QUEREMOS HACER LLEGAR NUESTRAS CONDOLENCIAS A LAS FAMILIAS DE LAS VÍCTIMAS MORTALES DE LA SEGUNDA TRAGEDIA FERROVIARIA EN NUEVE MESES Y DESEAMOS UNA PRONTA RECUPERACIÓN A LOS HERIDOS, ADEMÁS DE NUESTRA GRATITUD A LOS VOLUNTARIOS DE URDA Y SERVIDORES PÚBLICOS DE EMERGENCIAS.
HOMBRE
MARÍA LUISA MAILLARD
Escribía
Ortega y Gasset en sus reflexiones sobre la técnica, en los años treinta y
cincuenta del siglo pasado, que es ésta una actividad que sin duda facilita la
vida del hombre, pero que no lo mejora. El filósofo ya prevé las posibilidades
ilimitadas de la técnica contemporánea basada en el análisis de una materia que
se desconecta de la finalidad, pero entiende que: “La vida humana no es sólo
lucha con la materia, sino lucha del hombre con su alma”. Según Ortega, el
hombre posee un interior —memoria, fantasía, imaginación, ingenio—, del que
carecen los animales, y puede que su fe en esa gran ortopedia que es la técnica
le vacíe la vida y le haga olvidar su origen, lo que le hizo humano. Unos años
después, su discípula María Zambrano calificaba de “orfandad” la deriva de la
crisis de la civilización occidental, a causa del retroceso del componente
espiritual —racional, moral y creativo— del hombre, de aquello que le hizo
humano.
Traigo
a colación estas reflexiones porque el desarrollo acelerado de la técnica,
basada en el análisis de la materia, es el elemento novedoso que desde finales
del siglo XX ha irrumpido como elefante en cacharrería en nuestra forma de
estar en el mundo. A la revolución de los medios digitales de comunicación, que
se presentó como la extensión y democratización de la cultura, y que ya ha
mostrado sus pies de barro, se ha unido ahora la Inteligencia artificial (IA).
La IA gestiona los datos con una rapidez muy superior a la humana, pero es
incapaz de elaborar un pensamiento crítico o creativo, carece de interior.
El
argumento más utilizado en defensa de la técnica ilimitada, bajo el dogma del
progreso indefinido —que implica una uniformización de los deseos humanos,
aclara Ortega—, es que, en definitiva, es el hombre el que domina la máquina
para bien o para mal. No tenemos esa percepción los ciudadanos de a pie. No
todos los hombres. Son más bien los hombres que controlan el poder económico y
político los que dominan la máquina para sus propios intereses. El segundo
argumento es el de los beneficios para la salud y el mantenimiento de la vida,
aunque nos maliciamos que tales beneficios acaben también en las manos de los
poderosos de la tierra, pero volvamos al hombre y a la IA.
La
pregunta a la hora de afrontar positivamente el avance deslumbrante de este
nuevo triunfo de la técnica es: ¿Qué lugar ocupa en el pensamiento occidental
la capacidad crítica y creativa, la fuerza de nuestro interior? ¿Desde dónde
vamos a enfrentarnos a un proceso mental más rápido que el nuestro, pero basado
en una selección de datos que no controlamos? Una cosa es la técnica antigua
que nos liberaba del esfuerzo físico y otra la actual que pretende liberarnos
del esfuerzo mental. ¿Seremos capaces de resistirnos en nuestra circunstancia
histórica a ese supuesto maná?
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| Hombre, Alberto Durero, 1521 |
El
otro día, paseando por el Museo del Prado, me detuve delante de un retrato de
Durero, denominado simplemente Hombre.
Nos encontramos en el siglo XVI, la época en que el hombre occidental comienza
a confiar en sí mismo, en su razón, en su voluntad y en su capacidad creativa.
El rostro que comentamos, de una gran perfección técnica, muestra fuerza y
determinación en la mirada inquisitiva y en el diseño de la mandíbula y del
rictus de la boca. Es un hombre de edad madura, que lleva el tiempo en su
rostro y que confía en sí mismo. ¿Cuál es la imagen del hombre en la pintura
del siglo XX?
Las vanguardias artísticas destruyen esa imagen compacta, herencia del humanismo. El rostro se descompone en sus elementos o se cubre con una máscara en el cubismo, se deforma en el expresionismo para mostrar la angustia y la desolación ante la vida moderna, se distorsiona en el surrealismo, cuestionando la identidad heredada. ¿Y hoy en día? ¿Cuál sería la imagen icónica que podríamos legar a la posteridad? ¿Tal vez el mono que contemplé el otro día en el escaparate de una galería, sobrepuesto a un fondo de colorines? ¿o quizá un bello rostro al que la cirugía estética ha privado del tiempo y la expresividad, preludiando el rostro aséptico y perfectamente inexpresivo que crea la IA? ¿O tal vez la de un hombre disuelto en una masa de hombres uniformes?
La
IA se ha introducido en unas vidas, las del hombre occidental, superponiéndose
a una forma de estar en el mundo, es decir, a un diseño mental y moral que ya
estaba fijado. El protagonista de la novela de Saul Bellow Son más los que mueren de desamor, analizando la situación del
hombre en el mundo occidental a finales de los 70, dividido aún en dos bloques antagónicos,
el del capitalismo y el del comunismo señala: “El énfasis de Rusia estaba en la
abolición de lo más alto [del hombre], en América en la satisfacción de lo más
bajo”. En ambos casos la situación es semejante por caminos distintos: la
disminución, sino anulación del componente espiritual del viejo hombre y de su
antaño prestigio social. Ahora lo que importa es el hedonismo, el éxito, el
dinero y el poder. El mismo protagonista, perseguidor solitario del enigma del
ser humano, certifica de forma irónica lo vano de su apuesta vital: “Los tipos
como yo estamos destinados a las humanidades, a la filosofía, a la poesía, a la
pintura, los juegos de niños de la humanidad que tuvieron que dejarse atrás
cuando empezó la era de la ciencia”.
No
ha variado en lo sustancial la comprensión del hombre en la actualidad. Los más
bajos instintos a los que se refiere nuestro protagonista aluden a la
sobredimensión del sexo en los años 80 y el sida supuso un duro golpe para la
burbuja erótica. Sin embargo, el origen de dicha opción se mantiene: la
sobrevaloración del cuerpo sobre la mente y el espíritu, creadores de los
valores morales y creativos. El hombre es materia y su materia es el cuerpo, el
cerebro se lo dejamos a la IA, nosotros a cultivar el cuerpo. Nuestros héroes
son deportistas de élite y confiamos en la ciencia y en el gimnasio, para que
nos prolongue una juventud indefinida en la que podamos dedicarnos a consumir,
disfrutar y entretenernos, ya que no todo el mundo tiene acceso al dinero y al
poder. En tiempos de crisis del estado del bienestar, cuando la precariedad
asoma su hosco rostro, la máquina y la desgastada cultura humanista conviven
con el barbarismo en la vieja Europa.
Volviendo
a la IA, gobiernos, empresas, estudiantes y parte del mundo académico se han
apresurado a optimizar en un tiempo récor sus beneficios. ¿Se han beneficiado
los trabajadores? La Escuela Haas de Negocios de la Universidad de Berkeley ha
concluido en un ensayo que la IA no disminuye el trabajo, sino que lo intensifica.
Ya se ha acuñado un término Al Brayn Fry
(cerebro frito por la IA) para calificar el estado de niebla mental y falta de
concentración de los trabajadores que utilizan esta nueva tecnología.
¿Y
los ciudadanos de a pie? ¿Tampoco ellos han sido beneficiados? En muchas
ocasiones se les ha dificultado la vida. Cuando quieren aclarar una dificultad
en sus innumerables gestiones burocráticas, concretar una cita médica o darse
de baja de alguna plataforma, se topan con la IA. Ya se ha puesto en funcionamiento
el ingenio popular y así, el otro día, un taxista me comentó que cuando quería
hablar con una persona de carne y hueso, a la pregunta de la IA ¿qué quiere
usted? respondía: “un bocadillo de calamares”, a la tercera intentona la IA se
bloqueaba y le pasaba con un humano. Aún hay esperanza.
MARÍA
LUISA MAILLARD
LA
MUERTE DEL PENSAMIENTO
ISABEL BANDRÉS
Desde
que se anunció que el 29 de noviembre habría elecciones, una poderosa
maquinaria propagandística se puso en marcha. Desde todos los medios de
comunicación se vomitan slogans y los políticos, cabalgando sobre sus
contradicciones, prometen lo imposible: darnos todo lo que queramos, pero no
dicen ni el cómo ni el coste. Esta precampaña es altamente decepcionante.
Algunos ciudadanos esperábamos que los políticos en liza nos comentasen cómo
van a solucionar el problema de la vivienda, de la educación, de la pobreza,
del cambio climático, de la carestía de la vida y el cupo catalán. Pero no, van
por España mostrándose muy ofendidos con el adversario político, haciendo
bastante teatro, y soltando mentiras o medias verdades con gestos de gran
convicción y firmeza. Como dijo Groucho Marx: “No importa quién gane las
elecciones mientras haya buen espectáculo”. Lo malo es que el espectáculo al
que estos días asistimos es deplorable, deberían ensayar más y, de paso, sería
bueno que nos proporcionasen datos fiables. Es agotador tener que buscarlos en
los informes de la OCDE, del INE y de otros organismos con fama de serios y que
no están manejados por el poder.
La filósofa alemana, Hannah Arendt, en su libro Verdad y mentira en la política nos explica que la mentira en política puede convertirse en un elemento sumamente destructor, violenta las conciencias y es muy habitual no solo en regímenes totalitarios, sino también en el llamado mundo libre de las democracias modernas, en las que se produce una imposición ideológica que falsea la realidad para justificar las decisiones adoptadas. En fin, que entre los hechos y lo que dicen, hay que quedarse con los hechos. “Nuestra vida cotidiana —escribe—, siempre está en peligro de ser perforada por mentiras organizadas por grupos, naciones o clases, así como por negaciones o distorsiones, a menudo cuidadosamente encubiertas por montones de falsedades o simplemente dejadas caer en el olvido”. Y añade que muchas veces el mundo político tiende a borrar los límites entre los hechos y las opiniones.
Para
que la democracia funcione basémonos en los hechos que no mienten y dejemos las
opiniones fuera de la ecuación. Ejemplo: en Barcelona unos chavales muy jóvenes
arrasaron tiendas de lujo llevándose todo lo que pudieron y, de paso,
incendiaron las calles. Hechos: la policía informa que son jóvenes, muchos de
ellos preadolescentes, entre 14 y 16 años, no están ideologizados y reciben órdenes
por redes sociales para quedar a una hora y lugar determinado para saquear
comercios de lujo. Roban esencialmente tecnología y prendas de vestir caras. “Estamos
investigando —dice un policía—, que hay detrás, pero por ahora no sabemos nada
más”. Opiniones: en una tertulia televisiva un periodista dice que detrás de
estas revueltas está Pedro Sánchez, una activista muy vehemente asegura voz en
grito que el responsable es VOX, otra culpa a la extrema izquierda y, además,
todos barajan varias posibilidades como la implicación de Rusia, China e Israel.
Estas opiniones no se basan en pruebas porque nadie las tiene, pero todos están
convencidos de que su opinión es la certera. ¿Por qué? ¿Por su ideología, porque
lo barruntan, porque han sentido un tirón en la espalda? Y más tarde, mezclan
lo sucedido en Barcelona con otras revueltas, otras manifestaciones y mandan un
mensaje que va directamente a manipular al ciudadano. Cuando escribo estas
líneas todavía no se sabe quién está detrás de esas redes sociales y a qué
obedecen estos hechos.
La
clase política y muchos medios de información durante estos días de precampaña
juegan más que nunca con nuestras emociones, eso se llama populismo que da paso
a la polarización: dos fuerzas enfrentadas sin posibilidad de llegar a
acuerdos. Ahora, en nuestro país, sufrimos una fuerte polarización. Estos dos
fenómenos, populismo y polarización asfixian a las democracias liberales.
Tocqueville, político, y defensor de la democracia liberal en el siglo XIX, escribió:
“Es más fácil aceptar una simple mentira que una verdad compleja”. La
democracia liberal es compleja y hay que construirla todos los días, pero
también es el mejor y más justo de los sistemas.
Esta
precampaña electoral está siendo un horror insoportable y no quiero pensar lo
que será a partir del día 13 de noviembre que es cuando, en realidad, empieza
la campaña. Yo procuraré aislarme: cine, lectura, música y paseos, intentando
encontrar un poco de equilibrio y sosiego. No nos volvamos locos y votemos
desde la tranquilidad y el sentido común. El voto es un derecho que tenemos los
ciudadanos en las democracias. Es, además, intransferible y es solo nuestro.
Tenemos que votar libremente a quien queramos o, si nos parece, votar en blanco
o nulo. Nadie tiene derecho a manipularnos ni desde las tribunas políticas ni
desde los medios de comunicación ni desde el círculo más cercano, la familia y
amigos. Huyamos de los populistas y la polarización. No olvidemos que la democracia
hay que hacerla día a día y minuto a minuto desde la reflexión serena y desde
la verdad.
IMÁGENES SOBRE LAS
MUJERES Y LOS LIBROS
64.
MUJERES CON LIBROS PINTADAS POR MATISSE
INÉS
ALBERDI
Henri
Matisse (1869-1954) es un artista francés enormemente apreciado por el uso del
color que hace en sus obras. Fue dibujante, grabador y escultor; pero es como
pintor que alcanzó la máxima valoración en su época y se le considera uno de
los artistas más importantes del siglo XX.
Matisse
estudió los tapices orientales y los panoramas del norte de África que le
inspiraron muchas de sus obras. Creó un estilo que ha ejercido una gran influencia
sobre la composición moderna. Transformaba todo lo que veía en un diseño
decorativo. Utilizaba colores brillantes y dibujaba contornos simples, lo que
le proporcionaba mucha fuerza.
Hay
una gran cantidad, en sus dibujos y en sus óleos, de retratos de mujeres
leyendo, y vamos a mostrar algunos de ellos.
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| Henri Matisse, Francia, (1869-1954) Mujer leyendo ante una mesa amarilla, 1944 Annelies Nelk, modelo y asistente del artista |
Muchas
de sus lectoras se sitúan en habitaciones que parecen definirlas en cuanto a
sus gustos y preferencias, por los muebles, las cortinas o las flores que las
decoran.
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| El desayuno, c.1920 Modelo: Antoinette Arnoud Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos |
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| Mujer leyendo, soñando despierta, 1921 Colección privada |
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| Lectora, 1918 Colección privada |
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| Annelies tulipanes blancos y anémonas, 1944 Modelo: Annelies Nelk Museo de Arte de Honolulú, Hawái, Estados Unidos |
Otras
veces son lectoras al aire libre. Unas frente al mar y otras en el campo.
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| Mademoiselle Matisse con abrigo escocés, 1918 Colección privada |
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| Lectora con sombrilla, 1921 Modelo: Henriette Darricarrère Galería Tate, Londres, Reino Unido |
También
encontramos un retrato de tres hermanas que miran el mismo libro.
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| Las tres hermanas, 1917 Modelos: Loreta, Rosa y María Elena Arpino Colección Jean Walter-Paul Guillaume Museo de la Orangerie, París, Francia |
Algunas
veces, sus lectoras se sientan a la mesa y se acodan en ella para mirar el
libro, siempre con colores que las enmarcan.
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| Mujer leyendo, jarrón con flores, 1922 Modelo: Henriette Darricarrère Museo de Arte de Baltimore, Maryland, Estados Unidos |
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| Mujer leyendo con melocotones, 1923 Modelo: Henriette Darricarrère Colección privada |
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| Mujer leyendo en una mesa, 1921 Modelo: Henriette Darricarrère Museo de Bellas Artes de Berna, Suiza |
Matisse
también retrató niñas leyendo que aparecen muy serias sobre sus libros.
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| Interior con una joven leyendo, 1905/1906 Museo de Arte Moderno (MoMA), Nueva York, Estados Unidos Obra donada por David Rockefeller en 1991 |
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| Marguerite, leyendo, 1906 Marguerite Matisse de doce años, la hija del pintor Museo de Grenoble, Francia |
Ya
sean modelos pensativos que miran al espectador o lectoras que se afanan sobre
el libro, lo más característico de todos estos retratos es la cantidad de
colores y las combinaciones, tan originales para su época, que utiliza.
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| Mujer leyendo, 1922 Modelo: Henriette Darricarère Museo de Arte Moderno de Troyes, Francia |
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| Micaela, vestido amarillo y planta, 1943 Modelo: Micaela Avogrado Pinacoteca Agnelli, Turín, Italia |
Por
contraste, algunas de sus obras son monocromas, apoyándose en un solo color.
Por ejemplo, tiene una serie de obras en las que va utilizando una amplia gama
del mismo color azul desde unas posibilidades casi blancas a unos tonos oscuros
casi negros.
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| Interior, Niza, 1929 Modelo: Antoinette Arnoud Fundación Barnes, Filadelfia, Estados Unidos |
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| Lectora con vestido violeta, 1898 Museo de Bellas Artes, Reims, Francia |
INÉS ALBERDI
MARCELA
CONTRERAS
Una
mujer cuya trayectoria
profesional trasciende el éxito individual
para convertirse en un legado para
la humanidad.
CARMEN
G. INSAUSTI
Mientras
regresaba de Bilbao del Congreso Nacional de la Sociedad Española de
Hematología y Hemoterapia que se celebra cada octubre en una ciudad del país,
reflexionaba sobre qué escribir este mes para el blog: si os contaba algo sobre
los múltiples avances científicos y tecnológicos que presentaron diferentes
hematólogos españoles y extranjeros, que una vez más demostraron que la
hematología española está a la vanguardia mundial en innovación diagnóstica y
terapéutica y a nivel de los países más desarrollados del mundo, o si les
hablaba de la Dra. Marcela Contreras, nuestra invitada para dictar la
conferencia Ciril Rozman que es el máximo honor que otorga el Congreso a un
hematólogo extranjero destacado, con aportes científicos de máximo nivel a la
especialidad y estrechos vínculos con la comunidad médica española. Una invitada
ilustre, cuya vida constituye un ejemplo de excelencia científica, integridad
profesional y compromiso con la humanidad, de quien tengo el privilegio de ser su
amiga. Sin dudarlo escogí hablar de esta mujer, porque su trayectoria
profesional trasciende el éxito individual para convertirse en un legado para
la humanidad.
Comencé
a escuchar sobre Marcela en 1977 cuando realizaba mis estudios de especialización
en Inmunohematología en el National Blood Transfusion Centre en Birmingham,
Inglaterra, como hematóloga becada por la Universidad Central de Venezuela, mi
país de origen. El primero que me habló de Marcela fue mi jefe el Dr. George W.
Bird, figura muy destacada en Inmunohematología con innumerables aportes
científicos en el área. Sus primeras palabras las recuerdo como hoy “hay una hematóloga
chilena en Londres trabajando como adjunto en transfusión sanguínea en el North
London Blood Transfusion Centre, en Edgware, a quien todos valoramos mucho
por su inteligencia, dedicación y compromiso. Tienes que conocerla”.
Desde
ese momento, con solo 27 años y muy motivada por las palabras del Dr. Bird,
comencé a seguir todas sus investigaciones, a leer sus publicaciones y a enterarme
de todas sus actividades, en una palabra, la convertí en mi referente
profesional. Apenas tuve oportunidad, asistí a sus charlas en Londres, me
presenté a ella como una estudiante venezolana, charlé con ella durante largos
ratos, le expresé mi admiración y, a pesar de ser yo una simple estudiante,
sentí su cariño desde el primer momento y su disposición a ayudarme en todo lo
que pudiera necesitar, desde el punto de vista profesional en un país que no
era el mío.
Pasaron
los años, volví a Venezuela en 1980 a iniciar mi vida profesional. Marcela
siguió en Londres cosechando éxitos y viviendo una etapa decisiva de
consolidación profesional en el Reino Unido. Así, tras desempeñarse en el North
London Blood Transfusion Centre, donde la conocí, pasó a ser Senior
Registrar in Haematology en los hospitales St Mary's y Northwick Park de
Londres, donde desarrolló una importante actividad investigadora en
inmunohematología, con publicaciones sobre antígenos eritrocitarios y sistemas
de grupos sanguíneos en revistas científicas internacionales. Dos años más
tarde fue nombrada subdirectora y especialista consultora del North London
Blood Transfusion Centre y ese mismo año, docente en St Mary's Hospital
Medical School, acontecimientos, que, como me comentaría años más tarde,
marcaron el inicio de su etapa de liderazgo.
En
1983, siendo yo secretaria de la Sociedad Venezolana de Hematología, la invité al
Congreso Venezolano de Hematología que celebramos en Caracas en 1985, para ese
momento Marcela ya era directora médica y directora ejecutiva del North London
Blood Transfusion Centre, uno de los mayores hitos de su carrera. Aceptó la
invitación y viajó a Venezuela con su marido y sus dos hijos. Allí tuvimos
oportunidad de consolidar nuestra amistad, conocer a nuestras familias y
compartir varias veladas, una de ellas, extraordinaria en todos los sentidos, que
aún recuerda, en la casa del entonces presidente de la Sociedad Venezolana de
Hematología el Dr. Cruz Quijada Gamboa. Ese año recuerdo que nos contó con
mucho orgullo que había logrado convencer al príncipe Carlos de Inglaterra para
que asistiera a donar sangre al Banco de Sangre para ayudar a combatir el temor
a donar sangre que había durante la crisis del sida. La foto del príncipe
Carlos durante la donación de sangre recorrió el mundo y la campaña tuvo un
éxito sin precedentes.
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| La reina Isabel II condecoró a Marcela Contreras como Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico, siendo la primera mujer chilena en conseguirlo |
Nos
encontramos nuevamente en Londres en 1992, en Cancún
en 1994, en Caracas en 1995, en Ámsterdam en 1998, en Canadá en 2000, y
en Brasil en 2004, en la celebración de diferentes Congresos de Hematología, donde,
a pesar del poco tiempo de que disponíamos en cada encuentro, charlábamos sobre
diferentes tópicos, siempre con el mismo cariño y la misma cercanía. Poco le
preguntaba yo sobre sus logros porque los conocía al detalle. Sabía que
continuaba desarrollando una intensa actividad científica, académica a nivel
nacional e internacional, que se había incorporado al MRC Blood Group Unit;
había sido reconocida por el Royal College of Pathologists; era asesora
de la Organización Mundial, y que desde 1999 ejercía el puesto de Directora Nacional
de Diagnóstico, Desarrollo e Investigación del National Blood Service (NBS), además
de muchas otras cosas que engrosaban su curriculum. En alguna de nuestras
conversaciones me comentó lo difícil que resultaba construir una carrera científica mientras se forma una familia,
por los múltiples desafíos y renuncias que implica, lo que yo, por supuesto, no
tuve ninguna dificultad en entender.
En
2006 cuando me vine a España y comencé a dedicarme a otras áreas de la
hematología, mis viajes al extranjero disminuyeron y con ello las posibilidades
de encontrarme con Marcela, aunque nunca dejé de tener noticias de ella. Dos
muy importantes fueron en 2007, una en marzo donde se anunciaba su jubilación del servicio público
británico, más no de la actividad científica, pues continuaría desarrollando
labores académicas, asesorías internacionales y proyectos destinados a mejorar
la seguridad transfusional, especialmente en Latinoamérica; y la otra el 28 de
noviembre cuando recibió de Su Majestad la Reina Isabel II el título de Dame
Commander of the Order of the British Empire, una de las más altas
distinciones que concede el Reino Unido a quienes han realizado contribuciones
extraordinarias al país y a la humanidad. Como es de suponer, mi alegría fue
infinita y así se lo hice saber en mis llamadas.
Ahora,
20 años más tarde, cuando he tenido la oportunidad de compartir con ella largamente
porque he sido su anfitriona durante el Congreso, que la he tenido sentada a mi
lado con sus 82 años muy bien llevados, con una belleza un poco frágil por la
edad, pienso que probablemente nadie imaginó nunca que aquella joven médica
chilena que llegó a Inglaterra en 1972, llegaría a convertirse en una de las
máximas autoridades mundiales en medicina transfusional.
Pienso
que su historia es también la historia del talento que desafía fronteras porque
abrirse camino en un sistema de salud distinto, en otro idioma y en una época
en que el liderazgo femenino en la ciencia era aún excepcional, tuvo que
exigirle una determinación extraordinaria, y que quizás ello la ayudó a construir
una carrera de excelencia, sustentada en el conocimiento y la ética profesional.
Durante
más de cinco décadas Marcela dedicó su vida al desarrollo de la hematología y
de la medicina transfusional. Como Directora Nacional de Diagnóstico,
Desarrollo e Investigación del National Blood Service del Reino Unido lideró
importantes avances en inmunohematología, terapias celulares y seguridad
transfusional, contribuyendo decisivamente a establecer estándares que hoy protegen a millones de pacientes en todo
el mundo. Y, aunque el Reino Unido fue el escenario principal de su desarrollo
profesional, Marcela nunca olvidó a su querido Chile ni a su amada Latinoamérica.
Por el contrario, aún actualmente mantiene una colaboración constante con
instituciones académicas y sanitarias de nuestras regiones, convencida de que
el conocimiento alcanza su mayor valor cuando se comparte y se pone al servicio
de quienes más lo necesitan.
Su
producción científica supera varios centenares de publicaciones y capítulos de
libros. Ha presidido organizaciones internacionales, asesorado gobiernos,
formado generaciones de especialistas y contribuido a definir muchas de las
políticas que hoy orientan la medicina transfusional moderna.
Sin
embargo, quienes han trabajado a su lado y quienes hemos sido sus amigos
profesionales, destacamos en ella algo que no aparece en su impresionante
currículum. Es una mujer generosa con su tiempo y con sus conocimientos; una
maestra que disfruta formando discípulos más que acumulando reconocimientos;
una colega cercana, sencilla y profundamente respetuosa, capaz de escuchar con
la misma atención a un joven residente que a un investigador consagrado.
Como ella misma ha reconocido en distintas ocasiones,
el equilibrio entre la maternidad y las responsabilidades profesionales le
exigió sacrificios personales pero ella, lejos de endurecerse, supo compartir
esta experiencia con honestidad para inspirar a muchas mujeres que aspiran desarrollar
una carrera en la ciencia sin renunciar a sus proyectos de vida.
Pero
quizá el mayor legado de Marcela vive en los millones de pacientes que han
recibido transfusiones más seguras gracias a su trabajo; en los profesionales
que ha formado con generosidad; en sus amigos colegas a quienes nos ha
iluminado con sus conocimientos y en todos quienes entendemos que la excelencia
científica solo adquiere pleno sentido cuando se acompaña de humildad,
integridad y un profundo compromiso con las personas.
Para
nuestro Congreso de Hematología fue un verdadero privilegio contar con la
participación de la Dra. Marcela Contreras una de las figuras más influyentes
de la hematología y de la medicina transfusional contemporánea. Y, para mí, uno
de los momentos más felices y grandiosos de mi vida, pero al mismo tiempo de
emoción contenida, fue cuando la escuché decir que seguramente ¡esa sería la
última charla de su vida!
CARMEN
GARCÍA INSAUSTIMédico
Hematólogo

LA
GENTRIFICACIÓN O SU CONTRARIO
Y LA METRÓPOLI INTERMINABLE
BIENVENIDO PICAZO
El año que viene se cumplirá un siglo del estreno de Metrópolis,
impagable película de Fritz Lang; no, no se crean que vengo a hablarles de cine
que para eso ya tenemos las valiosas reseñas de Isabel Bandrés.
Desde hace un tiempo, quizá ya mucho, me he dado cuenta de que evito ir
al centro de la ciudad; aunque no quiero ahora ponerme melancólico y decir eso
tan manido de que nos han cambiado el poblachón manchego que llegamos a conocer
cuando entonces. El Madrid del que nos impregnamos en Galdós o en Baroja
tuvimos la dicha de patearlo y reconocerlo, hogaño, dudo mucho que quien lea a
los clásicos sepa por dónde paseaba Max Estrella o donde estaba ¡y está! la
Taberna de Antonio Sánchez. Insisto, no quiero que el otoño me ponga tristón y,
ni mucho menos cursi, pero el caso es que las multitudes me empiezan a asustar.
Bueno, asustar y desazonar, porque pasear por la calle Preciados y aledaños y
sortear guiris y fauna local cuasi en gayumbos, en chancletas y sujetador,
mostrando sin recato alguno lorzas y modales selváticos, aderezando todo el
cuadro con un grosero muestrario de incalificables tatuajes, no sé a ustedes,
pero a mí me da alipori.
Acostumbro a tomar las de Villadiego por la A-3, camino de la planicie y
el silencio o de la mar y en los dos peajes que tan amablemente amenizan la
calzada veo con horror que hay pisos casi en la propia autopista, me malicio
que el día menos pensado los coches pasaremos por debajo de salones, piscinas
climatizadas y cocinas integradas. Es Madrid me dicen, que está creciendo hacia
allá, pero —pregunto incauto—, ¿no era lo de Madrid Norte/Operación Chamartín? No,
no, ¿tampoco lo de la carretera de Extremadura y los cuarteles? Pero
¿entonces?, no, es que Madrid va a llegar a Tarancón. Ah, que es eso; ahora me
quedo más tranquilo.
La cosa es que ya oteo la Navidad, bueno, la Navidad no, el festival del
consumo y las luces que no muestran, ni tantito así, que estamos en Navidad.
Hace décadas que el ayuntamiento no dice esta boca es mía y prefiere escamotear
al pueblo el recordatorio de que la Navidad es una celebración principal del
calendario litúrgico que nos toca muy de cerca y nos acerca a la infancia. A la
nuestra, quiero decir.
Más allá de que Madrid es otra urbe más, que su alma es la de otras mil
en todo el orbe, que lo que hacía su esencia era, justamente eso, que era
Madrid y no una sucesión de franquicias, tan absorbentes como horteras y
chillonas. Los bares, bodegas y tabernas de toda la vida de Dios, ya van siendo
lugares en vías de desaparición, ahora todo son locales clónicos con sus
refulgentes anglicismos, los que se están enseñoreando de lo que fue Villa y
Corte, hoy sólo juntadero de humanoides que van y vienen y compran y afean y
fotografían y pasan de todo cuanto de bello todavía atesoran calles,
plazas, parques, rincones y ¡el Campo del Moro! Afortunadamente todavía hay
espacios donde no han llegado las hordas, ni siquiera las indígenas.
No sé si Lang consultó a arúspices, augures o a algún tarotista con
información privilegiada, pero algo me dice que en algún momento pensó que se
había pasado de la raya en sus proyecciones. ¡Qué candidez la suya!
Madrid, dicen, va a ser una de las plataformas de correspondencia
imprescindibles de las conexiones internacionales; deduzco que esos monstruos
deben de llegar a los diez millones de habitantes entre población flotante y
residente —resistente. No se me alcanza si todos estamos preparados para
soportar las presiones de todo tipo que se nos avecinan: obras interminables,
proyectos, ferias de vanidades, circuitos, estadios, multitudes, ruido, eso sí,
mucho ruido, en suma, todo menos el individuo que ya quedó recluido en museos y
alcanfores.
Resulta cuando menos curioso, ser partícipe de la transubstanciación
social en la que nos han metido de hoz y de coz, sobre todo para nuestra
generación, la única que ha conocido el arado romano y el microchip en apenas
unas décadas.
BIENVENIDO PICAZO

MATEMÁTICAS SIN FIN
LIDIA ANDINO
“La imaginación es más importante
que el conocimiento”. Albert Einstein.
Para ser como yo, tienes que ser sincero.
Hace poco tiempo un profesor de
matemáticas de Estados Unidos anunció al mundo que acababa de encontrar el
número primo más grande conocido hasta la actualidad. Para tener una idea este
número tiene más de diecisiete millones de dígitos; cualquiera de nosotros
podría decir que es casi imposible imaginarse un número tan grande y, por otro
lado: ¿Qué utilidad podría tener en nuestra vida este dato?
¿Nos haría mejores?
Es bueno saber que toda la
tecnología de las matemáticas hasta las ciencias humanas —en la especialidad de
psicología—, se benefician cuando aplican esta disciplina para hacer
estadística y también se la utiliza en literatura y lingüística. En la Energía
Nuclear ya se utiliza todos los días. Los jóvenes no tienen tantos prejuicios
como los adultos, pueden preguntarse cualquier tontería con la mayor soltura.
Esas tonterías son las más difíciles de contestar. Recuerdo un alumno que le
preguntó a su profesor ¿Por qué moja el agua? Para responder, el docente tuvo
que continuar investigando.
¿Quién no pensó alguna vez que la
ecuación planteada en la pizarra era algo frío, sin sentido e inmediatamente
oírle decir: ¡yo las matemáticas no las entiendo!
Hacer ciencia básica, informar,
siempre ayuda a ampliar la frontera del conocimiento y nos habla del deseo del
ser humano de conquistar lo desconocido, de pesquisar lo ignorado.
Volviendo al epígrafe, el
conocimiento es limitado, representa todo lo que ya se ha comprobado, medido y
aprehendido en el pasado, sirve para comenzar a escribir sobre un tema
específico. Sin embargo, es la imaginación la que le da la posibilidad de ser un
buen escritor, ella abarca todo el mundo, permite plantear nuevas hipótesis y
hasta concebir realidades que aún no existen.
La imaginación, como motor de la
ciencia, no tiene moral, o sea que el método científico describe hechos
objetivos sobre cómo funciona la realidad, pero no dicta por sí mismo qué está
bien o mal, ni cómo debemos actuar pues la moral depende de la cultura, la
época, y la sociedad.
Adrián Paenza, un matemático que
actualmente vive en E.E.U.U. y es profesor en la Facultad de Ciencias Exactas
de Buenos Aires, publicó en 2019 Matemáticas explícitas donde explica
con sencillez la gran importancia de la imaginación.
Por otra parte, el escritor,
ensayista y poeta Jorge Luis Borges mantuvo una estrecha relación con las
matemáticas, viéndolas no como una ciencia árida, empírica, sino como el
producto puro de la imaginación y el pensamiento abstracto; al igual que “la música
puede prescindir del universo”.
¿Tú cómo llevas tu obsesión por las
matemáticas?
Más o menos igual. ¿Por?
AMADA LÓPEZ DE
MENESES (1906-1976)
MARÍA LUISA
MAILLARD
Desde
la antigüedad griega, los hombres entendieron que había que reflejar por
escrito los sucesos que merecían ser recordados y así surgió la Historia con
Heródoto en el siglo V a. C. Fue su sucesor Tucídides quien estableció
criterios racionales y metodológicos, eliminando de los sucesos los elementos
mitológicos e introduciendo el elemento de la ejemplaridad. Durante muchos
siglos la disciplina de la Historia fue cosa de hombres, fueron ellos los que
establecieron los sucesos que merecían ser recordados, resaltando el
protagonismo de los varones en ellos. Respecto al papel de las mujeres, su
mención histórica se redujo durante largo tiempo a su papel de reinas y,
posteriormente, de santas. A partir de la Edad Media en los monasterios y en la
Corte, algunas mujeres pudieron dedicarse a estudiar y escribir, logrando
resultados en algunos casos, excepcionales, pero la Historia era un terreno
vedado, aunque hubo algunas excepciones.
El
primer precedente conocido es el de Ana Comnena (1083-1153), aún en la estela
del Imperio romano de Oriente con su libro Alexiada,
una crónica histórica sobre el reinado de su padre. Con posterioridad hay que
destacar en España a Leonor López de Córdoba (1362-1430) quien, en su Libro Memorias, relata en el siglo XV y en
primera persona las turbulencias políticas de su época. Cómo no mencionar la
extensa obra de Christine de Pizán, la autora que inició la denominada Querella de las mujeres (1405) contra
los libros misóginos de la época. En el libro mencionado subraya la labor de
heroínas del pasado —mitológicas y reales— y, muy atenta a los conflictos
políticos de su época, defendió la figura de Juana de Arco y glosó la de Carlos
V.
Durante
el siglo XVIII y gran parte del XIX, en Francia e Inglaterra las mujeres
comenzaron a introducirse en la disciplina histórica con autoras como Marie
Roland, Germaine de Staël, Lucy Hutchinson o Ann Franshawe, pero no fueron
incluidas en el género historiográfico y sus escritos fueron relegados al cajón
de sastre de géneros literarios menores. Los hombres controlaban la Academia.
Deberemos esperar al siglo XX para que la mujer brillase con luz propia en el
terreno de la historiografía y que en España una mujer Mercedes Gaibrois
Ballesteros ocupase un sillón en la Real Academia de la Historia en1935, al
haber recibido el Premio Duque de Alba por su libro Historia del reinado de Sancho IV de Castilla (1922-1928).
Hoy
vamos a dedicar nuestro apartado a otra insigne pionera, la historiadora
española Amada López de Meneses. No sólo fue una de las primeras mujeres en una
disciplina que enriqueció con su excelencia, sino que desarrolló su vocación en
unas circunstancias extremadamente difíciles, a las que se enfrentó con
valentía, tenacidad y una cierta impertinencia —dadas las circunstancias—,
fruto de su temperamento franco y combativo. Desde fecha temprana fue
reconocida entre los expertos por sus trabajos sobre la historia de los
gitanos, las consecuencias de la peste negra en Cataluña y los descendientes de
Moztezuma, entre otras investigaciones relevantes, realizadas principalmente en
los archivos de Salamanca y de la Corona de Aragón.
Poco
se sabía de su vida e incluso había vacilaciones sobre la fecha y el lugar de
su nacimiento, hasta que el profesor de Oviedo Pablo Huerga Melcón, publicó un
artículo en el año 2025 en la revista ILULL en el que, siendo fiel a la
minuciosa trayectoria investigadora de Amada López, trabajó directamente en
fuentes archivísticas y notariales. Entre otras perlas, encontró en el AGA (Archivo
General de la Administración) un documento biográfico de once páginas escrito
por la propia autora: “Declaración jurada de Amada López Meneses” que formaba
parte de los documentos del Expediente de
Depuración, al que recurrió la historiadora en 1953 para poder acceder a
una plaza en un Instituto de Secundaria y al que nos referiremos en varias
ocasiones.
Amada
López de Meneses nació en Casares (Lugo) el 30 de junio de 1906. Sus
progenitores, ambos pequeños propietarios, fueron Octavio López y María
Meneses. El padre falleció cuando la niña contaba dos años de edad y su
infancia se desarrolló en un mundo de mujeres, su madre, su hermana y su abuela
paterna. La ausencia de hombres en la familia propició, según palabras de
nuestra protagonista, que la política nunca formase parte de su vida, así como
tampoco la lucha libre o el rugby, agregaba con sorna. Tampoco participó nunca
en manifestaciones políticas porque ella no tenía un espíritu gregario y nunca
le gustaron “esos rebaños humanos”.
En
1923 obtiene el grado de bachiller en el Instituto de Lugo con matrícula de
honor en todas las asignaturas y se traslada a Madrid para cursar la carrera de
Filosofía y Letras, residiendo en la Cuesta de Santo Domingo, 5, probablemente
en una casa de su familia. En 1931 supera los ejercicios del grado para obtener
el título de licenciada en Filosofía y Letras, sección Historia, también con la
calificación de Sobresaliente y solicita una beca de la JAE (Junta de
Ampliación de Estudios), para investigar en los archivos de Versalles,
Chantilly y Fontainebleau. Le es concedida una estancia de dos meses que ella
prolonga a siete, vendiendo un mantón de Manila y algunas joyas de la familia,
hasta que consigue una plaza de Lengua Española en La Escuela Normal Superior
Fontenay-aux-Roses.
A
su vuelta a España, transcurre una etapa de su vida en la que desarrolla todas
las inquietudes de su curiosidad juvenil. Sin abandonar la investigación en la
Biblioteca Nacional de Madrid y en los archivos de Salamanca y Viena, trabaja
como profesora en los Institutos Calderón de la Barca y Quevedo —este último
destruido durante la Guerra Civil—, viaja, visita el Museo Británico, La
Exposición Internacional de Barcelona, las ruinas de Sagunto, asiste a la ópera
en las Termas de Caracalla, a La Semana Santa de Sevilla y al Carnaval de Niza.
Establece relaciones con profesionales que valoraban su trabajo, comienza a
publicar en prestigiosas revistas y, según sus propias palabras “El 18 de julio
de 1936 era bien conocida en el mundo cultural madrileño”.
Precisamente
el 18 de julio de 1936 da comienzo su largo calvario que durará la friolera de
20 años. Una mujer como ella independiente, franca, apolítica y de gran
personalidad, era un pasto propicio en un país dividido en dos bloques
ideológicos antagónicos que exigían adulación incondicional. Según sus propias
palabras: “Yo no podía elevarme como hacen otros, a fuerza de arrastrarme, a
fuerza de ir dejando una inmunda baba como hacen los caracoles”. En
consecuencia, fue perseguida por el gobierno republicano y por el franquismo
posterior.
En
Madrid es acusada de “enlace fascista”. Los cargos aducidos fueron haber
intentado visitar a un preso del Convento de San Antón, amigo de la familia;
estar suscrita al ABC y tener carnet del Casino de Madrid. Decide
trasladarse con su madre a Barcelona y en Atocha los milicianos les requisan
las joyas y valiosos documentos. Al llegar a la ciudad y cuando estaba
gestionando su entrada en el Instituto Escuela, es de nuevo acusada. Los cargos
ahora eran por “oír radios facciosas” —no tenía radio, ya se la habían requisado
en Madrid—, y por haber realizado actividades con la Falange en La Coruña,
cuando ni siquiera sabía de su existencia. La incluyen en la lista negra de
Institutos y de Enseñanza primaria y le vedan el acceso a la Asistencia Social.
Según sus propias palabras: “nos alimentábamos con mondas de naranjas y yerbas
cocidas. No me quedaba otro camino que el estropajo, el fogón y la escoba”.
No
mejoraron las cosas al finalizar la guerra ya que fue incluida en la purga de
funcionarios para acceder a nuevas oposiciones. De nada sirvieron sus
reclamaciones para recuperar sus derechos e intentó vivir de las escasas rentas
que le quedaban, después de que algunas de sus posesiones heredadas, entre
ellas una quinta en el campo, hubiese sido ocupada y devastada durante la
guerra y la vivienda que poseía en Barcelona, arrendada sin su consentimiento y
la orden de desahucio desestimada. Aun así, continuó investigando sobre los
siglos XIV y XVI, escribiendo en prestigiosas revistas españolas y extranjeras.
En 1942 obtuvo el reconocimiento de su tierra natal, siendo admitida en la Real
Academia Gallega. Finalmente, su expediente de depuración, desestimado en
primera instancia fue aprobado en 1954 y el 7 de diciembre de 1955 ingresó en
el cuerpo de profesorado adjunto de Institutos, con destino primero en
Barcelona y al año siguiente en Bilbao.
El
calvario de casi 20 años había finalizado, gracias a su perseverancia y la
excelencia de su labor como investigadora, reconocida en España y Europa, como
lo prueban algunos de los nombres que avalaron sus reclamaciones como los
insignes historiadores Georges Bataillon, Mercedes Gaibrois; y las
publicaciones en las que colaboró: Boletín
de la Real Academia de la Historia, Hispania,
Revista de Indias, Instituto de Historia de Buenos Aires, Revue Historique de Burdeos, Bulletin Hispanique, Estudios de la Edad Media Aragonesa y Revista de la Universidad de Zaragoza.
Entre
los más de cincuenta artículos y textos publicados, destacamos: El oratorio
del Caballero de Gracia (1931), Ilustres viajeros que en 1925-1926
visitan Barcelona (1935), Un rey de Oriente en Segovia (1948), Documentos
culturales de Pedro el Ceremonioso (1952), El primer regreso de Hernán
Cortés a España (1954), Una consecuencia de la peste negra en Cataluña (1959)
y La emigración gitana en el siglo XV (1968).
Amada
López de Meneses falleció en Barcelona en 1976. Vaya desde aquí nuestro
homenaje a una mujer pionera que se abrió paso en un mundo de hombres y que se
enfrentó con valentía al arribismo, la maldad y la estupidez humana de una
guerra fratricida, con la única bandera de su excelencia intelectual.
MARÍA LUISA MAILLARD
RAFAEL
AZCONA
ISABEL
BANDRÉS
Celebramos
el centenario del que fue un guionista magnífico. Su filmografía incluye obras
maestras como El verdugo, El cochecito, Plácido, ¡Ay, Carmela!, Belle Époque y Peppemint
frappé. Fueron muchos los actores que protagonizaron sus guiones: Marcello Mastroianni,
Catherine Deneuve, Claudia Cardinale, Michel Piccoli, José Luis López Vázquez,
Mary Carrillo, Pepe Isbert… Trabajó para
directores como Berlanga, Marco Ferreri, Carlos Saura, García Sánchez, José
Luis Cuerda, Fernando Trueba, Bigas Luna, Mario Camus… Obtuvo siete premios
Goya, aunque solo recogió personalmente uno, el Goya de Honor. Fueron muchos
los reconocimientos recibidos por su obra. Uno de ellos, fue el Oscar por la
película Belle Époque dirigida por Trueba del que era amigo.
Cuando
comienza su andadura en el cine, el régimen franquista estaba en pleno apogeo. Algunas
de sus obras fueron censuradas, como El verdugo y El cochecito de
las que hubo que cambiar algunas escenas.
Azcona
nace en Logroño el 24 de octubre de 1926. Su padre era un humilde sastre. De
joven trabajó como barman, mancebo en una farmacia, empleado de una juguetería…
Le gustaba escribir y fue autodidacta. Se instaló en Madrid y contactó con
Mingote que le abrió las puertas de la famosa revista La codorniz. Odiaba
exhibirse y según cuenta Trueba: “Le hubiera gustado ser invisible”. Muere en
2011 a los 81 años de un cáncer de pulmón. Dejó una obra inmensa no solo en
cantidad sino también en calidad. Retrató a la sociedad española de la época con
humor negro y, al mismo tiempo, con una gran humanidad.

JÓVENES VIOLENTOS
Un
policía comentaba en televisión su sorpresa al ver la chulería, la falta de
respeto y la carencia de humanidad que mostraban los jóvenes, casi niños, en
Barcelona, cuando tomaron las calles y reventaron los comercios. Este hecho se
está dando en toda Europa. ¿Qué ha pasado para que muchos jóvenes muestren esa
falta de valores? Unos apuntan a una sociedad en la que se prioriza el consumo,
los modelos a seguir son los influencers, la calidad de la educación es nefasta
y los valores como el respeto, el esfuerzo, la empatía, la honradez y la
responsabilidad son ignorados. Entre los jóvenes prima la intolerancia a la
frustración, la compulsión de obtener lo que se anhela de forma inmediata y la
falta de disciplina. Esta falta de valores crea lo que algunos llaman
“identidades huecas”, personas que no tienen metas realizables y carecen de
herramientas internas para poder forjar una identidad propia. Se refugian en el
grupo para sentirse vivos e importantes. A los políticos les interesa que no
desarrollen personalidades individuales fuertes y con pensamiento propio para
poder manejarlos con facilidad. Pero hay un inconveniente, los grupos se
fortalecen y provocan el caos por el caos que debilita a las democracias
liberales. Los jóvenes abrazan el nihilismo, el nada importa, hacen lo que las
redes virtuales les ordena porque les divierte, escapan un rato de su vacío
interior y el grupo les da la identidad que individualmente no tienen.
EL EJEMPLO DE LA CIUDADANÍA Y LA ESPERANZA
El
28 de octubre dos trenes tuvieron un accidente en el que fallecieron unas 69 personas y fueron hospitalizadas 107 con diferentes grados de gravedad. Las
imágenes de la televisión nos mostraron el horror del accidente y la sociedad
española quedó conmocionada, pero no paralizada. Los habitantes de Urda
(Toledo) acudieron a atender a los heridos con medicinas, comida, ropa y
consuelo. Su generosidad, como toda que es auténtica, no tuvo cálculo solo
entrega desinteresada. Miles de ciudadanos fueron con urgencia para donar
sangre en Castilla-La Mancha, Madrid y otras comunidades de España. Fue la
respuesta tan masiva que se tuvieron que retrasar las donaciones para fechas
posteriores. Los médicos madrileños han suspendidos las jornadas de huelga
previstas para el día 29 y 30 de octubre, ante “la magnitud del accidente
ferroviario ocurrido en Urda, por respeto a las víctimas y sus familias” y los
docentes madrileños cancelaron las movilizaciones de esta semana “como gesto
solidario con las víctimas”.
Una
vez más, el pueblo español se movilizó espontáneamente ante la desgracia ajena.
Lo hizo en Adamuz (Córdoba) y en la Dana de Valencia. Nuestra sociedad,
sometida a la crispación y división política, olvida la capacidad que tiene
cuando se une ante la adversidad y ese debe ser nuestro orgullo y nuestra
esperanza.
ISABEL BANDRÉS
CENTENARIO DEL NATALICIO DE MICHEL FOUCAULT
ROSARIO HERRERA GUIDO
“Lo propio del saber
no es ni ver ni demostrar,
sino interpretar”. Las
palabras y las cosas, Michel Foucault (1966)
En el
Centenario del Natalicio de Michel Foucault (Poitiers, 15 de octubre de 1926-París, 25 de junio de 1984), el reconocido
filósofo, sociólogo, historiador y psicólogo francés, profesor en universidades
francesas y estadounidenses, catedrático de Historia de los sistemas de
pensamiento en el Collège de France (1970-1984),
quien llega a ocupar la cátedra de Historia del pensamiento filosófico a la muerte de Jean Hippolyte y a influir
en destacadas personalidades de las ciencias sociales y las humanidades, por
sus estudios críticos a las disciplinas e instituciones sociales, como la
psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, el sistema carcelario, el poder
y sus relaciones con el saber, que abrieron un debate mundial para el siglo XX
y los tiempos por venir, nada como recordarlo con unas seleccionadas y modestas
líneas dictadas y posteriormente publicadas para la apertura del XIII Congreso
Nacional de Filosofía, AFM-UMNSH, Morelia, 14 al 18
de noviembre de 2005: “Michel Foucault y el saber filosófico
como diagnóstico y actividad”.
Para
aproximarme al saber filosófico, es necesario extraer algunas conclusiones de La arqueología del saber de Michel
Foucault. Pues para Foucault, en primer lugar, en el “saber” debemos colocar la
historia natural, la gramática general, la medicina clínica, la economía
política, etc. El objeto de la arqueología, el saber, no es sólo la
contrapartida de una disciplina institucionalizada, ni el esbozo de una ciencia
futura, tampoco precede a una ciencia ni es una alternativa.
Porque
el saber sólo se entiende a partir de las delimitaciones de y de las relaciones
entre: 1) lo que se puede hablar en una práctica discursiva (el dominio de los
objetos); 2) el espacio en el que el sujeto puede ubicarse para hablar de los
objetos (las posiciones subjetivas); 3) el campo de coordinación y
subordinación de los enunciados en el que los conceptos aparecen, son
definidos, se aplican y se transforman y 4) las posibilidades de utilización y
apropiación de los discursos. En palabras de Foucault: “En fin, la arqueología
no trata de restituir lo que ha podido ser pensado, querido, encarado,
experimentado, deseado por los hombres en el instante mismo en que proferían el
discurso; no se propone recoger ese núcleo fugitivo en el que el autor y la
obra intercambian su identidad; en el pensamiento se mantiene aún lo más cerca
de sí, en la forma no alterada todavía del mismo, y donde el lenguaje no se ha
desplegado todavía en la disposición espacial y sucesiva del discurso (...) no
intenta repetir lo que ha sido dicho incorporándosele en su misma identidad. No
pretende eclipsarse ella misma en la modestia ambigua de una lectura que dejase
tornar, en su pureza, la luz lejana, precaria, casi desvanecida del origen. No
es nada más y ninguna otra cosa que una reescritura, es decir en la forma
mantenida de la exterioridad, una transformación pautada de lo que ha sido y ha
escrito. No es vuelta al secreto mismo del origen, es la descripción
sistemática de un discurso-objeto” (Foucault, La arqueología del saber, México, Siglo XXI, 1988: 235).
El
saber es el conjunto formado a partir del sistema de positividad y manifestado
en la unidad de una formación discursiva. El saber no es una suma de
conocimientos, de los que siempre se puede decir que son verdaderos o falsos,
exactos o inexactos, definidos o indefinidos, coherentes o contradictorios. El
saber es el conjunto de los elementos (objetos, tipos de formulación, conceptos
y elecciones teóricas) formados a partir de una única positividad, en el campo
de una formación discursiva unitaria. Mientras la filosofía, a partir de Hegel
trató de ser un pensamiento de la totalidad, Michel Foucault, con la
arqueología y la genealogía, se propuso pensar el saber y el poder sin
referirlos a una forma de totalidad. Donde la formación discursiva no es una
totalidad en desarrollo, sino un campo en el que se alojan lagunas, ausencias y
límites. Entendiendo por formación discursiva un conjunto de reglas anónimas,
inconscientes, históricas, que definen una época dada y un área social,
económica, geográfica o lingüística, es decir, las condiciones de ejercicio de
la función enunciativa.
Para Foucault, la tarea no consiste en describir enunciados cual totalidades cerradas y menos llenas de significación, sino como una figura desgarrada. Lo advierte Foucault: “[...] la filosofía que busca pensar la totalidad podría perfectamente no ser sino una de las formas posibles de la filosofía, una de las formas posibles que ha sido efectivamente el camino maestro del pensamiento filosófico del último siglo, después de Hegel; pero, después de todo, nosotros podríamos pensar perfectamente hoy que la filosofía no consiste en esto. Yo señalaría que antes de Hegel la filosofía no disponía necesariamente de esta pretensión de totalidad [...] la filosofía del siglo XX está por cambiar de naturaleza, no sólo en el sentido de que se limita o se circunscribe, sino también en el sentido de que se relativiza. En el fondo, ¿qué significa hoy hacer filosofía? No constituir un discurso sobre la totalidad, un discurso en el cual esté retomada la totalidad del mundo, sino más bien ejercer en realidad una determinada actividad, una determinada forma de actividad” (Foucault, Dits et écrits 1, París, Gallimard, 1994: 611-612).
![]() |
| Hombre preocupado de Delos, s.II-I a.C. Museo Arqueológico Nacional de Atenas |
La
historia de la filosofía nos muestra una multiplicidad de filosofías que ni por
su vocabulario y conceptos, ni por su estilo o sus métodos, ni por sus
finalidades pueden reunirse bajo un concepto único. A ello debemos agregar que
algunos filósofos han negado hacer filosofía: Nietzsche, Bataille, Zambrano,
Foucault, Piolet o el controvertido Cioran. Recordemos que cuando Foucault
afirma que es probable que lo que hace tenga qué ver con la filosofía, lo dice
en función de que después de Nietzsche la filosofía tiene como tarea
diagnosticar, en lugar de tratar de decir una verdad que pueda valer para todos
y para todos los tiempos. Por ello insiste Foucault en que trata de realizar el
diagnóstico del presente, decir lo que nosotros somos hoy y lo que significa
hoy, decir lo que somos. Desde Nietzsche, esta labor de excavación es la que
caracteriza al pensamiento contemporáneo.
Considerando
el contexto de las filosofías del sujeto en el que se formó Foucault
(fenomenología, existencialismo y marxismo), desde luego que queda fuera de la
filosofía. Pero de ello se puede extraer una conclusión positiva: la
no-pertenencia a la filosofía en realidad introduce un cambio en el saber
filosófico mismo. La gran época en la que la filosofía debía decir lo que era
la vida, la muerte, la libertad, y hasta si Dios existía o no, parece haber
sufrido una discontinuidad, lo que conduce a una filosofía que se conjuga en
plural. Esto no significa la muerte de la filosofía sino su enriquecimiento en
la diversidad. Y es gracias a esta diversidad que la filosofía no ha encontrado
su filósofo único ni su saber unitario.
A
la filosofía de hoy se la puede identificar como una actividad diseminada en
otros dominios (las matemáticas, la lingüística, la etnología, etc.), como una
filosofía autónoma cual diagnóstico del presente en relación al pasado, pero
tendiente a la actividad. Tal vez esta última sea hoy la tarea que consideran
prioritaria muchos filósofos; una labor que se inscribe en una “ontología del
presente”, que se remonta a Kant. Porque diagnosticar es pensar de otra manera.
¿Qué
es la filosofía? Una manera de reflexionar no tanto sobre lo que es verdadero o
lo que es falso, sino sobre la relación que mantenemos con la verdad. Por ello
no hay filosofía soberana sino filosofía en movimiento, a través de la que
tratamos de distanciarnos de las verdades adquiridas, para buscar otras formas
de pensar y ser, para elaborar otras formas de subjetivación, nuevas prácticas
de sí, a través de un éthos.
Por
ello Foucault toma la Modernidad como
una actitud, como un éthos, en el
sentido griego, como una elección voluntaria de una manera de pensar, sentir,
obrar, conducirse, como una huella de pertenencia y como una tarea. Una actitud
que puede ser negativa, porque se trata de evitar el chantaje de la Ilustración
(Aufklärung), la mirada clara y
distinta de la realidad, pero no una actitud simplista de aceptación o rechazo,
sino a través del análisis de nosotros mismos, como históricamente determinados
por la Ilustración. Una actitud que puede ser positiva, como crítica práctica,
más allá de la crítica kantiana (preocupada por los límites del conocimiento
que no debía superar), para acceder a una “ontología del presente” como una
crítica de la posible superación del límite.
En
consecuencia, la filosofía es un esfuerzo por comenzar y recomenzar, ensayar y
equivocarse, reconocer y aceptar titubear, pero sobre todo sostenerse en la
inquietud. Y el diagnóstico de nuestro tiempo debe estar enmarcado en la
postmodernidad, en el desengaño o la
posibilidad de retomar la filosofía moderna, tomando en cuenta nuestra condición humana, para poder
responder a los problemas que se plantea una filosofía práctica, que no sólo
diagnostique sino que proponga un pensamiento activo, en un mundo en el que es
imperioso tener respuestas realizables para la convivencia humana, la sociedad
laica y multicultural, frente al imperialismo y el terrorismo globalizados,
ante los conflictos étnicos y religiosos, así como los problemas que enfrenta
la tecnología, la medicina, la ingeniería genética, la opresión en todas sus
formas, la discriminación de los diferentes, el hambre mundial, la
descomposición moral de la sociedad, el deterioro de la democracia, la
incipiente educación, la explotación inicua bajo la perspectiva neoliberal,
imperialista y colonialista, la vejación de los derechos humanos, el descrédito
de los valores y la política, además de los graves problemas ambientales que
nos colocan al filo de la lenta agonía de la Tierra.
*Fragmento corregido
y aumentado de la Conferencia “Tres bocetos sobre el saber filosófico”, Jorge
Martínez y Aura Ponce de León (coors.), El
saber filosófico, Siglo XXI-AFM, México, 2007, t. 1.
ROSARIO
HERRERA GUIDO
ASUNCIÓN VALDÉS, PREMIO A LA TRAYECTORIA PROFESIONAL DEL CLUB INTERNACIONAL
DE PRENSA
Nuestra colaboradora, Asunción Valdés, periodista, politóloga y máster por el Colegio de Europa, recibió el pasado 24 de septiembre, en el Pabellón de los Jardines de Cecilio Rodríguez del Parque del Retiro de Madrid, el Premio a la Trayectoria Profesional 2026 del Club Internacional de Prensa (CIP), lugar de encuentro de periodistas españoles y extranjeros en la capital de España con más de medio siglo de vida.
El jurado reconoció en la premiada “la excelencia en la práctica del periodismo, su compromiso ético y su gran profesionalidad en todos los ámbitos de su labor profesional como periodista de prensa, radio y televisión, desde las corresponsalías de Bonn y Bruselas, el Parlamento Europeo y la Casa Real.” La presidenta del CIP, la periodista y comunicadora Elisa Loncán lo resumió así: “Seguramente la mujer con el mejor currículo periodístico de España”.
En sus palabras de agradecimiento, Asunción Valdés Nicolau valoró especialmente el galardón por lo importante que es “que en tiempos de tribulación haya lugares para el diálogo y la concordia, como propicia el Club Internacional de Prensa y la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera, esta última fundada en 1923”. La ACPE, que contó entre sus prestigiosos asociados con Ernest Hemingway, entregó en la misma ceremonia sus premios anuales.
Loncán destacó el carácter pionero de Asunción al haber sido la primera directora de un telediario en Televisión Española en 1983; la primera en dirigir la Oficina del Parlamento Europeo en España en 1986 y la primera mujer alto cargo en la Jefatura del Estado al ser nombrada por el Rey Juan Carlos jefa de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Casa Real, en 1993, con nivel de directora general.
Valdés subrayó el talante innovador del soberano, que pilotó la Transición de la dictadura a la democracia, por confiar en una periodista. Asimismo, añadió el mérito para España que supuso que una mujer ganara el concurso-oposición para dirigir la representación de la Eurocámara en Madrid, pues fue la primera señora entre sus colegas del resto de países miembros de la Unión Europea.
La galardonada subrayó el papel fundamental de los medios informativos en las sociedades democráticas: “Los periodistas somos los depositarios del derecho de la ciudadanía a recibir información veraz y contrastada, según el artículo 20 de nuestra Constitución”. “Por eso, la mejor vacuna frente a los bulos es la prensa de calidad”.
Respecto a la disrupción digital que ha puesto en cuestión el modelo de negocio de los medios de comunicación, Valdés animó a los periodistas a no temer a la Inteligencia Artificial. “La IA nunca generará noticias, porque la noticia es lo nuevo, la novedad que descubre y confirma el periodista tras el debido contraste de hechos con fuentes”.
El anterior presidente del CIP, el periodista y cineasta Javier Martín Dominguez, entregó el Premio al Mejor Corresponsal Español a todos los corresponsales de El País, representados en Ramón Vilaró, quien desde Bruselas publicó en portada, el día de la aparición del diario hace cincuenta años, su exclusiva: España no entraría en la entonces Comunidad Europea, mientras no se reconocieran los partidos políticos.
Los otros premios fueron: el Internacional de Fotografía a Pío Cabanillas, el de Mejor Corresponsal Extranjera en España a la mexicana Patricia Alvarado, y el de Proyección Internacional al Círculo de Orellana, que recibió su fundadora y presidenta Leticia Espinosa de los Monteros, por su ciclo de conferencias “Españolas e hispanas por descubrir”.

LA VERSATILIDAD DEL PERIODISMO Y LA COMUNICACIÓN
Asunción Valdés manifestó que el Periodismo le había dado mucha versatilidad. Prueba de ello es que había tenido la suerte de trabajar con los premiados y directivos. En su etapa de corresponsal de Radio Nacional de España, con Elisa Loncán, en la sede central, y Javier Martín Domínguez en la corresponsalía de Nueva York. Con Ramón Vilaró, coincidió en el equipo fundador de El País. En su etapa en el Palacio de la Zarzuela, Patricia Alvarado trabajaba para Televisa cubriendo las actividades de la Familia Real. Fue en ese periodo de comunicación institucional, cuando Asunción también colaboró con Pío Cabanillas, como ministro-portavoz del Gobierno.
Respecto al Premio a la Proyección Internacional, Valdés dijo con sentido del humor que Leticia Espinosa de los Monteros fue la “culpable” de su libro: REVIVIR, La nueva Carmen de Burgos”. En 2018 pronunció una conferencia en el ciclo “Españolas por descubrir” sobre la maestra, periodista y escritora almeriense, que luego se convirtió en una exhaustiva biografía, editada por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert (Alicante, 2022).
Ofició de presentador del acto el periodista de largo recorrido José Antonio Vera, actual director de Publicaciones de La Razón. El que fuera presidente de la Agencia Efe ironizó con la frase que le había pronunciado Asunción antes del acto: “Los periodistas no se jubilan”. En efecto, la premiada sigue escribiendo para Prensa Ibérica, grupo del que fue directora general de Relaciones Externas, y en uno de cuyos veintiséis periódicos, el Información de Alicante, empezó a trabajar en 1972.
Al finalizar el acto, hubo un vino de honor entre periodistas, autoridades y patrocinadores. Magnífica oportunidad para saludar a numerosos amigos y comentar una de las anécdotas de la velada: en su alocución, Asunción Valdés manifestó que “los maridos deberían recibir un premio a la paciencia por las horas que dedicamos al trabajo”, dirigiéndose al suyo, Emiliano Sanz, presente en la ceremonia. Más de un cónyuge se dirigió a la periodista y escritora para celebrar su idea.
La
voz quebrada, el documental dirigido por Manuel
Menchón, se aproxima a la intimidad de Federico García Lorca más allá de su
reconocimiento como poeta universal y de las circunstancias de su asesinato en
Granada durante los primeros días de la Guerra Civil. La narración busca
recuperar la dimensión humana de una figura histórica cuya vida estuvo marcada
también por el amor, el deseo y las dificultades para expresarlo libremente y
utiliza la documentación cedida por su último amante, Juan Ramírez de Lucas,
para que se diese a conocer después de su muerte acontecida en 2010 a los 93
años.
En
el verano de 1936, Federico García Lorca y el jovencísimo Juan Ramírez de Lucas
proyectaban irse a México y empezar una nueva vida. Aquel viaje nunca llegó a
producirse porque Juan Ramírez de Lucas era menor de edad, le faltaban unos
meses y necesitaba el permiso de su padre que se lo negó porque no aprobaba esa
relación. Lorca no quiso viajar solo y fue asesinado en Granada el 18 de agosto
de 1936. El documental de Menchón, además, nos deja imágenes de archivo de una España
y un Berlín terribles que nos producen una sensación de honda tristeza por la
división y el odio que existió entre nosotros. En noventa años, ¿no hemos
aprendido nada?
La
voz quebrada logra mantener juntos dos niveles: la
fragilidad de dos personas que se aman y la violencia de una época convulsa en
nuestro país y en Europa. Nos muestra el desamparo de una pareja, pero también
el desamparo de todos ante el enfrentamiento de una guerra fratricida y el odio
al que es diferente.
Para
abordar esta dimensión personal, Manuel Menchón combina el documental
tradicional con elementos de reconstrucción cinematográfica. Este formato
híbrido nos acerca, a través de los testimonios y de la evocación de los
acontecimientos, a un Lorca intimista que hace crecer nuestra admiración por él
y una gran tristeza por lo que ya sabíamos, su muerte. Saber el final hace la
narración más conmovedora y más cercana y, al mismo tiempo, nos hace ansiar
profundamente lo imposible: que desaparezcan aquellos hechos terribles.
La
narración nos conmociona íntimamente. La visión de dos amantes ante un entorno
feroz y la fatalidad, presente durante los últimos meses de su vida juntos, nos
desarman emocionalmente. Las imágenes de Lorca en movimiento contienen algo
perturbador. La soledad en que queda Juan Ramírez de Lucas (excelente Francisco
Carril) que nunca se recuperó de la perdida de Lorca y de un cierto sentimiento
de culpa, contiene una emoción que nos quiebra.
Manchón
trabajó durante cuatro años para recopilar y dar forma a este magnífico y
sensible documental que recupera al Lorca enamorado y más humano. Juan Ramírez
de Lucas tuvo que sobrevivir obligado a ocultar su amor y silenciar su vida
hasta que, tras su muerte, se dio a conocer su historia como había deseado. La
narración que carece de solemnidad y se envuelve en la sencillez y en la
intimidad, nos lleva a un sentimiento de cercanía y de tristeza por estos dos
hombres que tanto se amaron.
Documental
muy recomendable. Sumamente sensible, pero sin un gramo de sensiblería. Nos
llega a lo más hondo y hace que días después de haberla visto sintamos a Lorca
y a Ramírez de Lucas como a dos amigos cercanos y deseando que se hubiesen ido
a México.
ISABEL BANDRÉS
Se
abre la película con la imagen de un pueblo entero reunido brazo en alto,
saludo fascista, esperando que pasen los aviones de Mussolini para darles la
bienvenida con una destartalada orquesta. Sin embargo, la aviación amiga los bombardea
dejando asombro, muertos y heridos. Es, junto con la escena del niño al que se
le corrige el saludo franquista, un momento tragicómico impactante. La
narración sucede en tres tiempos distintos: 1932, 1937 y 2017.
En
la primera parte, se nos habla de la represión de la sociedad española contra
la homosexualidad durante la República, y se basa en el texto inacabado de
Lorca, solo dejó cuatro folios escritos debido a su asesinato en agosto de
1936. Su argumento que se conoce gracias a las cartas que Lorca envió a sus
amigos y que sirvió de base a la obra teatral La piedra oscura de
Alberto Conejero. La obra de Conejero fue el motivo para narrar la historia de Carlos
(Milo Quiles), un hombre joven y homosexual, que es rechazado como socio del
casino de Granada mediante un sistema de votación secreta con bolas blancas y
negras por su orientación sexual.
La
segunda historia, los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrosi) la sitúan en plena
Guerra Civil, 1937. Nos narra el encuentro de un soldado franquista, Sebastián,
(un excelente Guitarricadelafuente)
con un prisionero republicano, Rafael Rodríguez Rapún (Miguel Bernardeau) que
fue pareja de Lorca. La Guerra Civil, no es el tema, es el escenario. Nos narra
el amor intenso entre dos hombres: Sebastián y Rafael pertenecientes a bandos
diferentes y, por lo tanto, a ideologías opuestas. Un amor prohibido y un deseo
reprimido por una sociedad rígida que castigaba cualquier deseo sexual que se
saliese de la heterosexualidad. Parece ser que los Javis se inspiraron en el
magnífico libro A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales para huir de
partidismos y centrar su guion en el sufrimiento humano independientemente de las
ideologías.
La
tercera y última parte sucede en 2017, Alberto (Carlos González) es un autor
teatral y homosexual que vive abiertamente con su pareja y que a pesar de las
reticencias de su madre (inmensa Lola Dueñas), investiga el pasado de su
abuelo, Sebastián, recién fallecido, que le deja en herencia, entre otras
cosas, las páginas “perdidas”, que nunca se escribieron, de la obra inacabada
de Lorca. Y aquí está la trampa que atraviesa la película y que hay que remarcar
para no caer en la confusión: la obra inacabada de Lorca fue eso, inacabada. Se
nos cuenta el descubrimiento por parte del protagonista de una obra que no
existió y que Sebastián, poseedor de ella, dejó en herencia a su nieto. Me
resultó confusa e incómoda por la obsesión de Alberto con el manuscrito
heredado y la necesidad que tiene de darlo a conocer a todo el mundo. He de
decir lo mucho que me molesta que, en las recreaciones narrativas (cine, teatro
o novela), se camufle la verdad de lo que realmente sucedió. Esta obra no necesitaba
recurrir a esas tretas.
La
película goza de una gran creatividad, contiene imágenes de una gran belleza
plástica y tiene logros muy brillantes en el plano narrativo. Pero también es
apabullante y excesiva. Tuve la sensación que me era imposible digerir todo lo
que veía. Por otra parte, tiene una duración desmesurada para lo que nos
cuenta. Hay demasiados subrayados y algunas escenas que nada aportan al tema
central, como la aparición de Penélope Cruz.
La
bola negra es una película importante, ha levantado muchas
opiniones, ha generado muchas expectativas, ha obtenido una asistencia de público
enorme y tiene una gran originalidad narrativa, pero, para mi gusto, le sobra
ampulosidad y redundancia. Yo creo que, en el cine, como en casi todo, menos es
más y La bola negra, en algunos momentos, me ha resultado demasiado.
ISABEL BANDRÉS











































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