lunes, 31 de agosto de 2026

 

JURAMENTO
MARÍA LUISA MAILLARD

Existe una fórmula del lenguaje, que ancla sus raíces en los orígenes de la civilización occidental y en la que el hombre ha depositado tradicionalmente la verdad de su palabra: el juramento. Hasta hace poco, era habitual escuchar estas expresiones cuando una persona quería avalar con contundencia que aquello que expresaba se ajustaba a la verdad. “Te lo juro”, “te lo juro por mi vida”, “te lo juro por mi madre”, te lo juro por lo más sagrado”.

Hoy en día se están perdiendo tales expresiones, pero existen aspectos de la convivencia, especialmente relacionados con la responsabilidad respecto al conjunto de los ciudadanos, en las que la fórmula se ha mantenido. Se jura la bandera para avalar la lealtad y el servicio a la nación, juran su cargo los miembros del poder judicial y juran los políticos quizás, porque en los orígenes el juramento era el principal aval de la democracia, como parece manifestó el espartano Licurgo. Otros autores como Aristóteles o Cicerón, también reflexionaron sobre la importancia política de un rito que se popularizó en la Edad Media cristiana. La gran mayoría de nuestros gobernantes lo han mantenido en la actualidad, en muchas ocasiones sustituyéndolo por la promesa; pero la promesa no parece mantener el vínculo con la verdad del juramento. Será porque estamos instalados en una “sociedad líquida” y el juramento requiere solidez.

El juramento está en retroceso en las sociedades occidentales, sin duda por su ligazón originaria con el aval de los dioses, pero como muy bien señala Giorgio Agamben en su espléndido libro El sacramento del lenguaje, olvidamos que lo que está en juego, no es sólo la referencia a una esfera mágico-religiosa, sino también la afirmación de la verdad y fiabilidad de la palabra. En oposición a Foucault quien señala que el hombre es un animal en cuya política le va su vida de ser viviente, Agamben añade que es también el viviente en cuya lengua le va su vida. El filósofo italiano encuentra los orígenes del juramento en el momento en que el hombre, al encontrarse expuesto a la posibilidad tanto de la verdad como de la mentira, encontró la fórmula de preservar la verdad, respondiendo de sus palabras con la vida.

Afirma Paolo Prodi en El sacramento del poder que el juramento ha sido la base del pacto político en la historia de Occidente; pero ese pacto se ha roto en la época actual, señala Giorgio Agamben en el libro mencionado con anterioridad, publicado en el año 2008. Nos encontramos en un momento, escribe allí “en que todas las lenguas europeas parecen estar condenadas a jurar en vano y en que la política no puede asumir otra forma que la de la oikonimia, es decir, un gobierno de la palabra vacua sobre la nuda vida”. ¿Nos suena de algo esta canción?

La ruptura que une las palabras, las cosas y las acciones humanas ha dado lugar a una proliferación sin precedentes de palabras vanas, sigue escribiendo el autor, mientras que los políticos intentan ocultar la vacuidad legislando sobre cualquier aspecto concreto de la vida de los ciudadanos, como si estos fuesen incapaces de alcanzar la edad adulta y ser responsables de sus decisiones.

 

La verdad, que fue una opción originaria y privativa del hombre, comparte el declive del juramento y ya no está de moda. Ha seguido el camino “líquido” de su conversión en opinión. La opinión no necesita contrastarse con la verdad, especialmente si dicha opinión se acomoda en el regazo de una ideología, que, según Hanna Arendt, es el mayor peligro para el desarrollo de una sociedad libre. La pensadora política dio en la diana al señalar en los años cincuenta la ideología como el instrumento capital para el desarrollo de los totalitarismos. También advirtió del peligro de su permanencia, al margen de sus derrotas temporales, como lo hicieron otras formas de gobierno en el pasado.

La ideología es, en resumen, para la pensadora política, una idea aplicable no a los seres humanos, sino al desarrollo histórico o natural que se convierte en premisa absoluta gracias a un desarrollo lógico. Fórmula entendida como el único movimiento del pensamiento, no como su necesario control. Importa la humanidad en su conjunto o la naturaleza, no el hombre. La ideología no está interesada en “el milagro de la existencia” y elude los hechos y la experiencia de la realidad, así como al hombre concreto de carne y hueso.

Nos están habituando a la normalidad de la mentira política, manteniéndonos ajenos al riesgo que ello conlleva. La verdad, que parece estar implícita en el juramento de servir a la nación y a sus ciudadanos, no es moneda corriente en nuestros lares.

Este caluroso verano, un periodo habitualmente calmo no muy proclive a las noticias, hemos tenido un ejemplo claro, cobijado, como ya es habitual, bajo el manto de la ideología. Dos sucesos de extrema gravedad han reclamado la respuesta de nuestros políticos. El que vamos a tratar hoy atañe a la integridad del territorio que nos hemos dado históricamente para convivir y a la vida y seguridad de los ciudadanos que lo habitan: la invasión de más de 80.000 magrebíes —según un ministro del Gobierno—, en una frontera del territorio español, que es una frontera europea.

Dejamos para la próxima entrega los pavorosos incendios que han asolado y siguen haciéndolo gran parte de la geografía de nuestro país, dañando vidas y haciendas. 

Los ciudadanos españoles que habitan en Ceuta, una ciudad de poco más de 83.000 habitantes, tuvieron que cerrar sus negocios, clausurar sus acontecimientos culturales y encerrarse en sus casas. Más de quince días después, se mantiene en la ciudad una cifra superior a los 10.000 magrebíes, según las autoridades locales, deambulando por las calles y provocando incidentes, entre ellos la violación de menores, ante la imposibilidad de los abarrotados servicios asistenciales de la ciudad para atenderlos y los escasos medios policiales de control. Parece comprobado que tanto el CNI como la Guardia Civil y la Armada habían alertado de la invasión sin ser escuchados; aunque no sea ésta la versión del Gobierno que permaneció inactivo durante los primeros días de la invasión y ahora su cabeza visible se encuentra de vacaciones.

No es la primera vez que Marruecos recurre a la práctica híbrida de la guerra utilizando a la población civil. En la invasión marroquí del Sahara español, también llamada “La marcha verde”, el 6 de noviembre de 1975 el rey de Marruecos movilizó hacia territorio saharaui cerca de 350.000 ciudadanos como fase previa a la invasión militar del territorio. Con posterioridad, en mayo de 2021, entraron en Ceuta unos 9.000 marroquíes. Tanto en este último caso como en el de la entrada actual hubo dejación, si no apoyo, por parte de las fuerzas fronterizas de Marruecos.

Más de quince días después de la invasión actual, el Gobierno sigue defendiendo la colaboración en la crisis del país vecino, ajeno a las acusaciones sin pruebas del Gobierno marroquí, respecto al maltrato de nuestra policía a los menores y a la reivindicación de Ceuta como parte de su territorio. ¿Qué arguye el Gobierno español como causa de la invasión y de su inacción para prevenirla y solucionarla?

El mantra del recurso a la humanidad ante el problema migratorio —tesis ideológica que se barajó al principio, buscando mujeres y niños en la riada de hombres fuertes, jóvenes y musculosos— se sustituyó ante las dimensiones de la ocupación, por la del efecto llamada que provocó la sentencia de 11 de junio del Tribunal Supremo, en aplicación de la Ley Orgánica de Extranjería 4/2000 que limitaba la devolución de inmigrantes ilegales a los accesos terrestres. Los invasores llegaron en su mayoría a nado. Fueron las mafias, que aprovecharon la sentencia, las culpables de la invasión, dijeron las autoridades. Es obvio que las mafias se encuentran detrás de la llegada de pateras a nuestras costas —ahora mismo a las de Baleares—, pero las mafias funcionan por dinero, ¿qué dinero pueden obtener de nadadores voluntarios?

 

La mayoría de los invasores volvieron por donde habían venido y no precisamente por la presión del Gobierno español. Aún desconocemos con fiabilidad el por qué. Sin embargo, nos dejaron, aparte de miles de menores —muchos de ellos en la frontera de la edad adulta y entre los que, según indicios policiales pueden haberse introducido yihadistas—, el temor, por no decir la certeza, de que una próxima invasión es posible.

En pocos días el gobierno olvida las mafias y recupera el mantra de la humanidad ante el problema migratorio. Ya no se habla del riesgo que ha evidenciado la invasión ni la forma de prevenirla ni, por supuesto, de la situación de los habitantes ceutíes —que, según el Gobierno ya han entrado en la normalidad—; sino del drama de los menores —quizá no todos lo sean—, que deambulan por las calles de Ceuta. A tenor de la superpoblación de los centros de acogida y de la falta de previsión del Estado para dotarlos de personal y medios adecuados, no parece muy halagüeño el futuro de los menores magrebíes, pero tampoco el de los ciudadanos españoles que, como ahora los residentes en Ceuta, deben seguir sufriendo la inseguridad en sus calles, la suciedad, la quiebra de su economía y el colapso de su sanidad, mientras los responsables de la nación se mantienen de vacaciones, enviando mensajes de cómo disfrutar de los días de asueto recomendando libros o canciones. Claro ejemplo de lo que Giorgio Agamben denomina como la Oikonimia: el uso en política de la palabra vana.

MARÍA LUISA MAILLARD

MISCELÁNEA
ISABEL BANDRÉS

INMIGRACIÓN

Lo sucedido en Ceuta ha colocado el debate sobre la inmigración como tema prioritario en la sociedad. Hay que señalar los mensajes contradictorios y confusos que todos los políticos envían a la población española y recordar que la inmigración es un tema muy complejo y está reglada por las leyes españolas y, sobre todo, europeas. Marlaska el día 11 de agosto manifestó: “Todas las personas que han entrado de forma irregular a Ceuta, evidentemente, serán objeto de retorno por cumplimiento de la propia ley”. Albares y Bolaños se han sumado a esas declaraciones. La Comisión Europea, por boca de Markus Lammert, aseguró: “Todos deben ser devueltos a Marruecos”. Y añadió en una segunda comparecencia: […] excepto los menores”. Feijóo pide que todos sean devueltos. Dejando atrás el caso de los menores, la legislación europea, que votaron el PSOE y el PP, fija unos protocolos muy estrictos para devolver a los inmigrantes a sus países de origen y completar los expedientes pueden durar muchos meses, incluso años. El caso es confundirnos con un lenguaje populista que va a las tripas de los votantes y huir de la realidad. Si quieren cambiar las leyes que las cambien, pero hoy por hoy, estamos sujetos a la legislación vigente y esa legislación no permite devolver a todos y menos a los menores a su país de origen por arte de magia. Si lo hacen estarán prevaricando. Ahora se abre otro debate político-jurídico: ¿son invasores o inmigrantes? El Gobierno ha abandonado sus obligaciones, el caos se ha instalado en Ceuta y treinta días después no sabemos qué va a pasar. Pero sabemos lo que ha pasado: dejación de funciones por parte del Gobierno, palabrería vacía por parte de todos y mentiras. Marruecos nos ha tomado las medidas.


CAMBIO CLIMÁTICO

La temporada de incendios forestales de 2026 es una de las más devastadoras de los últimos años en España. Según datos recopilados por los servicios de emergencia, el fuego ha arrasado más de 226.000 hectáreas de superficie forestal, lo que supone un incremento del 62% respecto al año anterior. Además, se han contabilizado 43 grandes incendios forestales, prácticamente el doble que en 2025. La contaminación que ha provocado el fuego es difícilmente cuantificable. Un desastre ecológico cuyas consecuencias ya estamos pagando.

La culpa, dicen, es de las altas temperaturas. No es del todo cierto, el abandono y la dejadez de las diferentes administraciones han tenido un papel importante. Los montes no se limpian en invierno, los corta fuegos que deberían ser de entre treinta o cincuenta metros suelen ser de diez. Cualquier trámite para limpiar los bosques, como la retirada de troncos caídos, requiere una serie de permisos burocráticos dilatorios. Ineficacia, dejadez y falta de sentido común han sido las cerillas que han provocado los incendios y el cambio climático ha ayudado a su propagación. Bajamos la guardia y nos limitamos a cruzar los dedos a ver si hay suerte cuando deberíamos estar más alerta. Y, además, desde mediados de mayo ya se han registrado 4.800 muertes atribuidas a las altas temperatura, la cifra mayor de la serie histórica.

IDIOTEZ

La estupidez es una característica del ser humano. Todos hemos cometido y seguimos cometiendo dislates. ¿Cómo no me di cuenta? ¿Estaba ciego o tonto o las dos cosas? Nos recriminamos tras las múltiples tonterías que cometemos a lo largo de la vida. Reconocerlo es signo de que no somos totalmente bobos. Los políticos nunca reconocen que comenten estupideces monumentales por incapacidad, descuido o falta de sentido común. Así como la idiotez está muy extendida, el auténtico talento es excepcional y se da en contadas y rarísimas ocasiones: Einstein, Cervantes, Mozart…

HUMILDAD

Nuestra existencia es solo una historia más entre muchas otras y como otras no tiene ninguna relevancia para la humanidad. Solo unas pocas vidas representan un verdadero avance. Saber que nuestra vida es pequeña, como la de la mayoría, no significa que no podamos tener una existencia más o menos satisfactoria y que no seamos capaces de tener relaciones amables con los otros. El narcisismo impera en nuestro mundo actual y sentirse especiales suele ser hoy lo habitual. Un ego desmesurado es una carga muy pesada para todos, tanto para el egocéntrico como para los que le rodean. De Gaulle poseía un carácter arrogante que conseguía sacar de quicio a Churchill: “Se cree Juana de Arco, pero no consigo que mis malditos obispos lo quemen”, soltó en una ocasión. Mantener un ego equilibrado nos evitará disgustos y molestias: no tendremos que demostrar constantemente lo maravillosos que somos y nos evitaremos ser quemados en la hoguera del abandono por insoportables.


RUIDO

Somos una sociedad ruidosa. Hablamos alto. En un bar apenas podemos oír al que nos acompaña porque el vocerío de fondo nos lo impide, así que elevamos la voz y ya nadie puede escuchar nada. Cuando viajamos, nos maravilla que, en otros países, se oiga el silencio en restaurantes, trenes, tranvías… Las gentes hablan bajito y algunos nos esforzamos por bajar el tono, otros, no, y nos avergüenzan. Tendemos a ocupar el espacio acústico de los demás. Pasa lo mismos con nuestros políticos, elevan la voz, vociferan principios éticos que no poseen, promesas que no cumplen, insultos hacia el contrario… ¿Para qué? No se sabe. Hacen tanto ruido que muchos españoles ya ni los escuchamos.

SILENCIO

Huimos de él, nos da miedo. Necesitamos el ruido de la televisión, de la radio, de las redes sociales, de los WhatsApp… para no sentirnos perdidos. El silencio íntimo es abrir un espacio interior para dejar paso al pensamiento. A veces, estamos en silencio en soledad y otras acompañados, no hay mejor signo de confianza y de amistad que poder compartir el silencio con el otro. Nos cuesta no precipitarnos por los acantilados de la cháchara. Ya lo decía Simone Weil: “No hay dicha comparable a la del silencio interior”. Y escribe Byung Chul-Han en su último ensayo: “La excesiva comunicación digital destruye el silencio. La información hoy es un ruido”. Hay que distinguir el silencio cerril y el silencio íntimo necesario para el diálogo interior, para el pensamiento y para la escucha del otro.


REPARACIÓN

El judaísmo usa dos palabras, Tikún olam, que significan “reparar el mundo”. No hacer del mundo algo perfecto, lo que es imposible, pero si repararlo. Responsabilizarnos no solo de nuestro propio bienestar moral y material, sino también del bienestar de la sociedad en general. Aquí diríamos: poner nuestro granito de arena, ayudar en lo que se pueda, echar una mano… Hannah Ardent nos habla del amor mundi y sus implicaciones para la acción política. En su obra nos señala cómo las personas deberían actuar juntas por amor al mundo y así conservarlo y preservarlo de la ruina.


FELICIDAD

La felicidad no se dilata a lo largo de toda la existencia de un ser humano. En toda vida hay momentos felices, pero esos momentos son puntuales. Sin embargo, nuestra sociedad se empeña en que seamos exultantemente felices constantemente y nos crea una especie de histeria colectiva por alcanzar algo que no existe: la felicidad permanente. El filósofo Josep María Esquirol en la obra La penúltima bondad, señala: “En la sociedad actual, parece que haya que buscar la felicidad como quien busca setas. Como si la felicidad fuera algo que se pudiera encontrar de golpe, o como si fuera un estadio en el que, una vez alcanzado, uno pudiera instalarse ahí para siempre”.

Los filósofos colocan la felicidad en el mundo interior y la vinculan con la ética, diferencian una vida buena de una buena vida. Somos seres sociales por lo que necesitamos, sobre todo, mantener con los otros una convivencia pacífica y sentir la calidez humana más que tener un yate, aunque tenerlo tampoco estaría mal pero no es lo prioritario. La felicidad va de dentro a fuera y no de fuera a dentro. Aristóteles nos recuerda que “actuar bien es lo mismo que ser feliz”. No hay que negar que la vida es mucho más llevadera si, además, se tienen cubiertas las necesidades materiales y se goza de buena salud.

DIÁLOGO

Nos gusta mucho hablar, pero menos dialogar. Dialogar significa un intercambio de ideas y reflexiones diferentes que nos ayudan a pensar y a enriquecer nuestras vidas. Nos encanta creer que siempre tenemos razón y por lo tanto tendemos a imponer nuestras ideas, eso no es dialogar ni conversar. En el diálogo no se impone nada, se reflexiona libremente sobre algo. En los totalitarismos, de derechas o de izquierdas, no existe el diálogo solo el dogmatismo y la imposición.

Una buena conversación es todo lo contrario a la uniformidad de pensamiento. Martín Buber, pensador austríaco-israelí, afirma que el diálogo es indispensable para la existencia humana. Hannah Arendt nos habla de la necesidad del diálogo interior que hace que reflexionemos y nos llevemos la contraria para encontrar algo de verdad. El diálogo solo es posible en las democracias y requiere una apertura personal hacia el otro y lo diferente. Dialogamos con los que piensan distinto y necesitamos argumentos sólidos, racionales, una actitud abierta y no es fácil.

Ha sido un verano difícil y septiembre anuncia múltiples conflictos mundiales y nacionales. Y, sin embargo, no tenemos otra salida que mantener una pequeña y firme esperanza en los demás y en nosotros mismos. Hay gentes, la mayoría, que luchan desde sus puestos de trabajo y desde la buena voluntad para que el mundo no se vaya por el despeñadero. Es difícil, pero sin esa leve esperanza, ¿qué nos queda?

ISABEL BANDRÉS



IMÁGENES SOBRE LAS MUJERES Y LOS LIBROS
62. MUJERES CON LIBROS PINTADAS POR RENOIR
INÉS ALBERDI


Hay algunos artistas que se han recreado más que otros en retratar mujeres leyendo. Vamos a dedicarle una entrega individual a cada uno de ellos.

El primero que encontramos es Renoir, uno de los más afamados entre los impresionistas franceses. Auguste Renoir (1841-1919) ha sido llamado el pintor de la vida alegre y feliz. Su obra posee una luz y un colorido extraordinario y se considera uno de los grandes retratistas de su época. Realizó innumerables retratos de mujeres y niñas leyendo.

Auguste Renoir, Francia (1841-1919)
La señora Monet leyendo Le Figaro, 1872
(Retratada simultáneamente por Renoir y Monet)
Museo Gulbenkian, Lisboa

Además de sus cuadros de ambiente parisino, como las fiestas dominicales cercanas al río Sena, Renoir se especializó en hacer retratos y realizó una enorme cantidad de ellos. En múltiples casos retrata a las mujeres leyendo o con un libro de sus manos.

Mujer con una carta, 1980
Museo de la Orangerie, París

La señora Chocquet leyendo, 1876
Colección privada


Niña leyendo en su jardín
 con un perro en sus rodillas
, 1874
Colección privada

Hemos encontrado múltiples ejemplos de estos retratos, aunque solo vamos a mostrar un cierto número de ellos. Por ejemplo, esta joven leyendo muy concentrada.

Niña leyendo, c.1895
Colección privada

O esta mujer, algo más mayor, leyendo un libro muy grueso.

Mujer leyendo, 1906/1909
Colección privada

En todos estos retratos se aprecian las características que le hicieron célebre, el saber mostrar la personalidad de la retratada destacando su belleza y, a la vez, de un gran realismo.

Gabrielle leyendo, 1906
Colección privada

A veces, los retratos  son de dos personas, como estas dos mujeres que leen juntas o esta pareja en la que el hombre observa lo que lee la mujer.

La lectura, 1918
Colección privada


Pareja de lectura, 1877
(Edmond Renoir y Marquerite Legrand)
Museo de Arte Moderno de Gunma, Japón

A través de estos retratos se aprecia a la vez el valor que Renoir daba a sus modelos y el interés que mostraba por la literatura.

Joven mujer leyendo, s/f
Colección privada

La lectora, 1887
Colección privada

Mujer leyendo en un banco, c.1905
Colección privada

En algunas ocasiones, lo que parecen que leen sus modelos son revistas de actualidad o de moda.

Leontine leyendo, 1909
Colección privada

Otras veces parecen estar absortas en la lectura de una novela.

Niña leyendo, 1890
Museo de Bellas Artes de Houston, Estados Unidos

Y no faltan ejemplos de madres o padres que leen a sus hijas.

El alfabeto (Jean y Gabrielle), 1897
(La pintura retrata a la niñera de la familia, Gabrielle Renard,
enseñándole a leer a un joven Jean Renoir, quien más adelante
se convertiría en un famoso director de cine).
Colección particular

En el estudio, 1876/1877
 (Georges Rivière y Margueritte Legrand), 
Colección Wendy y Emery Reves en el
Museo de Arte de Dallas, Estados Unidos

También tiene retratos de niñas, que son quizás los más bellos de su repertorio.

El libro de imágenes, 1895
Colección privada
INÉS ALBERDI



GENTE DEL ARTE, GENTE DE ACUARELA

ARA DE HARO

Durante toda mi vida, que ha sido buena, casi feliz en numerosas ocasiones, muy dolorosa a veces, pero nada especial, ni heroica, ni llamativa, ni tampoco especialmente conflictiva, he mantenido una doble pasión: mi trabajo como profesora universitaria de historia del arte y mi vocación de escritora.


La escritura apareció primero. A los seis años pergeñé mi primera obra escrita, también, creo recordar, profusa y algo caóticamente ilustrada por mí (nunca he creído en acatar mansamente los supuestos límites que marcan los contornos de las cosas): “Los perros con lunares que vivían en Alcalá de Henares”. Sin duda influida por el clásico Disney de los 101 Dálmatas. Por supuesto que no tenía ni idea de dónde estaba Alcalá de Henares, pero el pareado me pareció, con razón, atractivo y adecuado. Mi infancia, en la que no me faltaron libros de todo tipo, desde Tintín a Flor de Leyendas, Heidi, Corazón, y por supuesto, Mujercitas, fue, en sus orígenes cinematográficos, una infancia Disney, que pronto cayó bajo el embrujo Hollywood. A los trece tenía una libreta con candado que contenía poemas, dibujos y pequeños textos de prosa poética que no enseñaba a nadie, pero que, en realidad, deseaba mostrar a todo el mundo. A los quince años, mi abuelo paterno, que era por entonces el único, siempre junto con mi madre —siempre—, que creía en mi futura capacidad de escritora, me animó a enviar un cuento a una revista y publiqué mi primer relato, que ya trataba de algo que siempre me ha interesado: el inevitable fracaso, y, a la vez, el opacado resplandor, que toda vida conlleva.


Luego, como es lógico, ocurrieron muchas cosas, muchas pérdidas, muchas enseñanzas, muchas tormentas y estaba escribiendo una novela de detectives (mi primer intento literario), cuando comprendí que tendría que ponerme finalmente con esa tesis de la que me había pasado varios años hablando, y aún más de tiempo, fantaseando. La Tesis Doctoral. En realidad, me horrorizaba hacerlo. Ya tenía para entonces pequeños artículos, además de algunos relatos escritos y publicados, pero me parecía que ese arduo ejercicio acabaría para siempre, y por puro aburrimiento, con mi vocación de escritora. Sin embargo, ocurrió lo contrario, con un inmenso esfuerzo, y en una gran soledad, pero fue en ese momento de mi vida, cuando aprendí realmente a escribir.


En fin, a todo esto, desde siempre, guardaba una tercera vocación oculta, la de ser una artista visual: pintar y dibujar, ya que desde muy temprano, los relatos y sus distintas “formas” que veía inscritos en las obras de arte plásticas, me fascinaron. Y el hecho de que las obras resultaran muy a menudo más difíciles y elusivas de “leer” solo les añadía mayor valor e intriga.


En el cruce de todas estas aspiraciones intelectuales y artísticas se ha ido desarrollando mi vida profesional. He sido profesora, me ha gustado investigar, escribir, estimular y guiar a mi alumnado. Con otro nombre, he sido una escritora, siempre con muy poco tiempo que perder, y por eso mismo, solo escribía lo que no podía evitar, lo que realmente necesitaba expresar. Y a partir de la cuarentena empecé a dibujar y pintar también, pero solo para mí misma.


En este libro reúno quince relatos que nacen de mi conocimiento e interés por el arte visual, pero también de mi fascinación por las vidas que existen detrás de las obras artísticas y por la necesidad de reflexionar sobre lo que impulsa a quienes dedican su existencia —con fortuna o sin ella—, al arte.


Estos relatos presentan una diversidad de enfoques, tonos y miradas, sin duda con resonancias de otras obras mías anteriores: novelas, biografías y ensayos. En ellos conviven artistas reales y ficticios, figuras célebres y otras anónimas que nunca llegaron a los museos. A través de sus historias recorro algunos momentos elegidos de los siglos XIX, XX y XXI y algunos artistas que me resultan particularmente atractivos, también me acerco a diferentes maneras de entender la creación y el destino artístico. Cada protagonista tiene su propia voz y cada relato adopta un ritmo y un estilo particular, porque quería que cada historia encontrara su propia forma de ser contada.


Algunos de los relatos parten de personajes reales de la historia de la pintura, como Vincent van Gogh, Frida Kahlo, Berthe Morisot o John Singer Sargent. Mi intención no ha sido escribir nuevas biografías sobre ellos, sino acercarme a sus vidas desde una perspectiva personal y subjetiva. Por eso, muchos de estos cuentos pueden situarse dentro de la llamada bioficción, un territorio en el que la realidad y la ficción se mezclan para ofrecer una mirada diferente sobre personajes que, en apariencia, ya conocemos.


En el caso de Van Gogh, por ejemplo, parto de una simbología propia e inventada, la del “perro amarillo” de la mala suerte o del “destino” que parece acompañarlo durante toda su vida. En el relato dedicado a Frida Kahlo selecciono tres momentos o elementos que me permiten acercarme a su universo: el accidente como detonante vital y artístico, el mono como animal fetiche relacionado con sus deseos y las plantas como expresión de una vida silenciosa que la une con lo telúrico. A través de estos recursos busco iluminar aspectos menos conocidos del mundo de los artistas, pero también experimentar con la prosa, descubriendo nuevas formas de mirar el arte y a personajes que ya han sido objeto de innumerables relatos y biografías.


Junto a los artistas históricos aparecen personajes ficticios que me permiten explorar otras dimensiones del mundo del arte. El poco tratado ámbito de los “amateurs” o aprendices, como en El gran blanco, Verde en vena o Color carne. En relatos como Vida de Bohemia o Huellas de carmín me acerco a las relaciones de poder, a la sexualidad, a la ambición, al deseo de reconocimiento y a las contradicciones que pueden surgir en torno a la creación artística. El mundo del arte puede estar lleno de belleza, pero también de intereses, manipulaciones y conflictos. Mis personajes se mueven en ese territorio ambiguo en el que el talento convive con la sombra de la duda, de la fragilidad en la que el artista puede ser, al mismo tiempo, un iluminado creador, y víctima de sí mismo o de su propio entorno.


Uno de los elementos que adquiere una especial importancia en el libro es el color. Mi acercamiento a los colores es el resultado de una verdadera fascinación, cómo búsqueda intelectual, iconográfica y como artista aficionada. Es la clave que da a cada obra su verdadero significado y a la vez es una elección espontánea, subconsciente, en la que, a pesar de los razonamientos, la intuición resulta decisiva. El color es siempre el verdadero corazón de un cuadro.

En algunos relatos el color se convierte en un lenguaje capaz de expresar emotividad. Me interesaba explorar la relación entre la escala cromática y la escala de los sentimientos, de manera que cada color pueda adquirir un significado simbólico y afectivo. En Gente de acuarela, el relato que da título al libro, esta relación alcanza una especial intensidad: los colores funcionan como un termómetro de los estados de ánimo y permiten “pintar emociones” difíciles de definir con palabras.


En todos estos relatos, el arte aparece de distintas maneras: puede ser refugio, iluminación, obsesión o condena. Para mí, es también una forma de resistencia y una manera de comprender el mundo. Los personajes se enfrentan a las contradicciones propias de la creación: la sensación de éxito o de fracaso, la libertad y la presión, el esfuerzo y la curiosidad, la opulencia que adormila y las ironías de la miseria. El éxito puede convertirse en una tiranía cuando obliga al artista a repetirse, mientras que el fracaso puede ofrecer la libertad necesaria para explorar caminos todavía desconocidos.


Esta tensión entre libertad y reconocimiento es una de las cuestiones que atraviesan el libro. La creación artística exige riesgo y, en muchas ocasiones, aislamiento. Sin embargo, también puede convertirse en un refugio frente a la soledad y el miedo. Me interesa mostrar esa doble condición del arte: aquello que puede salvarnos también puede herirnos; aquello que nos proporciona libertad puede convertirse en una obsesión; aquello que nace de una necesidad íntima puede terminar condicionado por la mirada de los demás.


En definitiva, Gente de acuarela nace de mi deseo de explorar la relación profunda entre el arte y la vida. No es solo un libro sobre artistas, sino sobre la necesidad irreprimible de crear, para los demás o incluso cuando nadie mira. Los quince relatos forman un conjunto de piezas independientes y complementarias en las que intento mostrar que detrás de cada obra de arte existe siempre una vida, con sus contradicciones, sus deseos, sus heridas y sus esperanzas.


A lo largo de mi trayectoria, el arte y la creación han sido mundos recurrentes, y este libro recoge y transforma muchos de esos intereses. Por eso lo considero una decantación natural de mi propio recorrido vital e intelectual. En sus páginas conviven diferentes épocas, personajes, voces y perspectivas, pero todos ellos comparten un mismo latido: la necesidad de crear y de encontrar, a través del arte, una forma de mirar aquello que no siempre sabemos ver.


ARA DE HARO

 



SIN NOTICIAS DEL 27
AUNQUE QUIZÁ EL 27 SERÁ LA NOTICIA
BIENVENIDO PICAZO 

Quedan aún algunos espasmos del estío, sin embargo, una vez que se instala septiembre en nuestro almanaque más íntimo, tal parece que el otoño se enseñorea de todo.

A pesar de lo lejos que nos va quedando la infancia “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, no hay año que pase sin echar de menos el olor de los libros de texto cuando retornábamos a las aulas prestos e ilusionados, ¡quién nos lo diría!, tras el verano que duraba una eternidad, deseábamos regresar a nuestros compañeros y, como digo, abrir los nuevos tomos que nos iban a ir moldeando. Lo primero que hacía era acariciar sus portadas —al de matemáticas no lo recibía con tamaño lirismo—, abrirlos y olerlos, al azar los desabrochaba varias veces hasta, imagino, vaciarlos de aquella fragancia de imprenta que me ha perseguido y no ha conseguido mitigar ni apaciguar un vicio que no oculto. Tan es así que cuando abro un libro nuevo sigo diciendo que huele a “principio de curso”. Con los libros de ocasión no someto a mis pituitarias a este rito.

He pasado, naturalmente, buena parte del verano pasando hojas, entre otras Ignacio Sánchez Mejías, el hombre de la Edad de Plata de, el inevitable, Andrés Amorós y de Antonio Fernández Torres. Cualquier aproximación al personaje es un viaje al Renacimiento y, como quiera que el año que viene es el que es, no estaría de más que alguien le diera nuevos brillos y en ese contexto conmemorativo programase alguna (o todas, no son tantas), de sus obras teatrales. Ni que decir tiene que, de la conmemoración, dizque oficial, no va a salir nada, bastante ocupados han estado desde el ministerio intentando opacar al personaje sin el cual nada de aquello, ni de esto, hubiese sido posible.

Sánchez Mejías merece un año para él solito, cosa que espero acontezca en 2034, ¡cuán largo me lo fiais! Tenerlo trasconejado tras las luces de aquella brillante generación porque ¡era torero! es, además de un insulto a la inteligencia, una ignominia tan sectaria como patéticamente cateta.

Dejemos la bilis y volvamos al costumbrismo con el que iniciamos estas fugaces líneas, ya que el noveno mes del año se nos ha echado encima y, todavía, con algún vago recuerdo epidérmico de las exposiciones al sol, abramos nuestro nuevo principio de curso con el anhelo con el que lo hacíamos hace tantas temporadas.

BIENVENIDO PICAZO

 


VERANO Y NOSTALGIA
NATALIA VELASCO

Nos bajamos en la playa de Gorliz y empezamos a caminar por el paseo marítimo dejando a un lado la ría mientras absorbíamos el verde de los montes vascos. Siempre que viajo a Asturias, a Cantabria, a Galicia o al País Vasco, la España húmeda de clima oceánico o atlántico, me concentro en su paisaje y lo fijo en mi cerebro porque, en momentos de estrés, cerrar los ojos y volver al verdor de ese monte, me tranquiliza y me serena, me alivia de la sequía de la meseta castellana o del asfalto madrileño. Durante el paseo, el cielo estaba a medio cubrir de nubes que iban y venían esquivando el sol. La temperatura, que bajaba la media de la península, asolada por la enésima ola de calor del verano, me reconfortaba después de haber pasado por el asfixiante calor de Madrid y alejaba la idea de los fuegos devastadores que cada verano nos desertizan un poco más.

En esto de la temperatura estival, los gustos son variados; los hay que quieren sol, playa y mar caliente y los hay que preferimos el mar fresquito y el cielo nublado e incluso un poco de chirimiri, de orvallo, de lluvia fina. A menudo, los unos y los otros son incompatibles. Yo me adapto a los dos, pero prefiero el norte, o este norte, que también se ha visto afectado por el cambio climático, donde hace un poco más de calor y llueve menos. Esa preferencia me hace sentir más outsider que autóctona y me avergüenza un poco, pero es el signo de los tiempos. Así, ensimismada en ese paisaje, me senté en una terraza del paseo con mi amigo Ángel a tomar el aperitivo. Dudé al pedir entre la cerveza, el vino o el vermut y me decanté por este último, que allí se llama un “Marianito”, y que contiene una base de vermut rojo, a la que se añade un toque de ginebra, Campari o bitter. Se sirve muy frío con hielo, piel de naranja y una aceituna. Con el primer sorbo, casi automáticamente, como los invitados del pasodoble En tierra extraña, se apoderó de mí la nostalgia. Marianito me llevó a la plaza de mi pueblo en las fiestas patronales, al alborozo y la alegría compartida, al aperitivo de los domingos después de escuchar el sermón de don Ángel, que era el mejor orador que he conocido, siempre al día con las noticias universales y los devaneos locales, siempre afinado al encontrar un punto de intersección entre ambos mundos y la palabra del evangelio con el fin de orientar, abrir horizontes, invitar a la reflexión, conciliar, humanizarnos. La belleza de la juventud me invadió por completo. Su ligereza, su brillo, su horizonte lejano. Todos somos bellos cuando somos jóvenes: la piel radiante, la frescura en la mirada, la inconsciencia de los actos, el impulso del amor que nos alienta y revitaliza, el baúl ávido de llenarse con recuerdos, la acción desprovista de miedo. La visión de una vida con horizonte nos fortalece. En la vejez, en cambio, sucede lo contrario. El Marianito funcionó como la máquina del tiempo y fui muy feliz mirando al mar del pasado.

Ha sido un extraño verano este verano, los incendios, la sequía, la inmigración, la crispación política, la vejez de mis padres y de los padres de otros, la mía propia. Nostalgia y melancolía se han dado la mano. No son un estorbo ni un dolor, más bien un estado contemplativo de la vida, una emoción de la memoria.

NATALIA VELASCO 


¿VACACIONES DE MÍ?
LIDIA ANDINO

Poco a poco las vacaciones van llegando a su fin y comienzan las rutinas post-vacaciones. El verano tiene muchas cosas positivas pero, en particular este año, debido a las altas temperaturas, llegó a ser un peligro para la salud, tanto que fue necesario refrescarse con duchas a menudo y con una gran necesidad de beber agua y zumos, además de usar ropa holgada y calzado fresco para salir a la calle.

Ahora toca volver al trabajo, a los estudios y demás actividades, contando con que —en el mejor de los casos—, se haya disfrutado del merecido descanso. Digo esto porque también puede ocurrir que, al regresar, algunos se sientan agotados, desganados, irritados y piensen que aquellos días pasados les han servido de poco. Otros, al regresar, se preguntan si tuvo sentido haber gastado en ese viaje tanto dinero. Seguramente, en algún momento, todos hemos participado de un comentario parecido. Volver no es sin consecuencias.

Corresponde reconocer que estas interrupciones anuales son necesarias para poder continuar, y aquí conviene apreciar el poder de la fantasía que reina después de un año laboral. Nuestro deseo inconsciente, nuestro psiquismo, trabaja sin interrupciones; no se contenta con algo específico, pues lo único que pide el deseo —motor de la vida humana—, es desear. 

Aun así, cada uno, en su singularidad, es responsable de elegir creer, o no, que podemos tomarnos vacaciones de nosotros mismos.

LIDIA ANDINO
Psicoanalista




ÁNGELES GASSET MORENAS (1907-205)
MARÍA LUISA MAILLARD

Hay experiencias que marcan como un destino una trayectoria vital, pero es preciso hacer uso de nuestra libertad interior para saber salvarlas. Soledad Ortega solía comentar: “Mi circunstancia, entre tantas otras cosas, contaba con la herencia de un hombre”. Si le hubiésemos preguntado a Ángeles Gasset prima del filósofo, autor de la conocida frase “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, probablemente respondería que su herencia era la impronta de la Institución Libre de Enseñanza. Esa herencia la llevó a colaborar en la hazaña de preservar sus principios en la dura posguerra franquista de los años 40, pero no sólo. Qué duda cabe que una enseñanza basada en desarrollar la potencialidad de cada alumno y su vida interior, la ayudó a desplegar su independencia, su amor a la cultura y su capacidad creativa en una España en la que la mujer había sido recluida en el hogar y sometida a una situación jurídica que ataba sus manos. Pero no su fantasía.

Ángeles Gasset nació el 9 de agosto de 1907 en el seno de una familia muy destacada a nivel intelectual en la España de la época. Su abuelo por línea paterna, Eduardo Gasset Artime, fue fundador del periódico El Imparcial en 1865, un medio que llegó a ser el más influyente en el periodo de la Restauración y decisivo en la formación del filósofo Ortega y Gasset. Su padre, casado con una hija de Eduardo, María Dolores, fue colaborador asiduo del periódico y se encargó de la dirección de éste cuando el hijo del fundador, Eduardo Gasset, fue nombrado ministro de Agricultura en 1900. Allí fue donde el joven Ortega batió sus primeras armas.

De espíritu liberal y muy atento al latido de su época, Eduardo Gasset estuvo así mismo presente en la creación de la Institución Libre de Enseñanza en 1876, formando parte de su junta directiva, una Institución que, como hemos señalado, cobraría un papel fundamental en la trayectoria vital de nuestra protagonista. El abuelo de Ángeles por línea materna, Enrique de las Morenas y Fossi, falleció en 1898 comandando a los “últimos de Filipinas”, en el sitio de Baler.

"Ángeles Gasset a lo largo de su vida"
Fuente: Guillermo de León, Turalia.blog. Temas de Cuenca (y alrededores).

El padre de Ángeles, José, fue el tercer hijo de Eduardo Gasset y ejerció como periodista y administrador de El Imparcial. Su madre, Cecilia Morenas, era la huérfana del capitán Enrique de las Morenas. Ángeles, una niña alegre, algo indómita y con una gran fantasía, recibió una esmerada educación bilingüe en el Colegio Alemán de Madrid hasta 1918, año en el que se creó el Instituto Escuela, siguiendo las líneas educativas innovadoras de la Institución Libre de Enseñanza. Allí fue donde, a edad temprana, encontró el ambiente propicio para desarrollar su personalidad desbordante, que chocaba con el corsé de la sociedad de la época.

No quiso seguir estudios superiores porque le atrapó un sistema de enseñanza que potenciaba la fantasía y el espíritu libre de los niños, con que ella se identificaba. Estudió Magisterio en la Escuela Nacional María Cristina y, a partir de 1916, impartió clases de párvulos en el Instituto Escuela de la mano de María de Maeztu y María Goyri. Allí tuvo por compañera a Jimena Menéndez Pidal. En 1933, en los cursillos preparatorios para acceder a maestra nacional, conoció a Carmen García del Diestro. Ambas amistades fueron decisivas en la difícil circunstancia de la dura posguerra española de los años 40.

El teatro infantil fue una de sus pasiones. Desde 1922 participó activamente en las actividades teatrales del Instituto Escuela y en 1935 representó con Jimena Menéndez Pidal La pájara pinta de Rafael Alberti con alumnos del Instituto Escuela. Ese mismo año inició una labor en la que vertería todo su potencial creativo, el teatro de títeres, a los que llamó “curritos”. De sus manos fueron saliendo personajes como Pelos, Panchita, Maricastaña, la Bruja cigüeña y el Caballero de la Capa y el Sombrero. Ángeles se convirtió en pionera del títere pedagógico en la escuela.


Carmen García del Diestro, Jimena Menéndez Pidal y Ángeles Gasset

La Guerra civil truncó su trayectoria vital, como la de tantos españoles. Se interrumpió la actividad docente de la ILE y sus locales fueron requisados para ser utilizados por baterías del ejército, almacenes u hospitales. En los primeros meses del conflicto, Ángeles salió de España hacia París con un grupo de niños que esperaban reunirse con sus padres, huidos del Madrid de las checas. Allí fue la primera residente en el piso amueblado del número 43 de la Rue Gross, donde la familia de su primo Ortega y Gasset acogía a los numerosos parientes y amigos —llegaron a ser más de 19—, que huían de Madrid y de la zona republicana. Según José, el hijo de Ortega: “fue un gran refuerzo para mi madre por su empuje en las faenas de la casa y por mantener el buen humor en aquel reducto”. Confirma José con estas palabras el carácter activo y animoso de Ángeles que, según otros testimonios, mantuvo a lo largo de su vida.

Ángeles Gasset regresó a España en 1938. Toda actividad educativa de la ILE había desaparecido por orden del nuevo gobierno, con el objetivo de depurar el magisterio español. Sin embargo, en la temprana fecha de 1940 Ángeles logró lo que parecía imposible. Junto a sus amigas Jimena Menéndez Pidal y Carmen García del Diestro, retomó la trayectoria del Instituto Escuela, creando el Colegio Estudio que inicialmente instaló sus reales en un pequeño chalet, próximo a la colina de los chopos. Allí encontraron refugio los antiguos profesores del Instituto Escuela y del Centro de Estudios Históricos. La labor de la ILE proseguía en la España franquista.

Durante más de 40 años Ángeles desarrolló su actividad como maestra, especializándose en actividades teatrales y, más en concreto, en el teatro de títeres, que utilizaba como recurso pedagógico. Inventó historias y personajes legendarios y rehabilitó un género que, tan antiguo como el hombre, había sufrido eclipses, pero también resurrecciones. Ángeles había vivido una de ellas antes de la guerra en autores como Lorca con El retablillo de don Cristobal o Alberti con La pájara pinta.

En 1955 viajó a Estados Unidos para visitar escuelas y asistió en Puerto Rico a un Congreso Internacional de títeres en la Universidad de Río Piedras. Esa experiencia le dio confianza para comenzar a publicar sus obras a su regreso a España. En 1959, Títeres con cachiporra; en 1960, Títeres con cabeza en; en 1962 La bruja cigüeña, por el que recibiría el Premio Doncel de títeres, y en 1964, La princesa cautiva. En 1975 escribió el guion para una película infantil El retablo de Maese Pelos, por el que recibió el Premio de Cultura Hispánica.

El espíritu inquieto de Ángeles, a pesar de la intensa actividad que desarrollaba en el Colegio Estudio, no dejaba de anhelar un espacio propio para su desplegar sus alas y lo encontró en la bella ciudad de Cuenca. Se compró una casa en la calle San Pedro en el entorno de la Plaza Mayor y la convirtió en un centro de encuentro de profesores y alumnos españoles y extranjeros, y en un foco cultural de modernidad. Pronto entró en contacto con el otro foco de modernidad de la ciudad: el grupo de pintores formado por los hermanos Saura, Fernando Zóbel, quien en 1966 logró poner en pie el Museo de Arte Contemporáneo de las casas colgadas, Manolo Millares y artistas locales como Gustavo Torner. Ángeles llevó a Cuenca su teatro de títeres y participó en otras actividades culturales como las semanas musicales; pero amante de la belleza y la tradición, también se empeñó a fondo en un proyecto, parecer ser debido a la petición del párroco del lugar, para rehabilitar la iglesia románica de Arcas, que se caía a pedazos. Fue un largo empeño, en el que hizo partícipes no solo a sus amigos, sino a sus alumnos de la ILE. Finalmente logró financiación de la Dirección General de Bellas Artes y el proyecto llegó a buen fin.

Ángeles Gasset falleció en Madrid en el año 2005, dejándonos no sólo su obra artística, sino el ejemplo de una mujer valiente que supo vencer una circunstancia adversa.

MARÍA LUISA MAILLARD



Del porfirismo a la Revolución (detalle), David Alfaro Siqueiros, 1957

OCTAVIO PAZ, DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA A NUESTROS DÍAS

ROSARIO HERRERA GUIDO

“[...] en 1960 la sociedad postrevolucionaria
se contemplaba en sus fábricas,
sus ranchos, sus mansiones a la Hollywood
y sus colosales monumentos
a las glorias y los héroes revolucionarios”.
Octavio Paz, Historia y política de México.

La Revolución Mexicana —dice Octavio Paz—, irrumpe en nuestra historia como una auténtica revelación de nuestro ser: la historia política y nuestro ser nacional la preparan (Paz, El laberinto de la soledad, México, F.C.E., 1993: 148). La Revolución clama por la verdad y limpieza democrática en el Plan de San Luis (5 de octubre de 1910). Por su ausencia de programa es original y auténtica; en ello está su grandeza y debilidad, pues todavía en la batalla y el poder, el movimiento se encuentra y define.

Jesús Silva Herzog advierte que nuestra Revolución no está influenciada por la Revolución rusa, a la que se le anticipa, ya que es un movimiento que nace en nuestra tierra y del drama creador del pueblo mexicano (Silva Herzog, Breve historia de la Revolución Mexicana, México, F. C. E., 1973).

Los precursores de la Revolución Mexicana son Andrés Molina Enríquez, Filomeno Mata, Paulino Martínez, Juan Sarabia, Antonio Villarreal, Ricardo y Enrique Flores Magón. Pero no piensan en México como problema ni proponen un nuevo proyecto histórico de nación. Molina Enríquez, con los zapatistas, piensa el problema agrario. Flores Magón desconoce que su anarquismo está alejado de la Revolución.

Los antecedentes más reconocidos pueden resumirse: 1) una masiva clase media, en manos extranjeras, pero con personal nativo; 2) una generación inquieta que quería un cambio y que se une al descontento popular; 3) un conjunto de jóvenes que deseaban realizar los principios del liberalismo, como una expresión democrática que cambiaría a la sociedad y a los ciudadanos; 4) la crítica a la filosofía positivista del régimen por parte Antonio Caso y José Vasconcelos, que fundaron el Ateneo de la Juventud, con lo que terminaron de socavar la Dictadura (Octavio Paz, El laberinto de la soledad, F.C.E., 1993:152-153) y 5) el contexto internacional del porfiriato, que con la política liberal limitaba la influencia económica norteamericana y acudía al capital inglés, provocando el recelo del capital norteamericano (por lo que los Estados Unidos protegieron en su territorio a los revolucionarios).

Como los campesinos contaban con una tradición de luchas, los obreros carecían de derechos, experiencia y una teoría para el combate, estallaron huelgas que fueron reprimidas sin piedad. Pero los obreros se aliaron a Carranza y firmaron el "Pacto de la Casa del Obrero Mundial y el Movimiento Constitucionalista" (17 de febrero de 1915). Un pacto que los comprometió con una facción política que dividió al movimiento revolucionario y los encadenó a la familia revolucionaria hasta nuestros días.

Para Octavio Paz, sólo Emiliano Zapata planteó con claridad el problema. Su programa contenía pocas ideas, pero las indispensables para estallar las formas económicas y políticas que oprimían. Los artículos sexto y séptimo del Plan de Ayala, que preveían el reparto de las tierras, implicaban la liquidación del feudalismo y la institución de una legislación para un México contemporáneo. Pero como las revoluciones pueden desembocar en la adoración a los jefes, Carranza promueve "el culto a la personalidad", que continúan Obregón y Calles, lo que denuncia el fracaso ideológico de la Revolución, que exige un compromiso: la Constitución de 1917, para no volver al mundo colonial.

Del porfirismo a la Revolución (detalle), David Alfaro Siqueiros, 1957
Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, Ciudad de México

La Revolución Mexicana hizo suyo el programa de los liberales. Pero el programa liberal, con su división de poderes —inexistentes en México hasta nuestros días—, su federalismo teórico y su negación de la realidad, condujo otra vez a la mentira y la simulación. Y las clases dirigentes de México se redujeron, como siempre, a colaborar como administradoras y socias del poder imperial. Hoy los empresarios, los banqueros y los poderes fácticos, de hecho, pero no de derecho, cumplen la función de los latifundistas porfirianos. 

Tras el período militar, muchos jóvenes intelectuales colaboraron con los gobiernos revolucionarios. Fueron consejeros de los analfabetos generales, los líderes campesinos o sindicales y los caudillos en el poder. A los pintores se les encargaron los muros públicos. La inteligencia trabajó en proyectos de leyes, planes de gobierno, tareas educativas, fundación de escuelas y bancos agrarios. Una colaboración que favoreció la continuidad de los intereses de la familia revolucionaria.

Octavio Paz, vivió y murió pensando que todavía no logramos crear un movimiento democrático independiente que ofrezca soluciones a los grandes problemas de México. No contamos con un programa coherente y viable para crear una organización nacional, que venga de un movimiento popular independiente: “Los grupos que desean el cambio en México deberían empezar por autodemocratizarse, es decir, por introducir la crítica y el debate dentro de sus organizaciones. Y más, deberían examinarse a sí mismos y hacer la crítica de sus actitudes y sus ideologías. Entre nosotros abundan los teólogos soberbios y los fanáticos obtusos: los dogmas petrifican. La peregrinación intelectual de la izquierda sólo será posible si pone entre paréntesis muchas de sus fórmulas y oye con humildad lo que dice realmente México —lo que dicen nuestra historia y nuestro presente. Entonces recobrará la imaginación política. ¿O habrá que esperar, como en 1692, otro siglo?" (Octavio Paz, Historia y política de México 2, F.C.E., 1989:335). Octavio Paz se refiere a la rebelión de 1692, antecedente de la lucha por la Independencia, cuando los rebeldes se levantaron contra la dominación española y fracasaron, pues su instintiva revuelta no proponía ninguna afirmación, una idea sobre la que la sociedad mexicana se pudiera fundar después de la caída del poder virreinal.

Las grandes transformaciones históricas de México, alcanzadas a través de cruentas luchas y Congresos Constituyentes, se vinculan a ideales: 1) la libertad, que con la Independencia instaura la autodeterminación y soberanía nacional frente al dominio español, suprimiendo el orden colonial y liberando al pueblo; 2) la Reforma que establece un Estado laico y derechos civiles, instaurando la república democrática y 3) la Revolución que enarbola el combate a la desigualdad y el despojo, a través de la garantía de los derechos agrarios y laborales, a fin de decretar el bienestar común y la equidad, para campesinos y obreros. 

https://drive.google.com/file/d/1uwhpQ3DpFDb_u0KoSfn94y1SK6qTjz2s/view?usp=sharing


ISABEL BANDRÉS

El director de cine checo, Ondřej Provazník, nos narra la historia de Karolina, una niña de trece años que se une a un coro de élite donde cantará junto a su hermana y otras chicas de su ciudad. Su gran talento pronto llamará la atención del exigente director del coro, quien, poco a poco, se aprovechará de los sueños de triunfo de la niña para ir acercándose a ella y se crea un ambiente tenso entre el resto de sus compañeras. La historia está basada en un hecho real: el caso Bambini di Praga que en 2004 acabó con la condena a cinco años de prisión de Bohumil Kulínský, director de un coro de adolescentes, por abuso sexual de menores, con un total de 49 víctimas entre 1984 y 2004.

Lo original de esta narración es que muestra con silencios, gestos y miradas más que con palabras lo que está pasando. El director de manera lenta e introspectiva nos va exponiendo el mundo íntimo de sus personajes. Lo que podría haber sido una narración prosaica sobre el abuso de menores, se trasforma en algo diferente: en una radiografía de la intimidad de sus personajes superando así los límites del lenguaje. Menos hablar y más sentir y mirar, parece decirnos. Para conseguir su objetivo emplea primeros planos y el ritmo es pausado. A veces puede parecernos fría, pero no podemos sino admirar esa manera de plasmar los hechos que suceden en un coro de niñas

Hay que destacar la actuación de sus actores principales sobre todo la de la jovencísima Kateřina Falbrová en su papel de Karolina. Vemos evolucionar su personaje desde sentirse halagada hasta llegar a sentirse avergonzada y culpable. La narración es delicada y es capaz de transmitirnos de manera sutil una atmósfera de inquietud que se intensifica conforme va avanzando la narración. Una película que no alza la voz para contar los hechos, los disecciona en silencio delante del espectador.

Es una película interesante, para algunos quizá demasiado silenciosa, lenta o fría.  

ISABEL BANDRÉS







La narración comienza a principios de 1936, se sitúa, principalmente, en el pueblo de Al Basma, cuyos campesinos de origen palestino se ven asediados. Colonos judíos procedentes de Europa y protegidos por los ingleses confiscan sus tierras. La directora, Jacir, parece decirnos: así empezamos y más tarde, fuimos a peor. La película se centra en las consecuencias del abandono de Palestina por los ingleses y la llegada de los judíos.

Por la pantalla desfilan Afra (Wardi Eilabouni), una niña vivaz de unos 12 años que vive en el pueblo con su madre viuda, Rabab (Yafa Bakri), y sus abuelos. El amigo de Afra, Kareem (Ward Helou), un zapatero emprendedor y su padre, un sacerdote ortodoxo de carácter apacible (Jalal Altawil). Yusuf (Karim Daoud Anaya), un joven que viaja en tren para trabajar como asistente del adinerado Amir (Dhafer L'Abidine). Khuloud (Yasmine Al Massri), una mujer moderna y periodista. El sádico oficial militar capitán Wingate (Robert Aramayo) que es el personaje más detestable de la película, un tipo mezquino.

La directora dibuja un fresco de la situación política y social en la Palestina de 1936 y el sufrimiento de miles de palestinos que tuvieron que dejar sus tierras y fueron perseguidos y torturados. También nos habla de las diferencias sociales entre dos familias palestinas: la que vive en Jerusalén es rica, sabe idiomas, anhelan el poder y las familias que viven en el campo que tienen que luchar por sus propias tierras. En la narración hay, sobre todo, mucho sufrimiento que lleva a los palestinos a tomar las armas, pero el pueblo judío no aparece físicamente, solo de manera referencial.

La historia, narrada desde múltiples perspectivas, se desarrolla durante un momento crucial para el pueblo palestino: el inicio de una revuelta de tres años contra el dominio cada vez más injusto del Imperio Británico y el impacto de los primeros colonos judíos que huyen de la persecución antisemita en Europa. Hay que recordar que la inmigración judía creció moderadamente durante los años 1920, aumentando sustancialmente en la década de los 30, debido a la difícil situación política y económica que sufrían en toda Europa especialmente en una Alemania prenazi. En 1922, se autorizó la creación de la Agencia Nacional Judía que pasó a ser el embrión de lo que sería el Estado de Israel. El flujo inmigratorio fue en ascenso hasta 1939. Tras la Segunda Guerra Mundial en 1945, al amparo de las organizaciones pro-Estado de Israel se produjo una migración masiva organizada. Naciones Unidas, en la reunión de 29 de noviembre de 1947, decidió la partición de Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío quedando Jerusalén bajo la administración de las Naciones Unidas. La violencia entre las comunidades judías y árabes estalló inmediatamente. El 14 de mayo de 1948, el último de los soldados británicos abandonó Palestina y los judíos, liderados por David Ben-Gurión, declararon en Tel Aviv la creación del Estado de Israel, de acuerdo al plan previsto por las Naciones Unidas. Y todos conocemos lo que sucedió y está sucediendo ahora: el horror, la muerte y la destrucción.

Palestina 36 es una buena película, pero a pesar de sus muchas virtudes no atraviesa la pantalla, no la hacemos nuestra. Sus personajes, magníficamente interpretados, no terminan de emocionarnos, nos resultan planos, esquemáticos. En fin, una lástima que se halla desaprovechado tanto trabajo y tanto esfuerzo, pero no termina de emocionar y de atraparnos.

ISABEL BANDRÉS 





DOLLY PARTON
SUSI TRILLO

Dolly Rebecca Parton Dean, conocida como Dolly Parton, nos dejó el pasado 25 de agosto y, aunque no tenía hijos, ha dejado millones de huérfanos, no sólo en su país.

Nació en el estado de Tennessee y falleció en su capital, Nashville (conocida como “Ciudad de la Música USA” por su importante industria discográfica country), donde residía desde hacía cinco décadas.

Desde allí, Dolly fue creciendo en su camaleónico personaje como compositora, cantante, actriz, escritora, productora, empresaria y filántropa, hasta convertirlo en estratosférico. Observen qué cifras: escribió más de 3.000 canciones, 49 álbumes, 11 premios Grammy, 25 números uno en la lista Billboard de música country, más de cien millones de discos vendidos y más de mil millones de reproducciones en línea.

Comenzó cantando en los 60 con Porter Wagonem y es ya muy conocida la anécdota de cómo clausuró esta etapa con él, que duró hasta bien entrados los los 70. Lo hizo componiendo I Will Always Love You (Siempre te amaré), siendo esta su gentil manera de despedirse de Porter cuando decidió comenzar su carrera en solitario. Magistral balada que, más tarde, popularizaría Whitney Houston para la película El guardaespaldas.

Dolly no se quedó confinada en el country. A pesar de los recelos de muchos se pasó al pop consiguiendo así un gigante abanico de seguidores, lo que le posibilitó poner en marcha su labor filantrópica. 

En 1988 creó la Dollywood Foundation, inicialmente centrada en combatir el abandono escolar en su condado natal de Sevier. Una de sus iniciativas llegó a ofrecer incentivos económicos a los estudiantes para que terminasen sus estudios y contribuyó a que la tasa de abandono escolar descendiera del 35% al 6%. La fundación continúa concediendo, además, becas de 15.000 dólares a jóvenes de la zona. 

En 1995 creó Imagination Library en recuerdo de su padre, un hombre al que ella consideraba inteligente pero que no pudo aprender a leer ni a escribir. Imagination Library envía gratuitamente a casa un libro cada mes a los niños desde su nacimiento hasta los cinco años. Comenzó acotando este servicio al Condado de Sevier, pero terminó extendiéndose por Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia e Irlanda. Han enviado más de 304 millones de libros y, en la actualidad, envía más de tres millones de libros cada mes. 

En 2016 los incendios asolaron parte de las Great Smoky Mountains, lo que hizo que centenares de familias perdieron sus casas. Dolly promovió My people found, un fondo que entregaba 1.000 dólares mensuales durante seis meses a unas 900 familias afectadas. La colosal respuesta de los donantes permitió aumentar la ayuda final y el programa acabó distribuyendo más de 12 millones de dólares. 

Cristina Blanco Vázquez recoge en El Debate que, en 2020: “un grupo de investigadores del Centro Médico de la Vanderbilt University, ubicado en Nashville, Tennessee, recibió un millón de dólares para avanzar en sus estudios contra la entonces novel enfermedad conocida como Covid-19. Los fondos fueron cortesía de Dolly Parton”. 

En 2022, anunció que costearía el 100% de las matrículas, así como el coste de los libros para cualquier empleado que eligiese continuar con su educación. Se refería a los 11.000 empleados que trabajan en su parque temático Dollywood Parks & Resorts, en Tennessee, que creó en 1961. De esta forma los nada menos que 11.000 trabajadores del parque, sin importar su edad o si trabajan a tiempo completo o no, se pueden beneficiar de esta nueva política. En Dollywood se ofrece gastronomía tradicional de esa región y espectáculos musicales que incluían apariciones de Dolly. 

En 2024, el huracán 'Helene' golpeó Tennessee y Carolina del Norte, Dolly Parton aportó personalmente un millón de dólares y sus empresas y su fundación sumaron otro millón. 

¿Comprenden ahora que la mitad de los americanos la consideren de la familia? 

La noticia de su desaparición ha dado literalmente “la vuelta al mundo”. Estados Unidos ha declarado 6 días de luto con las banderas a media asta. En Reino Unido, el pasado día 26, en la tradicional ceremonia de “Cambio de guardia”, la banda de la Guardia Coldstream rindió homenaje a Dolly Parton interpretando delante del Palacio de Buckingham, uno de sus grandes éxitos de los 80, la canción 9 to 5. Y, por descontado, políticos, artistas y público en general inundan desde entonces las redes sociales con sus despedidas.

Despedimos a una gran mujer, comienza su leyenda.

SUSI TRILLO