miércoles, 31 de agosto de 2022

 



PRÓXIMA TERTULIA LITERARIA AMMU

SERÁ EL



COMENTAREMOS LOS LIBROS DEL VERANO

El Guardián entre el Centeno (The Catcher in the Rye) es una novela del esquivo escritor J.D. Salinger, publicada en el año 1951 y de la que el autor admitió en alguna ocasión, como era de prever, que se trataba de una historia propia, cuando menos “semiautobiográfica”. En la narración se nos muestra la historia (en tan solo dos días) de Holden Caulfield, un joven que se encuentra en el paso de la adolescencia a la madurez. Una etapa de la existencia humana compleja que a veces encuentra dificultades, como en el caso de Holden, caminando entre el deseo y el temor a la madurez, combinado con la ilusión de aferrarse a su visión idealizada de la infancia.




Plena de emoción y crudeza, Tatiana Ţîbuleac muestra una intensísima fuerza narrativa en este brutal testimonio que conjuga el resentimiento, la impotencia y la fragilidad de las relaciones materno-filiales. Una poderosa novela que entrelaza la vida y la muerte en una apelación al amor y al perdón. Uno de los grandes descubrimientos de la literatura europea actual. La moldava Tatiana Tibuleac es consciente de que sus libros son “duros y atormentados” y reconoce que no sabe escribir de amor aunque lo haya intentado, una dureza que golpea en la primera novela que publica en español: El verano que mi madre tuvo los ojos verdes. Afincada en París, Tibuleac ha recibido el Premio de la Unión de Escritores de Moldavia, el Observator Cultural y el Lyceum por esta novela, editada en español por Impedimenta, una historia sobre la muerte, la redención, la maternidad y la reconciliación.


https://us02web.zoom.us/j/89644179091?pwd=WjB1MTA5bjhjcFpGSU9oai9uaWNkQT09




LA BIOGRAFÍA
VIDA DE VICTORIA OCAMPO, de LIDIA ANDINO, 
¡¡ESTÁ YA EN EDICIÓN!!
SERÁ LA Nº42 DE NUESTRA COLECCIÓN DE BIOGRAFÍAS DE MUJERES RELEVANTES


VISITA NUESTRA COLECCIÓN

http://www.eilaeditores.es/




EL IGUALITARISMO

MARÍA LUISA MAILLARD

El concepto de igualdad de derechos —económicos, sociales y jurídicos—, unido a la conversión del ser humano en ciudadano, ha ido derivando hacia un igualitarismo omnímodo, que llega hasta pretender eliminar las diferencias entre los seres vivos, como es el caso de los “especistas”. Todo ello es fruto de un abandono, en los años 80, de las grandes reivindicaciones universalistas que potenció el marxismo, por luchas minimalistas, siguiendo la consigna “posmoderna” de diseminar la lucha contra los focos de poder del “antropocentrismo capitalista” —familia, escuelas, cárceles, psiquiátricos—, sin dejar por ello de apoyar la ideología utópica inicial: la creación de un hombre nuevo desde el poder absoluto de un Estado totalitario.

Esta diseminación no altera un ápice la deformación de la realidad, a través de los anteojos de la ideología, que ya denunció Hanna Arendt, a mediados de los años 50 en Los orígenes del totalitarismo. “La ideología, dice allí la pensadora, se postula como una explicación total del mundo, independizándose de la experiencia y de la realidad misma. Pretende explicarlo todo deduciéndolo de una sola idea, a la que posteriormente se le aplica un proceso lógico, convirtiéndola en premisa incuestionable que se impone de forma arrolladora”.

La idea que ahora vamos a tratar, a rebufo de la actualidad, es la de la igualdad de enfermos mentales graves con el resto de los ciudadanos, que pretende torcer el brazo a la misma naturaleza la cual, en el seno de la misma ideología igualitaria, es inviolable, debido a su bondad intrínseca, como se refleja en la actual Ley de Montes 21/2015; pero la naturaleza es injusta. No reparte sus dones de forma igualitaria entre todos los hombres: hay hombres sanos y hombres que padecen una enfermedad mental grave. Hablamos de casos de esquizofrenia, trastorno bipolar, demencias o trastornos obsesivo-compulsivos—¿Qué hacer al respecto? Sencillamente eliminar o minimizar el componente biológico de la enfermedad y achacar su existencia a la opresión ejercida por los poderes médicos y sociales, mediante una práctica ya habitual en otros asuntos: trasladar, al presente de las sociedades occidentales, un pasado coercitivo, en este caso contra los enfermos mentales.

Es lo que postula la nueva Proposición de Ley de Salud Mental 122/000158, ya en trámite en las Cortes, que considera la enfermedad mental como un “constructo social” y un medio para discriminar a las personas diferentes, primando la ideología sobre el conocimiento científico de los expertos. Estos aparecen estigmatizados, al entender dicha Proposición de Ley que el uso farmacológico es una práctica coercitiva, cuando no iatrogénica, según denuncian asociaciones como la SEP (Sociedad Española de Psiquiatría) y la SEPL (Sociedad Española de Psicología Legal). Estas asociaciones rechazan una ley que ignora que el deterioro mental de algunas patologías puede hacer perder el control de decisión del que la sufre y que la utilización de farmacología adecuada no solo controla la enfermedad, sino que disminuye el riesgo de suicidio e incluso prolonga la vida. El problema actual, concluyen, no es de restricción de los derechos de los pacientes, que se encuentran suficientemente protegidos en la actualidad; sino de que no existan recursos comunitarios y profesionales suficientes para atenderlos. Algo que la ley no soluciona porque postula crear nuevas instituciones y organismos de control, lo que dificultaría, cuando no imposibilitaría, reforzar los asistenciales ya existentes.

La Proposición de Ley iguala en el ejercicio de todos los derechos y libertades fundamentales: políticos, jurídicos y económicos, al enfermo mental con el resto de los ciudadanos. En el ejercicio de su libertad y autonomía, el enfermo puede tomar decisiones respecto a sus deseos, su vida sexual y reproductiva y, lo que es más grave para sus cuidadores, los dota de capacidad legal para decidir si aceptan o no el tratamiento que determinan los expertos para mejorar su situación. En el caso de enfermos con potencial agresivo, dificultan su internamiento y, si este se produce, se prohíbe cualquier forma de contención mecánica o práctica coercitiva farmacológica, lo que entorpece, para ser suaves, la labor de los profesionales.

Los profesionales y las personas que atienden voluntariamente a este tipo de enfermos — que ahora se llaman “curatelas representativas”, en vez de tutores—deben respetar en todo momento las decisiones del enfermo. ¿Y qué sucede si este, al negarse a tomar su medicación tiene un brote psicótico y su decisión es atentar contra otras personas o contra sí mismo? ¿O simplemente que, en familias con recursos escasos, decide gastarse en una semana la asignación mensual que le concede el Estado? Si el enfermo goza de todos los derechos, también debe responder de sus actos; pero en este caso, la penalización recae de forma “solidaria” sobre sus cuidadores y allegados, que ahora se denominan, como hemos indicado, “curatelas representativas”. ¿Se puede penalizar de esta manera a las personas que, desde el cariño y el parentesco, sacrifican gran parte de su vida para cuidar a estos enfermos?

El respeto a la vida y libertad de cualquier ser humano, se encuentre en la situación en la que se encuentre, es, desde luego, una premisa incuestionable. Pero el ser humano no es de forma exclusiva el ciudadano sometido a derechos, que es el trasfondo de la ideología que sustenta esta ley. No está exento de su herencia genética, como ya hemos señalado; pero posee en cambio un reducto de intimidad, que es el que le permite reaccionar contra el mal y la injusticia, aún en situaciones extremas. “Hay algo en el ser humano que escapa y trasciende a la sociedad en la que vive”, escribe María Zambrano en Persona y democracia, “de no ser así, no hubiese habido más que una sola sociedad y no habría historia. […] El hombre no se agota en la historia, porque en alguna dimensión de su ser está más allá de ella. Y por eso la produce”.

Es “ese algo” que trasciende la sociedad, y que Simone Weil, en su afán por negarse a reducir lo humano a la etiqueta de “ciudadano”, denomina “lo impersonal” que habita en todos los hombres, aquello que dificulta la existencia del mal. En su propia argumentación, si el hombre fuera solo un ciudadano, ¿qué impediría a alguien, por ejemplo, arrancarle los ojos, si eso le divierte y tiene licencia para ello? No alteraría su sustancia, seguiría siendo un ciudadano, aunque sin ojos. Lo que puede detener la mano que causa el daño es que en el fondo del corazón humano se encuentra la esperanza de que se le haga el bien y no el mal. El bien es lo sagrado que hay en el ser humano, su sustancia, la fuente de su libertad íntima. “Salvo la inteligencia, la única facultad humana interesada en la libertad es esa parte del corazón que clama contra el mal”, sigue argumentando Simone Weil en su libro “La persona y lo sagrado“.

Es precisamente ese fondo insobornable, que conduce a algunos hombres a levantarse contra la injusticia de la ley, en situaciones extremas, en las que arriesga en ello su vida y que nos unifica a todos como criaturas, el que permite el trato con todo aquello que es diferente a nosotros, que está en otro nivel de nuestra propia realidad. Ese fondo, tan próximo al amor, es el que creo moviliza el corazón de todas aquellas personas que cuidan —por parentesco o por convicciones— a las personas que sufren enfermedades mentales graves. Respetémoslas.

MARÍA LUISA MAILLARD


Nota de la editora, S.T.
Las ilustraciones de este artículo corresponden a “The Uncomfortable", “lo incómodo”; añadiría yo, “lo absurdo”. Se trata de una colección de objetos cotidianos deliberadamente inconvenientes, creados por la arquitecta ateniense Katerina Kamprani. Para Katerina, rediseñar todos estos objetos cotidianos haciéndolos incómodos o hasta desagradables de utilizar, no es una venganza, sino un estudio útil del uso de los objetos que nos rodean en el día a día. Como ella misma dice: “Mi objetivo es deconstruir el lenguaje de diseño invisible de los objetos cotidianos simples y modificar sus propiedades fundamentales para sorprenderte y hacerte reír. Pero también, para ayudarte a apreciar la complejidad y profundidad de las interacciones con los objetos más simples que nos rodean. Este proyecto todavía en curso puedes seguirlo en la página web de Katerina. 

WEB DE KATERINA KAMPRANI - KKSTUDIO.

https://www.theuncomfortable.com/



LA GRAN SULTANA

DOÑA CATALINA DE OVIEDO

NURIA ALKORTA

El enunciado de este título, por un lado, nos presenta a este maravilloso personaje cervantino nos habla de su identidad y de su circunstancia y, por otro, también sugiere su conflicto personal y el asunto principal de esta «comedia de cautivos».


El autor, Miguel de Cervantes, incluyó esta obra tardía en la recopilación que hizo de su teatro en 1615 bajo el título Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados como Comedia famosa intitulada La gran sultana doña Catalina de Oviedo.


El primer aspecto que quiero resaltar aunque obvio, no menos relevante es el papel central que en La gran sultana Cervantes otorga a una mujer: una joven castellana de unos diecisiete años, una cristiana cautiva en el harén del Gran Sultán otomano en Constantinopla. El tema del cautiverio que el autor sufrió en sus propias carnes en Argel y que reprodujo en varias de sus obras cobra aquí su máxima expresión por medio de ella.


Aun con un estilo ligero propio del género cómico, la obra muestra los rigores de la esclavitud en uno de los principales destinos de la trata de personas en el siglo XVII: Constantinopla, capital del Imperio Otomano. En esta comedia Cervantes representa una abigarrada mezcla de personas de distintas procedencias, estatus y religiones que coexisten en una situación fundamentalmente injusta y peligrosa donde la vida de unos (los cautivos) está a merced de los otros (su amo y sus servidores). En la cúspide de esa jerarquía de dominio absoluto se erige el Gran Turco. Pero a diferencia de los demás personajes masculinos cautivos, el personaje de Catalina es además víctima del comercio humano y, luego, de la esclavitud en el harén del sultán. En su caso, como en el de muchas de aquellas cristianas cautivas, el sometimiento sexual del cuerpo y de su capacidad reproductora también implicaba un grave problema de conciencia. Tal es el supuesto que plantea la obra.



El «caso» del personaje con su subjetividad y circunstancia concreta puede también relacionarse, salvando las distancias, con el posible problema de conciencia de su autor en la España de comienzos del siglo XVII bajo el reinado de Felipe III. Sin duda, por un lado, las penalidades y los conflictos morales de doña Catalina de Oviedo pueden referirse a la difícil supervivencia de Miguel de Cervantes y tantos otros como él en el cautiverio argelino, pero, por otro lado, pueden expresar los problemas de conciencia del autor, ya de vuelta a la patria, respecto a la acuciante situación española en el tablero político del Mediterráneo y relacionado con ello a la difícil realidad de los moriscos en España que, como sabemos, se saldó con su expulsión forzada iniciada en 1609. Para el eminente profesor de Harvard Francisco Márquez Villanueva fallecido en 2013 y a quien aquí recuerdo con cariño y admiración la «utopía» cervantina de La gran sultana podría sugerir la posibilidad de normalizar los matrimonios mixtos entre moriscos y cristianos como una vía de convivencia y cohesión nacional.


Pero vayamos a los hechos del argumento de la obra. Cervantes ambienta esta peculiar comedia de cautivos en torno a 1607 o 1608. Para ello compone un variopinto mosaico de escenas que transcurren en la corte del gran sultán Amurates y los alrededores de su serrallo de Constantinopla, y en las que interactúan cautivos cristianos de distintas procedencias (la mayor parte de ellos parecen ser renegados), eunucos del harén, espías mercenarios y judíos, el Gran Turco y su Gran Cadí (máximo juez y líder religioso musulmán) junto a varios altos dignatarios de la corte otomana y un embajador persa. El primer plano de los personajes cervantinos se superpone a un fondo que muestra la gran política euroasiática de principios del siglo XVII y en el que también podemos divisar la corte española y su rey, Felipe III.


La obra comienza con la voz de alarma del eunuco Mamí cuando descubre en el harén a una esclava llamada Zoraida (Catalina), quien ha estado escondida durante siete años gracias a la ayuda del otro eunuco, el cristiano renegado Rustán. Alertado de tal traición pecado, según la ley mahometana y advertido de la belleza sin igual de la esclava, Amurates quiere verla e inmediatamente cae rendido ante la joven. Haciendo gala de gran inteligencia y de una determinación inusitada, antes de entregarse al sultán, Zoraida-Catalina exige unas condiciones y de modo absolutamente inusual el joven sultán las acepta de buen grado. Estas peticiones se refieren fundamentalmente a su libertad individual y son: recuperar y usar su verdadero nombre (Catalina de Oviedo), asegurar su libertad religiosa y de culto reuniéndose con otros cristianos, vestir en público a la española, convertirse en esposa legal del sultán, perdonar la vida a los dos eunucos y otorgar diversas mercedes a otros cautivos. En el tercer acto Rustán dice asombrado: «¡Extraño caso es este! / Ámala [el sultán] tiernamente; / su voluntad se rige / por la de la cristiana».


Silvia Marsó en La gran sultana, bajo la dirección de Adolfo Marsillac
CNTC, 1992

La principal línea de acción de esta utopía histórica y teatral se desarrolla según discurre el curso de la negociación entre Amurates y Catalina y, por ello, tiene que ver con el ardiente deseo del sultán que todo lo allana y los conflictos de conciencia de nuestra protagonista, pues ninguna de las excepciones otorgadas por el sultán a la joven esclava alivia la situación de pecado mortal que en la época suponía para una cristiana católica amancebarse o, incluso, contraer matrimonio con un musulmán. Puesto que siendo esclava no puede impedir las demandas del sultán, Catalina decide mantenerse firme en sus creencias: «No triunfará el inhumano / del alma; del cuerpo, sí, / caduco, frágil y vano». Su protector y confidente Rustán persuade a la joven:

Si pudieras huir dél;

te lo hubiera aconsejado;

mas cuando la fuerza va

contra razón y derecho,

no está el pecado en el hecho,

si en la voluntad no está:

condénanos la intención

o nos salva en cuanto hacemos.

 

Entre tantos otros, el ejemplo de Rustán muestra la proverbial humanidad de los personajes cervantinos, alejados del rigorismo y siempre propensos a la comprensión de las circunstancias de cada acto humano. Por otro lado, aun sin renunciar a su potestad, el joven sultán Amurates también da muestra de prudencia cuando replica a Catalina: «No quiero gustos por fuerza / de gran poder conquistados: / que nunca son bien logrados / los que se toman por fuerza». En efecto, en su comedia, Cervantes idea un «extraño caso».


Amurates y Catalina cada cual en un extremo del conflicto sufren a su vez y por separado las presiones y el juicio del Gran Visir y, luego, del padre de la joven. La determinación de los dos jóvenes debe vencer los impedimentos y restricciones de la costumbre y la religión musulmana y cristiana. Si para el Visir supone una amenaza la libertad religiosa de la nueva sultana así como su preeminencia en el harén como única madre de los futuros herederos rompiendo la costumbre y el ordenamiento sucesorio que determinaba que cada concubina solo diera un hijo al sultán, para el padre de doña Catalina un viejo hidalgo hecho cautivo, aparecido de improviso como «sastre» en la trama de la comedia es una deshonra ver a su hija como concubina de un moro.


En la escena de gran tensión dramática del reconocimiento entre el padre y la hija, cuando este toma medidas a Catalina para confeccionarle un vestido a la española, el sastre se dirige a la sultana diciendo con velada intención: «Venid acá, buena alhaja; / tomaros he la medida, / que fuera más bien medida / a ser vuestra mortaja». A continuación, el anciano profiere amenazas más claras de muerte y, como consecuencia, Catalina cae desvanecida: «¡No más, padre, que no puedo / sufrir la reprehensión; / que me falta el corazón / y me desmayo de miedo!». El sultán ignora la identidad del sastre y le manda apresar de inmediato para que lo ajusticien con tormento. Catalina vuelve en sí y con su intercesión logra liberar a su padre de la muerte, a quien el sultán ordenará colmar de «pompa y aparato» en su nuevo alojamiento en la Judería: es decir, el personaje del padre representa la figura de autoridad cristiana que se contrapone a la del Visir, figura de autoridad musulmana. La utopía cervantina protagonizada por dos jóvenes triunfa sobre la autoridad y costumbre de los viejos.

La gran sultana, montaje del Centro Nacional de Teatro Clásico, 1992


Se suele identificar el personaje cervantino del sultán Amurates de la comedia con el histórico Murad III, quien rigió el imperio otomano entre 1574 y 1595. De tal modo, el personaje de la gran sultana doña Catalina de Oviedo, podría estar inspirado en la histórica Safiye Sultán: una esclava cristiana ortodoxa de origen albanés, quien se convirtió en esposa legal de Murad y en madre de su heredero, con quien el sultán mantuvo una relación monógama durante varios años como ya se ha dicho desviándose de la costumbre y los usos sucesorios en el harén de la dinastía Osmanlí. En suma, la obra se ambienta en una época conocida como «sultanato de las mujeres» por el poder que ostentaron las esposas legales y madres reales en la corte otomana entre los siglos XVI y XVIII.


Una línea secundaria de acción se entrelaza con la principal de la gran sultana doña Catalina. Está protagonizada por una pareja de enamorados transilvanos (rumanos) llamados Clara y Alberto, también cautivos en el harén donde se les conoce como Zaida y Zelinda. Durante varios años de cautiverio han logrado disimular su amor y la verdadera identidad de Alberto (travestido de mujer); hasta que una vez consumado el matrimonio con Catalina y siguiendo la petición del Gran Visir, Amurates busca una nueva concubina y elige a Alberto-Zelinda. Clara-Zaida pide clemencia a la sultana y confiesa que está embarazada de Alberto. Doña Catalina intercede para impedir el descubrimiento de la profanación del harén (que les hubiera costado la muerte) y para exigir a su esposo fidelidad, pues, según anuncia, espera darle más hijos además del que lleva en sus entrañas desde hace tres meses. Como vemos, la ficción se trenza con la realidad en el personaje cervantino de la Gran Sultana doña Catalina.


Nunca he visto una representación de La gran sultana. La obra ha estado ausente de los escenarios a lo largo de algo más de cuatrocientos años salvo la versión «multicultural» de un espectáculo dirigido en 1992 por Adolfo Marsillach para la Compañía Nacional de Teatro Clásico y protagonizado por la actriz Silvia Marsó en el papel principal de doña Catalina. También veo que más recientemente, en 2011, el Teatre Garou representó un nuevo espectáculo de la obra, adaptada por Mavi Pastor, en el CCC L´Escorxador de Elche. Sirvan estas líneas para invitar a dar voz y cuerpo a la Gran Sultana cervantina en nuevos espectáculos.

NURIA ALKORTA




IMÁGENES SOBRE LAS MUJERES Y LA LECTURA
18. DIFERENTES TIPOS DE LECTURA
LIBROS RELIGIOSOS

INÉS ALBERDI

La religiosidad que, tradicionalmente, se ha fomentado en las mujeres se traduce, en la pintura, en una multiplicación de las imágenes de mujeres leyendo libros religiosos.

En contradicción con las dificultades que las mujeres han tenido para leer, se ha hecho una excepción con los libros religiosos y ha habido una incitación a su lectura. Con los libros religiosos se ha producido, muy tempranamente, una excepción a la desconfianza de la lectura femenina por parte de padres, maridos y confesores.

Friedrich Van Amerlich, Austria (1803-1887)
Lost in her dreams, (Perdido en sus sueños), 1835
Liechtenstein Museum, Viena

No hace falta llegar al siglo XIX para encontrar retratos de mujeres con libros religiosos. Con la Reforma de Lutero, a comienzos del XVI, la lectura se acrecienta por Europa. Frente a la norma del papado de que sean solo los sacerdotes los que lean e interpreten la sagrada escritura, Lutero defendió la lectura directa de la Biblia para todos los creyentes. Esto produjo una enorme extensión de la instrucción básica de la población en los países protestantes ya que todos, hombres y mujeres, debían ser capaces de leer los textos religiosos.

El hábito de leer la Biblia explica las elevadas tasas de alfabetización femenina en los países que adoptaron la Reforma, mientras que los países católicos, mayoritariamente las regiones del sur de Europa, presentan hasta bien entrado el siglo XX unas tasas muy elevadas de analfabetismo femenino. La lectura de la Biblia es el tema que encontramos frecuentemente en retratos de mujeres leyendo en los países del norte de Europa.

Marianne Stokes, Austria y Reino Unido (1855-1927)
Candlemas day (Día de la Candelaria), c.1901
Tate Britain, Reino Unido

Aunque las tasas de alfabetización femenina sean más bajas, en los países católicos proliferan los libros religiosos con recomendaciones de piedad, obediencia y silencio, como virtudes femeninas. Se reitera en ellos la idea de superioridad de los hombres, de la autoridad del marido y de la obediencia de las mujeres.

Los evangelios, la historia sagrada o las vidas de los santos, han sido por años lectura recomendada para las mujeres. Creemos que, en muchos de los retratos de mujeres leyendo que hemos encontrado, se trata de estos devocionarios o misales.

Stuart G. Davis, Rerino Unido (1890-1905)
A good book (Un buen libro), c.1860-70
Colección particular

¿Como podemos saber que son libros religiosos los que aparecen en un retrato? Por supuesto que son suposiciones. Para decir que las mujeres de estos retratos leen un libro religioso nos hemos dejado influir por el contexto y nos hemos permitido una cierta imaginación acerca de quién es la lectora, dónde y cómo posaba para su retrato. Y aunque se encuentran desde el Renacimiento retratos de mujeres con libros religiosos, aquí nos limitaremos a obras de la misma época en la que presentamos diferentes tipos de lectura, el siglo XIX y comienzos del XX.

Marie Spartalli Stillman, Reino Unido (1844-1927)
Beatrice, 1896
Delaware Art Museum, Wilimington, Estados Unidos

Hemos encontrado numerosas imágenes de mujeres que “parecen” estar leyendo libros religiosos, ya que los artistas impregnan de espiritualidad los retratos de las mujeres que nos presentan. No podemos saber lo que están leyendo, pero lo imaginamos. Algunos de estos retratos están tan cargados de sentimentalidad que más parecen querer acreditar la bondad y la inocencia de la joven que cualquier otro aspecto de la protagonista.

James Sant, Reino Unido (1820-1916)
La novicia, 1856
Harris Museum, Preston, Lancashire, Inglaterra

España no es una excepción a esa costumbre de retratar a las mujeres con un devocionario y hemos encontrado hasta seis ejemplos de uno de los pintores más singulares del cambio de siglo, Julio Romero de Torres, en los que creemos adivinar que el libro que se pone en manos de estas mujeres son misales o devocionarios.

Julio Romero de Torres, España (1874-1930)
Mujer en oración, 1910
Real Academis de San Fernando, Madrid, España

INÉS ALBERDI



LLORAR EN MADRID
NATALIA VELASCO

El jueves, al salir de trabajar, me dirigí a la academia de matemáticas Kumon para entregar los cuadernillos que había hecho mi hijo la última semana. La ola de calor azotaba la ciudad a las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde y todo mi ser fue impregnándose poco a poco de dolor: el dolor que a mi hijo le produce hacer los ejercicios de Kumom, a pesar de no emplear más de 15 minutos en dicha tarea; el dolor que me produce a mí invitarle incesantemente a que los haga con amor, sin recelo, con la suavidad con la que nos tomamos un chupachús o una caña, porque los beneficios que le van a reportar cuadruplican el esfuerzo; el dolor de mis rodillas que me dejan avanzar con dificultad y que se vuelve omnipresente; el dolor del planeta cansado de nuestro desdén que echa fuego por el asfalto de las ciudades.  Con todo ese dolor a mis espaldas, me senté en una terraza para descansar y refrescarme y esperar a que la profesora preparara más cuadernillos para mi hijo, más dolor, en definitiva. Y es que no se puede forzar el amor por el aprendizaje. Ni puede forzarse ni puede prohibirse.  Forzar y prohibir abocan a la opción contraria a la deseada. Así pasó conmigo. Mi padre no podía verme estudiar, ni hacer deberes, ni leer. No le gustaba. Recuerdo estar sentada en el suelo en mi habitación, recostada contra el lateral de la cama en las tórridas tardes de agosto apurando la lectura de Los renglones torcidos de Dios, llorando a moco tendido, y a mi padre irrumpir en la habitación y exclamar: “¡no solo pierde el tiempo leyendo, sino que además sufre haciéndolo!”. “¿Se puede ser más tonta?”, “¡vamos!”,”¡a comer he dicho!”. En realidad, mi padre, inteligente como es, sabía que quien lee mucho no se conforma con vender filetes de cerdo en una carnicería o con recoger paquetes de paja en los amarillentos campos de Castilla. Con razón intuía mi padre que los libros alejarían a sus hijos de la servidumbre del campo y, por lo tanto, de su sueño de convertirse en señor de una vasta hacienda que gobernara con autoridad y celo.  Razón no le faltaba, tres de sus cuatro hijos fueron a la universidad y el único que se dedicó a las labores del campo, no le dirige la palabra. 


Dos mujeres en un café, Ernst Ludwig Kichner

Yo solo tengo un hijo y me está pasando lo mismo que a mi padre, pero al contrario: las baldosas de la universidad no sentirán las pisadas de Kosta, ni a él acudirán la emoción y el temblor que encierran las paredes de los campus universitarios. Dos sueños frustrados con horizontes distintos y una misma forma de proceder. ¿Acaso me estaré equivocando?

Enredada en esos pensamientos andaba yo, sorbiendo recuerdos y cerveza cuando empecé a llorar, quedamente, sin otro afán que el descanso que proporciona la tristeza que fluye del alma por los ojos. Era un llanto libre, sereno, que daba salida a mi desazón y me aliviaba. Una mujer buscaba dónde sentarse y se fijó en mí. Posó sus delicados ojos azules sobre mi rostro y con discreción afirmó: “¡no corre el aire en ningún sitio!”. Yo seguía llorando y ella seguía mirándome, precavida, con la mirada tendida, alerta y llena de discreción. “¿Estás bien?, me preguntó. “Sí”, le contesté, “bueno, estoy llorando”. Entonces se acercó a mi mesa, la invité a sentarse y se sentó. Era menuda; sus ojos, todo mar y horizonte, azules hasta el infinito, sabían arroparte como hace una madre en los duros días de invierno. Pilar tenía el pelo corto y rubio, a lo garçon y el movimiento de sus manos destilaba confetis de paz. Me contó que hacía un mes que se había jubilado y que, desde entonces, todos los días bajaba a las cinco de la tarde a tomar un café. Su marido ludópata, su nieta de cinco años, su sentimiento de libertad y mis recuerdos, se trenzaron como espigas y se apagó el llanto.

Dos meses atrás, había leído un artículo en El País. Un anciano jubilado relataba cómo cada día durante ocho meses, lloraba por las calles de Barcelona la pérdida de su amada y cómo ningún día de esos ocho meses, había encontrado una mirada amiga que recogiera su llanto. Pensé en él, en el consuelo que le habría proporcionado una Pilar, un Jordi. Pensé en él y en mi ciudad, en lo distinto que había sido para mí llorar en Madrid.

NATALIA VELASCO
Madrid, Julio 2022


CORRUPCIÓN
ISABEL BANDRÉS

Corrupción, purulencia, putrefacción, perversión, hedor, degradación y muerte. La corrupción, y en especial la política, a mí me evoca, sobre todo, a la muerte. Muerte social y económica de los ciudadanos pertenecientes a las clases más desfavorecidas que se quedan sin unos servicios públicos de calidad y sin suficientes ayudas económicas que les permitan vivir dignamente. Y muerte de quienes ejercen la corrupción en sus múltiples facetas porque renuncian a su humanidad dejándose conducir por la avaricia, la soberbia, la envidia y, en definitiva, por el más miserable de los instintos: la destrucción del otro.  

La corrupción política forma parte de nuestra historia, pero quedémonos con los ejemplos más cercanos en el tiempo. “La corrupción ha formado parte de la política española durante el último siglo y medio”, afirma el historiador Paul Preston en el prólogo de La España corrupta. De la Restauración a nuestros días, 1875-2016, de Jaume Muñoz Jofre, discípulo de Preston. En 1935 los escándalos de corrupción del Partido Radical de Lerroux provocaron la caída del Gobierno. Más adelante, en la época de la dictadura, Franco utilizó la corrupción para mantenerse en el poder y controlar a sus cercanos. “Pese, señala Preston, a su hipócrita política retórica contra los criminales económicos (…). Después, ya en la democracia, España ha cambiado mucho y para bien, pero el ritmo incesante con el que se destapan casos de corrupción en los últimos años no ayudan a generar un clima de confianza con la actual clase política".


Los españoles tenemos la percepción de que la corrupción de nuestros políticos es muy alta. Ocupamos el puesto 34 de 180 países en las encuestas sobre la corrupción, muy lejos de países como Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda seguidos de Suecia, Noruega y Singapur donde sus ciudadanos apenas perciben que exista corrupción entre sus políticos. FILESA, MATESA, AVE, PUNICA, ERES, Gürtel, Malaya, Fondos reservados, Palau … son el recuerdo de que miles de millones han sido desviados a paraísos fiscales o han servido para engrasar la maquinaria de los partidos políticos. Muchos han pagado con la cárcel y con su patrimonio gracias a la labor de la judicatura que no lo ha tenido fácil. Todos recordamos a Mercedes Alaya (ERES), a José Ricardo Prada y Julio de Diego (Gürtel) que fueron machacados por una jauría compuesta por políticos, ciudadanos y medios de comunicación cargados de razones tan banales como falsas. Y es que, en nuestro país, sentimos admiración por los pícaros y por los bandoleros. Nuestra mejor literatura lo avala. Siempre tenemos un gesto de compresión y simpatía para aquellos delincuentes pertenecientes al partido político que votamos. Ah, esos compañeros listos, inteligentes y esforzados perseguidos por unos jueces venales y corrompidos hasta el tuétano. Y a pesar de todo, la judicatura pudo, en muchos casos, hacer su trabajo y la ciudadanía hizo el suyo alejando del poder a los partidos manchados por la corrupción: al PSOE con González en 1996, al PP con Casado en 2019, el PP perdió la autonomía de Valencia y el PSOE fue vencido en Andalucía.

Pero hay, además, que admitir que nuestra legislación permite muchas veces casos de corrupción. Un ejemplo: en una ciudad europea media de menos de 500.000 habitantes, perteneciente a un país con bajo nivel de corrupción, puede haber —incluyendo al alcalde—, dos o tres personas cuyo sueldo depende del partido que gane las elecciones. En España, eso no sucede, hay barra libre. El partido vencedor puede nombrar multitud de altos cargos y asesores sin cortapisas. La Central Sindical Independiente de Funcionarios (CSIF), estima que existen un total de 20.000 asesores de libre designación en las Autonomías, Diputaciones y Ayuntamientos que le cuestan al Estado 1.000 millones al año (aquí no se contabilizan los 383 asesores que tiene el Gobierno Central). Ante el secretismo del que gozan estos nombramientos, el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno se ha manifestado a favor de que se hagan públicos los nombres, currículos y salarios de estos asesores. El Gobierno entiende que al no hacerlo les protege. ¿De qué, de quién? ¿De sentir vergüenza de sí mismos? No se sabe. Quizá, si se limitasen por ley el número de asesores y si su contratación fuese transparente, los políticos gozasen de un mayor crédito entre nosotros.

Pero hay algo peor que la corrupción económica y es la corrupción política que la hace posible. Las oligarquías políticas junto con las mediáticas y las económicas, tanto de derechas como de izquierdas, no quieren perder sus parcelas de poder y se niegan a hacer cualquier cambio de calado que consideren perjudicial para sus intereses. Las reformas que cambiarían realmente y para bien la democracia (listas abiertas, mayor separación de poderes, transparencia, reorganización de la administración, financiación de los partidos…), se dejan dormir sine die. Nuestros gobernantes se quedan en la anécdota, en el cortoplacismo y el tacticismo político. Se ponen tiritas y se barre la basura bajo la alfombra allí donde se necesitan cirugía y desinfección.

Sin embargo, debemos admitir que la democracia es lo mejor que nos ha pasado. La verificación de la corrupción que malogra la convivencia y frustra tantas posibilidades sociales, no debe obstruir la búsqueda de salidas alternativas para una convivencia democrática de mayor calidad. Hay países en los que ya existe una mayor preocupación ética por el ejercicio del poder. La corrupción política y la avaricia de las oligarquías no son inalterables. Contra esas lacras están la reflexión, la crítica no partidista, el ejercicio responsable del voto ejercido como castigo y la exigencia de la ciudadanía de unos mayores controles y transparencia en la gestión. No normalicemos ni banalicemos la palabra corrupción y démosle su auténtico significado. Viene del latín corruptio y es la acción de destruir, o alterar globalmente por putrefacción; también es la acción de dañar, sobornar o pervertir a alguien. No, no es algo trivial.

Hagamos nuestras las palabras de Emilio Lledó en Identidad y amistad: “La democracia es una forma de vida, una armonización en el vivir, una conformación de la existencia humana. Una conformación, pero no un conformismo. Si hay un aspecto determinante del concepto ‘democracia’ es el inconformismo, la no aceptación de un poder que la tradición, los intereses de distintas formas de oligarquías, los fanatismos religiosos y las inercias mentales se hubieran impuesto sobre los individuos”.

ISABEL BANDRÉS



ESTAR EN SU SITIO
ROSA MASCARELL DAUDER

De vez en cuando necesitamos movernos de sitio, estar fuera de lugar, pretender ser quienes no somos, inventarnos, disfrazarnos... Según la filósofa francesa Claire Marin, estas melodías inéditas son las que dan otra tonalidad a lo cotidiano, aunque algo muy serio nos jugamos en estas sustituciones efímeras y ésta es precisamente la fuerza del arte: Desplazarnos a un lugar que nunca antes hemos ocupado nos descoloca, nos empuja a ponernos en otro sitio que no es el nuestro, a vivir brevemente y sin riesgo otras vidas.

El término que se usa en poética desde Aristóteles es catarsis. Si recurrimos a la RAE, esta palabra griega (κθαρσις kátharsis) significa literalmente 'purga' o 'purificación' y entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza. Aristóteles, como sabemos, lo aplica al teatro para describir el efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones. Pero hay una definición más, la que se aplica en biología y que se refiere a la expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo. El organismo, tras la purga, sigue siendo el mismo pero exento de sustancias nocivas. Pero para aplicar el remedio, antes hay que averiguar qué nos hace daño y cómo curarnos. Parece que esto es más fácil cuando pensamos en nuestro ser biológico y la medicina que cuando nos referimos al cuerpo como construcción cultural e histórica.

Muchas de las sustancias tóxicas lo son en sentido figurado, vienen de eslóganes basados en el culto al cuerpo que nos impiden aceptar el nuestro porque no encaja en lo que se espera. No es fácil expulsar estas toxinas y aceptar el espacio que ocupamos, la manera en la que sentimos y disfrutamos o lloramos. Según Claire Marin, el cuerpo es un verdadero campo de batalla ocupado por otros deseos y otras proyecciones que no son las propias: “Sometidos a la brutalidad de los deseos de otro o a la autoridad de discursos científicos sesgados, algunos de nosotros experimentamos muy pronto el sentimiento de estar desposeídos de nuestra propia experiencia corporal. Mi cuerpo ya no es mi territorio, es algo anexo.” (Marin, 2022).

El quid está en cómo combinar mi propio territorio, mi cuerpo con su propia música y movimiento, con esas otras melodías inéditas sin evadirme enteramente, volviendo a estar en mi sitio. El libro de Claire Marin, Être à sa place, plantea este antiguo dilema con un lenguaje cuidado y poético al mismo tiempo que dialoga y argumenta con y contra la tradición filosófica. Al fin y al cabo, nuestra vida es la trama que se va urdiendo entre nuestro texto central y nuestros márgenes, “no coincidimos nunca completamente con la narración de nuestra vida, nos construimos bordando en los márgenes, en los espacios vírgenes de la pagina” (Marin, 2022).

ROSA MASCARELL DAUDER

Claire Marin (París, 1974), es Doctora en Filosofía por la Universidad de París y miembro del Centro Internacional de Filosofía Francesa Contemporánea, trabaja como profesora asociada de la escuela secundaria Ionesco en Issy-les-Moulineaux. Debutó con la novela Hors de moi (2008) y su último ensayo, Être à sa place (2022), reflexiona sobre los conceptos y temas que fueron el germen de aquella novela: el deseo, el cuerpo, las disonancias, el lugar, las derivas... Es una de las filósofas más reconocidas y leídas en Francia ahora mismo. Su ensayo Rupture(s) (2019) vendió 50.000 ejemplares en el primer año y está también traducido al castellano (Rupturas, 2020).

 



MONSERRAT TORRENT (1926…)
MARÍA LUISA MAILLARD

La concesión en el año 2021 del Premio Nacional de Música a Monserrat Torrent contribuyó a proporcionar rostro y voz a una mujer excepcional, cuya larga trayectoria no ha estado carente de reconocimientos y galardones, aunque fuera una gran desconocida para la mayoría de los ciudadanos de este país. Nacida en 1926 en Barcelona, esta mujer de 95 años, que continúa activa recorriendo la geografía nacional, allá donde haya un órgano que la reclame, ha sido el artífice de la renovación de este instrumento, luchando no sólo contra la decadencia en que se hallaba sumido tras la posguerra, sino contra una época que consideraba que su ejecución era un territorio reservado a los varones.

En su larga vida dedicada a la música, ha dado conciertos por todo el mundo, ha bregado de forma incansable por la recuperación de órganos antiguos destruidos en la guerra civil española, así como de numerosas partituras inéditas de autores ibéricos, para lo que ha contado con la colaboración de la musicóloga Ester Sala; ha creado una escuela de interpretación que ha inspirado a varias generaciones de organistas y ha logrado llevar el órgano a los auditorios y las salas de concierto.

Escucharla en cualquiera de las entrevistas que ha concedido, es siempre una lección de vida. Es una mujer alegre, sencilla y humilde, pero de fuertes convicciones. Hace carne y vida una enseñanza que sus muchos alumnos no han olvidado. Para tocar, mejor, acariciar un instrumento, hay que olvidarse del “ego” y ser fiel a la música que se interpreta, transmitir emoción. Ella no parece tener un gran “ego”. Se considera una humilde sierva de la música, a la que ha dedicado toda su vida “con devoción y constancia”. Y es que está enamorada de la música y eso es, en sus propias palabras, lo mejor que le puede pasar a alguien en este mundo porque la música siempre te corresponde.

Fuente: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

No se vanagloria de su éxito y, cuando le comunicaron que le habían concedido el Premio Nacional de Música, pensó que era una broma, que como se lo iban a dar a ella, que qué había hecho para merecerlo. Cuando llegó la carta oficial y comprobó que era cierto, se limitó a comentar: “Bueno, me lo habrán dado por mi edad. Habrán pensado: ¡que se vaya contenta de este mundo!”.

Es consciente de su avanzada edad; pero no limita su actividad. “Si fuera un desastre tocando, lo dejaría, dice, pero ¿por qué tengo que dejarlo solo por ser mayor?”. Y sigue ensayando y tocando en silencio, a pesar de su sordera, no solo como una forma de luchar contra el desprecio a la vejez y mostrar que no es un periodo de la vida meramente vegetativo; sino porque ama la vida y entiende que hay que aprovecharla al máximo porque nunca podremos repetir lo que no hemos hecho. Solo se vive una vez. También sabe que la vida no son los premios y las condecoraciones por lo que, aunque no se jacta de los que a lo largo de su vida ha recibido; es agradecida y dice “que los guarda en un relicario en su corazón, junto a los seres queridos que ya la han dejado”.

Cuando se empeñó en reconstruir el órgano barroco de la iglesia de Sant Felipe Neri en la década de los 60, lo que sigue considerando “la obra de su vida” y que finalmente está a punto de ser finalizado en los Talleres de Blancafort, fundó la Asociación “Amigos del órgano”. Iba pidiendo contribuciones de forma personal, utilizando el nombre que ya había conquistado en la profesión, con la finalidad de obtener donativos para el órgano. “No lo hacía por considerarme un mito, solo era un anzuelo”, comenta ahora. No pudo lograr su objetivo en aquel momento; pero la Fundación Monserrat Torrent, creada en 1920, finalmente está a punto de completar su sueño.

 


La biografía de Monserrat Torrent, que vamos a resumir aquí, también es un ejemplo de vida y de superación. Nacida en Barcelona en 1926, sexta hija de siete hermanos, mostró a edad temprana sus dotes para la música. Se inició en el piano con su madre, Ángela Serra, discípula de Enrique Granados y a los siete años ya daba conciertos por la radio. Llega la crueldad de la guerra que recuerda con horror: las bombas, los milicianos buscando a su padre, sus hermanos varones luchando en frentes opuestos… Pero también la terrible circunstancia le mostró el dedo del destino, en sus propias palabras: “que la vida está tejida por unos hilos mágicos”. La familia se había trasladado desde Barcelona a Santa Coloma de Farners y había allí un órgano en la iglesia. La mayoría de las veces se tocaba el instrumento de forma defectuosa; pero una vez oyó una pieza que le mostró todas sus potencialidades. Decidió que ese sería su instrumento.

Al finalizar la guerra, emprende su camino, con la oposición inicial de su madre que consideraba el órgano un instrumento muy inferior al piano, “una especie de máquina”. Ya había iniciado sus estudios de música en la Academia Marshall —antigua academia Granados— y en 1939 se matricula en el Conservatorio Municipal de Música de Barcelona, teniendo como maestros a Blai Net y Carles Pellicer y logrando el Premio de Honor a la finalización de sus estudios. Becada por el Instituto Francés y la Fundación Juan March, se admira del sonido de los órganos franceses y de las posibilidades de hondura del instrumento, en Siena. A su regreso sigue perfeccionándose con Luigi Ferdinando Tagliavani, Santiago Kastner y con el padre Gregorio Estrada del Monasterio de Monserrat.

Fuente: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

No fueron fáciles sus inicios en la España de los años 50. Era “una chica que tocaba de otro modo. ¡Cómo se atrevía!”. Recibía cartas encendidas, llenas de comentarios despectivos, que, según recuerda ahora, la acomplejó como persona, no por ser mujer porque no tenía en cuenta su situación de inferioridad debido a su sexo. Sin embargo, siguió adelante y ya en 1958 inició una larga carrera docente como catedrática de órgano del Centro Superior de Música de Barcelona hasta el año de su jubilación en 1991. En 1974 accede a la cátedra de órgano, recién creada en “Música en Compostela”. Dejó tras ella unas enseñanzas que inspiraron a varias generaciones de organistas. Según sus alumnos, era una profesora accesible y cercana; pero que inyectaba en vena la disciplina en sus alumnos para luego extraer de ellos la emoción y el sentimiento. Siempre predicaba con el ejemplo. Compaginaba la docencia con una labor de concertista, que la condujo a las principales capitales europeas y latinoamericanas; y su trabajo perseverante en la recuperación de órganos dañados y partituras antiguas. La sordera total, fruto de un error médico, no la detuvo. Aprendió a escuchar la música en el silencio, a ensayar e interpretar en el silencio. Tenía ya la música en la cabeza.

Fuente: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

El 3 de enero de 1991, a los 64 años, tiene la gran satisfacción de inaugurar el órgano de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid y en 1918 se reencuentra allí con sus alumnos en el ciclo Bach Vermunt del Centro Nacional de Difusión Musical. A sus 95 años sigue activa, acudiendo allí donde la reclaman, entre otras cosas, porque “dar conciertos es una puerta abierta a la vida”. Acaba de finalizar la grabación de la obra Facultad orgánica de Francisco Correa de Arauxo, compositor e intérprete del siglo XVII, del que siempre se ha encontrado muy próxima. En plan jocoso comenta que si en el otro mundo se encontrase con Bach se arrodillaría ante él; pero a Correa lo abrazaría “porque es humano. Es imperfecto, pero también sublime”.

MARÍA LUISA MAILLARD


ENTREVISTA DE "ENCUENTROS CON AMM"
 A MONTSERRAT TORRENT
!!VALE LA PENA VERLA!!

https://www.youtube.com/watch?v=NcSLKgxUNew




POR UNA CLÍNICA (PO)ÉTICA
MÁS ALLÁ DE LOS AMOS DE LA CIUDAD
ROSARIO HERRERA GUIDO
 
“En lo concerniente a aquello de lo que se trata,
a saber, lo que se relaciona con el deseo,
con sus arreos y su desasosiego,
la posición del poder, cualquiera sea,
en toda circunstancia, en toda incidencia,
histórica o no, siempre fue la misma.
¿Qué proclama Alejandro llegando a Persépolis
al igual que Hitler a París?
¾He venido a liberarlos de esto o de aquello.
Lo esencial es lo siguiente
Continúen trabajando.
Que el trabajo no se detenga.
Lo que quiere decir
Que quede bien claro
que en caso alguno es una ocasión
para manifestar el más mínimo deseo”.
Jacques Lacan, L’étique de la psychanalyse.

I

En este ensayo espero mostrar que el neologismo (po)ética, una ética del deseo que abre la dimensión más vasta de la creación que es la poética, permite poner a prueba una hipótesis de trabajo: “no hay nada más opuesto al poder que el deseo”, es decir “no hay nada más opuesto al poder que el psicoanálisis”. Y que gracias a que el deseo del analista introduce la diferencia radical, permite que el sujeto rescate el goce incestuoso perdido por el camino del deseo del Otro, más allá de los amos de la ciudad. Una (a)puesta en compañía de Aristóteles, Martin Heidegger, Eugenio Trías, Octavio Paz, Sigmund Freud y Jacques Lacan, entre otros.

II

Debido a la oposición radical del deseo al poder y el poder al deseo, en función de la posesión del objeto del deseo en disputa, el dominio de la polis, la cité, el Estado y actualmente —según Eugenio Trías—, “el casino global”, los problemas éticos convergen en la clínica psicoanalítica, tanto del lado del analizante como del analista. Por el lado del analizante, debido al superyo, que a más se somete el yo a sus exigencias, es cada vez más cruel. Con respecto al analista, porque éste debe tratar con la moral patógena y la culpa del analizante, además de los problemas éticos que surgen durante la dirección de la cura.

Pero el analista no debe tratar de atenuar la culpa ni desaparecerla como una ilusión neurótica. El analista debe tomar en serio la culpa, pues el sujeto sólo la experimenta por haber traicionado su deseo. Por tanto, el analista no debe alinearse a la moral civilizada, pues es patógena; tampoco promover una moral libertina sadiana, que es más moral que la moralina nietzscheana.

La clínica psicoanalítica exige una posición (po)ética, opuesta al discurso del amo (las psicologías del yo, humanistas, adaptacionistas o normativas). La clínica (po)ética del psicoanálisis más allá del deseo de los amos de la ciudad, se resume en la pregunta de Lacan: “¿Has actuado conforme al deseo que te habita?”. Una pregunta que contrasta con las éticas de Aristóteles, Kant y otros filósofos.

Mientras las éticas del bien proponen diferentes bienes que compiten entre sí para alcanzar el Bien Supremo, el psicoanálisis ve el Bien como un obstáculo al deseo, pues rechaza los ideales de felicidad y salud (por imposibles). Por ello el deseo del analista no es el bien ni la cura.  El deseo del analista es no desear nada por y en lugar del analizante, a lo sumo desear que el analizante devenga deseante y primordialmente introducir la diferencia radical, para superar la alienación primordial en el deseo del Otro.

Mientras la ética clásica vincula el bien al placer (que introduce el hedonismo), la ética del psicoanálisis revela la duplicidad del placer, dado que al desbordarse se convierte en dolor y displacer (goce: Genuss en el alemán de Freud, opuesto a Lust: placer). La ética tradicional se pone al servicio de los bienes, el trabajo y la seguridad material, aplazando el deseo: “Una parte del mundo está orientada resueltamente en el servicio de los bienes, rechazando todo lo que concierne a la relación del hombre con el deseo —es lo que se llama la perspectiva pos revolucionaria. La única cosa que puede decirse, es que nadie parece darse cuenta de que, al formular, así las cosas, no se hace más que perpetuar la tradición eterna del poder Continúen trabajando, y en cuanto al deseo, esperen sentados [...]. En esa tradición, el horizonte comunista no se distingue del de Creonte, del de la ciudad, más que al suponer [...] que en el campo de los bienes, al servicio de los cuales debemos colocarnos, pueda englobar en cierto momento todo el universo” (Lacan, Le’ etique de la psychanalyse, París, Seuil,  1986: 378).

No hay más deseo que el de ser, bajo todas las significaciones posibles, y hasta imposibles. Donde bajo la cadena del significante del deseo se desliza el significado hasta el punto de capitón que abrocha por un instante el significante al significado evocando el deseo que cae tras el corte del discurso. De aquí la interpretación de Lacan del imperativo ético freudiano: Wo es war, soll Ich werden (Donde era ello, debo ser yo”), que permite comprender que el estatuto de lo inconsciente no es ontológico sino ético:—No hay otro bien más que el que puede servir para pagar el precio del acceso al deseo—, en la medida en que el deseo lo hemos definido en otro lado como la metonimia de nuestro ser. El arroyuelo donde se sitúa el deseo no es solamente la modulación de la cadena significante, sino lo que corre debajo de ella [...] lo que somos y también lo que no somos, nuestro ser y nuestro no-ser, lo que en el acto es significado, pasa de un significante a otro de la cadena, bajo todas las significaciones” (Lacan, Le’ etique de la psychanalyse, París, Seuil, 1986: 370-371).

ROSARIO HERRERA GUIDO



Ali & Ava son dos adultos en la mediana edad. Él es paquistaní, propietario de bienes raíces y apasionado de la música rock, electrónica y rap. Está atrapado en una relación de pareja que no funciona y de la no sabe muy bien cómo salir. Es un tipo bonachón y alegre, pero no carente de cierta melancolía. Ava es de ascendencia irlandesa. Divorciada de su primer marido y viuda del segundo. Su vida transcurre cuidando de su familia (hijos y nietos) y como profesora auxiliar en una escuela de primaria. Le gusta la música folk y country. Es una mujer amable y cálida a pesar de haber vivido un pasado doloroso. Ambos viven en un suburbio olvidado de Inglaterra donde la comunidad está dividida por estereotipos.


Los dos, tras un encuentro casual, comienzan una relación de amistad que pronto se convertirá en algo más. El nexo de unión será su amor por la música y la soledad que les pesa a pesar de estar rodeados de muchas personas: familia, amigos, compañeros…  La directora (Clio Barnard) construye dos personalidades encantadoras con las que pronto nos encariñaremos. Poco a poco, nos va desvelando las penas, alegrías y preocupaciones de unos protagonistas que empiezan su relación con gustos musicales muy diferentes que irán acercando mientras su relación va creciendo. Cosas del amor.


La película apunta, que no desarrolla, temas duros: el racismo, la violencia de género, el alcoholismo, las diferencias sociales… Pero, enseguida, vuelve a la comedia romántica ocasionando, al menos en mí, decepción.  Se puede decir que la narración pertenece al realismo social inglés pero atemperado. Incorpora varios géneros: drama social, melodrama y comedia romántica. Y lo hace muy bien, evitando los clichés propios de cada uno de ellos.  


¿Me ha gustado está película?  Es raro, pero Ali & Ava me gusta más ahora que la pienso que cuando la estaba viendo. En la butaca del cine, estaba expectante. Esperando algo más que no terminaba de llegar. Ahora, creo que quizá su encanto resida justamente en ese tono suave, en esos personajes amables y que con eso es suficiente. Aunque, he de confesar, que dejar de escuchar música electrónica a toda potencia ha mejorado mucho mi opinión sobre la narración.


Resumiendo, una película que tiene muchas cosas buenas: la excelente actuación de Adheel Akhatar y Claire Rushbrook, el encanto que destila y la recreación del ambiente de barrio en el que trascurre. A pesar de todo, opino que está sobrevalorada. Hay demasiados altibajos en la narración. Las escenas llenas de buenos sentimientos y alegrías desbordadas me parecen, a veces, exageradas y poco reales. Me he sentido, en algunos momentos, defraudada por la superficialidad con que se abordan y solucionan temas de gran calado, como el del racismo. Tengo la sensación que la directora ha evitado a toda costa entrar en cuestiones que están presentes, pero que podrían estropear la atmosfera afable en la que trascurre la película. En fin, un film que se recuerda con afecto y se ve con frustración.

ISABEL BANDRÉS

SUSI TRILLO


KOVACS

SHARON KOVACS es una mujer enigma con voz de Soul. Recuerda tanto a Amy Winehouse que, si cerramos los ojos en “50 shades of black”, no sabremos a cuál de las dos estamos escuchando. El caso es que Sharon Kovacs es holandesa, nacida en 1990. Estudió en el Rock City Institute, una academia de música “tan audaz, que casi olvidarás que es una escuela”, eso dicen en su web. Su primer trabajo, precisamente “Shades of black” es de 2015 y llegó a las listas de éxitos en nada menos que 36 países, siendo top en Alemania y Grecia y llegando al número uno en su holandesa tierra. A partir de entonces… No voy a aburriros, mejor visitad su web oficial donde podréis escuchar la maravillosa “Fragile”, que canta metida dentro de una bañera. Aviso: nada que ver con mi idolatrada Melody Gardot en “Baby I`m a fool”; la bañera de Kovacs es, digamos… otra cosa. En su web hay colgados algunos de sus trabajos: “Chap smeal”, “Black spider”, Bang Bang”, “Not scared of giants” o “Tutti frutti tequila”. Y en Youtube encontraréis algunos de sus mejores vídeos, que merecen ser vistos con las puertas de la mente abiertas. S.T.


READY, SET, GO!!

"50 SHADES OF BLACK"

https://www.youtube.com/watch?v=sJJSzECNtQs

VISITA LA WEB OFICIAL DE KOVACS

https://kovacsmusic.com/


ALLÍ NOS VEMOS...

No hay comentarios:

Publicar un comentario