sábado, 27 de junio de 2026

 


RESENTIMIENTO
MARÍA LUISA MAILLARD

El otro día me encontraba de pie frente al tenderete de un Supermercado y no con la intención de comparar los diferentes precios del mismo producto. Quería ojear los titulares de prensa para apreciar el diferente tratamiento de los productos cada vez más fangosos de los diarios del día. De pronto una señora de edad media avanzada se situó a mi lado y empezó a interpelarme: “¿Qué piensa usted de esa zorra? Parece que no ha roto un plato, pero le digo yo que es una zorra. Mucho poner caritas, pero es una mentirosa y una zorra. Venga a ir por los platós y sacar su buen dinerito. Una zorra, eso el que es. Ya me gustaría a mí verla fregando suelos, que ni eso debe saber hacer”. En el tenderete de prensa había revistas del corazón y la mujer señalaba una portada ocupada por un bello rostro de mujer. Al apreciar que no le respondía se alejó rezongando con su carrito a cuestas, su pesado corpachón y su desgreñada melena.

¿Qué sentimiento era el que había movido a la mujer a ese comportamiento tan abrupto con una desconocida? ¿Envidia? ¿enojo? ¿Ira? ¿Rencor? ¿Resentimiento? Es este último, un sentimiento negativo que, unido a la impotencia, según Max Scheler, condensa todos los anteriores y tiene raíces más hondas que las de la psicología individual, que no deja de señalar el autor. La actitud de la mujer del supermercado seguro que estaba alimentada por los mentideros de los programas denominados “del corazón”; pero también soterradamente por los criterios de la sociedad en la que vivía. Si todos somos iguales, ¿Por qué la mujer de la revista era guapa y rica y ella fea y pobre? Era una situación ofensiva que clamaba venganza y cuyas raíces más hondas se situaban en un terreno que no tenía un contendiente claro: el de la naturaleza que reparte de forma desigual sus dones, tanto físicos como intelectuales. 

No hay que despreciar este componente de la ira y el resentimiento, al que 30 años después de la reflexión de Max Scheler, Albert Camus dotó de un componente metafísico en su libro El hombre rebelde: “La insurrección humana, en sus formas más elevadas y trágicas no es y no puede ser más que una larga protesta contra la muerte, una acusación rabiosa contra esta condición regida por la pena de muerte generalizada”. Es por ello que una de las características del hombre contemporáneo en la época del nihilismo, sigue señalando el autor, es la rebeldía, que halla su justificación en las diversas ideologías finalistas: Una actitud en la que sí podemos derramar a gusto nuestra ira e insatisfacción porque encuentra un objetivo claro: la sociedad en la que vivimos, plagada de enemigos sobre los que descargar la ira.

Puede que haya que volver a reflexionar sobre un sentimiento que se ha ido enraizando en el alma contemporánea desde hace ya más de un siglo ¿No son acaso el resentimiento y la rebeldía —que puede ser justa en ocasiones—, los que mueven los diversos populismos y los reduccionismos ideológicos? Sin embargo, la reflexión teórica de este fenómeno se ha ido recluyendo en el ámbito de la psicología individual o, en todo caso, analizada por sus consecuencias en la evolución de las sociedades actuales: La cultura de la queja de Robert Hughes que popularizó la frase “La víctima es el héroe de nuestro tiempo”; Modernidad líquida de Zygmunt Bauman; o el fenómeno ya mencionado de los populismos, comentado entre otros autores por Umberto Eco en A paso de cangrejo; para no hablar del reciente y más radical El suicido occidental de Federico Rampini.

No obstante, hubo una época en que el resentimiento era un concepto a tener muy en cuenta en la reflexión filosófica. Lo fue para Nietzsche en el núcleo de su concepción filosófica, al localizar en el resentimiento la decadencia de la cultura occidental. Lo que Nietzsche denominaba “la moral de los esclavos” era fruto de los valores del cristianismo, que transformaba la impotencia en bondad, la sumisión en obediencia, la cobardía en paciencia y convertía el resentimiento en creador. Había que postular una inversión de los valores fruto del resentimiento: la moral de los héroes y los fuertes. Veinte años después de La genealogía de la moral, libro en el que Nietzsche postula la inversión de los valores citados, le responde Max Scheler en La genealogía de la moral, en el que analiza profusamente el resentimiento. El filósofo lo define como una unidad de vivencia que se mantiene en el tiempo, es decir, una actitud psíquica permanente que es como un fondo oscuro del alma. 

Sin entrar en el debate de su diferencia con Nietzsche, en la culpabilización de los valores cristianos, que no es hoy nuestro objetivo, Max Scheler tiene, a mi modo de ver, algunas reflexiones muy acertadas, en lo que respecta a la influencia de las ideas dominantes sobre el fenómeno del resentimiento. Señala, por ejemplo, cómo algunas de las propuestas ideológicas de las sociedades occidentales potencian ese sentimiento negativo que se encuentra sin duda en la misma naturaleza humana. Parte de la base de que la misma configuración de las sociedades occidentales es un buen caldo de cultivo para el resentimiento. Su estructura social y política proclama teóricamente una igualdad que choca frontalmente con las diferencias reales en el poder, la riqueza y el acceso a los bienes —sin ir más lejos, hoy en día el de la vivienda. Así llega a enjuiciar algunos de los valores en que se sostiene dicha sociedad, entre ellos, el igualitarismo y el altruismo.

El igualitarismo, cuyo ejemplo se materializa en la enseñanza pública de casi todos los países occidentales, en algún momento de su desarrollo, niega algo que se encuentra en la naturaleza humana: La desigualdad en las dotes espirituales, entre ellas, la inteligencia; pero también el papel del esfuerzo para paliar o corregir dicha desventaja, a través de nuestro libre albedrío. La consecuencia es una igualación a la baja que merma, sino vacía el contenido de la enseñanza, castiga a los más dotados y crea una falsa expectativa en el conjunto de los escolares que puede desembocar en el resentimiento. La sociedad, in extremis, intenta controlar el desastre y si en la práctica, la totalidad de nuestros estudiantes aprueba el acceso a la Universidad, pocos de ellos pueden cursar la carrera que les hubiese gustado estudiar: No les da la nota.

El resultado, dramático para las sociedades, no es sólo que el igualitarismo produce rencor y el rencor alimenta el populismo; sino que la devaluación de la excelencia y la postergación de los mejores acaba repercutiendo sobre el conjunto de la sociedad. Valga como ejemplo en nuestros lares la sanidad pública española. Siendo una de las mejores de Europa en sus técnicas punteras, se encuentra hoy en una huelga indefinida en la defensa de la peculiaridad de sus funciones. Nuestros médicos jóvenes, el futuro, optan por marchar al extranjero, donde reciben un trato más acorde a la labor que desempeñan. El igualitarismo tiene sus víctimas. Determinadas prácticas como la progresiva eliminación de las oposiciones libres para el acceso a la función pública, y la proliferación de los cargos de libre designación en los puestos directivos del aparato del estado, relega el libre acceso a ellos de los más competentes. Algo de extrema gravedad en el caso de los funcionarios encargados de controlar el poder ejecutivo y de preservar la seguridad de la sociedad: los funcionarios del poder judicial y los cuerpos de seguridad del Estado. La víctima acaba siendo la sociedad en su conjunto.

Por otra parte, el altruismo, que sustituye el valor del individuo por un ente abstracto, denominado humanidad, llega hasta la negación de la individualidad y el libre albedrío en aras del bien superior de ese ente abstracto. Es una falsificación de los valores que posibilita que, en aras de una ideología salvadora y por ello “sagrada”, no sólo que se dé alas a los diversos populismos, sino que se contemporice con todo tipo de comportamientos condenables en los gobernantes, entre ellos, el atentado a las normas democráticas que, con tanto esfuerzo, se han implantado en las sociedades occidentales.

MARÍA LUISA MAILLARD



IMÁGENES SOBRE LAS MUJERES Y LOS LIBROS
61. ESCULTURAS FUNERARIAS DE MUJERES
CON UN LIBRO EN SUS MANOS
INÉS ALBERDI

En numerosas iglesias, catedrales o monasterios encontramos monumentos funerarios que tienen una representación de la persona allí enterrada. En la mayoría de los casos se trata de varones, pero también hay una minoría de enterramientos de mujeres. A nosotros nos han interesado aquellas tumbas en las que la mujer enterrada se representa con un libro en sus manos.

Mujer desconocida descansando sobre su tumba
Biblioteca Nacional de Nápoles

Una de las primeras tumbas con la efigie femenina sobre ella, y quizás una de las más bellas, es la de Leonor de Aquitania en la Abadia de Fontevrault, en Francia.

Es una obra de autor desconocido, que representa a la reina Leonor de Aquitania leyendo un libro. Con ello se señala la importancia que tuvo la lectura, y la cultura en general, para esta mujer, en una época en la que la educación y la alfabetización femenina estaban poco desarrolladas.

Tumba de Leonor de Aquitania (1204-1210)
Piedra caliza de toba policromada
Abadía de Nuestra Señora de Fontevrault, Francia

Leonor de Aquitania (1122-1204), se casó con el rey de Francia Luis VII (1137-1152) y después con el rey de Inglaterra Enrique II (1154-1189); fue una de las mujeres más poderosas y más cultas de Europa en el siglo XII. Después de sus desencuentros con su segundo marido volvió a Francia, a la Abadia de Fontevrault, donde falleció y fue allí enterrada.

Tumba de Leonor de Aquitania junto a Enrique II de Inglaterra
Piedra caliza de toba policromada
Abadía de Nuestra Señora de Fontevrault, Francia

Es curioso que, finalmente, hicieran su monumento funerario junto a su segundo marido, que la persiguió y la encarceló en vida. También, junto a ellos está la tumba de su hijo Ricardo Corazón de León que fue rey de Inglaterra.

Después de este precedente, y en la Edad Media, se volvió a señalar la cultura y la distinción intelectual de algunas mujeres importantes al hacer sus monumentos funerarios. Tal es el caso de Constanza de Castilla (1354-1394) hija de Pedro I el Cruel y su amante María de Padilla. Fue heredera legítima al trono de Castilla, pero la muerte del padre a manos de Enrique de Trastámara terminó con sus aspiraciones.

Su monumento funerario, muy bello, de mármol blanco, la presenta a ella sola con un libro sobre el pecho y se encuentra en el Museo Arqueológico de Madrid.

Tumba de Constanza de Castilla
Museo Arqueológico de Madrid

En la Catedral de Lisboa hemos encontrado dos tumbas muy similares de mujeres leyendo, en la que las vestiduras de ambas son de una enorme elegancia y las dos se recuestan sobre cojines para poder ver el libro. Ninguna de ellas señala exactamente a sus autores ni las fechas en las que se realizaron.

Tumba de una princesa portuguesa
Catedral de Lisboa, s.XIV

Tumba de María Villalobos
Catedral de Lisboa, s.XIV

En España, en la Cartuja de Miraflores, está la tumba de Isabel de Portugal, que fue madre de la reina Isabel de Castilla, y también la representa con un libro abierto en las manos.

Tumba de Isabel de Portugal
Gil de Siloé, España (1440-1501)
Cartuja de Miraflores, s.XV, Burgos

El sepulcro de Isabel de Portugal y su esposo Juan II de Castilla es bellísimo. Es de estilo gótico y está realizado en alabastro. Tiene forma de estrella de ocho puntas y se sitúa en el centro de la nave de la iglesia de la Cartuja de Miraflores, en Burgos.

Sobre la misma época, encontramos otros enterramientos en los que hay mujeres que parecen estar leyendo, algunos individuales y otros en compañía de su marido.

Tumba de una pareja
Cartuja de Sevilla, s. XV

Una tumba de una mujer principal, cuya importancia se deduce por la colocación que tiene dentro de la Catedral de Palencia, es la de Ines de Osorio, que presenta rasgos originales que no hemos encontrado en tumbas precedentes. Parece estar vestida con hábito de monja, sostiene su libro abierto como si lo leyera y hay una sirvienta sentada a sus pies como si necesitara ayuda en el otro mundo.

Tumba de Inés Osorio, s.XV
Alonso de Portillo
Catedral de Palencia

Parece ser que la colocación preeminente de esta tumba dentro del templo se debe a que, al morir sin familia, dejó sus riquezas, que eran cuantiosas, para completar las obras de la Catedral de San Antolín de Palencia.

Hemos encontrado otra tumba en la que la fallecida no tiene un libro entre sus manos, pero a sus pies hay una ayudante, con aspecto de ángel, rodeada de libros. Es la tumba conjunta de Don García Osorio y su esposa Doña María Perea; estuvo en la Iglesia San Pedro de Ocaña, pero se encuentra actualmente en el Museo Victoria y Alberto de Londres.

Tumba de doña María Perea, (1499-1505), Ocaña, Toledo
Victoria and Albert Museum, Londres

También encontramos monumentos funerarios en los que la mujer aparece leyendo, o con un libro en sus manos, pero sin estar tumbada. Es el caso de la tumba de Diana de Poitiers (1500-1566), la amante del rey Enrique II de Francia, que la presenta de rodillas orando ante un libro abierto.

Tumba de Diana de Poitiers
Chateau d'Anet en Eure et Loire, Francia

Las tumbas posteriores, renacentistas y barrocas, que hemos encontrado en el siglo XVI, parecen copiar la postura del famoso Doncel de Segovia, apoyándose sobre un codo para permitirse mirar el libro que están leyendo.

Retrato de desconocida sobre su tumba, 1505
Bartolomé Ordóñez, España (1490-1520)
Nápoles

Tumba de Valentina Balbiani, (1518-1572)
Germain Pilon, Francia (1535-1583)
Francia

Por último, encontramos una tumba rococó, de una dama polaca de alcurnia, en una iglesia de Ducla.

La condesa María Amalia Mniszech (1736-1772) fue un personaje políticamente activo, a favor de Polonia, en la corte de la emperatriz María Teresa de Austria. Famosa por su educación clásica y su cultura y también por su acendrado catolicismo.

Tumba de Amalia Mnischez
Jan Obrocki, Ucrania (1730-1800)
Iglesia de Santa María Magdalena, Ducla, Polonia

INÉS ALBERDI




LAS MUJERES Y GEORGE CUKOR
BIENVENIDO PICAZO

Lo bueno que tiene el hecho de tener acceso a muchos canales de televisión es que, de vez en cuando, tenemos la ocasión de toparnos con obras que ya sólo interesan a unos cuantos nostálgicos. Fue así como llegó al salón de mi casa una cinta de lo más sepia. Buena parte de la originalidad del guión, no exento de riesgos, es que se trata de una película coral en cuyo elenco sólo aparecen mujeres. No es de extrañar pues, que el proyecto cayese en las manos de George Cukor dada su natural querencia a trabajar y a mimar a las actrices, tan es así que muchos galanes palidecían o, directamente, lo vetaban. 

De hecho Mujeres (The Women, 1939), fue una suerte de venganza por haberse visto despedido del rodaje de Lo que el viento se llevó (Gone With the Wind, 1939), ya que el productor David O. Selznick, no tuvo mejor idea que acatar la amenaza de Clark Gable y ponerlo de patitas en la calle. Aparentemente el hecho de ser un “director de mujeres”, fue el desencadenante de la maniobra. Pero George Cukor no se dejó humillar y se marcó un taquillazo dejando a Selznick al cuidado de su juguete favorito que, por cierto, ha llegado hasta nuestros días en perfecto estado de salud. Cukor y Selznick, jamás volvieron a encontrarse. 

Siguiendo la estela de la obra de teatro homónima escrita por Clare Boothe Luce, la pantalla va llenándose de diálogos de lo más divertidos, mordaces y, por supuesto, maliciosos. La trama, naturalmente, es una historia de mujeres, pero no sólo para mujeres. Sorprendentes resultan algunos momentos que, no sé si hoy pasarían el cicatero Código Hays de los medidores wokes de escotes y faldas; en muchos momentos, se hace inevitable la carcajada y, en otros, la ternura. 

Uno de los momentos más conseguidos del largometraje llega hacia la mitad de la cinta con la inclusión de un inusitado desfile de moda rodado en color; el esplendor, los vestidos, las modelos, toda la escena resulta graciosamente bella. 

La relación entre las actrices, según cuenta la leyenda, estuvo llena de celos, desconfianzas y, bueno qué quieren que les diga, en todo grupo humano con parecidos intereses surgen las tiranteces. No nos quedemos mirando el dedo y admiremos a todo el elenco más allá de las estupendas Norma Shearer, Joan Crawford o Rosalind Russell. 


No se conoce ninguna actriz que trabajase con Cukor que dijese mal de él, antes al contrario, todas lo admiraban y anhelaban postrarse ante sus objetivos, alguien llegó a escribir que “George Cukor era un director capaz de acariciar a varias mujeres con la cámara al mismo tiempo”. Por si alguien duda de este aserto, corra e investigue a ver dónde puede ver o volver a ver esta magnífica película. 

Siempre me quedó la duda de cuál hubiese sido el resultado final de Lo que el viento se llevó si George Cukor hubiese completado el proyecto, aunque tras tantos avatares y dineros sigue siendo una obra maravillosa, pero quiero creer que buena parte de lo que quedó seguramente se lo debemos a su genio. Pero estas elucubraciones no pertenecen a este artículo.

BIENVENIDO PICAZO


LA LEUCEMIA MIEOLIDE CRÓNICA
PARADIGMA DE LA MEDICINA DE PRECISIÓN
CARMEN G. INSAUSTI

En uno de los artículos sobre medicina de precisión señalé que uno de los estímulos para el surgimiento de la medicina de precisión provino de la clínica, específicamente de la Oncología y la Hematología, a través del descubrimiento de biomarcadores (dianas moleculares) y el desarrollo de terapias dirigidas. De la Oncología el caso paradigmático fue la identificación del biomarcador HER2 sobreexpresado en el cáncer de mama, el subsecuente desarrollo del anticuerpo monoclonal Trastuzumab, eficaz solo en pacientes con este biomarcador, y la demostración de que el diagnóstico molecular junto a una terapia dirigida mejoraba los resultados clínicos. De la hematología la Leucemia Mieloide Crónica (LMC) fue el primer cáncer en el que se descubrió la asociación con una anomalía genética. En este artículo quiero ahondar precisamente en cómo este descubrimiento y los subsiguientes cambiaron el tratamiento del cáncer.

La LMC es una neoplasia hematológica que se caracteriza por un gran aumento en la cifra de glóbulos blancos (leucocitos) evidenciado al realizar una analítica de rutina. Afecta a personas en la edad media de la vida y, antes de que ocurriera el gran descubrimiento terapéutico al que me voy a referir, su supervivencia era de aproximadamente 48 meses, momento en el que los pacientes generalmente progresaban a una fase aguda y morían. Para ese entonces, la única posibilidad terapéutica potencialmente curativa para los pacientes, era el trasplante alogénico de médula ósea.

Cromosomas

En 1960 dos investigadores, Peter Nowell, patólogo de la Universidad de Pensilvania y David Hungerford, estudiante graduado del Fox Chase Cancer Center observaron en las células de pacientes con LMC, un cromosoma 22 inusualmente pequeño al que llamaron Cromosoma Filadelfia en honor a la ciudad de Filadelfia. El consenso de que se trataba de un defecto genético adquirido (y no una condición heredada) se consolidó en la década de los 70, cuando se confirmó que dicho cromosoma solo estaba presente en las células cancerosas (leucémicas) del paciente, que las células sanas de la misma persona y sus familiares no lo presentaban y que aparecía espontáneamente en los progenitores de los leucocitos de la médula ósea en algún momento de la vida de la persona como resultado de un error en la división celular, con lo cual se establecía el primer vínculo directo entre cáncer y una anomalía genética.

En 1973, Janet Rowley, geneticista de la Universidad de Chicago, utilizando técnicas de bandeo cromosómico, pioneras para la época, demostró que no se trataba de un cromosoma pequeño por pérdida de material genético, sino que había un intercambio mutuo entre el extremo del brazo largo del cromosoma 9 y el del cromosoma 22, es decir, una traslocación recíproca conocida como traslocación (9;22) o t(9;22).

Cromosomas 9 y 22 resaltados

A principios de la década de 1980 los investigadores Nora Heisterkamp y John Groffen identificaron el gen de fusión originado por el contacto el gen ABL del cromosoma 9 con el gen BCR del cromosoma 22, a este gen de fusión los denominaron gen de fusión BCR-ABL o BCR::ABL (nombre actual). Demostraron que este gen fusionado anormal codifica la expresión de una proteína de fusión, la proteína BCR::ABL que es una enzima (tirosina cinasa) cuya función es añadir grupos fosfato a otras proteínas, lo que significa que actúa como "un interruptor que enciende" a otras proteínas. Esta enzima hiperactiva envía señales ininterrumpidas que provocan que las células sanguíneas (mieloides) se multipliquen y sobrevivan de forma descontrolada. Un dato más a favor de la asociación entre el mencionado gen de fusión y la LMC.

En 1990 el investigador George Q. Daley, trabajando junto con Richard A. Van Etten y el premio Nobel David Baltimore en el Whitehead Institute for Biomedical Research del MIT, demostró que al introducir el gen de fusión BCR::ABL en células madre hematopoyéticas murina y trasplantarlas en ratones irradiados, estos desarrollaban una LMC idéntica a la humana. Este hallazgo estableció sin lugar a duda que la expresión del gen de fusión BCR::ABL es la causa directa de la LMC. 

Esta cadena de brillantes observaciones no solo revolucionó el entendimiento del cáncer, sino que sirvió de base para el desarrollo de terapias dirigidas contra las anormalidades genéticas específicas implicadas en el desarrollo de cáncer. 

Leucemia mieloide crónica

En 1993 Brian Druker, oncólogo de la Oregon Health and Science University, planteó la idea de que si el gen de fusión es el causante de la enfermedad, bloquear su actividad debería detenerla. Entre 1993 y 1995 diseñó los ensayos para probar dicha hipótesis. Mientras que, más o menos para la misma fecha, Nicolas Lyndon, químico de la farmacéutica Ciba-Geigy (ahora Novartis) y su equipo, trabajaban en el desarrollo de una molécula capaz de bloquear la acción de la tirosina cinasa, logrando así, el desarrollo de la molécula STI571 capaz de bloquear selectivamente varias tirosina cinasas entre ellas la producida por el gen de fusión BCR::ABL. En 1996 Drucker demostró en el laboratorio que STI571 elimina las células de la LMC y respeta las células normales. Ese mismo año, Charles Sawyers, oncólogo de la UCLA, colaboró en la realización de los estudios preclínicos para demostrar la eficacia de este bloqueo. En 1998 Brian Druker realizó el primer ensayo clínico en pacientes con LMC. Los resultados fueron extraordinarios, pues se logró la desaparición de las células leucémicas y del gen de fusión en un alto número de pacientes. En 2001 la FDA hizo una aprobación acelerada de IMATINIB (STI571) el primer inhibidor de tirosina cinasa para el tratamiento del cáncer, dando paso de esta forma al nacimiento de la era de la terapia dirigida. La LMC se convirtió en el paradigma de la medicina de precisión, y hoy por hoy los pacientes con LMC tienen una supervivencia similar a la de la población general.

Este descubrimiento histórico sentó las bases para un cambio radical en el estudio de los pacientes oncológicos para quienes lo más importante pasó a ser la identificación de posibles alteraciones genéticas conductoras de la enfermedad con miras al desarrollo de terapias dirigidas que bloqueen dichas alteraciones y su utilización en la clínica para el control y/o curación de la enfermedad de una forma dirigida y precisa, es decir medicina de precisión.

El ejemplo específico de la activación de una enzima por una alteración cromosómica inició la búsqueda en otros tipos de cáncer que pudieran tener mecanismos etiológicos similares, para los cuales pudieran utilizarse inhibidores de tirosina cinasa iguales o parecidos a los utilizados en la LMC. 

Cromosoma Filadelfia

Actualmente son varios los cánceres en los que se ha seguido dicho modelo porque en su estudio genético se han demostrado mutaciones que activan tirosinas cinasas y para ellos se han desarrollado nuevos ITK dirigidos que han contribuido a mejorar significativamente la vida de los pacientes, ejemplos clave son: el cáncer de pulmón con mutación del gen EGFR (Receptor del Factor de Crecimiento Epidérmico) que produce una proteína responsable de la multiplicación y supervivencia celular que cuando muta altera el crecimiento celular normal, para el que se ha utilizado Gefitinib/Erlotinib, dos ITK que actúan bloqueando el mencionado gen; otro ejemplo es el carcinoma de pulmón con mutación del gen ALK (Kinasa de Linfoma Anaplásico) que conduce a la producción de una proteína anormal que promueve el crecimiento y la proliferación de células cancerosas en los pulmones, para el que se ha utilizado  Crizotinib, también inhibidor de tirosina cinasa; el Tumor del Estroma Gastrointestinal con mutación KIT/PDGFRA cuyo tratamiento es Imatinib y la Leucemia Mieloide Aguda con mutación del FLT3 mutado tratada con Gilteritinib, ambos inhibidores de tirosina-cinasas.  

De esta manera puede decirse que el desarrollo de los ITK que se inició con la LMC es el ejemplo de un modelo transformador que ilustra el objetivo de conocer las alteraciones moleculares que subyacen al cancer para convertirlas en posibilidades terapéuticas reales. Hoy por hoy puede decirse que el axioma de la medicina de precisión es: de la biología a la farmacología. 

CARMEN G. INSAUSTI
Médico Hematólogo



LA CARTA AL PADRE 
EN LA OBRA DE FRANZ KAFKA
ROSARIO HERRERA GUIDO


“En la mesa sólo había que ocuparse de la comida,
pero tú te limpiabas y te cortabas las uñas,
afilabas lápices, te limpiabas los oídos
con un mondadientes […] si a mí me agobiaban
era sólo porque tú, un ser […] determinante,
no acatabas los mandamientos
que me imponías a mí”.

Franz Kafka, Carta al padre.   


“Su literatura no es un viaje
a través de nuestro pasado,
su literatura es la de nuestro porvenir”.

Gilles Deleuze y Félix Guattari, Kafka, por una literatura menor, México, Era, 1983:120. A Ana Lucas Hernández, traductora de Walter Benjamin y aguda interlocutora en la UNED, Madrid, España.

 

En compañía de los filósofos Walter Benjamin, Gilles Deleuze y Félix Guattari, comparto dos tendencias en la obra de Kafka: la experiencia del hombre moderno de la gran ciudad y la experiencia mística. Donde Kafka, en “La carta al padre”, se concentra en la arbitraria ley paterna, que deriva en el poder profético de su máquina literaria. Al lado de Benjamin, tanto en “La Carta al padrecomo en su obra, es posible descubrir variaciones sobre un mismo tema: el palimpsesto del poder, un término pictórico que consiste en pintar sobre una vieja pintura, otra nueva, pero con el mismo tema, aplicable al mito, tragedia y la política, cual tiempo circular que retorna: el poder pervertido en dominación: la política y sus miserias.

Los epígrafes de Deleuze y Guattari, permiten mostrar que “La carta al padre” es posible encontrarla en la obra de Kafka: el padre, que dicta mandamientos, pero no los cumple, se proyecta en el dictador del Estado totalitario que Kafka profetiza y toca a las puertas de la historia contemporánea, y que hoy se mete hasta la médula de los huesos de “Los condenados de la tierra” [Frantz Fanon, 1961; (FCE, 2018)]. Walter Benjamin, con su lectura teológica de “El Castillo”, símbolo del orden superior y de la gracia; “El proceso”, representaciones de un orden jurídico; “América”, la vida terrena, que da lugar a un palimpsesto del poder. Lo sugiere Benjamin sobre “El proceso”: “Las tribunas están llenas de gentes [...] el techo —que en Kafka siempre es bajo-—oprime y pesa; por eso han llevado cojines para apoyar en ellos la cabeza. Y esta es una imagen exacta de lo que conocemos como capitel [...] en las columnas de tantas iglesias medievales [...] Kafka no pretendió imitarlas. Pero si tomamos su obra como un disco reflectante, aparecerá ese capitel, que desde hace mucho tiempo pertenece al pasado, como un objeto propiamente inconsciente de su descripción [...] Con otras palabras, en el futuro” (Benjamin, Iluminaciones I, Madrid, Taurus, 1993:211-212).

El palimpsesto del poder acontece en un tiempo gramatical, recuperado por Elena Garro en su novela Recuerdos del Porvenir; Gabriel García Márquez en El otoño del Patriarca y George Orwell en su gran obra 1984, el tiempo verbal del “futuro perfecto” (“habrá sido”), tiempo de la repetición, el eterno retorno de Nietzsche, el pasado que regresa como futuro, con distintos personajes pero el mismo tema: el arbitrario y absurdo poder. Kafka denuncia en “La carta al padre”, el vacío de la ley, que le permite profetizar el poder autoritario y perverso del Estado. Una ley que en “La Muralla China” como en “El proceso” es incognoscible, pues nadie conoce su naturaleza ni sus límites. “La carta al padre”, como la obra de Kafka, es profética.

El padre no puede cumplir la ley perversa que dicta a su hijo: “Por ello [como dice el joven Kafka] el mundo quedó dividido para mí en tres partes: una en la que yo, el esclavo, vivía bajo unas leyes que sólo habían sido inventadas para mí y además, sin saber por qué, nunca podía cumplir del todo; después otro mundo que estaba a infinita distancia del mío, un mundo en el que vivías tú, ocupado de gobernar, en impartir órdenes y en irritarte por su incumplimiento, y finalmente un tercer mundo en el que vivía feliz el resto de la gente, sin ordenar y obedecer” (Kafka, Carta al padre, Boek, México, 1990:18). Un tercer mundo, concebido o imaginado como libertino, el de las masas, para las que como todo está prohibido, todo está permitido: todo está pervertido.

La obra de Kafka es profética, pues vaticina la ley perversa del nazismo, donde la masa debe cumplir al pie de la letra la ley del nazismo, mientras Hitler se autoriza todo tipo de licencias (Benjamin, "Construyendo la Muralla China", Iluminaciones I, Madrid, Taurus, 1993:212). Kafka, con su contradictoria experiencia con la ley del padre, predice la ley del terror de los campos de concentración y de las cárceles modernas, en las que la culpa es lo más desconocido para el prisionero, pues la ley no se dice, sólo se escribe en la carne del condenado. Una ley incognoscible, no por su trascendencia, ni por estar enmascarada en las antesalas, sino porque su pobreza es inútil para el juez, el carcelero, el verdugo, el prisionero y la justicia misma.

Por eso, como en “El proceso”, la ley se busca en las antesalas y las cortes, donde a la entrada puede haber hasta una lavandera y en los libros de leyes o la Constitución damas desnudas. Lewis Carroll, lo ilustra su Alicia en el País de las Maravillas, a través del juicio que el Gozque le propone a un ratón: “Díjole un Gozque / a un ratón / con quien tuvo / una gran cuestión: / ‘Ven conmigo / al juzgado; / el proceso / ha comenzado. / Es inútil / rehusar: / la Ley / has de acatar. / Me siento / esta mañana / muy contento, / dispuesto a pleitear’. / El ratón / dijo al Gozne: / ‘Un proceso, / estimado señor, / sin juez / ni jurado, / tiempo es / malgastado.’ / Astuto como era / y avisado, / dijo el Gozque: / ‘Juez y / jurado / yo seré, / mi estimado. / Escucharé con / deferencia / cuanto digas / y después / mi sentencia / dictaré: / ¡Pena de / muerte!’” (Carroll, Alicia en el país de las maravillas, México, Porrúa, 1972:13).

La ley perversa reconocible en “La Carta al padre”, profetiza que va a estar en el engranaje del Estado moderno, hasta el nivel de lo siniestro, convirtiendo en reales todos los fantasmas infantiles y existenciales: la falsedad de todo proceso, la tiranía, el despotismo, el fascismo, el totalitarismo, la burocracia, el compadrazgo, la cuatitud, el nepotismo y la camaradería de partido. “El proceso” está en “La Carta al padre”, lo dice el joven Kafka: “[…] perdí la facultad de hablar […] el lenguaje fluido habitual de los hombres lo habría dominado. Sin embargo, tú me negaste ya pronto la palabra […] ‘¡No contestes!’. Y esa mano levantada a la vez me han acompañado desde siempre” (Kafka, La carta al padre, México, Boek, 1990:20).

 

De modo que en “El Proceso”, todo juicio es falso, ya que enmascara a los tinterillos de barandilla, papel podrido y falsas cortes, pues el objeto de la justicia es apropiarse del poder mismo. Todo proceso es falso porque los libros de leyes están llenos ambigüedades y obscenidades. Por ello el indiciado no descansa de escarbar todos los archivos, para descubrir que no conoce su delito y que la inocencia es imposible de demostrar, porque la culpa es ignota e impagable.

Como dice Ana Lucas Hernández, la lectura que Benjamin hace de Kafka procede de: “Su necesidad teórica de redimir el pasado muerto, frustrado en el mismo momento de nacer, de hacer justicia a las cosas, de planificar una vida de mayor felicidad para la condición humana, que  surgieron como en el caso de Kafka —cuyas vidas tuvieron puntos en común— de la constatación de la mezquindad del mundo, su barbarie,  miseria, la precipitación del mismo hacia la nada, a la cual, sin embargo, se conjura desde la falsa coartada de la imperecedera dimensión social con quiméricos y embriagadores proyectos institucionales y organizativos de inabarcables horizontes que eluden la auténtica misión de la sociedad: la realización plena de los individuos a los que por el contrario, en nombre de la misma empresa inmortal se les sacrifica, añadiéndose así al concepto trágico del mundo la nota burlesca de la condición grotesco-cómica y teatral del hombre, a pesar de ello tan amarga como nostálgica” (Lucas Hernández, El trasfondo barroco de lo moderno, Madrid, UNED, 1988:84).

Deleuze y Guattari también concluyen que la ley es el vacío mismo, a partir del cual Kafka denuncia la proliferación esquizofrénica de la ley: todos los ciudadanos están conectados a la ley, la sociedad entera es cómplice de todo proceso, pues todos cuidan esa ley sin nombre, por la fascinación que ejerce el poder. Una ley que se reproduce como las escobas de “El aprendiz de Brujo” (Goethe, 1797), mostrando su faz perversa, obscena y terrorífica, al instituir una culpa sin nombre ni juicio. Lo destaca Ana Lucas  Hernández: “[...] la originalidad de las novelas como El Proceso o El Castillo descansa en la censura de la estructuración de la sociedad a partir de una administración fuertemente burocratizada que diluye y distancia al poder y le permite gobernar en un anonimato de mil voces confundidas, que asegura su legitimación y pone en marcha un mecanismo de dominación donde el individuo se siente perpetuamente cogido por sorpresa, y cuyo contacto con él es siempre indirecto pues nunca llega a contemplar su rostro porque al poder, como si de un rito de iniciación se tratase, no se llega nunca” (Lucas Hernández, El trasfondo barroco de lo moderno, Madrid, UNED, 1988:234-235). 

https://drive.google.com/file/d/1gCdhctbL1O2lRe0VPKIJD-Nih-A-Nv0O/view?usp=sharing



ESPAÑOLAS EN EL SIGLO XVIII
MARÍA LUISA MAILLARD

El otro día un amigo me comentó que en el siglo XVIII español no había habido mujeres destacadas, a diferencia de otros países europeos como Inglaterra o, por supuesto, Francia. No era la primera vez que escuchaba una reflexión en esa dirección. Unos días antes, otro amigo había afirmado con contundencia que el siglo XVIII español era un siglo para olvidar. Debía de ser esa la razón de que no hubiera habido mujeres destacadas.

Es cierto que no tuvimos una novelista como Jean Austen, nacida en el siglo XVIII, ni feministas pioneras tan renombradas como Mary Wollstonecraft en Inglaterra u Olympe de Gouges en Francia. No hablemos ya de las mujeres aristócratas, las célebres salonniéres como la marquesa de Lambert o Madame du Deffand, que lideraron en gran medida la Ilustración francesa, codeándose en sus salones con los principales pensadores de la época; pero las mujeres españolas no estuvieron ausentes del movimiento renovador del siglo XVIII ni de la defensa de los derechos de las mujeres.

Olympe de Gouges - Mary Wollstonecraft

Hay que tener en cuenta que en 1700 España se encontraba sumida en una profunda decadencia, lo que implicaba un considerable atraso respecto a otros países europeos —no olvidemos que Inglaterra ya había iniciado la Revolución Industrial y el proceso de una Monarquía Constitucional. Un dato muy significativo para el análisis de la decadencia era el descenso del número de habitantes, que había pasado de casi unos 10 millones a finales del siglo XVI a unos 7, 7 en 1700. La desventaja con la vecina Francia que contaba con 20 millones de habitantes en la fecha 1700 era evidente.

Mencionamos a Francia porque fue un faro de enorme influencia en el siglo XVIII español, sobre todo en su primera etapa, a raíz de la introducción de una dinastía borbónica en 1700 con Felipe V. El siglo XVIII español sí fue un siglo ilustrado, aunque habida cuenta de la situación del país, estuvo enfocado a la denuncia de la situación económica y social y al empeño desde el poder para paliarla, lo que se realizó de forma cada vez más efectiva, compartiendo con los ilustrados europeos el oriente de la razón, el progreso y el pensamiento científico. Desde la inicial reforma del Estado llevada a cabo por Felipe V hasta el monarca ilustrado por excelencia Carlos III, España se fue transformando: Reforma de la administración central y territorial, del estamento militar, de la hacienda pública, impulso a la agricultura, al comercio con América, a la industria y a la reconstrucción naval, mejora de las grandes ciudades y del transporte entre ellas; sin olvidar la creación de escuelas y el establecimiento de instituciones académicas y de investigación científica —Real Academia Española, Real Academia de la Historia, entre tantas y tantas otras.

No se lograron subsanar todos los males del reino debido a una economía marcada por el predominio de una agricultura atrasada, fundamentalmente cerealista y un deficiente desarrollo industrial. Aún en 1789; José Cadalso en la Carta IV de sus Cartas marruecas señala las deficiencias de la agricultura, la situación de declive de pueblos y provincias y el retroceso de las ciencias; aunque entre otros males, señala un dato demográfico que apunta al reconocimiento del avance producido en el siglo. Se lamenta de que en 1789 la población española fuese tan solo de 10 millones de habitantes “la mitad de los vasallos de Fernando el católico”, cuando en 1700 era de 7, 7 millones. Algo estaba cambiando.

Josefa Amar y Borbón

Lo que finalmente nos interesa resaltar en el período que nos ocupa es que también hubo en España en el siglo XVIII mujeres cultas, que lucharon por su lugar en una sociedad de hombres y defendieron los derechos de las mujeres. No de todas contamos con datos suficientes, ya que todavía no era habitual que se tuviese en cuenta la biografía y los logros de las mujeres. Una de ellas, la zaragozana Josefa Amar y Borbón ya fue tratada en esta sección. Nacida en 1749, fue escritora, traductora, la primera mujer en ingresar en la Real Sociedad Aragonesa y en defender en sus discursos la capacidad intelectual de las mujeres. No olvidemos a María Isidra de Guzmán y de la Cerda, cordobesa (1767-1803), primera mujer en obtener el título de doctorado en España y de recibir el nombramiento de Académica Honoraria de la Lengua. Vamos a acompañarla hoy con otras tres mujeres que no le fueron a la zaga: María Andresa Casamayor (1720-1780), Inés Joyes Blake (1731-1808) y María Rosa Gávez (1768- 1806).

María Isidra de Guzmán


Inés Joyes Blake, escrito en defensa de las mujeres

María Andresa Casamayor, zaragozana, fue una joven extremadamente dotada para las matemáticas, cuyo único legado, el manual científico Tyrocinio Arithmetico, se conserva en la Biblioteca Nacional. Fue escrito a los 17 años y publicado en 1738. Su aportación ha llegado hasta nosotros gracias a las investigaciones del Instituto Universitario de Matemáticas y Aplicaciones (IUMA), ya que el libro citado fue publicado bajo el pseudónimo de Casandro Mames de la Marca y Airioa, un anagrama de su verdadero nombre.

El Parasi, su segundo libro de aritmética avanzada, que contenía tabla de raíces para realizar cálculos sin usar el álgebra, no llegó a publicarse. Su padre, un acomodado comerciante francés, murió en la misma fecha de la publicación del libro, así como su mentor el dominico Pedro Martínez. Era la séptima de los nueve hijos que tuvieron sus padres y la situación de la familia empeoró a la muerte del progenitor. Sí se sabe que María Andressa se negó a las dos salidas que tenía la mujer en la época: el convento y el matrimonio y que vivió independiente impartiendo clase a niñas en escuelas públicas, recibiendo una remuneración de sus pupilas y una vivienda del Estado en la que vivió hasta su fallecimiento en 1780.

Si María Andresa defendió desde la libertad el talento de las mujeres con el ejemplo de su trayectoria vital, con Inés Joyes Blake (1731-1808), nos encontramos con un escrito en defensa de la dignidad e igualdad de las mujeres, equivalente a los más reputados y conocidos de mujeres europeas como Mary Wolstonecraft. Nacida en 1831 en Madrid, de madre francesa y padre irlandés, se afincó en Málaga y, con posterioridad en Vélez Málaga, a raíz de su matrimonio con el comerciante Agustín Blake, del que tuvo nueve hijos. En 1782 enviudó y tomó las riendas con éxito de los negocios familiares.

El texto que hemos comentado fue publicado en un anexo de su traducción en 1798 de la novela de Samuel Johnson Rasselas, prince of Abisinia, titulado: “Carta de la traductora a sus hijas”. En dicho escrito aborda todas las reivindicaciones de las mujeres avanzadas de su época, sometidas a la vida doméstica y carentes de instrucción. Defiende la capacidad moral e intelectual de las mujeres, su derecho a la instrucción y a la alternativa de una vida no recluida en el ámbito familiar. Fallece en Vélez-Málaga en 1808.

María Rosa Gálvez

María Rosa Gálvez, malagueña (1768-1808), poeta y la única dramaturga en representar sus obras con éxito en el siglo XVIII español, y de la que trataremos de forma extensa en otra entrega, llevó en su breve vida una trayectoria marcada por la libertad y el desprecio a las convenciones de la época.

 MARÍA LUISA MAILLARD



La película se abre con unas imágenes brutales de lucha libre en estadio a rebosar de público jaleando a los contrincantes a pegarse más y más fuerte. Y ya estamos los espectadores metidos de lleno en una película de las de Spielberg. Nos convertimos en lo que fuimos en la infancia: lectores ávidos de Julio Verne, de Salgari, de Harry Potter… Todos aquellos que lograron extasiarnos y leímos conteniendo la respiración ante las aventuras que corrían unos personajes audaces que hacíamos nuestros. Steven Spielberg tiene ese don, nos vuelve niños. Nos absorbe durante las dos horas y media que dura la película, nos arrastra al mundo de la imaginación, la aventura y nos hace prisioneros de su magia. Nos olvidamos de todo lo que nos rodea, solo queremos seguir viendo las peripecias del Dr. Daniel Keller y la sensible Margaret Fairchihild. Ese es el poder que tiene este gran director de cine.

El día de la revelación nos retrata un mundo inestable al borde de una guerra o no. Todo dependen de la revelación de un secreto guardado desde mediados del siglo XX y cuyas pruebas posee el Dr. Keller (un estupendo Josh O’Connor) quien las ha robado a la agencia WARDEX (agencia militar-industrial clandestina que protege las pruebas sobre visitas de extraterrestres), cuyo director es un malísimo pertinaz y cruel llamado Noah (Colin Firth) que perseguirá con tesón a nuestros héroes: un matemático tímido y una pizpereta presentadora del tiempo en una cadena televisiva que se ve sorprendida por su repentina clarividencia, un inexplicable conocimiento de idiomas y una telepatía que no puede explicar. Todo eso y más, le llevará a buscar a Keller y a unir fuerzas.

Y en ese momento, entramos en otra dimensión. La pareja descubrirá qué les pasa y confiarán en la necesidad de contar al mundo la verdad y en la empatía compasiva del ser humano para que esa revelación no termine en una gran catástrofe. Los peligros que correrán serán muchos: persecuciones por los agentes del mal, intentos de lavado de cerebro, manipulación de los seres cercanos a ellos y todo envuelto en un halo de misterio que nos hace preguntarnos lo mismo que se preguntan los protagonistas: ¿Qué está pasando? ¿Qué fuerzas del mal y del bien se están movilizando? ¿Vencerá la verdad, la empatía y la compasión o el secretismo y la crueldad? ¿Está en nuestras manos la buena marcha del mundo? Esos mismos interrogantes que también se hace Jane Blankenship (Eve Hewson), una ex novia de Keller y ex novicia que no tiene fe en la humanidad, pero sí cree en un poder superior. Jane es muy manipulable y cae víctima de Scanlon quien utilizará con ella las herramientas extraterrestres para entrar en su cerebro y manejarlo desde dentro.

Las dos horas y media se nos pasa en un suspiro. Después, cuando la magia termina, vemos algunos costurones mal cosidos como un exceso de persecuciones y la fatigante utilización por parte del malísimo Scanlon de las herramientas de los extraterrestres para lavar cerebros y algunas ingenuidades mal resueltas. Pero de lo que no nos cabe ninguna duda es que lo hemos pasado bien, muy bien. Y a esto tengo que añadir que cuando llegué a casa, todavía feliz, decidí ver Encuentros en la tercera fase. ¿Qué decir de ese padre de familia o de ese niño que son abducidos, antes de conocerlos, por los extraterrestres? Es tan divertida, inocente y humana que nos transporta al corazón creativo de Spielberg y ya no queremos apearnos de él.

El día de la revelación hace el número treinta y siete de su rica y diversa filmografía entre las que se encuentran películas de aventuras y otras, pero de igual calado en el espectador. Tiburón, E.T. el extraterrestre, Parque Jurásico, La guerra de los mundos, Indiana Jones (en sus diversas entregas), Los archivos del Pentágono, El imperio del sol, El diablo sobre ruedas, West Side Story (versión del año 2021), Los Fabelman, El Color púrpura, La lista de Schindler, Amistad, Salvar al soldado Ryan, El puente de los espías y tantas otras con las que hemos conectado, nos han enriquecido y nunca nos han dejado indiferentes. En ese mundo tan apabullante y diverso de Spielberg han trabajado actores como Richard Dreyfuss, Harrison Ford, Tom Hanks, Meryl Streep, Michelle Williams…

Yo que ustedes no me perdería su última obra, El día de la revelación, pero aparquen las racionalizaciones, déjense llevar sin analizar demasiado algunos sucesos y disfruten como niños. Y, de paso, me atrevo a aconsejarles que recuperen algunas de sus películas para que puedan verlas durante el cálido verano que se avecina.

ISABEL BANDRÉS






Los caminos de Emma y Charlie se cruzan por casualidad en una cafetería. Charlie se interesa por el libro que está leyendo Emma del que dice haber leído y disfrutado. Pronto se enamoran, se van a vivir juntos y mantienen una relación sólida que les hace pensar en el matrimonio. Todo parece ir bien hasta que en una cena con otra pareja juegan a confesar un hecho del que se sientan avergonzados. Emma se avergüenza de haber deseado cometer un acto criminal cuando era adolescente, pero nunca llegó a hacerlo realidad. Esta fantasía nunca ejecutada se convierte según Rachel, que se proclama eje moral del grupo, en algo inadmisible y la tacha de perversa. Su intransigencia hace dudar a Charlie de la conveniencia de seguir con los preparativos de la boda. Los comentarios se van extendiendo por los círculos sociales que frecuentan. Los planes de boda siguen adelante a pesar de las dudas y las murmuraciones. Por fin se casan y…

No es una gran película, pero sí que es interesante. Nos habla de las diferencias culturales: Emma es estadounidense y Charlie es europeo. Señala la hipocresía de los que se colocan como faros de la ética y la moralidad indicando y aumentando los posibles fallos de los demás y disculpando los propios. Muestra la gran dependencia que tenemos de las opiniones de la sociedad y el temor a ser relegados. La imposibilidad de conocer en su totalidad al otro. El deseo de ser entendido y cobijado a pesar de nosotros mismos. Y de la imposibilidad de comportarnos y ser como los otros quieren. 

Lo mejor de la película es que el director la sitúa en un medio burgués e intelectual donde esas cosas también pasan y se deslizan ágilmente por todo el entramado de relaciones personales, laborales… La mala baba está presente en cualquier medio social y se muestra con más o menos disfraces, pero allí está omnipresente. La labor de los actores es excelente y ayuda a llevar por buen camino la narración. Una narración que nos es conocida por habitual. ¿Quién no ha hablado mal e injustamente de un compañero de trabajo? ¿Quién no ha juzgado severamente una acción banal? ¿Quién no se ha erigido alguna vez en faro moral y ético? Y por fin, ¿quién no ha sido víctima de todas esas cosas juntas? Esa habitualidad de los acontecimientos es lo que nos puede hacer pensar que es una película menor de lo que es porque nos pone, como en un espejo, lo que vivimos cada día sin darle importancia. Lo dicho, El drama no es una gran película, pero sí es una narración muy interesante.

ISABEL BANDRÉS


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