Ángeles López de Ayala en1889 en la Logia Constancia, de la que sería secretaria en 1895).
Nuestra
protagonista de hoy, Ángela López de Ayala, merece sin duda el apelativo de
pionera. Fue la primera mujer en fundar una asociación feminista “La Sociedad
Autónoma de mujeres de Barcelona” en 1892 y en organizar la primera
manifestación feminista el 10 de octubre de 1910 en la misma ciudad donde había
fijado su residencia desde 1988. La protesta, que contó con la colaboración de
un joven Lerroux, que acababa de fundar el Partido Republicano Radical, tuvo
por lema: “La emancipación de la mujer, la defensa del librepensamiento y la
exigencia de la República como forma de gobierno”.
La
extraordinaria biografía de Ángeles López de Ayala, dramaturga, narradora,
periodista, conferenciante y activista política, se encuentra íntimamente unida
a la Masonería, uno de los caminos que encontró la mujer española de finales
del siglo XIX para reclamar sus derechos. Las primeras iniciadas fueron Amalia
y Ana Carabias en 1887 en la ciudad de Cádiz. Con posterioridad pertenecieron a
la masonería o colaboraron con ella, Rosario de Acuña, Concepción Arenal,
Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken, por
mencionar a las más destacadas.
Ángeles
López de Ayala nació en 1858 en Sevilla, en el seno de una familia vinculada a
sectores progresistas de la ciudad. Hija de Gonzalo López de Ayala y Asunción
Molero y Valdivia era el tercer vástago de dos hermanos varones. Su tío,
Abelardo López de Ayala fue un exitoso dramaturgo y político, que redactó el Manifiesto
de la Revolución del 68 y fue, entre otros cargos, ministro de Ultramar y
miembro de la Real Academia Española.
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| Presentación de la Asociación Benéfica Librepensadora Ángeles López de Ayala, creada en 1926 |
La
madre falleció cuando la niña contaba 8 años de edad y fue encomendada al
cuidado de unos parientes, trasladándose a Morón de la Frontera, a unos 30 Km
de Sevilla, con algunas estancias en Zahara de la Sierra, un enclave
privilegiado del Parque Natural Sierra de Grazalema. Cursó los primeros
estudios en el convento de Santa Catalina de Osuna, probablemente interna,
habida cuenta de la distancia del convento de la ciudad donde residía con sus
familiares. Esa vivencia en una etapa decisiva de su formación, sin duda
influyó para que entrara de novicia en el Convento de Santa María de Marchena,
que abandonó a los dos años. La niña lo que quería era ser escritora. La
primera novela que publicó en 1881 El
triunfo de la virtud, dijo haberla escrito a los 16 años.
Probablemente
en esa época se trasladase a Sevilla con su padre y sus hermanos, que
accedieron a regañadientes a que tuviera un profesor particular que la
orientase en su vocación. Fue decisiva la intervención a su favor de un amigo
de la familia Juan José Bueno y Lerroux, poeta redactor y director del periódico
El Sevillano. El elegido fue un
joven, Valentín Marín y Morales, que pronto descollaría como escritor de libros
de retórica.
Poco
más sabemos de su vida en este periodo, salvo la publicación en 1880 de la
novela Lo que conviene a un marido,
aparte de la ya mencionada un año después. Ángeles López de Ayala contrae
matrimonio y en 1882 y se traslada a Madrid. Allí continúa su formación con
Joaquín Ponce de León, vinculado por parentesco nobiliario a Zahara de la
Sierra. Ese mismo año obtiene el Segundo Premio en el Certamen Literario del 2º
Centenario de Calderón, con un estudio sobre la educación de la mujer,
iniciando un camino reivindicativo que ya nunca abandonará.
Después
de publicar en 1886 su novela Los
terremotos en Andalucía o justicia de Dios y en 1888 Cuentos y Cantares para niños, comenzará su época activista. En
1887 imparte una conferencia en Fomento de las Artes de Madrid y en el Centro
de Instrucción Obrero. El 17 de agosto de 1888 ingresa en el Grande Oriente
Nacional de España, asociación masónica a la que ya pertenecía su marido, al
mismo tiempo que se desata contra ella una persecución política que se
acentuará en su etapa barcelonesa con varias detenciones y estancias en la
cárcel.
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| Defensa de Rosario de Acuña al serle censurada la obra El padre Juan |
La
Masonería, esa asociación tan controvertida, había tenido un tímido comienzo en
España desde el siglo XVIII, bajo influencia inglesa, pero había conseguido
implantarse durante el periodo de la invasión napoleónica, auspiciada por José
I. Con posterioridad fue prohibida, pero la semilla estaba echada en el sector
progresista de la burguesía hispana, y durante el Sexenio Democrático de los
años 68-75 la masonería explosionó. En 1890 en Barcelona había ya más de 40
logias en activo.
Era
el lugar propicio para que Ángeles asentara sus reales y comenzara a
desarrollar los grandes proyectos que tenía en mente para mejorar el mundo y,
sobre todo, la situación de las mujeres. El matrimonio se trasladó a Barcelona
en 1888, después de que su casa de Santander ardiese a raíz de un atentado y de
que el padre y los hermanos de nuestra protagonista fallecieran, tal vez a
causa de la epidemia de cólera que asoló Sevilla en 1885.
Barcelona
era la ciudad que recogía en su seno los nuevos aires de la modernidad. Durante
la década de 1830 había experimentado una verdadera revolución industrial
basada en el algodón de ultramar: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Desde 1956 a
1866 a la industria textil se sumó el negocio bancario. Era una ciudad con
todas las ventajas y problemas de una ciudad industrial, entre ellos, la
cuestión social. En el seno de los movimientos obreros, el anarquismo había
arraigado en Barcelona, que llegó a ser conocida en Europa como “La Rosa de
Fuego”. En el 1º Congreso Obrero de 1870 se funda la Federación Regional
Española, germen de la futura CNT creada en 1910 y el anarquismo comienza a
introducirse en la masonería. Ambas organizaciones compartían una red de instituciones
pedagógicas y sociales de ayuda a los desfavorecidos, aparte de idearios
comunes como el anticlericalismo y la defensa del libre pensamiento.
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| Manifestación de mujeres en Barcelona, convocadas por Ángeles López de Ayala y Molero el 10 de julio de 1910 |
En Barcelona Ángeles entra en contacto con la anarquista Claramunt Creus y la espiritista Amalia Domingo, socias afiliadas a la Logia Constancia, a la que se adhirió nuestra protagonista a su llegada a la ciudad. Las tres amigas crean en 1892 la 1ª organización feminista española: “Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona”. La actividad de Ángeles López de Ayala es ya imparable. Tiene una columna fija en los dominicales de librepensamiento y colabora en periódicos como El Ciclón, El Hispalense o El campesino. En 1896 funda el periódico El Progreso, que será sustituido a su cierre por El Gladiador en 1906. En 1898 funda “La “Sociedad Progresiva Femenina” que contaba con una Escuela Racionalista de Niñas, enfocada a la educación y dignificación de la mujer, una escuela nocturna para hombres, un orfeón y un teatro. En 1910 organiza en Barcelona la primera manifestación feminista, en la que se reúnen más de 22.000 mujeres. Contó con la colaboración de Lerroux, bajo el objetivo común de la defensa de la política laica que quería implantar Canalejas. Ese mismo año participa en el Primer Congreso de Librepensadores en España. Retoma su actividad literaria y en 1896 publica una novela histórica Abismos, en 1897 Justicia. En 1910 continúa su actividad de editora con el periódico El Libertario y en 1914 con El Gladiador del Pensamiento.
En
1926 Fallece Ángeles López de Ayala, dejándonos el recuerdo de la fortaleza de
una luchadora incansable y la complejidad de los caminos de emancipación de la
mujer, en el seno de la complejidad de la historia que muchos quieren ahora
simplificar.
MARÍA
LUISA MAILLARD
EL BIENESTAR EN LA CULTURA*
ROSARIO HERRERA GUIDO
en las últimas obras de Freud
revela más de una analogía
con el pensamiento de los trágicos griegos.
En cierto modo se trata de un regreso a algo que estuvo
presente siempre en su espíritu y que alentó
y guio sus primeras investigaciones.
Edipo vuelve a ser el hombre
que lucha contra los fantasmas de su fatalidad.
El nombre de esa fatalidad no es,
al menos exclusivamente, Yocasta.
No sabemos su verdadero nombre;
quizá se llama civilización, historia, cultura:
algo que alternativamente
hace y deshace al hombre.
Edipo no es un enfermo
porque su enfermedad es incurable.
En ella reside su humanidad.
Vivir será convivir con nuestra enfermedad,
tener conciencia de ella,
transformarla en conocimiento y en acto.
Octavio Paz, Un más allá erótico: Sade, Vuelta, 1993
I
Immanuel Kant,
temprano advierte en sus reflexiones sobre el Génesis, que en los orígenes de
la historia humana, el instinto —la voz de Dios que obedecen todos los
animales— guiaba a la criatura humana a elegir algunos alimentos y prohibirse
otros, y que la caída humana en el Paraíso se debía a la participación de la vista, que transformó el
instinto sexual animal en sensualidad, que se convertiría en un impulso permanente
hacia la satisfacción que nombró “pulsión”
(Trieb), que signaba el nacimiento de la cultura, con la
desaparición del objeto sexual a partir de “la hoja de parra”, que ocultaba la desnudez del sexo, como testimonio del
imperio de la razón sobre el instinto sexual, pasando de los apetitos animales
al deseo humano: primero el amor y más
tarde la belleza. Y el hombre abrió los ojos, vislumbró el tiempo, el futuro
ignoto y amenazante, y se refugió en la familia, el trabajo y la cultura. Con la
luz de la razón, la pulsión asumió como proyecto la perfección. Por ello, en los
umbrales de la cultura, la historia natural comienza con el bien, que es obra
de Dios, en oposición a la historia de la libertad que da comienzo con el mal y
la perversión de la naturaleza (Kant, "Conjeturas sobre los comienzos de
la historia humana”, Sammtliche Werke, 1867, 4, 317 y sigs.). Kant
reconoce que el mal y la perversión que introducen la razón en la cultura,
aspiran a la reconciliación entre la naturaleza y la razón a través del arte,
que en su más alto grado de perfección devendrían de nuevo naturaleza. Una
historia kantiana que permite percibir al hombre “como un animal perverso que se toma muchos trabajos en su camino hacia la
muerte” (Néstor Braunstein).
II
El pensamiento de Freud,
en El malestar en la cultura [(1930); Amorrortu, 1979], hay que asociarlo a la filosofía
de la cultura moderna, al concepto moderno de represión (Verdrängung), cuyo fundamento no debe identificarse solo con una
violencia terrorífica. Ciertamente en Tótem y tabú [(1913); Amorrortu,
1979], Freud introduce a un
macho cretino que se apropia de todas las hembras de la manada y se las prohíbe
a los hijos, por lo que es asesinado y devorado, para promover una
interpretación no histórica sino genealógica, un origen trágico y perverso de
la ley fundante de la cultura, basado en un mito moderno, para superar las
inocentes interpretaciones rousseaunianas del origen de la cultura.
El mito de Tótem y tabú, según Eugenio Trías, es
una construcción, un mito moderno, transhistórico, que actualiza el cimiento de
la descendencia, la cultura y el culto, de cuya dimensión ética se despliega el
campo estético a través de las artes: el templo (la arquitectura), la música,
la danza, la escultura y la poesía (en torno a los dioses). Pues sin culpa no
hay culto, ni cultura ni arte, pues sería reducido al falso juego de l'art
pour l'art (Trías, Lógica del
límite, Destino, 1991:367-97).
Al igual que otro mito moderno, el de
Karl Marx, donde el padre de la horda primitiva es asesinado por poner a
trabajar a los hijos y expropiarles todos los satisfactores, y que da cuenta de
la propiedad privada, el estado, el capitalismo y la explotación del hombre por
el hombre (Marx, “Modo de producción asiático”, Grundrisse 1, Siglo XXI, 1972).
III
La palabra
Verdrängung (represión), como toda palabra, está expuesta a ambigüedades,
pero ésta además ha sido reducida a una lectura negativa, a un poder coactivo:
la dominación de los hombres y las mujeres a la cultura, cual destino desdichado
de la estirpe humana, la violencia de la pulsión y la presión contra la
satisfacción del empuje de la pulsión (Dräng), que la Ver-drängung
(re-presión) viene a sofocar. Pero la represión se instala, aunque no exista
prohibición alguna y todo esté permitido. La represión para el psicoanálisis,
no es el efecto de una prohibición o interdicto. Por ello, la represión
política no se encuentra ligada a la represión psicoanalítica.
Porque el sujeto
del inconsciente es irreducible a una teoría, sistema social y proyecto
político. Porque gesta algo nuevo, al oponerse a la sociedad y la cultura
misma, pues es irreducible, discontinuo, diferente, heterogéneo, a lo
uniformado y lo estable en la sociedad y el Estado. Un sujeto no es pura
negatividad, sino un plus, un exceso que crea algo nuevo en la Cultura, desgarrándola
con su invención. Y que no puede ser reducido a la economía y el dominio, y que
Freud llama inconsciente, el deseo más allá de la necesidad, a la deriva como la
pulsión: un punto de vista antieconómico, el derroche Más allá del principio
del placer (1920). Un sujeto
que rebasa lo vivo a través de una potencia excedente, que crea un nuevo ser
que no había, a través de una poética de lo inconsciente.
*Ponencia presentada en español, inglés, portugués y francés en el IX Congreso Internacional de Convergencia: ¿Qué dice el Psicoanálisis del Amor y la Violencia?, Puebla, México, 12, 13 y 14 de marzo de 2026.
Esta
película nos cuenta la vida de un chaval escocés, John Davison, que sufre la
enfermedad de Tourette. El síndrome de Tourette es una enfermedad neurológica
que provoca en los que la parecen tics incontrolables y un lenguaje soez que no
pueden reprimir. Los pacientes son incomprendidos socialmente y terminan por
vivir aislados. La vida de John Davison fue tremendamente dura. Expulsado de la
escuela por soltar una palabrota a su director, rechazado por su familia, golpeó
involuntariamente a su comprensivo jefe en la ingle lo que le trajo algunas
consecuencias. Sufre acoso, incomprensión de parte de sus profesores, de su
madre y de su familia. Él mismo no entiende qué le sucede. Pasa el tiempo, toma
el control de su vida y empieza a saber sobre su enfermedad. Poco a poco, con
la ayuda de personas que van apareciendo en su vida sé ira integrando en la
sociedad y luchará como activista para explicar lo que supone tener la
enfermedad de Tourette hasta recibir la Orden del Imperio Británico de la Reina
por su labor educativa y pionera sobre dicho síndrome.
El
director y guionista es Kirk Jones y proviene del mundo de la comedia, lo
señalo porque esta película, que va sobre una tragedia, es contada con
desenfado y una calidez encantadora. No se aburrirán ni caerán en la depresión.
Muy al contrario, se van a conmover, a divertir y a reír. Es una narración optimista,
aunque existan momentos dolorosos y tristes.
El
actor principal, Robert Aramayo, en el papel de John Davison de joven, compone
una interpretación magnifica y entrañable. Lo mismos sucede con otros actores
en sus diferentes papeles. Esta narración nos recuerda el cine de Ken Loach y a
películas como Full Monty y Billy Elliot. En Incontrolable
existe esa misma lucha de los marginados y humillados por recupera la dignidad
y el mismo humor que da aliento y fuerza a la narración.
No
se la pierdan, es una magnifica película que cuenta con una dirección y unos
actores excelentes. Sufrirán, se divertirán y en ningún momento apartarán los
ojos de la pantalla ni se aburrirán. Saldrán de ella, si eso es posible, más
compasivos y más humanos.
ISABEL BANDRÉS
Sorrentino,
el director, nos narra la vida pública y privada de un imaginario presidente
italiano, De Santis, interpretado por un magnífico Toni Servillo. El
protagonista es un político fundamentalmente honesto al que le atormentan las
dudas morales ante las decisiones políticas que debe tomar. Además, está
pasando por el duelo de su mujer fallecida hace ocho años y atormentado por el
recelo de haber sido traicionado por ella una sola vez siéndole infiel.
En
el inicio de la película se describen algunas de las responsabilidades de un
presidente de Gobierno: promulgar leyes incómodas, nombrar funcionarios
estatales, presidir el Consejo Superior de la Judicatura, conceder indultos,
conmutar penas y otorgar honores. Este hombre íntegro, su apodo es “hormigón
reforzado”, no carece de cierta vanidad y soberbia al saberse el artífice del
buen estado de su país y ser considerado como un excelente legislador. Su nombre
está libre de escándalos y corruptelas. Pequeños gestos y alguna frase se
deslizan casi imperceptibles en la interpretación de Servillo que nos viene a
decir: sí, sé lo estupendo que soy. Sorrentino dibuja muy bien, de una manera sobria,
el retrato de un político y jurista relevante, serio, incluso aburrido pero
torturado por el fallecimiento de su mujer y por el engaño de la misma.
Las
imágenes nos pasean por el suntuoso Palazzo del Quirinal, residencia oficial de
los presidentes italianos. Ante nuestros ojos aparecen las grandes escalinatas,
los majestuosos salones, la capilla, el patio porticado, los despachos, al
mismo tiempo que se reflexiona sobre el ejercicio del poder, el peso del
pasado, la dificultad de obrar en conciencia a la hora de firmar leyes. Ante
sus dudas de firmar la “Ley de eutanasia” ya aprobada, le comenta a su hija
anticipándose a la indignación pública: “Si no firmo, soy un torturador y si
firmo, soy un asesino».
También
nos habla de la carga que supone tomar decisiones determinantes para la vida de
otras personas. Sobre su mesa hay dos peticiones de indulto: una para Cristiano
Arpa, un profesor de historia muy querido por sus estudiantes, que asesinó a su
esposa cuando esta se encontraba en una fase avanzada de Alzheimer. Y la otra
para Isa Roca una joven condenada por asesinar, mientras dormía, a su marido
que la maltrataba. De Santis recibe presiones políticas para que firme una u
otra, pero lo que realmente le pesa como una losa sobre sus hombros es
equivocarse al tomar una decisión. La duda y el peso de la responsabilidad le
carcomen.
La
grazia es una magnifica película que nos habla del amor, de
los miedos, de la familia, de la amistad inquebrantable que ayuda a vivir, del
inexorable paso del tiempo, de la responsabilidad política, de las dudas y de
los fantasmas que nos creamos.
ISABEL BANDRÉS















































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